Seguir
Capítulos
Compartir
Portada de la novela La Malquerida

La Malquerida

Amelia sacrifica sus sueños trabajando como secretaria para costear los cuidados de su madre y su hermana. Su vida cambia cuando Daniel Díaz, su jefe millonario, le ofrece un matrimonio de conveniencia sin lazos afectivos. Pese al trato inicial, la cercanía desata una atracción profunda. No obstante, al quedar embarazada, ella descubre que Daniel guarda un secreto vinculado a otra mujer. Amelia enfrentará el desamor y la traición antes de elegir su destino.
Capítulos
Compartir

Capítulo 3

Entramos en la habitación de mi madre. Tiene los ojos cerrados, pero sé que está despierta. Lo sé porque mueve los dedos de su mano, como si estuviera escuchando alguna melodía distante.

—Mamá, estoy aquí—le digo mientras me acerco.

—Sé que estás, hija. También sé que no vienes sola—responde con una voz suave, casi como un susurro.

—¿Cómo lo sabes?—pregunto sorprendida, aunque no debería, porque mi madre siempre ha tenido una percepción extraordinaria.

—Por el perfume que traes. Es demasiado caro para ser casual—me responde con una sonrisa ligera, pero los ojos aún cerrados.

Me quedo callada un momento, sin saber qué decir. Pero antes de poder responder, Daniel se adelanta y extiende su mano hacia ella.

—Mucho gusto, señora, soy el prometido de su hija—dice con una sonrisa impecable.

Mi madre sigue con los ojos cerrados, pero se siente un aire pesado en la habitación. Su voz, aunque tranquila, tiene una mezcla de ironía y sabiduría.

—Ah, así que eres su prometido. Bueno, al menos tengo la tranquilidad de saber que cuando me vaya, mi hija no quedará sola—dice sin abrir los ojos, como si todo esto fuera una conversación común.

—¡Mamá, por favor! No digas eso—le respondo, sorprendida y molesta, y no puedo evitar lanzar una mirada fulminante a Daniel. ¿Cómo se atrevía a meter su palabra en algo tan íntimo?

—¿Por qué no? Esta es la oportunidad perfecta para pedir su mano, ¿no es así?—dice Daniel, ahora completamente cómodo, sin perder el ritmo. Se vuelve hacia mi madre y con una actitud casi teatral, continúa—: Señora, quisiera pedir su mano para su hija, aunque reconozco que no es la manera más convencional de hacerlo, pero es lo que tenemos.

Mi madre sonríe sin abrir los ojos, como si ya lo supiera todo.

—¿La quieres de verdad, hijo?—pregunta, esta vez con un tono más serio.

—La quiero, con todo mi corazón—responde Daniel, sin dudar.

—He conocido a muchos que dicen lo mismo y no siempre es cierto. Pero... confío en tu palabra—dice mi madre, sin cambiar de postura.

Mi corazón da un vuelco al escuchar sus palabras. Si ella supiera la verdad... si solo supiera que Daniel está haciendo esto por poder, por conveniencia, no por amor. La mentira es tan grande, y yo tan atrapada en este juego que no elegí.

—Entonces, si tú lo dices, debe ser cierto—comenta mi madre, como si la conversación hubiera llegado a su fin. Pero justo cuando creo que todo termina, un grito de dolor rasga el aire.

Ambos nos quedamos paralizados. El sonido de las máquinas se descontrola. En ese momento, Daniel sale disparado, gritando por ayuda. Las enfermeras y el doctor Hugo llegan corriendo, y me dicen que debo salir. Aunque mi instinto me dice que no debo dejar a mi madre sola, Daniel me arrastra fuera de la habitación, como si no tuviera voz ni voto.

Han pasado minutos que parecen horas. Mi cabeza da vueltas, llena de incertidumbre. Nadie entra ni sale. Estoy atrapada en mi dolor y mi miedo. De repente, las puertas se abren, y el doctor Hugo me mira fijamente, con una expresión que ya sé que no es buena.

Apenas sé cuánto tiempo pasa. Escucho los pasos apresurados de las enfermeras, las palabras rápidas de los doctores, pero todo parece borroso, como si estuviera bajo el agua, sin poder respirar. Y luego, el silencio. El frío, aterrador, desgarrador silencio.

