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Portada de la novela La señora

La señora

Tras la temprana pérdida de su esposo, Dasha Melitón ha dedicado cinco años a forjar un camino propio con valentía. A sus treinta y tres años, su inmensa riqueza y atractivo físico la han convertido en el blanco de envidias dentro de la alta sociedad. Pese a su aparente estabilidad, la vida de la mujer apodada como La Señora está a punto de cambiar. Un nuevo y audaz pretendiente irrumpirá en su mundo, dispuesto a arriesgarlo todo para ganar su corazón.
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Capítulo 3

Narra Dasha.

Mi historia de amor empezó hace años atrás. Para ser precisos hace dieciséis años cuando me obligaron a casarme con él hombre más raro del universo entero, aunque después de su muerte pensé que todo había terminado para mí, lo llegué amar cómo una loca enamorada, con él era libre me sentía la dueña del mundo y del universo a decir verdad de todo.

Con él conocí cosas que jamás había imaginado su manera de amar era única.

Dieciséis años y cuatro meses antes.

—Buenos días hija—. Miro a mi padre que irrumpe en mi habitación con una gran sonrisa.

—Buenos días padres ¿cómo estas, como te fue? —. Él sonríe de gran manera.

—Muy bien hija tengo una gran noticia que darle a tu madre y a ti, ¿dónde está ella Por cierto? —. Me encojo de hombros.

—Supongo que es una gran noticia ya que sonríes de oreja a oreja—.

—Si que lo es mi amor—.

—Okey la dirás a la hora de la cena o me equivocó—.

—Si termina de hacer tus deberes para que vengas a preparar la cena—.

—Si padre—. Digo como niña obediente.

Hora y media después estaba poniendo la mesa para servir la cena, aunque no éramos una familia de una clase alta a la cual mis padres querían entrar a como diera lugar, ellos se comportaban como una y yo era como su empleada por así decirlo, mi madre se reunía con esas mujeres de alta sociedad al igual que mi padre se codeaba con los más grandes empresarios.

Yo no quería ser parte de su circo, pero a veces tenía que fingir ser una chica de esas torcidas y vacías de la cabeza.

No me imaginaba lo que mi padre tenía que decir, pensé que era una noticia de poca importancia, pero lo que se me venía era peor que ser la sirvienta de la casa.

—Todo te quedó decente hija te esforzaste como siempre—. Me adulo mi madre. —Ven amor siéntate vamos a degustar la comida de tu hija—. Sonreí con amargura.

Tome asiento mientras mi madre servía la cena.

Empezamos a cenar cuando papá carraspeó para dar la noticia, deje de comer mientras pensaba en mi prueba del día siguiente.

—La noticia que tengo que darles es que mañana tendremos la visita del señor Wellington, él quiere conocer a mi familia así que lo invite a cenar—. Mire a mi madre quien se le pinta una gran sonrisa.

—Él señor Wellington amor eso es un gran paso...

Lo único que cruzó por mi mente fue que yo tendría que cocinar para ese señor, no lo conocía y la verdad no quería conocer un estirado como esos que frecuentan mis padres.

—Dasha hija quiero que nos sorprendas quizás y logres conquistarlo con tus dotes en la cocina—. La mire sorprendida no quería casarme con ese señor y ni siquiera que me pretendiera, solo tenía diecisiete años, bueno solo faltaba una semana para mi cumpleaños número dieciocho.

Pero aun así no quería nada de eso yo les huía a los chicos con ellos solo era un “hola y adiós”.

La cena término en ello, no refute porque no servía de nada era la orden de mi madre y mi padre la apoyaba cien por ciento.

El nuevo día llego, después de presentar mi prueba regrese a casa de inmediato ya que tenía que ver que cocinaba para ese señor ya que la cena sería dedicada para él.

Además de cocinar tenía que arreglar la casa y dejarla impecable.

Mi padre me mandó a ponerme mi mejor atuendo así que lo obedecí sin protestar, mi madre me había maquillado y peinado, no entendía por qué tanto protocolo y no le preste importancia.

La hora de la cena llegó y mi padre y madre no sabían que hacer, al fin la puerta fue tocada, de inmediato mis padres se levantaron y fueron atender cuando antes nunca lo hacían.

Un minuto después por la puerta entre un señor un poco pasado de peso y con una pinta que decía tengo dinero y lo puedo comprar todo, pero algo no me parecía y era el ¿porque me miraba de esa manera?, esas miradas ya las conocía.

—¿Es ella? —. Pregunto el sin descaro.

—Si esa es mi hija, Dasha ven aquí—. Me llamo mi padre me levanté y fui con ellos. —Te presento al señor Wellington—.

—Mucho gusto señor—. Hice una reverencia, aunque estábamos en un siglo donde eso no era necesario pero mi madre me dijo que lo hiciera en cuanto mi padre me presentará.

—El gusto es todo mío Dasha—. Tomo mi mano y depósito un beso en ella.

Quise soltarme de inmediato pero mi padre hizo una mueca, así que estuve que dejar que el señor siguiera manoseando mi mano.

Mi madre saco un vino y le sirvió al señor Wellington así que así fue como me libre de él por ese momento.

Luego de media hora mi madre nos hizo pasar a la mesa.

Me hicieron sentar al lado del señor Wellington quien en toda la cena no dejo de propasarse conmigo, en una ocasión le doble uno de sus dedos para que mantuviera sus manos quietas.

La cena era una tortura para mí, no veía la hora que acabará quería irme a mi habitación a descansar.

—Está muy deliciosa la cena señora Estévez—.

—Gracias, todo esto lo preparo Dasha, la estoy preparando para que sea una buena esposa—.

—Él que tenga el privilegio de casarse con mi hija se llevará un gran premio—. Responde mi papá.

La verdad no tenía idea de lo que conllevaban esas palabras, yo era ajena a todo eso.

—Eso es bueno yo quisiera una esposa así—. Él me miraba como niño cuando le presentan una golosina.

La cena transcurrió muy incómoda para mí, en cambio mis padres estaban de lo más relajados.

Al terminar la cena recogí todo y limpié todo, fui a la sala, en cuanto aparecí mi madre me mandó hacer un té verde.

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