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Portada de la novela La prometida de mi hermano

La prometida de mi hermano

Jenny vive un giro drástico tras una cita atípica que cambia su futuro para siempre. Un beso accidental con el hombre más inapropiado destruye su calma, sumergiéndola en una espiral de tentación y anhelo incontrolable. Ahora, la protagonista se ve obligada a lidiar con sentimientos prohibidos y una química arrolladora que promete convertir su mundo en un laberinto de deseo. Es una lucha intensa entre la razón y una pasión que amenaza con consumirlo todo.
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Capítulo 1

****Jenny****

Tras un medio día agotador en la universidad regreso a casa, encontrando a mi amiga muerta de risa en la recámara. Al entrar, la contemplo de pie, frente al espejo, vestida de policía, al parecer.

— ¿Qué haces con eso puesto? Se adelantó Halloween — le digo.

—Es mi disfraz para la fiesta de esta noche. Dijiste que iríamos. —responde casi ahogándose. —Deberías ver el tuyo.

— ¿De qué hablas? No mencionaste ningún disfraz.

—Sí, creo que se me paso ese detalle.

—¿Se te pasó? — me cruzo de brazos.

—Pero el disfraz que te han enviado es más decente y más sexy—camina hasta la caja que hay sobre la cama para que yo misma lo contemple. Aparto los papeles y tomo entre sus manos una túnica semi trasparente.

— ¿Qué se supone que es esto? —interrogo asombrada.

—El disfraz de Cleopatra.

Amelia apenas puede hablar por las carcajadas incontrolables.

— ¿Piensas que voy a usar esto? Dile a tu amigo Carlos que se vaya a la mierda y que no somos ningunas exhibicionistas. —Suelto el vestido en la caja—Si tú quieres ir, eres libre de hacerlo, yo no voy a mostrar el trasero. —coloco la tapa de la caja y dejo la habitación.}

La risa de Amelia cesa y me sigue hasta la cocina.

—No creí que te molestara tanto emplear un disfraz —expresa mi amiga—, yo lo tomé con gracia. —se da una vuelta tambaleando con esas botas negras de taco alto.

—Por lo menos a ti no se te ve el trasero —manifiesto sirviéndome un vaso de agua.

—si quieres utilizar el mío no hay problema. A ti te quedaría mucho mejor, no te imaginas todo lo que sufrí para entrar en esta blusa ceñida, ¡Con este cuerpazo! —Se palmea el abdomen — ¿Qué dices? ¿Intercambiamos? No sabes cuánto he deseado ser Cleopatra. Y por una noche tener los ojos de todos los hombres puestos en este cuerpito caribeño.

—Suena tentador, pero ni tú ni yo usaremos esto. Si quiere que vayamos a la fiesta iremos a nuestra manera y si le gusta bien, si no, que se meta su invitación por donde no le entra el sol —respondo molesta.

—Uy, que geniecillo el tuyo ¿Tuviste un mal día en la universidad?

—El peor, el maldito maestro de álgebra me hace la vida de cuadros.

—Nadie dijo que sería fácil estudiar Ingeniería de Sistemas e Informática.

—Ni me lo recuerdes.

—¿Bueno, siempre te quedas con mi disfraz o qué?

—Iremos a alquilar uno, conozco una tienda aquí cerca, aún no es temporada, peor supongo que la señora podría hacer una excepción.

—Como gustes.

—Ve a quitarte eso que salimos en diez minutos —advierto caminando al baño.

Por supuesto que no pensaba en las consecuencias que traería consigo esa osada idea.

De inmediato salimos a la tienda y en un par de horas después encontramos algo adecuado; una pirata y una gitana.

—No es por nada. Pero estos no son nada elegantes, si lo que quieres es que todo te miren, lo vas a conseguir —susurra Amelia.

—A mí me gustan y por el precio elevado de alquiler yo diría que están muy a nivel con los disfraces dizque finos de la fiesta.

—A lo que me refiero es que son muy anti sexis, demasiado cubiertos. Es como si llevara un cartel que dijera, soy virgen.

—Exageras demasiado, solo tienes que decir que quieres el disfraz de pirata — se lo entrego en las manos.

—Gracias, preciosa — sonríe Amelia.

Regresamos a casa a tiempo para arreglarnos y estar listas para matar, como dice Amelia muy animosa.

—Lo que, si usaremos de la caja, será el antifaz; está muy hermoso y al parecer todos usaran uno igual —le comunico.

Unos minuto después, tomamos un taxi en la esquina del edificio para ir a esa tan ansiada fiesta.

—No entiendo por qué los disfraces, no estamos en carnavales o Halloween.

—Caprichos de niño rico —responde Amelia— y con esto no digo que Carlos lo sea. Fue idea de su hermano menor organizar una fiesta como esta. —Sonríe — Es que tiene la ilusión de encontrar en todas esas chicas misteriosas la media naranja que complemente la vida de Carlos. Sin embargo, lo que no sabe es que aquí ya está su futura esposa.

—Amelia, el amor no funciona así, los dos deberían saberlo. No estoy interesada en un noviazgo, menos en un matrimonio— La miro seria para luego soltar la carcajada.

—cuando lo conozcas te derretirás de amor. Carlos es tan dulce, amable, sincero, sencillo, carismático y más que nada todo un padre de familia responsable.

—Si tanto te gusta, porque no lo conquistas.

—Es mi amigo y siempre lo he visto con ojos de hermana, no sé, se me hace raro pensarlo de otro modo, pero estoy segura de que tú lo conquistas en una.

—No te hagas muchas ilusiones, desde hace mucho que no quiero arriesgarme a caer en un abismo de dolor.

—Deja de ser tan negativa, apenas has vivido tu primera decepciona amorosa.

—Y ya no quiero más, ambiciono terminará mi carrera, trabajar. Volver a mi pueblito en el norte y ayudar a mi familia.

Casi una hora después llegaron a una muy bulliciosa disco de moda.

—¡por Dios santo! Dime que no es aquí — expreso bajando del auto.

—Es la dirección —Dice admirada Amelia con esa sonrisa de niña en su rostro —El lugar más exclusivo de la ciudad.

Al entrar, mi corazón se descontrola, hace muchísimo tiempo que no pisaba un sitio como este; las luces enloquecedoras, globos multicolores, máquinas de humo y bailarinas semi desnudas moviéndose en los tubos.

—¡Vaya fiestecita! Si el hermanito hace una celebración como esta, no quiero imaginar lo que pasa por la cabeza de mi Marco Antonio —murmullo.

—¿A quién? —pregunta Amelia sorprendida.

—A Carlos, lo digo por lo del disfraz de Cleopatra. Ya sabes.

—Ahora estás convertida en una encantadora gitana y por lo de la decoración, todo es obra de su hermanito.

—Debe ser toda una joyita.

— Solo relájate y disfruta de la fiesta, yo tengo una cita con ese bombón de ahí — señala a un sexy policía.

—Y ¿Dónde encontraré a Carlos?

—Deja que la noche haga su magia, ¿Por qué el apuro? —responde sonriendo.

—No tengo apuro, es que no me siento cómoda.

—Está bien, Carlos siempre viste muy elegante, con saco y corbata. Es algo serio y los disfraces como que le aburren. No hay pierde, no hay otro que vestirá igual.

—Gracias.

—De nada preciosa, disfruta la fiesta — se aleja.

—¡Amelia! ¿En serio vas a dejarme sola?

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