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Portada de la novela La Omega del Rey Inmortal

La Omega del Rey Inmortal

Bajo un sistema de castas cruel, Lieve es una omega condenada a la pobreza que cree no tener futuro. No obstante, su camino se cruza con el de Kyros, el legendario y solitario soberano del Imperio, quien busca sanar su alma rota. Forzada por la necesidad, ella debe decidir entre venderse o aceptar ser marcada. Esta unión inesperada entre la joven y el rey inmortal encenderá un deseo intenso, desafiando las maldiciones y el destino del reino.
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Capítulo 3

En Rhevnar, un Imperio poderoso y basto, las jerarquías se habían vuelto el principal eslabón que sostenía a la sociedad. Así que el rango social que ocuparías estaría siempre basado en la jerarquía que tuvieras al nacer.

Cincuenta años atrás comenzó el reordenamiento de la sociedad, cuando el número de alfas comenzó a decaer considerablemente, y en su lugar el número de omegas aumentó casi inmediatamente, creando un desnivel en la sociedad clasista. Así que cuando la superpoblación de omegas azotó la ciudad, la mayoría fueron desterrados al llamado Distrito 0, o Zona Muerta. Durante los años siguientes debido a la mala vida, las enfermedades y las condiciones de pobreza extrema, la población de omegas comenzó a decaer, pero aún así los descendientes de los desterrados continuaron naciendo y creciendo en aquella zona pobre.

A día actual el Distrito 0 era el área casi olvidada de la ciudad, nadie respondía por ellos, ni los dirigentes ni el mismísimo rey, aquel a quien nadie jamás había visto ni por asomo.

Lieve nació y creció allí, vio a sus padres morir de miseria y tuvo que valerse por sí misma desde muy temprana edad. Sobrevivía como podía y acumulaba en el interior de su alma el creciente odio hacia los alfas y los dirigentes del Imperio, principalmente aquel rey cruel que no se preocupaba por los suyos.

Cada día miraba desde su ventana el paisaje que le brindaba la ciudad fuera de la Zona Muerta. Las luces, las casas y allá, a la lejanía, pareciendo casi intocable, los altos muros del palacio, majestuoso y descomunal. Aquellos que habitaban en su interior vivían una vida llena de caudal sin preocuparse o siquiera imaginarse la cantidad de personas que morían en el área olvidada, a la que ellos mismos los habían condenado.

Quizás después del reordenamiento no todos los omegas tuvieron que pasar por la misma desgracia, los que habían tenido la suerte de no ser desterrados forjaron familias en otras ciudades del Imperio, pero esos fueron solo los suertudos, porque los desgraciados como los antecesores de Lieve, habían sufrido de maneras inimaginables.

Lieve miró desde su ventana el cielo nocturno, antes de emitir un suspiro de añoranza que la dejó sorprendida incluso a ella misma.

Era otro de esos días en que sentía un enorme vacío en su interior. Aunque desde su nacimiento experimentaba aquella sensación de vacío y tristeza, habían días en los que era peor. No comprendía el porqué de aquella emoción. No sabía porqué se sentía como un ser incompleto, en busca de una mitad perdida.

–¿En qué tanto piensas? –preguntó la joven asomándose a la ventana en la que se encontraba recostada Lieve.

–Jen –dijo para bajar la vista a ella –, me sorprendiste.

–Estás más distraía de la cuenta últimamente.

–Tienes razón, incluso yo lo estoy notando –mordió su labio inferior con frustración –. Es un sentimiento inexplicable pero cada día siento un hueco crecer aquí –colocó una mano sobre su pecho –, y duele.

–¿Te sientes enferma? –preguntó ella arrugando la frente –. Espero que no, porque ya sabes lo difícil que la tenemos.

–No es un dolor físico, es algo más...

–¿Un dolor emocional?

–Sí.

–Pues te comprendo créeme –emitió ella un gruñido de frustración –, es decir mira este lugar –señaló los alrededores de aquel barrio pobre –. Nadie en su sano juicio estaría bien aquí.

–No es a eso a lo que me refiero, pero tienes razón.

–Pues sabes qué, vengo a hacerte una sugerencia que puede cambiar tu vida.

–¿Qué clase de sugerencia?

–Bueno, está de más sabido que últimamente la tienes difícil, en realidad la vida aquí se torna cada día más difícil para nosotros, pero tú puede que tengas una oportunidad de salir de esta porquería.

–Si vienes con la misma propuesta que aquel proxeneta mi respuesta es no –sanjó arrugando las labios, ofendida.

–¡No! –chilló ella rápidamente –. Yo jamás te propondría algo como la prostitución, ¿por quién me tomas?

