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Portada de la novela La Receta de Tu Voz

La Receta de Tu Voz

La existencia tranquila de Oliver Smith, marcada por sus adicciones y relaciones fugaces, da un giro drástico al conocer a Karly Brown. Esta joven de mirada azul, única sobreviviente de la masacre de su familia, irrumpe en su hogar como una fuerza destructiva. Mientras se ven obligados a compartir el mismo techo, Oliver lucha contra la tensión de su presencia. Al mismo tiempo, el oscuro misterio sobre los asesinos de los Brown los acecha sin tregua.
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Capítulo 3

¡Reacciona! ¡Reacciona! ¡Reacciona!

¡Maldita sea, Oliver Smith! ¡Reacciona de una puta vez!

El cuerpo se mueve después de una primera paralización momentánea, me quito la chaqueta lanzándome a las aguas oscuras, las cuales hasta hace un momento se mostraban relajantes y ahora se han convertido en una amenaza. No soy un héroe. A decir verdad, tengo miedo. Sin embargo, no voy a permitir que nadie se quite la vida delante de mis narices.

Nado deprisa llegando al último lugar en que la he visto antes de desaparecer metida en su deseo retorcido de suicidarse. Atrapo una gran bocanada de aire sumergiéndome con la única esperanza de encontrarla.

Las aguas turbias dificultan la visión, sin embargo, doy con ella enseguida contemplando una escena perturbante. Con los ojos abiertos y envuelta de abundantes burbujas, indicando que debo actuar rápido, antes de que sea demasiado tarde y la pierda.

Realizo otro movimiento llegando a la altura de la pequeña demente, rodeo su cintura y hago intento para sacarla, pero algo me lo impide empujándome de lleno a la frustración. Sabiendo muy bien que el tiempo está en nuestra contra y que no le puede quedar mucho oxígeno, atrapo sus mejillas haciendo que me note.

¡Estoy aquí!

Uno nuestras bocas con el único propósito de llenar todos sus pulmones, vaciando los míos mientras cuestiono porque no me la puedo llevar conmigo. Es una contrarreloj contra la muerte y vamos perdiendo.

Regreso a la superficie necesitado de oxígeno.

—¡Oliver! —me alcanza Samuel.

—¡No la puedo sacar! ¡Algo la tiene atrapada! —grito desesperado, sintiendo que algo se rompe en mí.

—¡No te rindas!

Vuelvo a adentrarme bajo la superficie, acompañado por Samuel, el cual va directo a analizar la situación mientras la desconocida alarga la mano hacia mi. Se la atrapo, entrelazando nuestros dedos, perdiéndome una vez más en su boca, compartiendo el oxígeno equilibradamente. Con la mano libre atrapándome de la nuca sin que me pueda despegar, dándome a entender su deseo de no morir.

Quiero decir; te sacaremos de aquí.

Quiero que crea que lo haremos, que lo conseguiremos y mañana recordaremos esto como un mal momento debido a una falta de fluidez.

Samuel capta mi atención, tirando de la pierna y bajo a su altura, indicandome que es lo que la mantiene sujeta. Una trampa mortal formada principalmente por plásticos tirados por algún imbécil que no tiene mucho apreció a la naturaleza.

Vamos deshaciendo todas las ataduras que forman la red que mantiene atrapadas sus piernas, usando las manos, la fuerza bruta e incluso los dientes. Lo hacemos hasta que rompemos la última sujección.

Voy a por su cintura y salimos a la superficie, respiramos con fuerza y dolor en los pulmones. Acaricio con suavidad la mejilla de la desconocida, mantiene una mirada apagada de intensos ojos celestes que advierte que ninguno está a salvo. El frío está calando en nuestros cuerpos y como no nos demos prisa en salir, podemos enfermarnos cogiendo una hipotermia o algo más grave.

Ayudado por Samuel, llegamos a tierra firme, dejándonos caer en la hierba. Despego el cabello mojado de su perfecto rostro. No tiene ninguna imperfección, más allá de la expresión inocente que la hace no apta para uno de mis encuentros placenteros.

Acaricio la suavidad de los delgados labios húmedos con la yema del índice, ascendiendo por la punta de su nariz y me detengo al observar los iris azules que no rivalizan con el azul del cielo. A pesar de todo, prefiero el azul de cielo, pues el suyo está falto de vitalidad. Hemos rescatado su cuerpo, pero su alma se ha quedado atrapada en las aguas turbias.

