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Portada de la novela La obsesión de jeque

La obsesión de jeque

Un influyente jeque, prisionero de un matrimonio gélido y carente de afecto, encuentra una chispa de esperanza tras una noche de pasión con una misteriosa mujer latina. Cuando ella intenta huir, él moviliza todo su poder y clausura el aeropuerto para localizarla. La sorpresa es mayúscula al descubrir que la joven no viaja sola: la acompañan dos gemelos que son su viva imagen. En un entorno de traición y peligro, ¿podrá su obsesión asegurar el futuro de su linaje?
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Capítulo 2

-El gran día llegó, mi familia me ayudaba a prepararme mientras mis nervios aumentaban, estaba cerca de conocer a mi habibi, aunque aún nos falta estar ante el imán para aceptar, eso es una mera formalidad porque el acuerdo ya está firmado. Ella debía permanecer con las mujeres en una habitación y su esposo con los hombres hasta que llegara la hora de la walima (banquete)

-me levanté temprano para verificar que todo estuviese bien en el castillo quería que Amira se sintiera bienvenida, ya que esta será su casa, mi madre se había encargado de sus aposentos, pero quería supervisar aunque esas no son labores de un esposo, revise cada pequeño lugar y me pareció que todo estaba correcto como ella sería mi primera y única esposa había mandado a acondicionar todo el primer piso el cual se supone que compartirá con nuestros hijos llegado el momento. Yo no comparto la idea de tener más esposas, sé que puedo construir un buen matrimonio solo con una y mis hijos, así era como lo hizo mi padre. Fui a desayunar con mi familia, se supone que ellos se mudarían cuando me casara y asumiera el cargo de jeque oficialmente, pero yo no quise, tenerlos a ellos me obligaba a cumplir con las obligaciones de esposo sin sumergirme en el trabajo. Me pareció que mis padres fueron muy buenos al aceptar eso, aunque el acuerdo duraría solo un año, luego ellos ocuparían el castillo que les correspondía y mi esposa se haría cargo de este lugar.

>>Subí a mi habitación y comencé a arreglarme para la boda, el momento estaba cerca, a las 12 del día daría el sí y luego la conocería, eso era lo que tenía en mente, la familia de su jequesa (esposa) quería una fiesta muy grande el día de hoy, pero me negué. Ya que ellos habían puesto condiciones muy absurdas antes de la boda, ahora ella es mía, solo yo tengo derecho a decidir lo que sucederá. Si la ocasión fuera diferente, hubiese cedido en todo, pero estaba casado de que ellos pensaran que tenían el control solo porque había cumplido la palabra que dio su Baba cuando yo nací.

-Tenía muchos nervios y es que me da mucha vergüenza tener que mostrar la prueba de su pureza, yo siento que eso es algo muy íntimo, pero ese paso es crucial para que no me devuelvan. Mi madre me indicó que era hora de irnos y la emoción me embargo, estaba segura de que mi matrimonio sería bendecido por allāh, ya que desde pequeña he cumplido todos sus mandatos, siendo así su fiel devota, subí al auto en compañía de mi familia y así comenzó mi aventura con el jeque.

-Me encontraba reunido con los hombres de mi familia cuando vi entrar a la familia de mi jequesa, nos saludamos y minutos después el imán comenzó con la ceremonia, fue algo tan rápido que no me dio tiempo de reaccionar, cuando menos lo esperé, todos estaban felicitándome.

-Estaba casada, todas las chicas comenzaron a hacer el Zaghareet mientras se acercaban a felicitarme y desearme un largo y feliz matrimonio, yo pensaba que todo estaba resuelto, pero hicieron comentarios sobre hijos y mi alegría fue reemplazada por una por angustia. Necesitaba quedar embarazada lo antes posible, así que comencé a rezar en mi mente justo antes de que me llevaran con mi zawji (esposo) sentía que mis piernas me fallaban, me costaba respirar y mi corazón estaba muy acelerado, era la primera vez que sentía que el hiyab (velo) me asfixiaba. Cosa que nunca me había sucedido, ya que desde niña lo uso todos los días, mis padres me han dicho que la pureza y el respeto de una mujer está en andar cubierta y solo dejarse ver por su marido.

-estaba esperando a mi jequesa, sentía algo de nervios más, no ansiedad, se supone que es lo que debería sentir, la vi caminar hacia mi cubierta de pies a cabeza, solo se veían sus ojos de color negro, así que no fue mucho lo que descubrí sobre su aspecto o personalidad. Me acerca y le di un beso en la frente por encima de la tela habibi (mi amor) tomé su mano y la guie hasta la mesa donde sería el banquete, pero me inquietaba mucho el hecho de no sentir absolutamente nada, solo le dije habibi por compromiso, seguro estoy exagerando y con los días nacerán los sentimientos estaba pensando mientras comía. Nuestras familias dieron discursos deseándonos lo mejor, sobre todo mencionando el tema de los hijos y yo sonreí agradecido porque nada me haría más feliz que ser bendecido por allāh en ese aspecto ya me imaginaba a mis hijos corriendo por el castillo, mi madre tuvo dos varones, pero a mí me gustaría tener hijos de ambos sexos.

>>El banquete término nos despedimos y fuimos a "nuestra noche de bodas" nuestras familias estarían aguardando en un salón continuo para la prueba de fitna (virginidad) entramos a la habitación y no sabía cómo proceder, yo no soy virgen ni nada de eso. Solo que no sentía deseo sexual hacia ella, la guie hasta la cama donde tomo asiento, me arrodille y le quite los zapatos para lavar sus pies, sentía como ella temblaba, así que lo hice de forma lenta, dejando suaves caricias a mi paso. Luego me levante para quitar el hiyab de su rostro, así fue como descubrí a una mujer morena clara, con los ojos negros, cabello castaño ondulado y largo hasta su cintura, ella era como toda chica normal. Estaba roja como un tomate de la vergüenza, yo quería quitar toda su ropa para ver si lograba excitarme, así que la debate de la cama me acerque lentamente a su rostro y comencé a dejar pequeños besos para que se relajara cosa que sucedió. Luego di cortos besos en sus labios hasta que la besé porque la idea era que ella lo disfrutara tanto como yo, es más, no importaba si yo no disfrutaba lo suficiente, hoy era su noche y la trataría como una reina ¡habibi!

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