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Portada de la novela La Prometida Del Capo Italiano

La Prometida Del Capo Italiano

Bajo los códigos de la mafia italiana, Laura contrae nupcias con Alexander Caruso para garantizar una tregua familiar. Ella esperaba encontrar a un hombre honorable, pero tras el enlace, el capo muestra su faceta más despiadada y la humilla. Alexander desconoce que su esposa no es la mujer sumisa que aparenta y que guarda oscuros secretos. Al ser desafiada, Laura empuña un arma oculta, iniciando una guerra personal donde el infierno apenas comienza.
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Capítulo 1

Capítulo 1

Laura Strondda

-¿Lista? -Oigo la voz a mi derecha y le sonrío a mi cuñada, Fabiana.

-No tengo miedo. En el fondo, mi padre y mi hermano me dejaron dar la última palabra, y acepté de buen grado ese acuerdo. Alexander Caruso es un buen hombre, viene de una familia muy honorable que sigue mejor que nosotros algunos principios. La mafia siciliana tiene reglas estrictas. -Me expresé, apretando los dedos y haciéndolos crujir para calmar los nervios.

-En teoría, ¿no? -dijo Rebeca, la hermana de Fabiana, mientras se miraba las uñas.

-Vamos, mejor no nos retrasemos. - Fabiana se ri al decirlo, así que solo sonrío y la sigo hasta el coche.

Nunca quise un matrimonio concertado, pero Alexander es tan servicial y bueno que me ha hecho pensar que no será tan complicado como dicen.

Cuando llegamos, la iglesia ya estaba llena. Alex estaba en el altar esperándome, y sentí un escalofrío al darme cuenta de que estaba mucho más serio de lo normal... Debo estar muy ansiosa por ver cosas que no existen, mi cara debe estar exactamente igual.

Cuando mi padre me entregó a él en el altar, Alex sonrió levemente después de tomar mi mano, y respiré aliviada, todo estaba bien. Sentí su mano cálida en la mía, e incluso de frente veía por el rabillo del ojo cómo me miraba mientras se celebraba la ceremonia, debe estar ansioso por la luna de miel, igual que yo.

Aunque no necesito traer pruebas de la sangre en la sábana, sé que en Sicilia valoran mucho la pureza en el matrimonio, y el hecho de saber que no hay divorcio también me pone un poco nerviosa, pero todo irá bien.

Frente a él, sonreí al verlo declarar sus votos, me quedé mirando su cabello encantador y ligeramente despeinado, que cae sobre sus ojos, que son marrones y muy llamativos, su barba perfectamente dibujada en su rostro, que tiene una piel perfecta.

Cuando llegó mi turno, me aseguré de mirarlo a los ojos, en la mafia siciliana valoran mucho la confianza. No puede haber adulterio, porque si eres capaz de traicionar a quien se acuesta a tu lado, no eres digno de la confianza de nadie.

Cuando terminó, sentí ese calor absurdo que siento cada vez que me toca. Alex me besó como nunca, ignoró los aplausos después del «sí», me solté en sus brazos y, por primera vez, me relajé, por fin estaba con mi marido, en quien podría confiar a partir de ahora.

Todo mi cuerpo se estremeció, sentí algo extraño y esa compresión entre las piernas volvió, estoy loca por saber cómo será tener a un hombre ahí, y será hoy.

Cuando me puso de pie, ya estaba aturdida, miré la iglesia llena y me sentí avergonzada, pero pronto todo se volvió ligero y divertido. Alex se alejó para hacer algunas llamadas y aproveché para despedirme de mi familia, ya que estaremos quince días en Sicilia, donde él vivía antes de venir a Roma, de luna de miel.

-¿Vamos? ¿Ya estás lista? -me preguntó al acercarse por detrás, poniendo sus cálidas manos en mi cintura, y me contuve para no demostrar mi ansiedad delante de mis padres.

-Sí, solo tengo que coger las maletas del coche de mi padre...

-Ah, déjalo, yo lo haré -como siempre, se ofreció enseguida, haciéndome sonreír de nuevo.

Me despedí de mi madre otra vez y luego fui al coche de Alex para ir al avión. Cuando entramos en su jet, él permaneció en silencio. Acabé apoyando la cabeza en el asiento y echándome una siesta.

-Laura. -Me desperté con él llamándome y me asusté. - Hemos llegado. Date prisa.

Me desabroché el cinturón y me levanté. Un hombre vestido de negro que había venido con nosotros cargó con mis cosas después de susurrarle algo a Alex, y entonces fui a entrar en el coche y él me abrió la puerta trasera, y cuando entré la cerró. ¿No vas a sentarte conmigo? Y entonces lo vi sentarse delante con el conductor.

