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Portada de la novela La Prometida Del Capo Italiano

La Prometida Del Capo Italiano

Bajo los códigos de la mafia italiana, Laura contrae nupcias con Alexander Caruso para garantizar una tregua familiar. Ella esperaba encontrar a un hombre honorable, pero tras el enlace, el capo muestra su faceta más despiadada y la humilla. Alexander desconoce que su esposa no es la mujer sumisa que aparenta y que guarda oscuros secretos. Al ser desafiada, Laura empuña un arma oculta, iniciando una guerra personal donde el infierno apenas comienza.
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Capítulo 3

Capítulo 3

Alexander Caruso

Mierda. Mil veces mierda. Solo tenía que haber esperado hasta mañana, pero no... perdí la paciencia y hoy se me fue la olla. Pateé la puerta para ir tras ella, no recordaba que lo había dejado todo tan fortificado aquí, tardé unos segundos más de lo previsto en derribarla, así que vi a mi primo Peter llegar justo cuando la puerta se derrumbó.

-No me digas que la has dejado escapar -preguntó enseguida con los ojos muy abiertos.

- ¿Cómo iba a imaginar que esa maledetta era tan buena en eso? ¿Si el día que la secuestré parecía una gatita asustada? -respondí mientras abría la caja fuerte de la habitación y cogía otra arma.

- Claro, le dimos medicación para dormir, nadie reacciona con eso. -dijo mientras salíamos de la casa en su búsqueda.

Me quedé en silencio, porque sé mejor que nadie todo lo que había sucedido en ese secuestro cuando estábamos en un matrimonio concertado, en el que los rusos solo fueron utilizados como testaferros, y yo aproveché la situación para ganar puntos y casarme con ella.

- ¿Qué mierda has hecho? ¿No habíamos acordado seguir con la farsa hasta mañana? Dijiste que querías un hijo o una forma de mantenerla más vulnerable. Por no mencionar que un matrimonio consumado no se puede deshacer -preguntó Peter y abrió otra de las puertas que estábamos buscando.

- No pude aguantar. No soy de hierro, no soporto mirarla y recordar que, aunque sea mi prometida, me engañaba con otro. Voy a tomar lo que es mío de cualquier manera. - Pateé una mesita de centro.

Lo peor de todo es que deseo tener a Laura para mí, sentir mi polla dentro de ella y sofocarla para que grite mucho, o que tal vez ni siquiera pueda gritar, para ayudar a controlar ese demonio que existe dentro de mí, por culpa de ella.

- Necesitas concentrarte más en las cosas, así no lo vas a conseguir. Por lo que veo, ni siquiera recuerdas por qué empezó todo esto, solo que ella te engañaba con un tipo del que hasta hoy solo sabes el nombre de pila. - Apunté con el arma a Peter mientras empujaba su cuerpo contra la pared.

- Si vuelves a repetir eso, te vuelo los sesos, maledetto. Nadie puede saberlo, no hasta que yo decida que puede. - Se encogió.

- Claro... - Suavicé mi expresión, lo solté y seguí buscando, fui hacia la salida, pero vi que había muchos hombres allí.

- ¿Ha pasado mi mujer por aquí?

- No, señor. Le aseguro que no...

- Salgan todos. Id a buscarla, debe estar aquí dentro. - Bajé el arma cuando vi que todos se movían para encontrar a Laura, así que hice lo mismo, todavía quiero verla llorar antes del amanecer.

Laura Strondda:

Momento de la fuga:

- Laura, ya he comprobado tu ubicación. Encuentra la manera de subir al tejado, solo tienes que hacerlo por la parte más baja, porque hay varios guardias en la puerta. Saldrás por arriba, saltarás al tejado vecino y yo te ayudaré a bajar aquí, es sencillo, ni siquiera necesitas un cinturón de seguridad. - Dijo Luigi y no lo pensé dos veces, confío en él lo suficiente para eso.

- Voy, dame dos minutos -dije y colgué. Caminé rápidamente por algunas habitaciones, en una de ellas había una abertura en el techo, subí con facilidad y luego quité algunas tejas, como soy delgada, fue muy fácil.

Caminé agachada por el tejado y salté en el lugar más adecuado, con unos pocos saltos ya estaba al otro lado de la manzana. En cuanto vi el coche negro, supe que era el de mi amigo, así que me subí.

«Ni siquiera han sido dos minutos...», bromeó, mirando su reloj de pulsera.

«No puedo creer que hayas viajado para venir a buscarme», le dije mientras lo abrazaba.

- No pude asistir a la boda, pero claro que iba a ir a la luna de miel. Sabes que no confío en ese tipo con el que te casaste, pero parece que tenía razón, ¿no? -Me cogió de la mano y empezó a conducir.

- Podría haber ido como guardaespaldas... al fin y al cabo, para mi familia Luigi ni siquiera existe, solo te llaman El Chapo, por ser tan estratega como él.

- Déjalo estar. Cuéntame qué pasó.

-Tenías razón, engañó a todos... -Empecé a contarle lo poco que sabía, y sobre mis padres en el punto de mira de ese loco, y Luigi lo escuchó todo con atención.

Es el estratega de mi padre y ahora de mi hermano, el Don de Roma. Lidera a los soldados que atacan, no a los que defienden y protegen a nuestra familia, al contrario, matan a la escoria, a aquellos a quienes el consejo ha decidido que deben morir.

- Tenemos que investigar más, Laura. Lo haremos con frialdad, tienes que mantenerte firme y actuar como si estuvieras trabajando en una de mis misiones secretas. No cambiará nada, solo tienes que ser fría, tus padres están en peligro, así que enviaré a más hombres a vigilarlos. -Detuvo el coche.

-Ya estaba acostumbrada a la idea de dejar de trabajar, tanto en las misiones como... bueno, no quiero hablar de eso, necesito tu ayuda. -Luigi me miró durante un rato, estaba pensando.

-Tienes que volver. Vuelve por donde saliste para no ser descubierta, haz como en nuestras búsquedas, mantén a tu marido ocupado, sin permitir que te haga daño ni te toque, sé que puedes hacerlo.

- Pero, ¿y después? - Tragué saliva-. Estoy legalmente casada con ese idiota, nunca podré separarme...

- Tranquila... déjame averiguarlo todo y llámame solo si estás en peligro, porque si vuelvo a ver tu cara aquí en la pantalla, entraré con nuestro equipo y lo destruiré todo, mataré al maledetto y entregaré su cabeza a la famiglia como traidor, el Don estará de nuestro lado. - Asentí.

- No sé cómo voy a distraerlo tanto, pueden pasar días o incluso meses hasta que descubra algo...

- Entonces ayúdame. Sé fría, sedúcelo, descubre lo que quiere, para luego vengarnos. Cuando te llame es porque ya tenemos las respuestas. -Dijo y abrió la guantera entregándome unas esposas. - Úsalas si las necesitas. -Me dio un beso en la frente, es un gran amigo.

-Gracias.

Luigi me llevó de vuelta, hice rápidamente el mismo recorrido y sentí cómo mi cuerpo cambiaba de temperatura cuando me topé con Alex desnudo, lleno de espuma, debajo de la ducha.

Tardó en darse cuenta de mi presencia, me quedé parada mirando su cuerpo y por un momento vacilé, tuve que sujetar mejor el arma y cerrar la boca. Es grande, lleno de discretos músculos, con los brazos ligeramente marcados, la cintura bien definida y... Vaya... ¿qué es eso? Por cierto, ¿qué tamaño tiene?

-¿Laura? -Me sobresalté cuando oí mi nombre.

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