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Portada de la novela La santa hija de la sombra

La santa hija de la sombra

El poder de Santoro se quiebra al descubrir el cruel destino de su hija. Tras cuatro años de encierro voluntario en un convento, la joven ha sido convertida en una incubadora humana contra su voluntad. Al ver su rostro consumido por el sufrimiento, el líder mafioso y sus hijos desatan una venganza implacable en Sicilia. Bajo un cielo oscurecido por la furia familiar, juran que la luz no regresará hasta que la santa recupere su sonrisa y libertad.
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Capítulo 8

El sonido de sus cuerpos golpeando se dejaban oír por toda la sala y sin poder evitarlo Alondra comenzó a gemir de placer, no sabía en qué momento ser tomada de esa forma casi animal le había comenzado a gustar.

— Dios sí, sí.

Simón la lanzo contra el piso, como si el cuerpo de la mujer fuera basura de la más apestosa, Alondra lo observo confundida, mientras él se acomodaba el pantalón, no había terminado, y ella tampoco.

— ¿Qué…? — Simón le dio un golpe con el revés de la mano, rompiendo una vez más el labio hinchado de la rubia.

— Aprenderás por las malas a no nombras a Dios en mi presencia.

Alondra se arrastró hacia atrás con miedo, pero eso no la libraría de nada, Simón seco su cinturón negro de cuero y la golpeo tantas veces que perdió la cuenta, mientras ella suplicaba que se detuviera, aun así, la BESTIA no lo hizo, cuando casi todo el cuerpo blanquecino estaba marcado, tiro el cinturón a un lado y se lanzó sobre ella, arrancando el vestido y quitándose la ropa a la vez, mientras sus labios la besaban con un frenesí que daba miedo.

— Simón. — en el momento que Alondra dejo de llorar para comenzar a gemir nuevamente, Simón supo que estaba lista para recibirlo, Alondra se estaba amoldando a él.

— sí, Simón, si, BESTIA.

Si, ese era él, LA BESTIA, el que no creía en Dios y odiaba a las mujeres, pero aun así deseaba que si existía un Dios lo estuviera viendo en ese momento, así por lo menos tendría por seguro que iría al infierno, eso lo podía manejar, después de todo, él ya vivía allí desde el día que nació.

Dante estaba en su casona en el norte de Sicilia, a dos horas de viaje de la finca de los Santoro, algo en su interior lo inquietaba, no era solo el hecho de que tendría que decirle a su morena la locura que había cometido, era algo más, su instinto se lo hacía ver.

Su atención fue dirigida a la entrada de su hogar, a través del cristal de las grandes puestas pudo ver el ya bien conocido automóvil Alfa Romeo color rojo brillante detenerse, y del cual, bajo Estefanía, enfundada en un traje estilo masculino negro, Dante se preguntaba si ella era consiente de todo lo que provocaba en él verla vestir de esa manera, quizás sí y lo hacía apropósito solo para enloquecerlo aún más si eso fuera posible.

— Amor. — dijo con la alegría de un niño y las hormonas de un adolescente, mientras iba a su encuentro. No le dio tiempo si quiera a responder, ya que tomo sus labios con desesperación, la había extrañado y eso que solo estuvo fuera de su radar dos días.

— Parece que alguien me extraño. — respondió cuando sus labios fueron liberados, trato de sonar normal, pero fracaso, Dante la conocía a la perfección y el nerviosismo de su cuerpo fue fácil de percibir para el hombre.

— ¿Está todo bien? — inquirió preocupado, ella era su prioridad, el verla feliz lo era todo, o casi.

— Si… no, no sé, mi cabeza es un desastre. — respondió mientras se dirigían a la lujosa estancia.

— ¿Qué te preocupa? ¿Dime en que puedo ayudarte? — este hombre que en un principio solo busco su cercanía para sacar información y luego como un reto personal ante lo difícil que fue enamorarla, hoy se encontraba perdidamente enamorado de la joven Santoro.

— En nada, es un problema familiar. — respondió con renuencia a contar más.

— Creo que seremos familia en tres meses. — Su respuesta fue en parte un gruñido, a lo largo de los años que llevaban juntos Estefanía levanto una barrera que mantuvo con el tiempo, Dante solo sabía lo justo y necesario de los Santoro y eso le molestaba.

— Con respecto a eso…necesito aplazar la boda. — Las palabras de su padre hicieron eco en la cabeza del mafioso.

— Realmente no me amas, es eso ¿verdad? Por eso no me hablas de tu familia, ¡ese es el motivo por el que siempre estas nerviosa cuando hablamos de la boda! — Dante estaba gritando a esta altura de la conversación, estaba a punto de decirle que no podía cancelar la boda porque tendrían un hijo, y si ella lo abandonaba jamás la dejaría acercarse a él.

— ¡Es por la SOMBRA! — dijo con desespero, ya que la joven estaba completamente enamorada de él y que pusiera en tela de juicio su amor la desarmo.

— ¿Qué?

— Sabes que Fabrizzio trabaja con mi familia, es el amigo de mi padre y tú atacas a su gente. — reprocho con dolor y enojo.

Estefanía podía amar mucho a Dante, pero tenía una responsabilidad aun mayor, cuidar el negocio familiar y sobre todo proteger a su gente, que Preto Berlusconi tuviera una guerra con su padre siempre supuso un problema, pero cuando Dante tomo su lugar pensó que todo quedaría atrás, pero se equivocó, Dante era igual o más competitivo que su padre, él quería a toda Italia bajo su poder.

— ¿Qué clase de mafioso se queja con una mujer? — y allí estaba lo único que Estefanía odiaba de su futuro esposo, el machismo que Preto inculco en él a veces abrían abismos ante ellos y por más que en todos estos años casi lo había erradicado aún faltaba mucho por hacer.

— La clase de mafioso que no quisiera dejar viuda a su ahijada antes de casarse. — Contesto mientras se levantaba de su lugar, decir que estaba ofuscada era poco.

— LA SOMBRA jamás pudo contra mi padre, menos podrá contra mí, en poco tiempo lo sacare de Italia…

— No puedo casarme contigo Dante, no mientras pienses así, mientras tu padre hable a través de ti, Fabrizzio es mi padrino, somos familia, jamás fue contra USTEDES, fue tu padre quien una y otra vez fue en contra de él, ahora podrían trabajar en conjunto, pero tú…

— ¿Qué tanto sabes de sus negocios? Porque si mal no recuerdo en estos 4 años de novios me dejaste muy en claro que no te interesan ni mis negocios ni los de Fabrizzio, ¿Qué cambio? — que estoy a punto de tomar el lugar de la sombra, quiso gritar la morena, pero no podía.

— Fabrizzio es parte de mi familia, no puedo casarme con alguien que quiere herir a los míos.

Sin darle tiempo a nada Estefanía salió de aquel lugar, el que sería su hogar en tres meses, si es que se casaba con Dante, pero ¿Cómo lo haría? Temía demasiado la reacción de su enamorado cuando supiera quien era ella realmente, no era miedo a morir, era miedo a que la odiara.

— ¿Por qué debe obedecer a su padre? — dijo llena de ira mientras conducía de regreso a su hogar y entonces pensó que ella era igual.

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