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Portada de la novela La Melodía del Corazón

La Melodía del Corazón

La protagonista sobrevive atrapada en la nostalgia de un amor que la marcó para siempre. Tras un acto de sacrificio heroico, ella conserva la vida pero pierde la alegría; su existencia se ha transformado en un eco de lo que fue. Cargando con el dolor de una ausencia irreparable, debe lidiar con el vacío emocional y la culpa de haber sido salvada. Es el retrato de un corazón silenciado que busca sentido en un presente dominado por los recuerdos.
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Capítulo 2

No sé si aún estoy viva o muerta, para mí solo soy un caparazón, un cuerpo que sigue caminando, que se obliga día, a día a despertar porque si no lo hace le estaría fallando a el, mi corazón está desecho a causa de tanto dolor... Las estrellas ya no brillan, el día y la noche ya no tienen sentido, la vida no tiene sentido... Al menos no para mí, no desde el momento en que sus ojos se serraron para siempre...

No desde que su risa no existió más, no desde que supe que jamás volvería a verle desde ese instante todo dejo de existir para mí... ¿Que por qué, sigo así luchando por no derrumbarme por completo? Bueno dedo cumplir con la promesa de seguir adelante, de vivir la vida como el unirse querido. Solo que no lo estoy haciendo muy bien, de echo prácticamente e podido sobrevivir.

Ya no sonrió y solo visito los países que el me indico sin siquiera disfrutar o pasear por sus lugares turísticos solo llego al país me quedo unos días y así continuo mi viaje. ¡Dios! Es que extrañarlo duele tanto, duele en el alma y siento que no respiro cuando a mi mente llega su imagen al saber que solo me quedaré con su recuerdo porque jamás lo volveré a ver.

Sentada a orillas del mar dejo que mis lágrimas fluyan, respiro el aroma del océano deseando que el estuviese aquí, junto a mí.

Dos años, han pasado dos años desde que perdí al hombre que amo, uno qué me amo con intensidad. Uno que se llevó mi luz con el.

Prometí vivir por los dos, pero cada día me preguntó cómo puedo seguir sin el.

Mi cuerpo tiene tallada sus carísias, mis labios extrañas los suyos, mi dolido y destruido corazón muere cada día al no tenerlo, al recordar lo que fue y jamás volverá a hacer.

Antes para mí todo era hermoso, veía la luna como si fuese mágica, y mientras ella salía de noche nos permitía maravillarnos con su luz natural, Sury siempre se burlaba de mí diciendo que yo era una romántica sin remedio, una que le había contagiado aquella manía de ver las cosas positivamente, pero nunca imaginé que toda la luz de la luna se iba a convertir en una oscuridad absoluta, ya no veo claridad, tampoco la buscó, toda mi luz toda magia desapareció cuando el hombre que amo murió y me dejó este enorme hoyo en el pecho.

Pero hay algo que no me permite morirme de tristeza y es que llevar algo de el en mi me da la sensación de tenerlo conmigo, aún qué también me siento culpable, yo soy la culpable de que sus ojos se serraron para siempre. Y eso es algo que nunca podré perdonarme. Fui yo quien lo mató.

Por más que trato de luchar contra el dolor, aveces es más fuerte que yo. Fui feliz y si él me fuese dado la oportunidad de elegir yo simplemente hubiera muerto pero lo haría siendo alegre, yo hubiese preferido morir a vivir en esta agonía, ha sentir este dolor.

Todos los días pienso lo mismo, si las cosas hubieran pasado diferente... Restriego mi rostro y suspiro unas cuantas veces, tratando de parar el llanto, entonces escucho mi teléfono sonar, sacándome de mis pensamientos, obligó a mi cuerpo ha que reaccione y me levanto de la arena le doy una última mirada al mar, camino dirigiendome a mi auto cuando ya me siento preparada para hablar, contesto el maldito aparato.

— Alo. — ¡Hija! ¿Cómo estás? – Escucho la voz chillona de mi madre. Suspiro con pesadez, y respondo. — Estoy bien madre, ¿Que es lo que quieres? – Al otro lado de la línea puedo oírla suspirar. — ¿Hasta cuando vas a odiarme? Por Dios Moly, soy tu madre. – Sus palabras solo me hacen enojar. — Mamá, si llamaste para eso entonces debo decirte que estoy ocupada... Hablamos después.

— ¡No! No me cuelgue, por favor... Solo queria saber de tí, ¿Dime ya buscaste trabajo? — No madre, ya te dije que todavía tengo el dinero que me dejó... – No logro decir su nombre, pues desde que el no está no puedo nombrarlo en voz alta sin que mi voz se quiebre. Carraspeó un par de veces tratando de que mi voz suene bien. — Mamá aún tengo dinero, no te preocupes... Ya debo colgar, adiós mamá. — No dejo que me conteste y cuelgo de una vez.

Conduzco al hotel donde me estoy hospedando. Hoy es mi último día aquí, ya me toca volver a mi país, uno al que no quiero ir porque se que todo me recordara a el... Supongo que llegó la hora de darle frente a las cosas.

Estacionó mi coche y subo directo a mi habitación, no miro a los lados tampoco me detengo a mirar a las personas que me rodean, ya no me detengo a admirar los pequeños detalles o ha saludar a la gente... Se podría decir que ahora soy antisocial.

Mi vuelo por suerte no fue tan pesado y ya me encuentro en mi departamento, y está será la peor tarea de todas, pues aquí fue donde viví con amor de mi vida. Nada más entrar a mi casa recorro con la mirada cada rincón y es imposible no caer de rodillas en la puerta, destroza por el dolor, y solo dejo que las lágrimas fluyan.

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