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Portada de la novela La prometida de mi hermano

La prometida de mi hermano

Jenny vive un giro drástico tras una cita atípica que cambia su futuro para siempre. Un beso accidental con el hombre más inapropiado destruye su calma, sumergiéndola en una espiral de tentación y anhelo incontrolable. Ahora, la protagonista se ve obligada a lidiar con sentimientos prohibidos y una química arrolladora que promete convertir su mundo en un laberinto de deseo. Es una lucha intensa entre la razón y una pasión que amenaza con consumirlo todo.
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Capítulo 3

Esteban

Sigo riendo sin poder controlarme, me sigue pareciendo gracioso haber besado por equivocación a la cita de Carlos.

“Fue un error, nadie puede matarme por ello, no estoy traicionándolo porque fue un accidente, uno muy placentero y excitante. ¡Joder! ¿Quién diablos la manda a intercambiar disfraces? Aunque agradezco que lo haya hecho. Es especial, tan linda como bravucona, con ese algo que acelera mi corazón y me deja suspirando. ¡Diablos! No puede gustarme, no debe, ella y Carlos quizás esta noche… Sería inevitable que no pasara, pues, esa mujer tiene fuego en las entrañas.”

Llevo las manos a la cabeza y con un suspiro de calma estoy por marcharme, cuando noto que el antifaz de la dulce gitana yacía en el piso. En ese último tirón debió caérsele.

Estoy recogiéndolo cuando escucho unos pasos a mis espaldas y aquella persona que ingresaba se detiene justo frente a mí, levanto la vista y mis ojos se pierden en una encantadora figura. Unas esbeltas pantorrillas y un disfraz sexy de gitana me deslumbran; sin duda era Ana Paula, con el antifaz puesto se parecía mucho a la cita de mi hermano. La misma talla, la misma contextura, aunque no tan proporcionada, los mismos labios. Ahora entiendo por qué me equivoqué. Sin embargo, no tengo ganas de llevarla a la pared y besarla hasta quedar sin aliento… como a ella.

— ¿Espero no haberme retrasado tanto, cariño? —Dice Ana con una voz tan dulce que me estremece.

—No, claro que no. —respondo con una sonrisa.

— ¿Y qué quieres hacer primero? —interroga Ana, acercándose con sutileza y de una manera tan sexi, intentando despertar mi instinto animal dormido. No voy a negar que antes me erizaba la piel y descontrolaba mi corazón y en este instante es totalmente irrelevante.

—Lo que tú quieras — respondo a unos centímetros de su boca.

— ¿Seguro? No me tientes, que suelo ser muy exigente—susurra a mi oído, dejando un pequeño mordisco.

—No creo arrepentirme.

Busco sus labios iniciando un candente beso, pero nada comparativo con el anterior. Definitivamente, Ana Paula es puro fuego, la llevo hasta uno de los cubículos desocupados del baño. Cierro la puerta y admiro cuan dispuesta está a entregarse en cuerpo y alma a mí.

—Te deseo tanto Esteban— susurra agitada, mirándome con sus encantadores ojos negros.

—¡joder! — Exclamo ante esas traviesas manos que van en busca de mi pene erecto para masajearlo, sobre el pantalón.

—Será la primera vez que lo haga en un baño, pero lo nuevo y riesgoso me excita más — confiesa Ana, lamiéndose los labios.

—Cualquier lugar es apropiado para entregarse al deseo.

—Y al amor —. Dice ella buscando mis labios.

Toma el control de la situación, pues está notando esa inseguridad tan impropia en mí. Sus manos se deslizan bajo mi polo y acarician mi espalda de arriba abajo, luego lo apartan de mi cuerpo y recorre con sus labios mi torso. Llevo la mirada la techo sintiendo tanto placer ante su toque.

—Nunca he deseado tanto alguien como a ti —menciona ella entre jadeos, mientras saca la polla del interior del pantalón y yo muero los labios.

—Eres una pequeña traviesa.

—Soy más de lo que piensas.

Se arrodilla con picardía sin dejar de mirarme con lujuria. Besa mi polla con delicadeza, luego lame la punta con sutileza haciendo que palpite más de deseo, la calidez de su boca aprisiona mi pene, ¡Dios! Se siente tan bien. Muerda mis labios ahogando un gemido de placer.

