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Portada de la novela La mentira del Amor

La mentira del Amor

Lía Salazar, una joven huérfana, logra ser contratada en la corporación del severo CEO Felipe Navarro. En la oficina surge un romance intenso con Tomás, el hijo de su superior, mientras colaboran estrechamente. No obstante, una oscura realidad se oculta tras el lujo: Lía es en verdad la hija biológica que Felipe decidió borrar de su pasado. Entre intrigas y poder, esta verdad prohibida amenaza con destruir su relación y transformar su destino.
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Capítulo 3

Lía Salazar se despertó temprano esa mañana, como siempre lo hacía. Sin embargo, había algo diferente en su actitud esta vez. No era el cansancio que normalmente sentía después de una larga jornada de trabajo. Era la sensación de que algo había cambiado en ella, aunque no podía definir exactamente qué era.

Había pasado la noche dándole vueltas a la conversación con Tomás. Su primer encuentro había sido más significativo de lo que quería admitir. Aquella charla en el café había dejado una marca profunda en su mente. La forma en que él la había mirado, cómo parecía captar cada palabra que salía de su boca, cómo su presencia la hacía sentirse importante... todo eso seguía presente en sus pensamientos.

El sol comenzaba a iluminar su pequeño apartamento, y Lía se dio cuenta de que llevaba más tiempo mirando su reflejo en el espejo de lo que solía. Había algo en ella, en su forma de moverse, en la forma en que sentía que respiraba, que había cambiado. La conexión con Tomás había despertado algo en ella, algo que hasta entonces había mantenido dormido. Y aunque intentaba no dejarse llevar por esos sentimientos, no podía evitarlo. Cada vez que pensaba en él, su corazón latía más rápido, y esa sensación inexplicable la envolvía.

Pero no podía permitirse distraerse. Estaba allí para aprender, para ascender, para probar que podía estar a la altura. No podía dejarse arrastrar por un simple destello de atracción. Así que, como siempre, se preparó con determinación, eligiendo su atuendo profesional con cuidado, asegurándose de que su imagen reflejara la mujer competente y segura que quería ser.

Cuando llegó a la oficina, la energía del lugar era la misma: fría, calculadora y centrada en los negocios. Navarro & Cía era el corazón del mundo empresarial, y Lía se sentía pequeña en comparación con el tamaño de la máquina que la rodeaba. Sin embargo, sabía que ese era el lugar donde debía estar. Su trabajo en el departamento de Estrategias Comerciales requeriría toda su atención, toda su capacidad, y estaba decidida a no fallar.

A medida que avanzaba por el pasillo hacia su escritorio, su mente comenzó a enfocarse en las tareas del día. Reuniones, análisis, reportes. Todo era parte del plan para demostrar su valía. Pero, por supuesto, el plan incluía algo más: mantener una distancia profesional con Tomás.

El día pasó rápidamente, con la carga de trabajo abrumando sus pensamientos. Las horas parecían volar mientras Lía se sumergía en los proyectos y en las interacciones con sus compañeros. Sin embargo, a cada minuto, su mente no podía evitar regresar a él. La forma en que Tomás se desplazaba por la oficina, la forma en que dirigía las reuniones con calma y autoridad. Su presencia era innegable, y sin quererlo, Lía se veía atraída, una y otra vez, por su aura de poder y confianza.

Esa tarde, mientras revisaba unos documentos en su escritorio, una sombra apareció frente a ella. Lía levantó la vista y, al instante, su corazón dio un vuelco. Era Tomás.

-¿Todo bien, Lía? -preguntó con su tono suave pero firme. Aunque su voz sonaba casual, había algo en su mirada que la hizo sentir vulnerable. Él estaba allí, cerca de ella, como si su sola presencia pudiera trastocar el equilibrio que Lía había estado intentando mantener.

Lía se enderezó rápidamente, tratando de mantener la calma. -Sí, todo en orden. Solo revisando algunos informes para la próxima reunión.

Tomás asintió, sin apartar la mirada. Había algo en la forma en que la observaba, algo que la hacía sentir como si todo su ser estuviera siendo examinado, como si él estuviera buscando algo en ella que ni siquiera ella misma sabía que estaba allí.

-Me alegra escuchar eso. -Su tono fue más suave esta vez. -¿Te gustaría acompañarme a la reunión de las tres? Es sobre un nuevo proyecto y necesito que estés al tanto.

Lía dudó por un segundo. Ella sabía que debía rechazar cualquier invitación que pudiera desviar su atención del trabajo, pero había algo en su voz, en su presencia, que la hizo querer aceptarlo. No era solo profesionalismo lo que sentía. Era una curiosidad profunda, una necesidad de estar cerca de él, de entender más de su mundo.

-Claro, estaré allí. -Lía respondió, tratando de sonar tan profesional como le fuera posible, aunque su voz, por un breve segundo, traicionó una suavidad que no podía ocultar.

Tomás le dedicó una sonrisa ligera, y luego se giró para caminar hacia la sala de conferencias. Lía lo siguió, sintiendo una extraña combinación de nerviosismo y emoción. Cuando entraron en la sala, Tomás tomó su lugar al frente, como siempre, mientras Lía se sentaba en la mesa junto a él. Durante la reunión, se dio cuenta de que él la observaba más de lo que habría imaginado. No era una mirada invasiva, sino más bien una mirada atenta, como si estuviera consciente de cada palabra que ella decía, de cada movimiento que hacía.

Cada vez que Lía hablaba, Tomás la miraba con esa mezcla de respeto y algo más. No podía evitar sentirse incómoda, pero al mismo tiempo, algo en ella se sentía atraído por la forma en que él prestaba tanta atención a lo que decía. Se dio cuenta de que, por primera vez, alguien estaba realmente interesado en su opinión, en su trabajo, y eso la hizo sentirse valorada de una manera nueva.

Al final de la reunión, cuando todos comenzaron a levantarse, Tomás se acercó a ella.

-Buen trabajo, Lía. Me impresionó tu análisis. -Su voz, cargada de sinceridad, la sorprendió.

Lía sonrió, agradecida por su comentario, pero al mismo tiempo, se sintió aún más vulnerable. Era como si, a través de su elogio, él hubiera entrado en una parte de ella que no estaba acostumbrada a mostrar.

-Gracias, Tomás. Estoy aprendiendo mucho aquí. -Sus palabras fueron humildes, pero al decirlas, algo en ella se rompió. Sabía que sus sentimientos hacia él iban más allá de lo profesional. Pero, ¿qué significaba eso? No podía permitir que eso interfiriera con su trabajo, con su futuro.

Él asintió, y por un momento, sus ojos se encontraron nuevamente, como si hubiera algo no dicho, algo compartido entre los dos que ninguno de los dos estaba dispuesto a admitir.

-Estoy seguro de que serás una gran adición al equipo. -Dijo él, con una suavidad en su tono que la hizo sentirse aún más conectada con él.

Mientras salían de la sala, Lía se sintió extrañamente conectada a Tomás, como si, sin querer, estuviera comenzando a formar un vínculo con él. No sabía si era por el respeto mutuo que comenzaban a compartir, o si era algo más profundo que no podía entender aún. Pero lo que sí sabía era que cada vez que él estaba cerca, algo cambiaba dentro de ella. Algo que no podía controlar.

Mientras caminaba de vuelta a su escritorio, Lía intentó despejar su mente de esos pensamientos. Tenía que centrarse en su trabajo. Tenía que mantenerse profesional. Pero en el fondo, sabía que ya había algo entre ellos, algo que ninguno de los dos podía evitar, aunque ni siquiera ellos se atrevieran a decirlo en voz alta.

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