Seguir
Capítulos
Compartir
Portada de la novela La Novia Comprada del Multimillonario

La Novia Comprada del Multimillonario

Lo que Francesca Dubois vivió como un romance idílico en el Caribe con Dorian Leblanc se transforma en una pesadilla al volver a Francia. Descubre que su padre, consumido por las deudas de juego, la ha vendido a Dorian. El hombre que amaba es en realidad el implacable «Tiburón de París», quien orquestó la ruina de su familia para poseerla. Ahora, prisionera en un entorno de lujo, Francesca lucha por no ceder ante la oscura obsesión de su dueño.
Capítulos
Compartir

Capítulo 3

Me puse el vestido rojo. No lo hice por obediencia, sino por estrategia. Si iba a estar en el infierno, quería que el diablo me viera arder. El tejido de seda se pegaba a mis curvas como una segunda piel, y el escote en la espalda bajaba peligrosamente hasta donde empezaba la curva de mis caderas. Al mirarme al espejo, la gargantilla de diamantes que Dorian me había impuesto brillaba con una luz obscena. Parecía una marca de propiedad, un collar de lujo para una mujer que acababa de perder su nombre.

Cuando entré al comedor, la luz de las velas bañaba la estancia en un tono ámbar. Dorian ya estaba sentado a la cabecera, pero en cuanto mis tacones golpearon el suelo de mármol, se puso en pie como si un resorte lo hubiera impulsado.

No dijo nada. Durante un minuto eterno, su mirada recorrió cada centímetro de mi piel expuesta con una voracidad que me hizo sentir desnuda. Sus ojos grises se oscurecieron hasta volverse casi negros, y vi cómo su nuez de Adán se movía al tragar saliva. Estaba ganando. Su obsesión era su debilidad, y yo iba a explotarla.

-Te dije que cenaría contigo, Dorian. No dije que te facilitaría las cosas -solté, sentándome en el extremo opuesto de la larguísima mesa.

Él frunció el ceño, su expresión de deleite transformándose en una de fría determinación.

-Esa distancia no me gusta, Francesca. Ven aquí. Siéntate a mi lado.

-El contrato dice que debo vivir aquí, no que deba comer de tu mano como un perro faldero. Me quedo aquí.

Dorian dejó su copa de cristal sobre la mesa. El sonido del cristal contra el mármol resonó como un trueno en el silencio del ático. Se levantó con una lentitud calculada y caminó hacia mí. Cada uno de sus pasos hacía que mi instinto de huida gritara, pero me obligué a sostenerle la mirada. Se detuvo detrás de mi silla e inclinó su cuerpo sobre el mío, apoyando las manos en los brazos de mi asiento, atrapándome.

-He sido muy paciente hoy, ma petite -susurró cerca de mi oído, su aliento cálido enviando una traicionera descarga eléctrica por mi columna-. Pero no confundas mi fascinación con debilidad. En este edificio, mi palabra es la ley. Si te pido que te sientes a mi lado, es porque quiero oler tu perfume y sentir el calor de tu piel mientras como.

-Entonces vas a pasar mucha hambre -le espeté, girando la cabeza para encararlo. Estábamos tan cerca que nuestras narices casi se rozaban.

-¿Crees que puedes ganarme en este juego? -Una sonrisa ladeada y cruel apareció en sus labios-. He construido imperios destruyendo a hombres más fuertes que tú.

-Pero ninguno de esos hombres te hacía temblar las manos cuando te acercabas a ellos, ¿verdad?

Dorian guardó silencio. Sus ojos bajaron a mis labios y por un segundo creí que me besaría con la misma violencia con la que me había comprado. En lugar de eso, tomó mi mano y, con una fuerza firme pero delicada, me obligó a levantarme. Me guio hasta la silla junto a la suya y me sentó allí. Su proximidad era abrumadora; podía sentir la energía masculina que emanaba de él, una mezcla de protección y amenaza.

La cena fue un desfile de platos exquisitos que apenas probé. Dorian, en cambio, no dejaba de observarme. No comía; me estudiaba. Como si estuviera tratando de descifrar el código para romper mi voluntad.

-Tu padre me llamó hace una hora -dijo de repente, rompiendo el silencio-. Quería saber si estabas "cómoda".

-¿Y qué le dijiste? ¿Que me pusiste un collar de diamantes para que no se me olvide que soy tu mercancía?

-Le dije que estabas exactamente donde perteneces -Dorian tomó un cuchillo y cortó un trozo de carne con una precisión quirúrgica-. Tu padre es un hombre débil, Francesca. Siempre lo fue. Te crió en una burbuja de cristal mientras él se dedicaba a reventar los cimientos de tu futuro. Yo solo he recogido los pedazos.

-¡No hables de él como si fueras un salvador! -golpeé la mesa con la palma de la mano-. Lo arruinaste. Sé que lo hiciste. Nadie pierde tanto dinero en tan poco tiempo a menos que alguien esté moviendo los hilos desde las sombras.

Dorian dejó los cubiertos y se limpió los labios con la servilleta de lino, con una calma que me ponía enferma.

-El mundo de los negocios es una selva. Si alguien deja su cuello expuesto, yo muerdo. Pero contigo es diferente. Con lo que pagué por tus deudas, podría haber comprado diez mujeres más hermosas y mucho más dóciles. Pero te quería a ti. Desde el momento en que te vi en ese crucero, supe que no descansaría hasta que este vestido rojo estuviera en el suelo de mi habitación.

Sentí que la sangre se me subía al rostro. La crudeza de sus palabras me golpeaba como una bofetada física.

-Eres un asco -susurré.

