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Portada de la novela La magnate y el vagabundo

La magnate y el vagabundo

Después de vencer las intrigas de su madre y padrastro, Kate obtiene una herencia millonaria bajo una condición: debe contraer nupcias en seis meses. Para proteger su legado, la joven acepta casarse con un hombre sin hogar por sugerencia de una amiga. Aunque el trato era un trámite legal, el día a día altera sus planes iniciales. Cuando llega el momento de divorciarse, Kate admite que se ha enamorado. ¿Se atreverá a luchar por este inesperado amor?
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Capítulo 1

Kate Johnson toma un taxi a toda prisa a la salida del aeropuerto, lleva mucho afan y desesperación, incluso piensa que el hombre del taxi conduce lento y le comenta que lleva prisa. Al llegar a su mansión encuentra a su amiga recibiendo todo para la boda y todo aparentar estar listo.

—Amiga aquí estás. —la recibe con un gran abrazo después de meses sin verla. —Todo esto si que fue un gran reto para nosotros.

—¿Quiere decir que se va a realizar mi boda? Acabo de viajar de emergencia, hoy se cumplía el plazo que me dieron mis padres y ¿Dices que todo está listo?

—No tenemos tiempo para hablar, Leo y yo arreglamos todo y tenemos todo bajo control. Nos costó mucho, pero hicimos que todo pareciera real en tu ausencia.

—No entiendo nada, te debo la vida amiga. Si hoy se realiza esta boda yo... —Ella se queda sin palabras y vuelve abraza a su amiga.

—Mas tarde hablamos y nos ponemos el día sobre todo Kate. Ahora nos toca entrar a la casa, he traído a la peluquera y todos lo que tendrán que ver en dejarte hecha una novia. En cuanto me llamaste anoche que venía y llegaba en la mañana, organicé todo para que no tengas que salir de la casa. Solo esperaba esa configuración.

Patricia tenía todo organizado para recibir a Kate. A su llegada, los encargados de peinado dejaron su pelo en ondas, pusieron un hermoso diadema con perlas y llevaba su velo. Kate iba pura al altar, aunque esto era un matrimonio por contrato, Patricia no omitió detalle, hizo todo lo que alguna vez su amiga le expresó que sería el día de su boda y su día soñado.

Pasaron la mañana entre maquillajes y vestidos, para estar listas a la hora de la boda.

—Patricia acércate, si no respondes mis preguntas te prometo que voy a quedar loca ¿Dime cómo lo has logrado?

—Después que Leo firmó el contrato que le dimos de inicio, de confidencialidad. Ese mismo día te fuiste por la emergencia. Jamás pensamos que esa emergencia duraría 5 meses, pero eres mi amiga, mi hermana y mi alma gemela. Yo no podía dejarte mal frente a tus padres.

—Pensé que lo iba a perder todo, Más adelante debes de contarme lo que sucedió, sabe que confío en ti y no te dejaré sola jamás.

—Claro que sí, tendremos mucho tiempo para eso. Ahora vamos por el vestido.

Kate estaba lista para vestir su enorme vestido de novia. Su amiga la ayudó y al mirarse al espejo una sonrisa irónica llegó a su rostro. Le parecía mentira que el día más soñado de toda mujer, para ella se había convertido en un contrato, una estúpida cláusula, que pusieron sus padres ya que decían que una mujer de 25 años no era lo suficientemente madura para guiar el imperio que ella había heredado. Todo estaba listo, llegó una limusina blanca y recogió a la novia y a su amiga para llevarlas a la boda. A su entrada, estaban todos los invitados, todos tenían una sonrisa marcada en sus rostros, pero dos rostros serios hicieron sus rodillas temblar. Allí estaba su madre y el hombre que la crió y la marcó para siempre. En sus rostros había seriedad, ella sabía que no podían estar felices ya que dudaban que ella encontraría al hombre perfecto y más después de que hicieron todo para que esa boda no fuera posible, pero sin éxito. Ella quedó embobada mirando todo el lugar, su amiga había hecho su sueño realidad, todo era perfecto y como alguna vez lo describió. En ese momento su mirada se fue hacia aquel hombre apuesto que estaba al final del pasillo, no lo podía creer no podía ser que se tratara de Leo. La última vez que lo vio Hace 5 meses, todavía se veía fatal, su piel estaba arruinada por el sol, su cabello estaba totalmente deshidratado, su cuerpo estaba falta un buen exfoliante. Este hombre que está en el altar se veía diferente, ella mira a Patricia queriendo preguntarle dónde había quedado el vagabundo, más se acercó hasta él y unieron sus manos y sus miradas se encontraron.

