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Portada de la novela La obsesión de Marchetti

La obsesión de Marchetti

Tras la muerte de su compañera, el alfa Enzo toma el control de la mafia y se exilia en Italia para huir de su pasado. Su aislamiento termina al encontrar a Mia Lennox, una humana cuya apariencia es idéntica a su antiguo amor. Consumido por una fijación peligrosa, Enzo la arrastra a un entorno de violencia y dominio absoluto. Mia, atrapada en una red de terror, deberá sobrevivir a la implacable obsesión de este líder que se niega a dejarla ir.
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Capítulo 2

Mia Lennox

—Mia, Ashley, el vuelo sale en seis horas y ustedes siguen tiradas como orangutanes, —se queja mi hermosa madre.

Escucho como arrastra sus pies por la habitación y luego la oscuridad que la inundaba es reemplazada por la luz solar, me quejo y cubro mi cabeza con las colchas, no entiendo por qué es tan exagerada, ni que fuéramos a perder el vuelo.

»No quiero volver a llamarlas, —anuncia antes de abandonar mi habitación, reconozco como hija que no quiero escuchar el segundo llamado de mi madre y la razón es porque puede llegar con un cubo de agua helada sacada de lo más profundo del refrigerador.

—¿Esperas el segundo llamado? —cuestiona mi mejor amiga con burla en su voz.

—Ni loca, —murmuro, estiro mi cuerpo para alivianar la tensión muscular y mis huesos truenan como cheetos de esos crujientes.

Mi mayor deseo de cumpleaños siempre fue viajar a Italia, me gusta la moda y los mejores diseñadores son italianos, me tomó por sorpresa cuando mi bella madre me anuncio que estaríamos viajando a Europa y lo mejor de todo es que mi mejor amiga también está incluida en este viaje.

Ashley y yo nos conocimos cuando teníamos ocho años en la agencia de modelaje, mi madre y la de ella desde ese momento no nos separaron, ya que comenzamos a ir al mismo colegio y hacer muchas cosas juntas.

—Hubiera sabido que tu madre nos llevaría a Italia y me hubiese inscrito en la clase de italiano con el señor Santoro, es guapo y habla de una manera tan elegante…

—¿Vas por la clase de italiano o por el maestro? —interrogo.

—Por la clase de italiano.

—Al menos vivimos en un siglo donde hacer traducción desde el celular es lo más fácil de todo, —le recuerdo. —Y conociéndote, el hombre no tendrá que hablar, —nos reímos.

—Quiero tener un viaje libre de chicos, —aclara, no puedo evitar reírme— ¡Oye! Es en serio, —se queja.

—Cuando veas a esos bombones italianos, se te caerá la baba, te conozco muy bien Ashley, —estiro mi mano a mi mesa de noche y tomó una goma para el cabello, lo sujeto en una cola alta y salgo de la cama.

—Espero que alguno mueva tu piso y al fin compruebes lo que se siente estar con un chico, —no puedo evitar poner los ojos en blanco.

—No voy a escupir para arriba, no obstante, voy a disfrutar esta semana en Venecia y dejar que el destino se encargue de mi vida, —le digo mientras camino al baño.

—¡No crees en el destino! —grita.

Sonrió.

Tiene toda la razón, creo fielmente en que nosotros forjamos nuestro propio destino con las decisiones que tomamos. Aunque es obvio que llegaran situaciones que pueden cambiar tu futuro a algo mejor o quizás mucho peor.

Opino que eres la persona que tiene la última palabra en lo que decides hacer con tu vida.

(…)

Llegamos a Venecia a las dos de la madrugada, feliz y totalmente agotada por el viaje, no tengo ganas de comer, me entregan la llave de la habitación que compartiré con Ashley y enseguida subimos para ir cada quien a su cama.

Mañana será un nuevo día y podremos salir a recorrer la zona.

(…)

Desperté temprano y cuando digo temprano, me refiero a que son las diez de la mañana, no soy reconocida por levantarme a la siete y esa es la razón por la que me gane muchas multas en la agencia de modelaje, no era puntual y las modelos deben serlo.

Mi mejor amiga, por otro lado, es muy activa en la mañana, corre o va al gimnasio, no obstante, Ashley tiene días que hace excepciones, como cuando está resacada o muy cansada, ese es el caso de hoy.

Trato de hacer el menor ruido posible mientras voy al baño en donde hago mis necesidades, arreglo mi cabello y luego abandono la habitación del hotel, no tengo idea de donde está el comedor y por eso voy directo a la recepción.

—Buenos días, —saludo.

—Buenos días, señorita, ¿En qué puedo ayudarle? —cuestiona con amabilidad y un acento italiano muy marcado.

—Busco el comedor, —le digo.

—Siga ese corredor y luego a la izquierda, —indica.

—Gracias, —sigo su indicación y para mi suerte logro vislumbro a mi madre.

—Hola cariño, —le sonrió.

—Despertaste temprano, —le digo, tomó asiento y esta le hace seña a uno de los camareros para que pueda tomar mi orden. —Un desayuno americano y zumo de naranja, —anota lo pedido y se retira.