–Lo siento –se pasó una mano por el cabello –, estoy algo paranoica, pero es que no dejo de recibir esa clase de propuestas.

–Era de esperarse, esos tipos de la ciudad vienen al Distrito buscando omegas hermosas para llevarse a sus negocios sucios.

–Es lamentable que muchas caigan.

–No podemos juzgarlas, nadie quiere morir de hambre ni ver a su familia hacerlo, así que esa es la solución desesperada de muchos.

–Si te soy sincera han habido momentos en los que me lo he planteado, pero... –se abrazó a sí misma mientras negaba –, no podría hacer algo así.

–Te entiendo, yo tampoco.

–¿Entonces cuál es esa propuesta que venías a contarme? –preguntó Lieve.

–Ha comenzado de nuevo –pronunció con seriedad y ella arrugó lo frente confusa. Le tomó segundos entender a lo que se refería.

–¿Estás hablando de...?

–Sí eso mismo que piensas, la selección de los marcados comenzó.

–No –se apresuró en negar –, no voy a ser una candidata para algo así, nunca.

–¿Por qué? –cuestionó algo enojada –. Es tu oportunidad de salir de esta miseria y ascender.

–No pienso volverme una marcada, además ni siquiera sabemos si sea elegida.

–Lieve, estamos hablando de ti. Eres por mucho la omega más hermosa que he visto nunca, podrás vivir en la pobreza pero tienes un porte único, figura delicada, eres fértil; tienes todo para ser elegida.

–No Jen –gruñó exasperada –. Odio a esos bastardos que dirigen el país con todas mis fuerzas. Si crees que entraré a una ridícula selección para ser elegida por alguno, estás mal.

–Quien está mal eres tú. Te la pasas en este cuartucho que está a punto de caerse, mirando hacia el castillo e imaginando sabe Dios qué cosas, pero ahora tienes la oportunidad de vivir allí dentro –señaló en dirección al palacio –, de tener la vida que desearía cualquier otra persona en este sucio Distrito, y ni siquiera piensas antes de decir que no.

–Jen –susurró viendo a su amiga, la cual lucía realmente enojada –. Entiende lo que me sugieres. Ser seleccionada significa permitir que un bastardo que no conozco, me use como un juguete y me embarace en busca de un hijo alfa, si le doy un hijo omega seré desechada y en la nueva selección otra persona tomará mi lugar. Es un destino horrible.

–Quizás pero es una mejora, puede que sea verdad y si fallas seas sustituida, mas no regresarás aquí nunca más, te dejarán vivir dentro de palacio a pesar de todo.

–No quiero ser solo un vientre fértil.

–Es peor ser una escoria.

–Jen, tú nunca me habías insistido tanto por nada. ¿Hay algo que no me digas?

Lieve escrutó el rostro de su amiga, la joven bajó la mirada cuando sus ojos al toparse se llenaron de lágrimas. Ella quería esconderlo por cuanto tiempo le fuera posible, pero no sería por mucho, así que deseaba que Lieve se fuera de allí lo antes posible, antes de verla sucumbir.

–Estoy muriendo Lieve –susurró ella llorosa.

–¿Qué? –abrió los ojos y la boca a la par, estupefacta.

–Estoy enferma, mi salud declina cada día más, me siento débil y siento que no viviré mucho más. Quizás allá en la ciudad haya alguna medicina para ayudarme pero aquí sabes que no la hay, moriré como tantos de los nuestros.

–No puede ser –sollozó. Los ojos negros de Lieve se bañaron en lágrimas, que rápidamente rodaron por sus mejillas.

–Por eso quiero que te vayas, huye de aquí antes de que te suceda lo mismo. Tienes la oportunidad de irte de este Infierno, aprovéchala.

–No te dejaré así.

–Sí, lo harás, si no es por ti aunque sea hazlo por mí, es lo único que te pido.

–Lo siento pero no –negó.

Jen la miró por última vez antes de alejarse de la ventana con una dolorosa mueca en el rostro. Sin decirle una palabra más echó a caminar lejos de aquel lugar.

Lieve se quedó mirándola, contemplando la manera en que se alejaba y debatiendo entre si seguirla o no, pero al final decidió darle su tiempo y su espacio.

Entendía que Jen quería lo mejor para ella, pero pedirle volverse una marcada, era mucho más de lo que podía aceptar. Quizás por su mente había pasado fugazmente la idea de vender su cuerpo, pero al final nunca lo habría hecho. Y para ella aceptar participar en la selección era casi igual a prostituirse. No se veía siendo sumisa a un alfa desconocido de esos que tanto odiaba, y menos aceptando ser solo un vientre fértil para procrear más alfas.

Ella jamás aceptaría algo así.

¿O sí?

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