Estoy disfrutando del mejor sexo oral de mi vida, cuando escucho a otra pareja entrar al cubículo contiguo. Sus risas y su calentura empiezan a incomodarme. No sé si sea eso o el estar pensando en aquella chica maleducada. Ana sigue tan caliente y yo a punto de enfriarme cuál témpano de hielo.

—Aquí no puedo concentrarme — Aparto a Ana, de mi polla acomodándome aprisa el pantalón.

La pequeña gitana suelta un gran suspiro de resignación y se aleja para acomodar sus prendas.

—¿Qué mierda pasa contigo? — interroga enojada.

—No puedo hacerlo cuando ellos—señalo el cubículo siguiente donde los jadeos y gritos se hacen cada segundo más incontenibles —parecen estar filmando una escena porno.

—Disfrutan el momento — me aclara Ana— y tú— levanta mi polo y lo estrella en mi pecho— tienes la mente en otro lado— expresa medio molesta.

—No sé qué me sucede — me coloco el polo.

—Estás perdiendo tu oportunidad conmigo, ¡carajo! —grita— Nadie me ha despreciado de esta manera — abre la puerta del baño y sale furiosa.

—¡Ana!, espera. Sé que la cita no ha resultado ser como querías, pero...

—¡olvídalo! De todos modos, odio las fiestas de disfraces. Y no esperes que te lleve a casa, Romeo — expresa.

—Eso, también lo entiendo. —acaricio, su rostro delicado.

—Sin embargo, esperaré tu llamada. No suelo hacer esto, pero contigo haré una excepción. —me guiña un ojo.

—Gracias. La próxima vez…

—Dejaremos que pase — me sonríe.

Ana Paula sale del baño primero, espero un momento para hacer lo mismo, mientras tanto cubro mis oídos para no sufrir tanto con los gemidos placenteros exagerados de la otra pareja. No hace falta imaginarse lo que pasa dentro, la posición de sus piernas, los gritos y el piso brilloso me da una buena vista de lo que ocurre. ¡Joder!

Al salir, me encuentro con Roger que me saluda con una gran sonrisa en el rostro. Esperando detalles de mi apasionado encuentro.

— ¿cómo está el tigre esta noche? —interroga.

—Decepcionado.

— ¿Por qué? Ana Paula está diez de diez. Y hace rato te vi echando fuego con ella.

—Digamos que me equivoqué de chica, Ana Paula acaba de llegar y también la cagué con ella. Bueno, la pareja que entro después lo echó a perder.

— ¡Espera! Desde cuando pierdes la concentración ante un monumento como Ana. Y como está eso, de que hay otra chica con el mismo disfraz.

—Es una larga historia, vayamos por un trago al club y te cuento todo —le digo palmeando su hombro y conducirlo a la salida.

—¿No vamos a permanecer en la fiesta?, he visto a un par de bombones por ahí que...

—No debo quedarme aquí — lo interrumpo— porque Carlos querrá presentarme a su cita y entonces esto se podría poner feo.

—¿Por qué?

—Porque la besé en el baño.

—¿Qué? — se sorprende—Aclárame el panorama porque no estoy entendiendo nada.

—¡Vámonos! —. Le muestro la salida—. Te cuento todo en el club.

Abandonamos la fiesta cuando apenas empezaba, en una de las mejores discotecas de la ciudad; Sutton Club. Sin duda fueron las bailarinas exóticas el mejor toque que se me pudo haber ocurrido y ahora tenía que dejarlas para salir huyendo sin contemplar sus mejores pasos.

Antes de salir del local por alguna extraña razón mis ojos la buscaron a ella y no descansaron hasta encontrarla, pude verla con mi hermano, se veía sonriente y Carlos muy emocionado, no había visto ese brillo en su mirada hace muchos años.

—¿Qué tanto miras? — interroga Roger deteniéndose para mirar en la misma dirección.

—Nada— lo tomo del brazo para sacarlo de la fiesta.

—Así que ella es la famosa rompecorazones—. Sonríe —. No está tan mal.

—Déjate de pendejadas y vámonos al club, necesito de esas diosas curvilíneas, estoy dispuesto a olvidarme hasta de mi nombre.

—¡santo cielo! Sí que debió dejarte impresionado esa mujer. Desde cuento tan interesado en morir entre los brazos de alguna desconocida mientras bebes en exceso.

—No sería la primera vez— le respondo.

—Tienes razón.

