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Portada de la novela La Revancha de La Que Sirviendo A Los Demás

La Revancha de La Que Sirviendo A Los Demás

Traicionada por Carlos y Laura, Sofía vio cómo saboteaban su carrera en el mundo de la moda hasta dejarla en la miseria. Sin embargo, un anhelo de justicia la devuelve milagrosamente al pasado, justo tres meses antes de la audición clave. Conociendo los eventos futuros, esta vez no se dejará manipular. Con el corazón endurecido y una determinación implacable, Sofía buscará recuperar su lugar legítimo mientras ejecuta una gélida venganza contra quienes la hundieron.
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Capítulo 2

La traición tiene un sabor amargo, un frío que se te mete en los huesos y no se va, incluso después de años.

Lo supe en el momento en que vi a Carlos y Laura bajo los reflectores del evento de moda más importante de la ciudad, él, un diseñador aclamado, y ella, su musa y prometida, ambos resplandecientes de éxito.

Yo estaba entre la multitud, sirviendo copas de champán en una bandeja, con un uniforme barato que me picaba en la piel.

Éramos tres amigos inseparables en la universidad, tres soñadores. O eso creía yo.

Ellos, mi exnovio y mi mejor amiga, conspiraron para robarme el sueño de mi vida, una beca de diseño que me habría abierto todas las puertas. Me manipularon, me sabotearon justo antes de la audición final y me dejaron sin nada.

Mientras ellos construían su imperio sobre mis ruinas, yo luchaba por sobrevivir, aceptando cualquier trabajo para pagar la renta.

Esa noche, sus miradas se cruzaron con la mía. No hubo reconocimiento, solo un instante de desdén. Más tarde, mientras recogía vasos vacíos cerca de su mesa, escuché la voz de Laura, deliberadamente alta.

"Hay gente que simplemente no nació para esto, ¿verdad, amor? Por mucho que lo intenten, siempre terminarán sirviendo a los demás."

Su risa fue como un golpe. La humillación pública me quemó la cara. Todo el dolor, la rabia y la impotencia de años se acumularon en mi pecho hasta que sentí que no podía respirar.

Desesperada, con las lágrimas nublándome la vista, escapé a un callejón trasero. El aire frío de la noche no aliviaba el fuego que me consumía por dentro. Recordé mi sueño de niña, el de ser una gran diseñadora, un sueño que ellos me habían arrebatado.

Cerré los ojos con fuerza, deseando con cada fibra de mi ser una segunda oportunidad. Una oportunidad para vengarme, para reclamar lo que era mío.

Cuando los volví a abrir, la luz del sol de la tarde se filtraba por la ventana de un lugar que conocía demasiado bien.

Estaba sentada en el escritorio de mi antiguo dormitorio de la universidad. El calendario en la pared marcaba una fecha: tres meses antes de la audición para la beca.

Mi corazón martilleaba en mi pecho. No era un sueño. Había vuelto.

El olor a libros de arte y tela impregnaba el aire. Mis manos, jóvenes y sin los callos del trabajo duro, temblaban. Miré mi reflejo en la pantalla oscura de mi computadora. Era yo, más joven, más ingenua, pero con los ojos llenos de un fuego que no estaba ahí antes.

Un recuerdo helado me recorrió. La traición. La humillación. El dolor. Todo estaba tan vivo como si hubiera ocurrido hacía un segundo.

No, no era la misma Sofía. La chica ingenua que confiaba ciegamente en su novio y su mejor amiga había muerto en ese callejón. La que había vuelto estaba endurecida, despierta y con un solo propósito.

Venganza.

Encendí mi celular, casi por instinto. La pantalla se iluminó con las notificaciones de las redes sociales. Lo que vi me heló la sangre.

Un video se estaba haciendo viral en el campus. Carlos, mi Carlos de esta línea de tiempo, estaba de pie en medio del patio de la escuela con un ramo de noventa y nueve rosas rojas, gritando a los cuatro vientos.

"¡Laura, te amo! ¡Quiero que todo el mundo sepa que eres la única mujer para mí!"