Las puertas se abren y el doctor Hugo me observa con ojos llenos de compasión.

—Lo siento mucho, Amelía…—dice, y sus palabras caen como piedras en mi pecho. Mis rodillas ceden, y el mundo a mi alrededor se desmorona. Mi madre. Mi madre ya no está.

Un grito ahogado escapa de mi boca, un sonido que no parece humano. No sé si soy yo o alguien más, pero siento como si me estuviera partiendo en mil pedazos. Intento levantarme, pero no hay fuerza en mis piernas. Solo quiero volver a la habitación, verla, aunque sé que no responderá.

—¡Déjenme verla!—grito desesperada, luchando contra los brazos de Daniel que me intentan contener, pero no quiero consuelo, no quiero brazos que me sostengan. Quiero a mi madre, quiero abrazarla una última vez, oír su voz diciéndome que todo estará bien.

Finalmente me libero y corro hacia ella. Allí está, su cuerpo inerte en la cama, sus ojos cerrados, su rostro tranquilo como si durmiera. Pero no es sueño. Es el vacío más absoluto, el abismo que la ha reclamado, y me ha dejado completamente sola.

Caigo de rodillas junto a su cama, aferrándome a su mano, que ahora está fría, y un grito desgarrador escapa de mi alma.

—Mamá, por favor, despierta… no me dejes sola, no… ¡te lo suplico! ¡No puedo! ¡No puedo vivir sin ti!—sollozo, la voz rota, quebrada, mientras mis lágrimas caen sobre su mano. Pero ella ya no está aquí para calmarme, para decirme que todo va a estar bien. Nadie podrá hacerlo jamás.

—Te necesito… ¿cómo voy a vivir sin ti? ¡Mamá, despierta!—le imploro, sacudiéndola suavemente, como si pudiera devolverle la vida, pero es inútil. Su cuerpo no responde, sus ojos no se abren, su calor se ha ido. La soledad me consume de una manera que jamás imaginé posible.

Mis palabras se convierten en susurros rotos, apenas audibles, mientras el mundo se apaga a mi alrededor, dejándome sola con el peso de esta pérdida. Todo lo demás, incluso Daniel, desaparece. La promesa, el contrato, la mentira… ya nada tiene importancia. La única persona que de verdad me amaba se ha ido, y no sé cómo encontrar sentido a nada de lo que queda.

Siento los brazos de Daniel rodeándome por detrás, y aunque lo odio por ser parte de este mundo de mentiras, en ese momento su abrazo es lo único que me reconforta. Me doy la vuelta, permitiendo que las lágrimas sigan fluyendo, sin importarme su traje caro. No me importa si me ensucia. Perder a una madre no tiene explicación. No se compara con nada. Ni siquiera con la muerte de mi padre.

—Tranquila—dice Daniel, su voz suavizada—. Llorar es necesario. Estoy aquí para ti.

Me sorprende escuchar esas palabras de él. Nunca lo había oído intentar consolar a nadie, y mucho menos con esa ternura. Pero... ¿será sincero? ¿O es solo una fachada más?

La ceremonia fue pequeña, casi vacía. Mi madre fue enterrada en un lugar modesto, como ella lo había pedido, junto a mi padre. Yo no podía permitirme algo más. Daniel se encargó de todo, aunque, sinceramente, no sé si lo hizo por él o por algún tipo de obligación.

Cuando llegamos al cementerio, me sorprendió ver a toda su familia allí. Su madre, su padre, y hasta sus hermanos, todos de negro, acompañándonos en el proceso.

—Cariño, perdón por llegar tarde—dice su madre con tono dulzón. Yo frunzo el ceño, aún con la confusión de todo lo que está pasando. Él la mira y sonríe, pero yo no quiero jugar a este juego.

—No importa, mamá—le contestó, manteniendo la compostura mientras sus palabras se sienten vacías.

Marcos me mira y me abraza, sus manos tensas sobre mi cintura. Es como si todo fuera una obra de teatro, y yo la actriz que tiene que seguir el guion, aunque no lo desee.

—Quiero presentarte a mi familia—dice con una sonrisa forzada. Se siente como si estuviera haciendo una película, y yo soy la protagonista de su historia falsa.