Después de Nueve minutos llegamos a Casanova club. Puede decirse que somos conocidos, no es difícil conseguir una zona Vip con los mejores culos de Colombia.

Pedimos unas copas y mientras nos deleitábamos con las chicas bailando, le cuento de la cita de Carlos y el intercambio de disfraces, que provocó este inesperado altercado.

—Si no me lo cuentas, no te creo — dice Roger.

—Te juro que ambas se parecen tanto, aún más sin el antifaz, pero son tan diferentes. —Pienso un momento en ese beso — Al igual que su manera de besar.

— ¿Por qué de repente estás sonriendo Esteban? estás poniendo cara de idiota— cuestiona Roger.

—Por nada en especial, solo recordaba los cariñitos que me dio esa chica.

—Debieron ser ricos, porque traes esa cara de tonto, que hace mucho no te veía. Que me late que te enamoraste.

Empiezo a reír.

—No pasa nada, únicamente me pareció gracioso la manera en que nos conocimos— le informo.

—Claro, no siempre uno tiene la dicha de besar a una mujer tan linda.

—No es linda, es una chica sin atributos, grosera, muy mal hablada y golpea fuerte.

—Pero aun así te impresiono tanto que no has dejado de sonreír cada vez que la mencionas— Refiere.

—Son ideas tuyas, Roger.

—Quizás. ¿Y qué pasará si ella se convierte en la novia de Carlos? ¿Qué crees que diga él cuando se entere de que por poco te la comes en el baño?

—En primer lugar, fue una equivocación, segundo no es seguro que se enamoren y tercero — pienso unos segundos—tienes razón, creo que me enamoré de ella.

—Estás condenado. No puedes desear a la mujer de tu hermano— Aclara Roger.

—Carlos lleva años evitando enamorarse, no considero que esta noche sea la excepción.

—Tú lo hiciste y tienes novia — se sonríe de manera burlona.

—El que mis padres la hayan elegido a Milena para casarse conmigo, no la convierte en mi novia. Y volviendo al tema de Carlos, te diré que mi hermano a conocido mejores candidatas y no ha encontrado a la mujer indicada.

—Tu igual y mírate ahora, con los ojitos resplandecientes como estrellas, como un jovencito en su primera cita. Nunca creí que llegaría tan pronto el momento de presenciar al gran Esteban Martinelli, enamorándose a primera vista — se carcajea.

—Búrlate, que llegará también tu día— le advierto.

—Eso es complicado, amigo—Responde Roger, levantando el vaso para beber.

—Pues si sigues siendo virgen, lo tuyo es misión imposible.

—No es preciso que lo digas delante de ellas —mira a las bailarinas.

—¿Por qué temes perder tu integridad antes del matrimonio?

—¡Ya basta! —me da un golpe en el hombro—Aún no ambiciono hacerlo, es todo ¿Algún problema con ello?

—No te juzgo si todavía no decides salir del closet — murmuro, en tanto sonrío.

—No soy gay — se altera— me gusta las mujeres. Solo que no puedo hacerlo, es todo. Eso no es pecado, es precaución.

—Cálmate, no juzgo tu opción sexual.

—¡Ya basta!, tema cerrado — bebe un trago— y volviendo a tu asunto ¿Qué piensas hacer si Carlos y ella esta noche formalizan?

—Es inasequible que suceda, mi hermano es recatado.

—Pero donde pone el ojo, pone la bala y ella, amigo mío, ya está en su mira. Digamos que, en el peor de los casos, Carlos y ella se enamoren y se hagan novios oficiales ¿Qué harías, te meterías en su relación?

—¿Qué te sucede? Pareces un entrevistador de un programa de farándula.

—Es mera curiosidad.

— Únicamente si ella siente lo mismo por Carlos, me haría a un lado. De lo contrario, usaré mis armas para conquistarla.

—¿Y crees que un beso robado sea suficiente para que ella te elija, mi amigo?

—Lo sentí, Roger. Lejos de lo que dijera y las bofetadas que me dio, correspondió a mis besos —dejo un suspiro— sentimos lo mismo, su mirada se conectó con la mía.

—Como digas. Pero deberías ir borrándotela de la cabeza. Ya estás siendo cursi.

—Preciso apagar este fuego en alcohol.

—Supuse que dirías que con estas diosas de carne y hueso.

—No tengo ganas de ir a la cama con ninguna de ellas.

—Ahora te pareces a mí— se ríe mientras choca su vaso con el mío.

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