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Portada de la novela La próxima vez, conquístame

La próxima vez, conquístame

Después de cinco vidas de rechazo por parte del frío Alejandro Domínguez, Valentina Morales decide cambiar su rumbo. La Voz del Destino le propone un nuevo objetivo: Mateo Soler. Al recordar la lealtad eterna y el amor silencioso que Mateo le profesó en el pasado, Valentina comprende quién merece realmente su corazón. Mientras ella se entrega a este nuevo vínculo, Alejandro empieza a sufrir las consecuencias de haber despreciado su afecto.
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Capítulo 2

Carmen Villaverde, ahora Valentina Morales, parpadeó.

El techo del sencillo apartamento en Barcelona era blanco.

Acababa de morir.

Otra vez.

Como Isabel, en Granada.

Las palabras de Alejandro Domínguez resonaban, crueles.

"Isabel, o como te llames esta vez, ni aunque te conviertas en ceniza dejaría de reconocerte."

"Te diré la verdad, preferiría saltar desde la Giralda antes que estar contigo."

Un escalofrío recorrió su nueva piel.

Cinco vidas. Cinco intentos. Cinco fracasos.

Siempre él. Siempre Alejandro.

Su belleza, siempre deslumbrante, nunca era suficiente.

Ojos expresivos, cabello castaño luminoso, figura esbelta, sonrisa cautivadora.

Adaptada a cada estilo: bohemia, elegante, deportiva.

Pero su alma, sus recuerdos, eran los mismos.

Los de Carmen.

Una voz etérea, la Voz del Destino, sonó en su cabeza.

"Anfitriona, ¿desea cambiar de objetivo?"

Valentina se sentó en la cama.

Recién graduada en Comunicación Audiovisual. Buscando empleo.

Sola.

"¿Cambiar de objetivo?" preguntó en voz alta, aunque sabía que la Voz la escuchaba internamente.

Suena como si fuera una opción fácil.

Pero después de cinco muertes, cinco finales orquestados por esa misma Voz cuando fallaba...

La idea de empezar de nuevo con Alejandro era agotadora.

Pero, ¿quién más podría ser?

La Voz proyectó una imagen mental, un "panel de conquista".

El rostro de Alejandro seguía ahí, destacado.

Pero al lado, más pequeño, apareció otro.

Mateo Soler.

El mejor amigo de Alejandro.

Valentina frunció el ceño.

¿Mateo?

El chico sensible, observador, con un aire melancólico.

El que siempre estaba en segundo plano.

"¿Mateo?" repitió, incrédula.

"Opción secundaria activada tras cinco fracasos consecutivos con el objetivo primario," informó la Voz, con su tono pragmático habitual.

Valentina se abrazó las rodillas.

Mateo.

Recordó sus interacciones con él a lo largo de sus vidas.

No eran muchas. Ella siempre había estado enfocada en Alejandro.

Pero ahora, fragmentos de memoria volvían.

Vida 1: Lucía, estudiante de bachillerato en Sevilla.

Ella, persiguiendo a Alejandro como una sombra.

Mateo, compañero de clase, siempre con una sonrisa amable.

Un día, él bromeó, delante de Alejandro.

"Alejandro, ¿no te das cuenta? Si no la quieres tú, la quiero yo."

Luego, mirándola a ella.

"Lucía, deja de seguirle a él y sígueme a mí, soy más fácil."

Ella se rio, nerviosa, y siguió mirando a Alejandro.

Qué tonta había sido.

Luego, la Feria de Abril.

Unos niñatos borrachos la acosaron. Palabras soeces, manos demasiado cerca.

Alejandro estaba ocupado coqueteando con otra.

Mateo apareció de la nada.

Se interpuso entre ella y los agresores.

"Soy Mateo Soler, y esta chica está conmigo."

Su voz, normalmente suave, sonó firme, peligrosa.

"Quien le toque un pelo, se las verá conmigo y con mi gente."

Hubo empujones. Mateo recibió un par de golpes.