Lo único que quiero es que todo esto termine.

Después de enterrar a mi madre, todos me dieron el pésame, pero me sentí más sola que nunca. La madre de Daniel me miraba con desdén, tal vez por la ropa sencilla que llevaba puesta. No tenía tiempo ni dinero para vestirme de manera apropiada. Me sentía como una sombra en medio de este espectáculo familiar que no me pertenecía.

Finalmente, Daniel me dice que pasará por mí al día siguiente para ir al registro civil.

—Nos vemos mañana—dice, pero ni siquiera me mira a los ojos.

¿Es esto lo que me espera? Un contrato disfrazado de amor.

Me doy la vuelta para dirigirme a mi casa, sola, mientras él se va como si no pasara nada.

La sensación de vacío me consume.

¡Sigue viendo!
¡La historia se está poniendo intensa! Cambia a la App para seguir leyendo
Desbloquear todos los episodios
Abrir el sitio web oficial

También te puede gustar

Portada de la novela Amor prohibido: mi "padre adoptivo" me robó el corazón
8.0
Un simple gesto de la infancia ligó para siempre a Cathleen Kirby con Jerald Dobson, el mejor amigo de su progenitor. Cuando un devastador incendio le arrebató a sus padres, ella y su hermano Gabriel quedaron vulnerables ante la codicia familiar. Para salvarlos, Jerald alejó a Gabriel y tomó bajo su tutela a la pequeña Cathleen. Desde ese oscuro día, él se volvió su único refugio, forjando entre ambos una conexión profunda y absolutamente inquebrantable.
Portada de la novela Apuesta com CEO
9.0
Valentine Messano es una huérfana decidida a recobrar el patrimonio familiar arrebatado. Su obstáculo es Carlo Bertholo, un cínico jefe policial y sucesor de sus enemigos. Él le plantea un trato audaz: simular un noviazgo para restituirle sus tierras. A pesar del rencor, el acecho de graves amenazas empuja a Valentine a confiar en su rival. Mientras Carlo se arriesga por salvarla, ella compromete sus sentimientos para honrar el anhelo final de su padre.
Portada de la novela Bajo el disfraz
9.6
Norah consagró su vida a Derek, el hombre que la salvó de niña. Tras curarlo de un coma con su maestría médica y casarse con él, es traicionada cuando él exige el divorcio al volver con un viejo amor. Sin revelar su identidad como hacker y piloto de élite, ella acepta alejarse. No obstante, mientras Derek intenta enmendar su error, un misterioso y poderoso CEO surge para reclamar a Norah, desafiando su destino con un nuevo e inesperado amparo.
Portada de la novela CEO, vuelve a mí
9.6
Samanta Robinson creía haber encontrado al hombre perfecto, aquel que cumplía cada uno de sus sueños. No obstante, su dicha se quiebra cuando él la abandona de repente. Sin dejar explicaciones ni rastro alguno, el hombre se esfuma de su vida como un rayo, sumergiéndola en una incertidumbre absoluta. Ahora, Samanta se enfrenta al vacío de su partida, intentando descifrar el enigma detrás de su desaparición y los motivos de su inesperado adiós.
Portada de la novela De Novia Despechada a Reina Despiadada
9.2
Tras noventa y nueve bodas fallidas, la protagonista enfrenta una traición devastadora: Alejandro, su gran amor, la engañó para casarla con su chofer y beneficiar a su amante. Después de ser apuñalada y arrojada al vacío, es rescatada por Damián Dyer, su esposo legal y enemigo de su agresor. Decidida a no ser una víctima, ella finge su fallecimiento para renacer como una reina implacable, buscando aniquilar a quienes intentaron destruir su vida para siempre.
Portada de la novela El CEO y EL Enemigo
9.7
Logan Bravo es un CEO implacable que exige orden total en su negocio y su vida conyugal. Arrastra un rencor generacional que lo obliga a detestar a la familia Oliveira, pero su mundo se tambalea con la aparición de Vivian Oliveira. Aunque la lógica le dicta rechazo, ella desata en él una pasión física tan intensa que resulta perturbadora. Atrapado entre su lealtad familiar y una atracción prohibida, Logan intentará resistirse a este deseo que amenaza su control.