—Un poco más y no lo contamos ninguno —pronuncia Samuel y me incorporo sentado.

—Ni lo menciones —ayudo a la chica sentarse, sin apartarle la vista, —¿Cómo te llamas? ¿Qué edad tienes? ¿Dónde vives? —pregunto lo primero que se me viene a la cabeza sin obtener respuesta —Soy Oliver Smith. Ardiente británico de veintiséis años con residencia en Figueres —bromeo y una chispa de vitalidad me indica que voy por el buen camino.

—¿Nombre? ¿Edad? ¿Residencia? Ni que esto fuera Tinder —dice Samuel.

—Cállate, ha reaccionado —digo volviendo acariciar su mejilla, tratando de no perder la chispa que he encontrado —¿Cómo estás?

—Los chicos ahora vienen con un par de mantas para que os podáis cubrir —informa Victoria, apareciendo con la respiración agitada y clava los ojos oscuros a la desconocida, endureciendo la expresión —¿Estás loca? ¿O qué te pasa? ¿A quién se le ocurre lanzarse al agua de esa manera?

—Cállate, por favor —pido, casi suplico.

—Ha puesto vuestras vidas en peligro.

—Tus comentarios negativos no van a ayudar a nadie.

—Pero…

—Acompáñame, Victoria —interrumpe Samuel, levantándose tembloroso del suelo con una ligera sacudida que induce a un ligero mareo —Necesito despejarme un poco y no creo poder hacerlo solo.

Samuel y Victoria se retiran, dejándome con la desconocida.

—No se lo tengas en cuenta. Es buena chica y se preocupa por nosotros —me observa, ladea la cabeza y atrapa las rodillas con las pequeñas manos —Prosigamos. ¿Dónde vives? —no responde —¿Alguien a quién pueda llamar? —permanece callada —¿Estás feliz de conocer al hombre más atractivo del planeta? —ni una sonrisa delante de la estúpida pregunta —No te voy a morder, pequeña. Así que facilitame las cosas y dime que puedo hacer para que me hables.

Desliza la mano en mi mejilla, recorriendo la barba sombreada y va bajando hacia el mentón con una suavidad fuera de lo común que provoca los temblores de mi cuerpo. Sube el meñique al labio inferior, moviéndose a su capricho por el contorno y provoca un dolor agudo en el corazón.

—¿Quién eres? —pregunto una vez más, en esta ocasión, la pregunta va más dirigida a mí que a ella.

—Ya estamos aquí —Olga rodea a la desconocida por detrás, envolviendola con una manta.

—Tenemos que llamar a emergencias —digo cuando el bestia de Rafa me tira una toalla en la cara, la cual usó para secarme inúltimente —No jodas, Rafa. No estoy para tu agresividad. ¿Acaso no te das cuenta de la situación?

—Si eres un flojo, no es mi culpa —se cruza de brazos.

—Te haré un resumen para que lo captes. La chica ha intentado suicidarse, no tiene ninguna intención de colaborar y está agotando mi paciencia, así que no acabes de exterminar la poca cordura que me queda.

—Está bien. Llamaré a un amigo policía y...

—Tarde, ya estoy llamando a la policía —aparece Ariana con los ojos pegados en la pantalla del móvil. Lleva el aparato a la oreja y alza la vista hacia la chica, haciendo que el aparato se le caiga —N...no… pue...puede ser —tartamudea y cuestiona abrumada —¿Karly?

—¿La conoces? —pregunto sorprendido.

—Es mi mejor amiga —responde al acto.

—Samuel no parecía conocerla.

—No es muy sociable, pero ella sería incapaz de suicidarse —aclara, arrodillándose delante suya y le aparta todo el pelo mojado detrás de los hombros —Karly. Soy yo, Ariana. Sabes quién soy. ¿Verdad? —asiente y suspiro aliviado con su reacción —¿Qué ha pasado?

Karly abre los labios dispuesta a hablar, aún así no emite ni una palabra, ni una vocal. Solloza en el mayor de los silencios. Expuesta, frágil y vulnerable. El alma se me parte en dos.

