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Portada de la novela LA MENTIRA: ENGAÑO AL CEO

LA MENTIRA: ENGAÑO AL CEO

La vida de Amber Tovar se desmoronó cuando su pareja, el CEO Cristopher Morillo, la acusó de espionaje. Tras sufrir una agresión en prisión que le arrebató a su hijo, la analista recupera su libertad con sed de justicia. Su destino se une al de Dylan Lugo, el mayor enemigo de Cristopher, quien le ofrece una alianza mediante el matrimonio. Mientras la verdad tras la traición sale a la luz, Cristopher intentará evitar la boda y recuperar a la mujer que él mismo destruyó.
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Capítulo 1

—¡Te amo! Amber —declaró Christopher con una voz varonil, tierna y cariñosa, soltando sus labios inflamados.

—¡Y yo a ti! —exclamó Amber con una sonrisa cálida.

—¿Nos vamos? Si no me va a matar, tu madre al llevarte tan tarde al apartamento —agregó él sonriendo, pasando la punta de su lengua por los labios de ella, con lo cual la hizo estremecer— No quiero tener problemas con mi suegra.

—¡Sí, mi amor! ¡Vamos! Sin embargo, no tengo fuerzas para levantarme e ir al baño, ¿me llevas? —preguntó ella, haciendo un puchero, que a él le fascinó.

—¡Ja, ja, ja! ¡Te estoy consintiendo mucho! —aclaró él, sonriendo y levantándola en sus brazos.

—¡Me siento amada y feliz! A veces creo, que estoy soñando —confesó ella, con una sonrisa.

El apartamento de Christopher estaba ubicado en el edificio más alto de Santiago de León, en una zona exclusiva de la ciudad metrópolis y capital del país con el mismo nombre. Ellos bajaron al estacionamiento, tomados de las manos, caminaron hacia el Maserati de él y salieron hacia donde vive su madre.

(***)

Al día siguiente, siendo las once de la mañana, Amber salió de sus clases y se dirigió al Hotel Rosal. Allí se encontró a Dylan Lugo, otro joven billonario, CEO de la compañía de la competencia de su novio, quien además se sentía atraído por ella, desde el primer momento que la vio.

—¿Y eso que no andas acompañada de tu gorila? —cuestionó él, con una sonrisa admirando lo hermosa que ella se veía.

—¿Le dices así, a mí Christopher? —preguntó está de forma posesiva, sonriendo y haciendo un puchero que enterneció totalmente a Dylan.

Este, al verla hacer ese gesto, además de escuchar la forma tan posesiva como se expresó para mencionar a su novio, sintió una envidia y celos terribles. Por lo tanto, demostró una alegría extrema que evidenciaba un sentimiento forzado y una sonrisa muy poco natural.

—Es raro, no verlo a tu lado —contestó él, con una fingida sonrisa.

—¡Je, je, je! —Sonrió ella con una risa sincera— Hoy tiene muchos compromisos, sobre todo relacionados con sus últimos proyectos.

—¡Ah, qué bien! —Alabó este dando por finiquitado el tema de su novio— ¿Vienes al evento que estoy patrocinando con la Facultad?

—¡Sí! —Respondió ella— Pero, no sabía que eras tú, quien estaba patrocinando estas jornadas.

—¡Sí! —manifestó él, caminando hacia el salón del evento al lado de ella, agregando— Me interesan estos actos, porque así consigo mano de obra nueva, sin vicios a quienes entrenaré a mi gusto. Así que te invito a seguirme —solicitó este.

Sin que ellos se dieran cuenta, había un joven que los siguió desde el estacionamiento hasta dentro del hotel. Él, les tomó varias fotos, las cuales reenvió al celular de Christopher, advirtiéndole de un posible engaño.

Al llegar al salón, Dylan siguió con ella hasta llegar a uno de los cubículos de comidas. Alguien tropezó con Amber y derramó en su blusa, los alimentos que llevaba en una bandeja. Él de inmediato, le ofreció subir a su suite, para que lavara su blusa o en todo caso, él podía prestarle su chaqueta. Ella aceptó y subió con este.

(***)

Durante el trayecto hacia la habitación, volvieron a tomarles fotos y las reenviaron al celular de su novio Christopher Morillo. Él, estaba concentrado revisando unos contratos, razón por la cual no las vio. En vista, que no obtuvieron respuesta le hicieron entonces una llamada anónima.

¡Riiin, riiin!

Christopher, al ver que era un número restringido, respondió identificándose, colocando el celular entre su oído y su hombro, sin soltar el documento que corregía.

—Te envié unas fotos a este celular, que evidencian el engaño de parte de tu novia —le expresó una voz distorsionada por celular.

—¿Quién habla? —preguntó él con curiosidad, soltando el documento y colocándolo sobre el escritorio.

—No creo que te interese mucho saber quién soy, sino la información que te estoy enviando —declaró este.

—¡Yo no considero los anónimos! —aseguró Christopher.

—¿Por qué no verificas donde está ella en este momento? ¿Y con quién? —Él colgó la llamada, puesto que, confiaba en Amber.