—Señorita Kate Johnson ¿Acepta usted al señor Leo Sánchez, para amarlo, protegerlo y respetarlo, En la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza hasta que la muerte los separe?

Kate escucha esa voz, esas palabras que estremecen su cabeza, su corazón se debilita y vuelve a mirar a los ojos de aquel hombre. No podía negar que era guapo pero ni siquiera le conocía ¿Cómo puede ser posible que por el capricho de una persona, ella tenía que unirse a un hombre que no conocía? Ese día se juro a sí misma cerrar su corazón y guardar sus emociones para cuando le tocara encontrar al amor verdadero. Se repetía a sí misma —Kate, esta no es tu boda es solo un contrato, una responsabilidad mas en la vida. como todas la que te ha tocado llevar.

El juez al ver que ella no responde vuelve y repite la pregunta —¿Acepta usted a Leo Sánchez? —ella vuelve, mira Leo y entonces responde —¡Acepto!

Todo esto retumbaba en su cabeza fuertemente. Le parecía una locura, era una mujer que se había preparado, se olvidó de todo los placeres y se dedicó a ser la niña de papi y mami. A las personas que ella más amaba en la vida desde su 8 años la había perdido y ese era su padre. Dos años más tarde su madre llevó a la casa a un hombre, que aunque la obligó a que lo llamara padre ella nunca lo aceptó y nunca lo aceptará. Quizás todo lo que está sucediendo, era culpa de Juan, pero ella no estaba dispuesta a dar un paso en falso, se iba a casar por el contrato, iba a hacer lo que fuera necesario para proteger y cuidar la herencia que había dejado su padre. Claro que en el rostro de su madre no había una sonrisa, ella lo quería todo para su marido, pero aunque su padre tuvo una sola hija y su sueño fue tener un hijo que lo representara. Ella estaba dispuesta que su padre estuviera orgulloso aún estuviera en el cielo.

—Debes mostrar una sonrisa, aunque sea pequeñita. —le susurra Leo ya que ella estaba muy seria.

—Gracias por todo, no dejaste sola a mi amiga y eso es muy importante para mí.

—En este momento todo nos observan. Ahora bailemos que todos piensen que estamos enamorados.

—Responde Leo ¿cómo consiguieron convencer a mis padres de que teníamos una relación a distancia?

—Patricia se encargó de enseñarme todas las palabras que iba a decir, ella no es tu amiga, es un tesoro valioso que debes valorar y cuidar cada día con celo.

—Ella es mi fiel sombra y amor ¿Por qué me ayudas? la última vez que nos vimos, dijiste que no me conocías.

—En la vida hay que ser agradecidos y la únicas personas que mostraron interés por mí, cuando yo era un simple vagabundo, fueron Patricia y tú. Así que pueden seguir contando conmigo.

—Pero ahora estamos casados ¿sabe lo que esto implica?

—Cada día me leí aquellas cláusulas y la llevé muy presente. Prometo no quebrar ninguna y por agradecimiento viviré contigo los 18 meses de matrimonio.

Ellos hablaban mientras bailaban, aunque se habían dado un beso cuando lo declararon marido y mujer, había sido algo rápido. En ese momento medio a la pista. Cayeron flores desde arriba sobre ellos y todos a una voz comenzaron a gritar

—¡Beso, beso, beso, beso! —Ellos se miraron extrañados, entonces Leo le dio un suave beso, solo que no complació al público y volvieron a insistir —!Beso, beso, beso! Entonces por primera vez su lenguas se encontraron y sintió un verdadero beso de quien se había convertido en su esposo. Ellos siguieron bailando y compartiendo hasta que se acabó la fiesta. Kate se acercó a su amiga y le volvió agradecer por salvarle sus sueños y lo que había hecho por ella —¿Qué hubiera hecho sin ti. —termina abrazando a su amiga.

Ahora estoy formalmente casada. Esto le quita la sonrisa a mi madre, seguiré luchando por lo que es mío.

—Esta noche no podemos hablar, pero tengo cosas que decirte muy importantes. —Patricia hablaba con Kate mientras no apartaba una sonrisa de sus labios.

Los ojos de su madre no se apartaban de ellas, trataba de intimidar a Kate, solo que sin éxito.

—Solo 18 meses y volveré a mi vida normal.

—¿Estás mirando? Leo está más atractivo que nunca. No parece que es el vagabundo que recogimos en el parque hace solo unos meses.

—No me lo recuerdes, no me cabe la cabeza que dormiré con esa persona. ¡No es lo que merezco amiga! —Se lamenta. Solo que se encuentra con la mirada pesada de madre y se recompone y sigue hablando. —Me toca soportarlo, solo pienso que 18 meses pasaran rápido.

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