Seguir
Capítulos
Compartir
Portada de la novela La princesa y la espada

La princesa y la espada

La princesa Katherine lo ha perdido todo tras la traición de su tío y la ruina de Algratown. Ahora, prisionera en las mazmorras de Falowen, pacta una alianza con un peligroso asesino para escapar de su sentencia. Esta unión los lanza a una aventura llena de magia y riesgos donde surge un romance inesperado. Mientras huyen, descubrirán verdades ocultas que cambiarán su mundo, obligando a Katherine a sacrificarlo todo para reclamar su herencia real.
Capítulos
Compartir

Capítulo 2

Pasaron varios días en los que Katherine permaneció la mayor parte del tiempo inconsciente, prisionera del dolor. Las heridas de su espalda se habían infectado y la fiebre la consumía sin piedad. En los breves momentos en que lograba despertar, su mente vagaba entre recuerdos rotos y pensamientos oscuros, preguntándose cuánto tiempo más tardaría en morir.

Una de esas veces, cuando flotaba entre el sueño y la vigilia, escuchó pasos acercándose por el pasillo. Reconoció de inmediato el sonido de las botas de los guardias, un sonido que había aprendido a temer. Pensó que, tal vez, traían a otro desdichado al que le aguardaría el mismo final que a ella, y aquella idea, lejos de causarle alivio, le produjo una tristeza profunda: nadie merecía aquel destino.

Cuando pasaron frente a su celda, logró distinguir la figura de un hombre alto y fornido. Vestía ropas negras que parecían fundirse con la oscuridad, volviéndolo casi irreal bajo la tenue luz de las lámparas que los guardias acababan de encender. Sus manos y pies estaban sujetos por gruesas cadenas que resonaban con cada paso. Katherine pensó que aquel hombre debía de haber hecho algo realmente grave —o ser demasiado peligroso— para que lo trataran de aquella manera.

Lo empujaron sin miramientos dentro de la celda contigua a la suya. Antes de marcharse, uno de los guardias lanzó una última burla:

—Disfruta tu estancia en este lugar. Aunque no será muy larga... mañana serás ejecutado a primera hora.

Luego se alejaron, y el silencio que quedó fue tan profundo que Katherine pudo escuchar su propia respiración entrecortada. Durante unos segundos, el mundo pareció detenerse.

Fue el hombre quien rompió el silencio. Su voz, grave y firme, resonó entre las paredes de piedra, pero no sonó cruel ni indiferente.

—Oye... tú. ¿Qué es lo que has hecho para que te tengan encerrada aquí?

Katherine dudó antes de responder. Hacía días que no hablaba con nadie más que consigo misma, y su garganta ardía al intentarlo. Aun así, aquella voz tenía algo distinto, algo que no le inspiraba miedo.

—No he hecho nada —murmuró, con una voz ronca y débil, marcada por la fiebre y el llanto contenido.

—Cuesta creerlo —respondió él, sin dureza—. Para tratarte así debiste hacer algo muy malo. Cuando me traían, vi los latigazos en tu espalda... eso se ve realmente mal.

Ella cerró los ojos por un instante, como si aquel comentario hubiera rozado directamente sus heridas.

—Si crees que se ve mal —susurró—, créeme... es aún peor. ¿Y a ti? ¿Por qué te han traído aquí?

—Hum... nada fuera de lo común —dijo él con una ligereza que contrastaba con la situación—. Solo intenté matar al rey.

Katherine abrió los ojos con dificultad. La sorpresa le arrancó un débil jadeo; hacía tiempo que no sentía algo tan parecido al asombro.

—¿Por qué intentaste matar al rey? —preguntó.

Incluso mientras formulaba la pregunta, fue consciente de lo inútil que era. Había miles de personas que deseaban su muerte. Ella misma lo deseaba con

cada latido de su corazón. El dolor y la fiebre le nublaban la mente.

—Alguien me pagó para hacerlo —respondió él—. Pero las cosas no salieron como esperaba. Supongo que ya sabes cómo es... las cosas no siempre salen como uno quiere.

Guardó para sí la verdad: había entrado en los aposentos del rey para recuperar algo que le habían encargado. Cuando los guardias lo descubrieron, asumieron lo peor, y él permitió que esa mentira lo protegiera de revelar su verdadera misión.

—¿Cómo te llamas? —preguntó Katherine tras unos segundos de silencio.

Cada palabra le costaba un esfuerzo enorme, pero no quería que la conversación terminara. Aquella voz, desconocida y ajena, era lo único que la anclaba a la realidad, la única prueba de que aún no estaba completamente sola.

—Daniel —respondió—. ¿Y tú?

—Katherine...

—Es un placer conocerte, Katherine —dijo él, y por primera vez alguien pronunciaba su nombre sin odio ni desprecio—. Dime, ¿hace cuánto tiempo te tienen aquí?

—Creo que más de un mes —respondió—, aunque ya no lo sé con certeza. He perdido la noción del tiempo.

Daniel guardó silencio unos segundos. Aquella respuesta lo había impactado más de lo que quiso admitir.

—Eres fuerte —dijo finalmente—. Mucha gente no sobrevive tanto tiempo en un sitio como este.

Katherine dejó escapar una risa débil, casi amarga.