Sin embargo, revisó su celular y al ver las fotos le llamó, pero al parecer, no tenía señal. Eso hizo que insistiera e igual no hubo respuesta. Nuevamente, le llegaron más fotos en donde se veía a Amber caminando hacia el ascensor, luego al pasillo y de ahí a las habitaciones.

En la última foto, se observaba a Dylan abriendo la puerta de la suite y a Amber entrar a la misma. En virtud de esto, Christopher dejó todo tirado sobre su escritorio, bajó corriendo por las escaleras, no esperó el ascensor. Al salir de este, fue hasta el estacionamiento y se montó en su Ferrari, con el cual atravesó la Ciudad violando los límites permitidos.

Una vez en el hotel, caminó hacia la recepción, solicitó información sobre la habitación de alojamiento de Dylan Lugo, pero la empleada le negó esta. Él hizo una llamada, luego colgó y casi de inmediato, recibió en su celular lo que necesitaba saber.

Él subió. Al llegar a la habitación quiso forzar la puerta y no pudo, buscó una camarera a quien sobornó y convenció para que le abriera. Una vez que entró, encontró a Dylan desnudo del torso hacia arriba, de espaldas, observando por el ventanal el panorama que le brindaba la ciudad.

—¿Qué pasa Christopher? —preguntó este, con una voz jadeante, como si se hubiera ejercitado de alguna forma.

En cambio, este no dio ninguna respuesta, sino que se abalanzó sobre aquel, golpeándole en la cara, partiéndole la boca y la nariz, por lo que comenzó a correr la sangre en su rostro. Dylan, aún abrumado por el ataque sorpresivo, giró una de sus piernas

pegándole una patada en el pecho a Christopher, quien al irse hacia atrás, se lo llevó consigo.

Luego, los dos rodaron por el piso hasta que este último, golpeándolo, sin detenerse, terminó de bañarle el rostro de sangre. Amber en el baño, escuchó el escándalo, pero no entendía que pasaba, por lo que se cambió rápido, poniéndose la chaqueta de Dylan.

Al salir, quedó petrificada, observando a Christopher con una mirada y actitud siniestra, golpeando al otro en el piso, quien estaba todo ensangrentado y casi desmayado, pues no se defendía.

—¡CHRISTOPHER! ¡CHRISTOPHER! —gritó ella, angustiada, acercándose para quitárselo de encima. Él parecía un mismo demonio, totalmente descontrolado.

Él, al observarla, soltó a Dylan tirándolo contra el piso para caminar hacia ella, a quien tomó del brazo, sacudiéndola y soltándole una fuerte bofetada, que la hizo sangrar. Amber asustada quiso correr para llegar a la puerta, pero este la detuvo agarrándola fuertemente por el brazo nuevamente y gritándole…

—¡Perra!… ¡Zorra!… ¡Puta! ¡Y yo como un estúpido creyendo en ti! ¿Desde cuándo me traicionas, con esta basura?—preguntó él con una voz jadeante e irónica, sacudiéndola totalmente con sus manos.

Amber, estaba en estado de shock. Ella quería hablar, pero no podía emitir ningún sonido, por más que se esforzaba. Las lágrimas corrían por sus mejillas. Justo en ese momento llegó el personal de seguridad, quienes la sacaron de la habitación y la llevaron a servicios médicos. E igual hicieron después, con Dylan.

Christopher, hecho una fiera, endemoniado, anduvo en la habitación, dispuesto a brincar sobre la primera presa, que se le pusiera en su camino. No obstante, su amigo y gerente del hotel al llegar logró calmarlo y manejar la situación para que no trascendiera.

—Si me hubieses dicho que era para esto, no te habría facilitado la información —comentó enojado su amigo.

—¡No me pude controlar! Al ver las fotos de ellos entrando a la habitación, me predispuse, salí en dos ruedas de la oficina y verlo así… en cuero, me descontroló —expresó Christopher.

—¡Dios Santo! —Clamó el gerente, quien era su amigo— estabas irreconocible, cuando entré a la habitación.

—¡Tranquilo Joshua! Asumiré las consecuencias de lo que aquí ocurrió —respondió él, asumiendo la responsabilidad delante de su amigo.

—¡Muy bien! —Contestó el gerente— ¿Cómo te sientes?

—¡Dolido y defraudado! No obstante, mejor, porque al menos me desahogué —aseguró él.

Los dos salieron de la habitación. Al llegar a planta baja, Joshua preguntó por Amber y Dylan. Y su personal, le informó que la joven estaba en servicios médicos, mejor. Sin embargo, al socio del hotel, lo habían trasladado a una clínica, al parecer estaba muy malherido.

(***)

Para finalizar esto, Christopher salió al estacionamiento, buscó el escarabajo de Amber, estacionándose cerca del mismo. Ahí esperó la salida de ella. Cuando la vio llegar y salir comenzó la persecución. Esta, al darse cuenta de que la perseguía, quiso perderlo, pero el vehículo de él, era de mayor potencia, por lo que no pudo hacer grandes maniobras.

«¡Dios, mío!… Esto debe ser una pesadilla. No me puede estar pasando», pensó ella llorando y con un dolor profundo en el pecho.

Así que maniobrando para escapar de él, a gran velocidad, se le metió por detrás a una camioneta, quedando su vehículo inservible y ella desmayada y malherida ante el volante…

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