—El intenso de tu padre no paraba de llamarme, —expresa con drama.

—¿Cuándo llega? —cuestiono.

—Estará para tu cumpleaños. Así que no tienes por qué preocuparte, —asiento.

Mi padre tiene un año trabajando aquí en Roma, por más que ha tenido la discusión con mi madre de trasladarnos hasta este país, ella se ha negado rotundamente, no dejara su tienda y su vida tirada por la borda, es una mujer muy independiente y aunque ama a mi papá, es muy terca.

Siempre él es quien viaja a Estados Unidos a vernos, sin embargo, como mi mayor deseo era pasar mi cumpleaños en Italia, se organizó todo para celebrarlo aquí, tal vez decida vivir en este país e inscribirme en la universidad, es una idea que traigo en mente y la cual debo decir en el momento indicado para no ocasionar un desastre familiar.

Tengo la sospecha de que Diana, mi madre, se hace la idea de que le diré que vendré aquí a estudiar, me ha preguntado varias veces sobre la carrera que quiero elegir. Es una situación complicada porque amo los Estados Unidos y toda mi infancia está allá, ni siquiera sé italiano, no obstante, es momento de explorar otros horizontes.

—Mia, Mia, ¿me estás prestando atención? —cuestiona interrumpiendo mis pensamientos.

—Lo siento, ¿Qué decía? —interrogo.

—Te preguntaba sobre el vestido que quieres utilizar para tu cumpleaños, —la miro con curiosidad.

—¿Debes hablar sobre eso ahora?

—Pensé que querrías ir a alguna tienda, —suspiro y niego.

—Hoy pasearé con Ashley, no te preocupes por el vestido, —ella es la más entusiasmada por este cumpleaños, ni que fuera a cumplir quince.

Nunca pensé que cumplir diecinueve fuera tan importante, no es que haya hecho muchas cosas a esta edad y apenas estoy entrando en los años en lo que debes elegir tu carrera universitaria, estresarte por materias no aprobadas y maldecir a los profesores que no enseñan nada y quieren que entiendas el tema de la noche a la mañana.

(…)

Después del desayuno, esperaba salir solo con Ashley, sin embargo, mi madre se opuso rotundamente y termino siendo parte de nuestra salida, Venecia es un lugar hermoso, sin lugar a duda.

Tiendas de Chanel, Louis Vuitton, Versace, entre otra, están ubicadas en sitios muy exclusivos. Observe sus penúltimas colecciones y me probé vestidos de su marca, son hermosos, pero no es lo que busco para mi fiesta.

—El calor es insoportable, —mi madre abanica su rostro tratando de armonizar y calmar el ardor en su piel por los rayos del sol.

No nos caería nada mal un helado y por eso cruzamos la calle abarrotada de vehículos para comprar ese néctar refrescante. Soy la primera en recibir su paleta de fresa y chocolate, me aprovecho de esto para salir fuera del local, camino algunos metros y el mar de persona me hace moverme a su ritmo, me distraigo fácil y termino estrellándome con un muro.

—¡Oh Dios mío! ¡Lo siento tanto! —grito al ver aquel traje azul manchado por mi helado y dándome cuenta de que ese muro es una persona.

—Guarda dove stai andando! (¡Mira a dónde vas!) —me grita en su idioma con una potente voz, la cual es gruesa y rasposa.

Lo escucho decir otras cosas en italiano y yo no puedo despegar mi mirada de esa mancha que he hecho en aquel costoso traje.

—Señor, discúlpeme, —me arde todo el rostro por la vergüenza.

El enorme sujeto pasa de mí y solo logro ver como se pierde entre las personas, le agradezco a la vida de que no me hizo un escándalo para que le pague por arruinar su ropa.

—Mia, te dije que no te alejes tanto, —mi madre me regaña al momento de llegar a mi lado.

—Lo siento ¿Dónde está Ashley? —cuestiono.

—Esperando en la heladería, —emprendemos camino al lugar mencionado y estando allí, tomó asiento junto a mi mejor amiga. —Quédense aquí, iré a la tienda del frente, —asentimos.

—¡Dios! —exclamo tapando mi rostro.

—¿Por qué estás altera y con la blusa manchada? —interroga.

—Acabo de pasar la vergüenza más grande de todas, —digo. —Choque contra el cuerpo de un italiano enorme y por un momento pensé que era con un muro, hasta que lo escuche gritarme algo que no entendí, —ella arquea sus cejas con sorpresa. —Fue muy bochornoso, se notaba bastante caro su traje, con suerte y no me hizo un escándalo para que le pagara, —añado.

—¿Era guapo?

Bufo, porque ni siquiera me fije en eso

—Con el miedo que me provocó, no me fije en su rostro, tampoco tenía ojos más que para la mancha que deje en su ropa, —murmuro.

—¿Miedo?

—Su voz era tan dura y gélida, me causo un terror horrible, —le digo y Ashley no sigue preguntándome más sobre el tema.

Cuando mi madre regresa, nos vamos al hotel mientras que no puedo evitar tener esa sensación de que alguien me está vigilando. Eso me causa mucho miedo y además, soy una cobarde de primera categoría.

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