—Aguanté porque esperaba que alguien viniera a rescatarme —confesó—. Pero ahora sé que eso solo era una ilusión. Ya no queda nadie que pueda salvarme... todos los que amaba están muertos.

Sus palabras quedaron suspendidas en el aire. Daniel sintió una opresión en el pecho. Aquella chica no solo estaba herida en el cuerpo; estaba rota por dentro.

—Si quieres escapar de este lugar —dijo al fin, con una convicción inesperada incluso para él—, puedo ayudarte.

Katherine frunció ligeramente el ceño. La idea le parecía irreal, casi cruel.

—¿Por qué? —preguntó—. No me conoces. No sabes nada de mí. ¿Por qué querrías ayudarme?

—Tal vez porque no soporto ver a alguien rendirse —respondió—. O quizá porque no me gusta ver a una dama sufrir así. Llámalo como quieras.

No era una respuesta del todo sincera, pero ella percibió que no era una mentira completa. Y eso fue suficiente.

—¿Y cómo piensas escapar? —preguntó—. Vi las cadenas que llevabas... no parecen fáciles de romper.

—Para mí, no son un problema —dijo con calma—. Puedo librarme de ellas cuando quiera. Me dejé atrapar porque no quería enfrentarme a toda la guardia del rey. Créeme, eso es más molesto de lo que suena.

—Quiero salir de aquí —admitió ella—, pero no sé si mi cuerpo resistirá. Aun así... me gustaría ver el cielo una vez más antes de morir.

—No vas a morir —afirmó Daniel con firmeza—. Te ayudaré a curar esas heridas. Pero tienes que decidirlo tú: puedes intentarlo conmigo o esperar aquí a que la muerte venga por ti.

Katherine cerró los ojos. Pensó en su familia, en todo lo que había perdido, en la injusticia que la había llevado a aquel lugar. Cuando volvió a hablar, su voz ya no temblaba.

—Daría lo que fuera por salir de aquí —dijo—. Quiero seguir viviendo. Y quiero que quien destruyó a mi familia pague por ello.

En el silencio que siguió, Daniel supo que aquella decisión los había unido de una forma que ninguno de los dos podría ignorar.

También te puede gustar

Portada de la novela Amor entre sangre
9.6
La vida de Andrea da un giro irreversible tras descubrir el secreto de los vampiros. Secuestrada y tratada como un simple objeto de cambio, termina en manos de un poderoso ser sobrenatural. En este nuevo y sombrío panorama, su prioridad absoluta será sobrevivir. Atrapada en un entorno hostil y lleno de misterios, la joven deberá aprender a convivir con Jaume, el enigmático dueño de su destino, mientras intenta adaptarse a un mundo de tinieblas y peligros.
Portada de la novela Catalina: El Baile de la Resiliencia
7.9
Catalina logra una beca soñada en Madrid, pero su destino cambia cuando el Comandante otorga su lugar a Raquel Salazar. Iván, su marido, miente asegurando que ella desistió del puesto. La traición se agrava cuando ambos la acusan de adulterio e intento de asesinato para lograr su encarcelamiento. Tras sufrir la humillación y el odio de Raquel, Catalina decide resistir desde prisión. Dispuesta a salvar su arte y su vida, luchará para renacer de las cenizas de su pasado.
Portada de la novela Darkness
9.3
El misterioso Dark, líder de la organización criminal más poderosa del mundo, vive oculto en las sombras hasta que el destino lo cruza con una joven secuestrada por su mayor rival. Decidido a impedir un matrimonio forzado, Dark inicia un rescate que detona una guerra total. Mientras descubre sentimientos desconocidos, debe enfrentar a un enemigo letal de su pasado en una lucha despiadada donde el amor y la supervivencia se deciden a sangre y fuego.
Portada de la novela Entre mafias
8.8
Mía Carusso vive una pesadilla: su padre ha decretado su muerte y su marido, Marcus Moretti, la traicionó tras su enlace matrimonial. Desolada, la joven simula su propio suicidio para escapar del peligro y la crueldad de las mafias. Meses después, el destino la cruza nuevamente con Marcus. Movido por el rencor y un deseo oscuro de venganza, el gélido mafioso se niega a perderla de nuevo. Mía se encuentra atrapada en un juego sin escapatoria.
Portada de la novela Extraño, cásate con mi mamá
9.1
Traicionada por su marido y despojada de su legado, Vivianna huyó del país sumida en la humillación. Cuatro años más tarde, regresa transformada en una diseñadora de renombre mundial junto a su hijo, un niño prodigio decidido a buscarle un protector poderoso. La búsqueda del pequeño da un giro inesperado cuando el magnate más influyente de la ciudad lo secuestra para atraer a Vivianna, decidido a reclamar ante ella su legítima paternidad.
Portada de la novela Invasión: Sangre y Guerra Libro I
9.5
La humanidad ha sido subyugada por invasores misteriosos que utilizan a los hombres como esclavos y alimento. En este escenario apocalíptico, Catarina Jones encabeza una valiente resistencia para aniquilar a los 'Originales', los sádicos seres responsables de la caída de la Tierra. Motivada por la pérdida de sus padres, la joven de veinticinco años busca recuperar su hogar, aunque la letal fuerza enemiga amenaza con aplastar su rebelión armada.