
La prisionera quiere la Libertad
Capítulo 3
Álex la miró fijamente, sus ojos oscuros e indescifrables.
"No sé de qué hablas, Isabella. Simplemente tengo buena memoria para los detalles."
Su voz era plana, sin emoción.
En ese momento, su celular sonó. Era Lorena.
Álex contestó de inmediato, su tono cambiando a uno más suave, casi preocupado.
"Lori, ¿qué pasa? ¿Estás bien?... Voy para allá."
Colgó y se dirigió a la puerta sin una segunda mirada para Isa.
Ella se quedó sola en la inmensidad de la biblioteca, el abandono pesando sobre sus hombros.
La soledad era una vieja conocida, pero ahora dolía de una manera diferente, más profunda.
Al día siguiente, Isa fue al despacho de su abogado.
"Quiero finalizar el divorcio lo antes posible," dijo con una determinación que no sentía.
El abogado asintió, comprensivo. "Entendido, señora Domínguez. Me encargaré de agilizar los trámites."
Días después, mientras revisaba sus redes sociales, vio una publicación de Lorena.
Era una foto de ella y Álex, sonriendo, en la inauguración de la exposición de Lorena.
Él la miraba con una ternura que Isa recordaba muy bien, una ternura que una vez fue solo para ella.
El pie de foto decía: "Gracias a mi increíble mecenas y amigo, Á.D. Tu apoyo lo es todo. ❤️"
Isa sintió una punzada de celos, una melancolía por lo que había perdido, por lo que ella misma había destruido.
Cerró la aplicación, incapaz de soportarlo más.
Una tarde, al regresar a casa, encontró una escena que la dejó sin aliento.
Álex y Lorena estaban en el salón principal, muy juntos en el sofá.
Él le acariciaba el cabello mientras ella apoyaba la cabeza en su hombro, mirándolo con adoración.
Era una réplica dolorosa de cómo solían ser ellos, en los pocos momentos de calma de su vida anterior, antes de que ella lo arruinara todo.
Sintió que su lugar había sido usurpado, que era una extraña en su propia casa, en su propia vida.
Subió las escaleras sin hacer ruido, las lágrimas amenazando con desbordarse.
Al día siguiente, el asistente de Álex, un joven eficiente llamado Mateo, le entregó una pila de documentos a Álex para que los firmara.
"Señor Domínguez, estos son los contratos de la nueva torre y algunos documentos personales."
Álex apenas levantó la vista de su laptop. "Déjalos ahí, los firmaré más tarde."
Entre esos papeles, sin que él lo notara, estaba el acuerdo de divorcio que Isa había iniciado.
Mateo, cumpliendo órdenes de Isa, lo había deslizado discretamente.
Más tarde ese día, Isa llamó a su abogado.
"¿Alguna novedad?"
"Sí, señora Domínguez. Su esposo firmó el acuerdo esta mañana. Solo faltan los trámites finales en el juzgado. En unos días, será oficialmente una mujer divorciada."
Isa sintió una extraña mezcla de alivio y tristeza.
Estaba un paso más cerca de la libertad, pero también era el final definitivo de su historia con Álex.
O eso creía ella.
Esa noche, Lorena y Álex la "invitaron" a una cena benéfica organizada por la familia Domínguez.
"Sería bueno que te vieran allí, Isabella," dijo Álex con su habitual frialdad. "Por las apariencias."
"No creo que sea apropiado, Álex. Lorena estará allí contigo."
"Exacto," intervino Lorena, con una sonrisa dulce que no llegaba a sus ojos. "Así todos verán lo moderna y comprensiva que es la familia Domínguez. Debes venir, Isa."
La forma en que pronunció su nombre, con esa falsa familiaridad, irritó a Isa.
Álex la miró. "Vendrás. No es una pregunta."
Su tono no admitía réplica.
Isa se sintió atrapada, forzada a participar en su farsa.
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