La cámara, probablemente de un estudiante curioso, se movía temblorosamente, capturando el espectáculo. Laura estaba a unos metros de distancia, con una expresión que no era del todo de felicidad. Parecía sorprendida, sí, pero también… incómoda. Forzó una sonrisa mientras Carlos se acercaba y le entregaba las flores, pero sus hombros estaban tensos, su cuerpo rígido.

Mi mente se aceleró. Esto no había pasado en mi vida anterior. Carlos era ambicioso, pero nunca había sido tan extravagante y público. ¿Era posible? ¿Podría ser que él… también recordara?

La idea era aterradora y, a la vez, extrañamente estimulante. Si él también había vuelto, significaba que no solo quería el éxito, quería restregarme en la cara su victoria desde el principio. Quería disfrutar de su traición dos veces.

Vi el video una y otra vez. La sonrisa de Carlos era arrogante, llena de una confianza que no le correspondía. La incomodidad de Laura era sutil, pero innegable para mí, que la conocía tan bien. ¿Acaso ella no recordaba? ¿O simplemente estaba abrumada por la audacia de Carlos?

Él la besó para la multitud que vitoreaba, un beso largo y posesivo. Laura apenas respondió. Sus manos no lo rodearon, simplemente colgaban a sus costados.

Un escalofrío me recorrió la espalda. Esto era más complicado de lo que pensaba. Pero no importaba.

Apagué el teléfono. El ruido del exterior, las voces de los estudiantes emocionados por el "romance" del día, se desvanecieron.

Ya no me importaban sus juegos. Esta vez, el tablero era mío.

Abrí mis viejos cuadernos de bocetos, mis libros de teoría del color y patronaje. Mis dedos rozaron las páginas, y el conocimiento fluyó de vuelta a mí, no solo como un recuerdo, sino como una habilidad innata. Años de práctica y estudio de mi vida anterior estaban intactos en mi mente.

Tenía una ventaja que ellos no podían imaginar. Ellos podrían recordar el resultado, pero yo recordaba el trabajo, el sudor y las lágrimas que me llevaron a la cima antes de que me empujaran al vacío.

Una sonrisa fría se dibujó en mis labios. Que Carlos y Laura disfrutaran de su pequeño espectáculo. Yo tenía trabajo que hacer.

Me sumergí en mis estudios, repasando cada lección, perfeccionando cada boceto. Las horas pasaron volando. La sed de venganza era un combustible poderoso, pero la pasión por mi arte era aún más fuerte.

Al día siguiente, mientras caminaba por el pasillo hacia mi clase de historia del arte, cargando una pila de libros y mi portafolio, sentí un empujón brusco.

Mis materiales se esparcieron por el suelo.

Levanté la vista. Laura estaba de pie frente a mí, con una sonrisa falsa de disculpa.

"Ay, lo siento tanto, Sofi. Estaba tan distraída. No te vi."

Carlos estaba a su lado, mirándome con una expresión de suficiencia. Varios estudiantes se detuvieron a mirar.

"No te preocupes," dije, mi voz tranquila y firme, mientras comenzaba a recoger mis cosas.

Laura se inclinó, fingiendo ayudar, y su voz bajó a un susurro que solo yo podía oír.

"Deberías tener más cuidado por dónde caminas. Tantas cosas valiosas… sería una pena que se arruinaran."

Era una amenaza, apenas velada. La misma clase de amenaza que precedió a mi caída en la otra vida.

Me puse de pie lentamente, mirándola directamente a los ojos. El miedo que esperaba ver en mi rostro no estaba allí. En su lugar, había una calma gélida.

"Tienes razón, Laura," dije, mi voz resonando en el pasillo ahora silencioso. "Hay que tener mucho cuidado. Sobre todo con las personas en las que confías."

Tomé el último libro de sus manos, mi mirada sin vacilar. La sonrisa de Laura vaciló por un segundo. Carlos frunció el ceño, desconcertado por mi reacción.

Sin decir una palabra más, me di la vuelta y continué mi camino hacia el aula, dejándolos atrás, en medio del pasillo, con las miradas de todos puestas en ellos.

El juego había comenzado. Y esta vez, yo dictaba las reglas.

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