-Soy honesto. Y tú también deberías serlo -él se inclinó hacia mí, invadiendo mi espacio una vez más-. Odias este contrato, odias a tu padre y me odias a mí. Pero tu cuerpo... tu cuerpo todavía me recuerda.

De repente, su mano se deslizó por debajo de la mesa, posándose sobre mi muslo. El calor de su palma atravesó la seda del vestido, quemándome. Intenté apartarlo, pero sus dedos se cerraron con firmeza, impidiéndome el movimiento.

-Dorian, para -pedí, aunque mi voz me traicionó volviéndose un poco más aguda.

-¿Por qué? Tu pulso está acelerado, Francesca. Puedo sentirlo aquí -deslizó su mano un poco más arriba, peligrosamente cerca del borde de mi ropa interior-. Podría tomarte ahora mismo, sobre esta mesa de mármol, y ambos sabemos que no podrías evitarlo.

-Si lo haces, solo confirmarás que eres un animal. Y nunca, nunca lograrás que te mire como en el barco.

Dorian se detuvo. Sus ojos se fijaron en los míos, una batalla silenciosa de voluntades que parecía durar una eternidad. Lentamente, retiró la mano, pero no se alejó.

-Tienes razón. No quiero a una mujer muerta entre mis brazos. Quiero que supliques por mi toque, igual que lo hiciste en el Caribe -se puso de pie y me ofreció la mano-. La cena ha terminado. Mañana tienes una cita con mi estilista y mi equipo de seguridad. Si vas a ser la mujer de Dorian Leblanc, el mundo entero tiene que envidiarme por ello.

-No soy tu mujer. Soy tu deuda.

-Por ahora -sentenció él, dándome un beso gélido en la frente que se sintió como una promesa de guerra-. Ve a dormir, Francesca. Sueña conmigo. Porque te aseguro que yo no voy a dejar de pensar en ti hasta que amanezca.

Subí a la habitación con las piernas temblando. Al cerrar la puerta, me apoyé contra ella y me dejé caer hasta el suelo. El zafiro en mi cuello pesaba más que nunca. Dorian Leblanc no quería solo mi cuerpo; quería mi rendición total. Pero lo que él no sabía era que yo preferiría prenderle fuego a su imperio antes que volver a amarlo.

Aunque, muy en el fondo de mi ser, la zona donde él me había tocado seguía ardiendo, recordándome que mi mayor enemigo no era él, sino mi propio deseo.

¡Sigue viendo!
¡La historia se está poniendo intensa! Cambia a la App para seguir leyendo
Desbloquear todos los episodios
Abrir el sitio web oficial

También te puede gustar

Portada de la novela Brillantez imparable: tiene al mundo bajo control
9.7
Grace, una millonaria protegida por el Estado, llega a la familia Holden tras varios fracasos en su adopción. Aunque la tachan de farsante, su realidad es abrumadora: es una experta académica, influyente empresaria y figura central del hackeo global. Mientras sus secretos se revelan, el poderoso Damián decide conquistarla. Entre lujos extremos y promesas de islas privadas, Grace encara una inesperada propuesta de matrimonio del enigmático magnate.
Portada de la novela Cuatro Hadas
8.7
Cuatro mujeres traicionadas y asesinadas por sus parejas renacen mediante los elementos naturales para convertirse en hadas. Tras entrenar sus dones, a los dieciocho años enfrentan un reto final: reformar a los atormentados hermanos Romanov, dueños de un imperio empresarial. Para alcanzar la inmortalidad, no deben enamorarse. Entre el deseo de venganza contra sus antiguos verdugos y la tentación de un nuevo amor, deberán decidir si abrir su corazón o sucumbir a la furia.
Portada de la novela El desprecio por ser embarazada
7.9
Jakeline, con apenas dieciocho años, se encuentra desamparada y encinta tras ser expulsada de su hogar. Su antiguo novio, negando su responsabilidad, la acusa de traición para abandonarla a su suerte. Sin embargo, su destino da un giro inesperado al cruzarse con el influyente Osbaldo Dickson, quien le ofrece un techo y seguridad. Mientras conviven, ella intenta proteger su corazón del magnate, mientras él cuestiona si su entrega es piedad o un sentimiento más profundo.
Portada de la novela El Paradero de Un Fantasma
8.8
Sofía entregó un órgano por amor, pero solo recibió traición y una muerte solitaria. Ahora, como un alma en pena, observa con horror cómo Ricardo invade su casa y agrede a su madre invidente y a su hermano discapacitado para encontrarla, ignorando que ella ya no vive. Ante el sufrimiento de su familia y la crueldad de su verdugo, el espíritu de Sofía despierta con una sed de justicia implacable: su fin será solo el comienzo del tormento de quienes la destruyeron.
Portada de la novela Entre el CEO y el Mafioso
8.2
Bajo la presión de la miseria, Manuel Zúñiga subasta el destino de su hija Amanda al mejor postor. Aunque inicialmente pacta su unión con un poderoso empresario, la aparición de Héctor Rinaldi, un peligroso líder criminal, cambia el juego con una oferta mayor. Atrapada entre la avaricia de su padre y dos hombres implacables, Amanda usará su ingenio para sobrevivir. En este oscuro mundo de poder, ella deberá luchar por su libertad frente a la traición.
Portada de la novela La venganza de Giselle
9.6
La vida de Giselle Anderson tiene un solo propósito: ver caer a la poderosa familia Cromwell. La oportunidad perfecta llega cuando Rodrigo, el heredero del imperio, le ofrece un matrimonio por interés. Tras aceptar y mudarse a su mansión, ella comienza a urdir su plan desde dentro. No obstante, la cercanía constante con su enemigo despierta una pasión inesperada que nubla su juicio. Ahora, Giselle debe decidir si consumar su venganza o ceder al amor.