—Tranquila, Karly. Estoy aquí y todos ellos también, son amigos míos, así que no tengas miedo porque no dejaremos que nada malo te pase —Karly vuelve a mover los labios, el silencio aparece una vez más —Karly…

Karly endurece la expresión y retira las lágrimas con fuerza, como si le molestaran su mera existencia. Intenta hablar de nuevo sin ningún resultado, se muerde el labio haciéndose sangre y el cuerpo le tiembla al completo. Se despeina desesperada y mira con agonía a Ariana.

—Karly…

Karly sujeta con dificultad la mano de Arian, deslizando el índice por su palma, dibujando líneas invisibles e irregulares.

—¿Muertos? —pregunta insegura. Karly asiente y las lágrimas se vuelven más profundas —¿Quién? —escribe dos letras, se detiene sin ser capaz de seguir —Llamaré a tus padres Karly y… —dibuja una cruz, no puede ser verdad —Karly… —señala con determinación la palma de Ariana —No te entiendo…

—Yo si —digo con un nudo en la garganta —Me encargo de la llamada a la policía. Dame la dirección de su casa, tenemos que ponernos en marcha. Ahora.

Rafa levanta a Karly cargándola con sus inmensos brazos y camina directo hacia el aparcamiento. Olga sale a buscar a Pablo, Samuel y Victoria. Y Ariana camina a mi lado, siguiendo los pasos de Rafa varios metros hacia atrás.

Llamo a la policía y solo espero por una rápida actuación.

—Buenas tardes. ¿Cuál es su emergencia? —pregunta el agente.

—Pelea doméstica, posibles heridos. No estoy seguro —Ariana me mira como si estuviera loco, pero creo que es mejor omitir el detalle de que posiblemente hayan muerto.

—Un momento. Le pasaré con mi compañero.

—Soy Oliver Smith, hijo de Aaron Smith —pronuncio a papá, esperando que su fama adelante cualquier gestión innecesaria.

—¿Cuál es la dirección? —pregunta el agente.

—¿Dónde vive? —pregunto a Ariana, la cual me responde desorientada y comparto la información con el agente —Nosotros estamos de camino con la hija, no tardaremos más de diez minutos.

Cuelgo tras una breve despedida, Ariana me atrapa del brazo y me mira tratando de buscar una explicación a mis palabras.

—Tu amiga lo ha dicho, no yo.

—La has malinterpretado.

—Ojalá tengas razón y lo haya malinterpretado, ojalá todo esté bien y tu amiga esté loca. O mejor aún, ojalá que todo esto sea un macabro plan que has organizado para que me conmueva con una chica y conseguir tu propósito de emparejarme.

—¡Yo no haría eso! —grita indignada.

—Sé que tú no harías eso, pero puestos a pedir, todo es mejor que la mierda que he interpretado de tu amiga.

Samuel conduce siguiendo las indicaciones de Ariana. De mientras, Karly se encuentra acurrucada contra mí, necesitada urgentemente de calor, tiritando de frío y miedo por partes equitativas. Alcanzo a coger otra manta y nos cubro.

—Todo estará bien —susurro.

Acaricio uno de sus mechones oscurecidos por la humedad, las gotas de agua se deslizan por su cara entristecida y solo deseo que las cosas no sean tan graves como me las imagino.

Mi amigo detiene el coche delante de una casa mediana con un jardín compuesto de particulares rojas negras y las luces de los patrullas me invitan a bajar a por una respuesta. Arropo más a Karly, saliendo y acercándome a la propiedad cuando los pies se me clavan como anclas en el suelo. Los paramédicos salen con tres camillas, transportando tres cuerpos cubiertos hasta la cabeza. No tengo que ser muy inteligente para saber qué se tratan de tres cadáveres.

¿Por qué la vida es tan cruel?

Visualizo a la indefensa chica que he salvado envuelta por varias mantas dentro del vehículo, observando la trágica escena que contemplan todos mis amigos desde dentro de los automóviles. No soy capaz de ponerme a la altura de los sentimientos que está experimentando Karly, pero sí ante toda esta mierda me siento insignificante e inmensamente triste, sé que su dolor es mil veces peor o incluso más. Después de todo, ella quería suicidarse y yo interrumpí su deseo.

No me arrepiento, pero…

¿Me odiará por haberla detenido?

*******

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