No le di importancia, debe ser alguna norma estricta de Sicilia o algo relacionado con su cargo de capo... No tardó mucho en darse cuenta de que entramos en un lugar con muros altos y una puerta automática, había otros hombres vestidos de negro dentro.

Alex bajó y no me abrió la puerta como de costumbre, así que la abrí yo misma. Sin embargo, cuando me vio, su rostro se transformó.

-¿Por qué has abierto la puerta? -Me extrañó y sonreí.

-Hoy estás muy gracioso. -Me lanzó una mirada severa y, por un momento, volví a sentir ese escalofrío en la espalda. ¿Qué pasa?

- Coge tus cosas y espérame en la habitación, Magnólia te acompañará. - Miré hacia otro lado y vi a una mujer que debía de tener unos treinta y cinco años, con el rostro serio, así que me quedé observándola. Él no me entregó mis cosas, tuve que cogerlas del maletero.

Había muchos hombres fuera y preferí no hablar con él allí, así que entré como me pidió y fui a la habitación. Parece ser más rico de lo que imaginaba, pensé al mirar a mi alrededor.

Empecé a quitarme los zapatos y luego me miré en el espejo para quitarme el velo y las horquillas del pelo, cuando él entró.

- Alex, ¿qué está pasando? ¿Qué te ha pasado? No lo entiendo -le pregunté volviéndome hacia él.

- Nada. -Levantó mi maleta, que estaba abierta en el suelo, dejando que mi ropa se esparciera como si no fuera nada-. Soy Alexander Caruso, y no el idiota con el que crees que te has casado. No esperes nada de mí -dijo, dejando caer mi maleta con fuerza al suelo.

-¿Qué es esto? -Me quedé paralizada, viendo su mirada de desprecio hacia mí, una mirada que nunca antes había visto. ¿Qué mierda es esto?

-Quítate la ropa y túmbate en la cama.

- ¿Qué? Acabamos de llegar, no he comido nada, ni hemos hablado, yo...

- Cállate. Ya he aguantado demasiado tu parloteo, mi mujer hace exactamente lo que yo le digo, y se acabó -de repente, me agarró la barbilla con fuerza y empujó mi cuerpo hacia la cama, y sin poder reaccionar sentí cómo caía sobre la suave tela de la sábana.

Me quedé completamente paralizada, lo miré asustada, empezando a comprender lo que había sucedido.

- ¿Tú... me engañaste? ¿Traicionaste a mi familia, traicionaste a la corporación? ¿Por qué lo hiciste, cuando te di toda mi confianza? -le pregunté con calma, sintiendo cómo se me erizaba la piel, las uñas rozando la palma de la mano y los dientes doloridos al apretarlos unos contra otros... la ira ya me dominaba, faltaba muy poco para que perdiera la cabeza.

-Deja de hacerte la ingenua, porque no te pega. No soy idiota, sé todo lo que has hecho y no voy a caer en tu trampa. -Este hombre no me conoce para decir algo así, tendría que ser demasiado inteligente para saber lo que hago en mi tiempo libre, debe estar hablando de otra cosa...

-¿De qué estás hablando? Yo...

-Si no cierras la boca y me respetas, las cosas empeorarán. Te aconsejo que te tragues tu orgullo de niña mimada y traicionera y me obedezcas. Ahora quítate ese horrible vestido y acuéstate, porque quiero lo que es mío -se quitó la chaqueta con rabia y yo abrí los ojos como platos-. - Pagué un precio absurdo por tenerte, y si no cooperas... - dio dos palmadas y se encendió un televisor en la pared, miré y vi una imagen de la cabeza de mi padre en la oficina de casa, entonces perdí el juicio.

- ¡MALEDETTO! ¡MALEDETTO TRAIDOR! ¡TE VOY A MATAR! - Me levanté con fuerza empujándolo y gritándole, sin poder creer que me hubieran engañado a ese nivel. - ¡MALEDETTO! ¡MALEDETTO! -Él se rió a carcajadas en lugar de defenderse, entonces la puerta se abrió con fuerza, era un soldado vestido de negro.

- Dios mío, ¿qué está pasando aquí? -preguntó el soldado aterrorizado, mirando a todos lados.

- ¡SAL DE MI HABITACIÓN, AHORA MISMO! -gritó Alexander y el hombre pareció dudar, me lanzó una mirada preocupada, pero le dio la espalda obedeciendo al siciliano, que en ese momento sacó una pistola de su cintura y disparó al soldado, que probablemente cayó muerto al suelo, por la cantidad de disparos. - ¡LIMPIA ESTA MIERDA! -Gritó a otros soldados y volvió a cerrar la puerta, ahora con llave. Levantó la pistola hacia mí.

-Tienes diez segundos para desnudarte. -Miré esa arma y pensé que había sido muy idiota, pero ya no lo sería más...

-Vete al infierno.

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