Pero los otros retrocedieron.

Él la tomó de la mano.

"¡Corre!"

Corrieron por el Parque de María Luisa, riendo, sin aliento.

Se sintió segura con él.

Lucía murió de una meningitis fulminante antes de la Selectividad.

Alejandro ni siquiera fue a su funeral.

¿Y Mateo? No lo supo.

Vida 2: Clara, universitaria en Salamanca. Filología Hispánica.

Volvió a por Alejandro, por supuesto.

Él y Mateo parecían distanciados.

Un día, en la histórica biblioteca de la Universidad, se cruzó con Mateo.

Él la miró.

Una mirada extraña. Tristeza. ¿Reconocimiento?

No, imposible. Su apariencia era diferente.

Al salir, Clara tropezó. Sus apuntes sobre poetas de la Generación del 27 cayeron.

Mateo los recogió.

Sus dedos se detuvieron en un poema de Lorca.

Lo leyó en voz baja, casi para sí mismo.

"Verde que te quiero verde..."

Levantó la vista, se la devolvió.

"Ten cuidado," dijo suavemente.

Fue su único encuentro significativo en esa vida.

Clara murió en un atraco a una joyería. Estaba comprando un regalo para Alejandro.

Él se quejó de que el regalo nunca llegó.

Vidas 3 y 4: Sofía, joven promesa en una galería de arte en Madrid. Elena, trabajadora en una ONG en Valencia.

Interacciones esporádicas con Mateo.

Siempre una amabilidad particular. Una melancolía en sus ojos cuando la miraba.

Como si viera un fantasma.

Ella nunca le dio importancia. Su objetivo era Alejandro.

Vida 5: Isabel, emprendedora de una pequeña tienda de artesanías en Granada.

El rechazo brutal de Alejandro en el Mirador de San Nicolás.

Sus palabras todavía quemaban.

Isabel bajaba desolada por el Albaicín, lágrimas silenciosas.

Las calles estrechas y oscuras.

Mateo la encontró.

Apareció como por arte de magia.

"Isabel, ¿estás bien?"

Ella negó con la cabeza, incapaz de hablar.

"Déjame llevarte. Es tarde, puede ser peligroso."

Ella se negó.

Tenía miedo. Miedo de morir.

Si moría en su coche, él se vería implicado. El sistema era así de cruel.

"No, gracias, estoy bien."

"Insisto," dijo él, su voz suave pero firme. "Este barrio de noche... para una mujer sola..."

Acabaron tomando un chocolate con churros en una placita escondida.

Él apenas habló. Solo la observaba.

Con esa tristeza infinita en sus ojos.

La llevó a casa.

Ella no le dio la dirección.

Él simplemente supo dónde era.

Al despedirse, la mirada de Mateo fue intensamente triste.

Casi insoportable.

Tres días después, Isabel murió.

Atropellada por un camión de reparto en una calle céntrica.

Cruzaba con el semáforo en verde.

Mala suerte. O el Destino.

En sus últimos momentos de consciencia, vio a Mateo.

Corriendo hacia ella.

Gritando su nombre. O el de Isabel.

Abrazó su cuerpo destrozado.

Y escuchó su susurro, roto por el dolor.

"La próxima vez, conquístame a mí. Te lo ruego."

Valentina abrió los ojos en su apartamento de Barcelona.

Las lágrimas corrían por sus mejillas.

"La próxima vez, conquístame a mí."

Mateo.

Él lo sabía. De alguna manera, lo sabía.

O al menos, sentía algo.

Una conexión que trascendía las vidas.

"Voz del Destino," dijo Valentina, su voz temblorosa pero firme.

"Acepto. Cambio de objetivo."

"Objetivo cambiado a Mateo Soler," confirmó la Voz. "Nivel de dificultad: Desconocido. Recompensa potencial: Modificada."

Valentina respiró hondo.

Una nueva esperanza. Un nuevo miedo.

Mateo Soler.

Esta vez, iba a por él.

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