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Portada de la novela La Oferta Inesperada

La Oferta Inesperada

Una trabajadora de limpieza cruza su destino con Andrés Salazar, el poderoso líder de una firma de élite. Ante la atracción mutua, el magnate propone un romance libre de compromisos. Ella acepta el trato, pero introduce una condición insólita que no tiene relación con el dinero ni el poder. Aunque Andrés cree tener el control total de la situación, esa misteriosa exigencia pondrá a prueba sus valores y alterará por completo su mundo estructurado.
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Capítulo 2

Elena Rivas llevaba años trabajando en ese edificio, pero jamás había puesto un pie en el piso ejecutivo. Hasta ahora.

Cuando su supervisora le dijo que el propio Andrés Salazar había pedido hablar con ella, su estómago se contrajo. No tenía idea de por qué el CEO de la compañía estaba interesado en reunirse con alguien como ella.

Subió en el ascensor, sintiendo la tensión en sus hombros a medida que el número del piso aumentaba. Cuando las puertas se abrieron, lo primero que notó fue el cambio de ambiente. El mármol reluciente, los ventanales con vista panorámica de la ciudad y la elegante decoración hacían que todo pareciera otro mundo.

La asistente de Andrés la esperaba junto a la puerta de la oficina.

-El señor Salazar la recibirá ahora.

Elena respiró hondo y cruzó el umbral.

La oficina era impresionante. Amplia, moderna, con una vista privilegiada de los rascacielos de la ciudad. Y en el centro, tras un escritorio de madera oscura, Andrés Salazar la observaba con el mismo interés de la primera vez.

Él se levantó con calma, deslizándose con una elegancia natural que lo hacía parecer aún más intimidante.

-Me alegra que hayas venido. -Su tono era tranquilo, pero con esa autoridad implícita de alguien acostumbrado a dar órdenes.

Elena mantuvo su postura firme.

-No estaba segura de tener opción.

Él sonrió, divertido por su respuesta.

-Siempre tienes opción. Solo que a veces la curiosidad es más fuerte.

Ella no respondió. Se limitó a mirarlo, esperando que él explicara por qué la había llamado.

Andrés rodeó el escritorio y se acercó hasta quedar a pocos pasos de ella.

-No suelo perder mi tiempo, así que seré directo. Quiero conocerte mejor.

Elena parpadeó.

-¿Perdón?

-Quiero que salgamos. No con expectativas ni presiones. Solo un acuerdo entre adultos.

Elena sintió que el suelo se movía bajo sus pies. ¿El CEO de una de las empresas más grandes del país estaba proponiéndole... un romance sin compromisos?

-¿Esto es una broma? -soltó con incredulidad.

-No. No suelo bromear sobre lo que quiero. -Su mirada se tornó más intensa-. Y en este momento, te quiero a ti.

Elena soltó una risa breve y sarcástica.

-¿Por qué yo?

Él inclinó la cabeza, como si la estudiara con aún más atención.

-Porque eres diferente. Porque no me miras con la misma ambición con la que me miran todas. Y porque, por alguna razón, no puedo sacarte de mi cabeza.

Elena cruzó los brazos.

-Así que, según usted, debería aceptar solo porque le parece intrigante.

-No hay razones correctas o incorrectas, Elena. Solo deseo. Y creo que tú lo sientes también.

Él no mentía. Había algo en el aire entre ellos, una tensión palpable que la había hecho temblar desde el primer momento. Pero eso no significaba que fuera a aceptar tan fácilmente.

-Digamos que acepto. ¿Qué implicaría exactamente?

Andrés dejó escapar una sonrisa lenta.

-Un romance sin compromisos. Sin ataduras. Nos divertimos mientras dure, y cuando ya no tenga sentido, seguimos con nuestras vidas.

Elena sostuvo su mirada.

-¿Y qué obtiene usted con eso?

-Satisfacción. Y la posibilidad de explorar esto sin las complicaciones de una relación tradicional.

Elena sintió el peso de su propuesta. Andrés Salazar era un hombre acostumbrado a conseguir lo que quería. Su poder, su dinero, su carisma... todo en él era una trampa cuidadosamente construida para que cualquiera cayera sin pensarlo.

Pero ella no era cualquiera.

-Está bien. Acepto... bajo una condición.

La sorpresa en el rostro de Andrés fue casi imperceptible, pero ahí estaba. Él esperaba una negativa, quizás hasta un rechazo indignado. Pero Elena lo había sorprendido.

-¿Qué condición?

-No tiene nada que ver con dinero ni con poder.

Andrés frunció ligeramente el ceño, intrigado.

-Adelante.

Elena respiró hondo antes de decirlo.

-Quiero que encuentre a alguien para mí.

Él parpadeó.

-¿A quién?

-A mi hermana.

Andrés se quedó en silencio por unos segundos, evaluando sus palabras.

-Explícate.

Elena desvió la mirada por un momento, como si se debatiera entre hablar o no. Finalmente, exhaló y lo miró directo a los ojos.

-Mi hermana desapareció hace seis años. La última vez que supe de ella, estaba metida en algo peligroso. Pero la policía nunca investigó a fondo. Para ellos, simplemente se fue.

Andrés la observó con una nueva expresión. Ya no era solo deseo. Ahora había una chispa de interés genuino.

-Y quieres que yo la encuentre.

-Usted tiene recursos. Contactos. Poder. Si realmente quiere algo de mí, esto es lo que quiero a cambio.

Andrés se quedó callado, midiendo cada palabra, cada gesto de ella. Finalmente, su sonrisa volvió, pero esta vez era distinta.

-Acepto.

Elena sintió su corazón latir con fuerza. Sabía que estaba entrando en un juego peligroso, pero ya no había vuelta atrás.

Porque ahora, tanto ella como Andrés, estaban atrapados en un trato que cambiaría sus vidas para siempre.

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