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Portada de la novela La Propuesta del Decano

La Propuesta del Decano

La profesora Ámbar Shein sueña con un amor literario mientras lucha por obtener una plaza en la Universidad de Oxford. Su vida cambia al conocer a Derek Williams, el decano de la institución, quien le plantea un trato inesperado: una relación basada puramente en el deseo, lejos de cualquier compromiso emocional. Ámbar se enfrenta a un dilema crucial: aceptar la fría seducción de un hombre que niega el afecto o seguir buscando su romance ideal.
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Capítulo 2

El señor Williams carraspea un par de veces como para recuperarse de su distracción y yo me ruborizo porque la mera idea de considerar que él me estuviera viendo interesado me causa desconcierto e interés a la vez.

- Enfócate, Ámbar. Estás aquí por el empleo – me reprendo a mí misma mentalmente.

- Bien, señorita Shein. Le tengo algunas preguntas que debo hacerle por protocolos de la universidad. ¿Le parece bien? – tiene la mirada en un formulario.

-Adelante, por favor – le respondo.

- ¿Con cuáles tres características se definiría a sí misma?

- Pues soy responsable, sincera y servicial.

- ¿Cuáles considera usted que son sus debilidades?

- Hmmm – pienso antes de responder – creo que sería la misma sinceridad y la rectitud, a veces puedo excederme un poco con las exigencias.

- ¿Ah sí? ¿Cómo es eso? – dice y parece estar muy interesado de repente.

- Le exijo a mis estudiantes todo lo que sé que pueden dar y quizás espero demasiado lo que me lleva al desánimo – aclaro para que no piense mal.

- Muy bien, eso me parece muy bien – toma unos apuntes en el formulario y quisiera ver qué es lo que dice, pero no puedo.

Continúa con la siguiente pregunta:

-¿Implica un problema para usted trabajar el mes que viene?

- En lo absoluto.

- ¿Tiene inconvenientes con preparar el programa de clases? Asumo que no, dada su experiencia.

- No, para mí la planificación escolar no es un problema.

- ¿Está trabajando en un centro ahora mismo? – dice mirándome a los ojos.

- Sí, estoy trabajando en el colegio Buenaventura como le dije, pero de ser aceptada para este puesto, en caso de no poder coordinar horarios, lo dejaría para quedarme acá.

-De acuerdo. ¿Cuál es su estado civil? – me mira de reojo la mano izquierda como si buscara un anillo. Me sorprende la pregunta, pero ellos sabrán porqué la hacen.

- Soltera – le digo sin más.

- ¿Tiene usted hijos?

- Ninguno – “¿Por qué?” Quisiera añadir, pero una vez más me abstengo de hacerlo porque no soy yo quien hace las preguntas.

- Como maestra de letras, ¿Podría decirme cuál es su autor favorito? – dice mirándome a mí y no al formulario y dudo si en verdad todas esas preguntas están ahí o si ha sido inventada por él como decano.

- No podría escoger solo uno. De todos tengo algo que admirar y un estilo que imitar – le respondo.

Él se queda serio y asiente con la cabeza.

- Bien, eso es cierto. Eso será todo, no tengo más preguntas de mi parte.

Toma un respiro y examina los papeles que tiene delate suyo. Yo estoy en ascuas pensando que mis respuestas estuvieron decentes, pero no sé si sea lo que ellos buscan.

- Debo decirle que, a pesar de los muchos candidatos entrevistados, creo que la posición será suya, debido a que su expediente sobrepasa con creces los de los demás. En adición a eso, creo que tiene lo que estamos buscando para ser parte de esta universidad, basta experiencia en la enseñanza.

Su respuesta es casi como que me digan que me he ganado la lotería. En mi rostro se planta una sonrisa de mil watts.

- ¡Gracias, señor Williams! No sabe cuánto significa para mí esta oportunidad. Tenga seguro que no le defraudaré – le extiendo la mano energéticamente y quisiera abrazarlo de la emoción, pero me contengo porque literalmente este hombre que está como un bombón, va a ser mi jefe y recién acabo de conocerlo.

Por lo visto mi reacción logra arrancarle una sonrisa, pero la borra de pronto, diciéndome:

- Ya los términos de salario y demás bonificaciones podrá discutirlos con el departamento de recursos humanos. Ellos le contactarán más adelante, pero desde ya le doy la bienvenida a la familia de Oxford.

Me extiende la mano y yo le tiendo la mía, sin embargo, a diferencia del leve apretón de manos que esperaría de él, dada su rectitud y seriedad, me acaricia la palma imperceptiblemente y se queda con mi mano entre la suya unos segundos más de lo requerido por el protocolo, a la vez que me mira a los ojos con una mirada retadora.

Yo me sobresalto porque no esperaría una acción como esa de alguien como él. No sé si son alucinaciones mías o si en verdad me ha acariciado a consciencia, solo me limito a retirar la mano y agradecerle por haberme recibido.

- Tenga buen día, señorita Shein. Espero con ansias volver a verla.

Salgo de la oficina con una mezcla de emociones: confundida por esta última reacción del decano Williams y a la vez pletórica porque me han dado el empleo. Saludo a la secretaria y me dirijo a mi auto, no sin antes verme la mano con disimulo, cuestionándome sin en verdad pasó lo que creo que pasó. Sin darle más vueltas, salgo del campus en mi cacharrito que he comprado con mi salario de maestra y decido detenerme en algún lugar para desayunar, puesto que como ya se me han ido los nervios, una hambre voraz se ha apoderado de mí y no creo que aguante llegar a casa.

En el camino hay un McDonalds y como aún no son las doce, puedo escoger el menú de desayuno.

Cuando ya he ordenado y estoy sentada en la mesa tomándome un capuchino con unos waffles con tocino y huevos revueltos, tomo mi celular para responderle a Sandra, quien me ha escrito para saber qué tal ha ido todo.

- ¡De maravilla, me han dado el puesto! - le escribo con carita feliz.

Ella me responde con muchos globos y añade:

- ¡Esta noche vamos a celebrar!

Yo me río mientras como mi desayuno y sé que cuando se refiere a celebrar, la cosa es a otro nivel. No me importa desvelarme porque como estamos de vacaciones, no tengo que trabajar, así que me preparo mentalmente para lo que esta noche nos espera y a la vez vuelto a pensar en la caricia del decano.

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