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Portada de la novela La madre del hijo del CEO despiadado

La madre del hijo del CEO despiadado

La existencia de Ángela cambia drásticamente tras un encuentro íntimo con el poderoso Archer Spencer. Al quedar embarazada, la joven enfrenta el desprecio del magnate, quien rechaza cualquier vínculo con el bebé. Años después, tras criar a su pequeño en soledad, el azar la lleva a trabajar en la empresa de Archer. En este inesperado reencuentro profesional, el misterio recae en si él logrará reconocerla y si asumirá finalmente su responsabilidad como padre.
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Capítulo 2

Llegaron a la disco y estaba repleta de personas pasándoselo bien. La música a todo volumen obligaba a bailar a cualquiera, era demasiado contagiosa, pero decidieron pasar por la barra primero. Hacía mucho tiempo que Ángela no iba a un club nocturno, ya se había olvidado de la emoción y de lo liberada que se sentía en esos lugares porque cada persona estaba concentrada en lo suyo, en disfrutar y ella podía ser una versión distinta de sí misma.

Dos shots de tequila por favor –le pidió Jennifer al bartender en cuanto llegaron a la barra dando toquecitos en la misma, el chico se deslumbró al ver a Ángela, algo extraño ya que la que siempre llamaba la atención de los hombres era su amiga, pero, en verdad estaba deslumbrante con el vestido que había escogido, resaltaba muy bien cada una de sus hermosas curvas

– Jenni, eso es demasiado fuerte para mí, no puedo -objetó Ángela que lo más fuerte que había tomado nunca había sido cerveza

– Esta es tu noche, tienes que disfrutarla al máximo y para eso hay que beber fuerte, así que arriba, no te lo pienses más, olvídate del qué dirán, olvídate de lo que consideras como “correcto”, sé tu mejor versión -le dijo colocando ambas manos alrededor de su rostro, no había nadie en el mundo que le tuviera más cariño a Ángela que su amiga

No sabe la razón, pero siempre le terminaba haciendo caso a las ideas de su amiga, así que, sin darle más vueltas al asunto, decidió acatar su consejo y bebió el tequila y lo siguió repitiendo a lo largo de la noche, los shots continuaban llegando y llegando y ella se sentía como en otro planeta. Nunca antes había sido tan libre, justo lo que estaba buscando esa noche.

Desde el momento justo en que llegaron, Ángela se había fijado en un chico que estaba sentado solo en la barra, le resultó hermoso desde el primer momento, tenía el pelo castaño y juraría que los ojos eran negros aunque no podía asegurarlo por la distancia que había entre ellos. Una parte de ella quería acercarse, pero no se le ocurriría qué decirle, era demasiada tímida para ello.

El hecho de que un hombre tan atractivo como ese estuviera solo y no rodeado de mujeres disparando testosterona en cada palabra que soltara fue lo que realmente llamó su atención, el chico estaba sentado tranquilamente en compañía solamente de su trago.

“¡Ay no! ¡Me atrapó mirándolo! De seguro ando con una cara de tonta enorme. Siempre pongo una cara así cuando me quedo mirando algo fijamente ¡Qué vergüenza!”. Pensó Ángela cuando el hombre giró su cabeza hacia ella, era evidente que la mirada de ella llamó la atención de él.

Él chico inmediatamente se sonríe y le levanta su copa con su trago en una señal de saludo. “¿Me acaba de saludar o es idea mía?” Sin poder controlarlo, a ella se le escapa una sonrisa y justo en ese momento vio como el chico se levantó y comenzó a caminar hacia su dirección. La sonrisa de Ángela había sido la invitación que él estaba esperando, sin saberlo le había dado la señal para que le hablara.

“¡No puedo permitirlo! Ni siquiera sabré qué decirle”, Ángela estaba completamente aterrada ante esa situación, todo el preámbulo de conocer a alguien era demasiado estresante para ella, se solía poner torpe, así que, sin pensárselo, tomó a Jennifer por una mano y se dirigió hasta la pista de baile donde entre la multitud, se pudo esconder de la vista del chico.

Exactamente en el momento en el que ya no pudo verlo se arrepintió “¿Por qué soy así? ¿Por qué hago estas cosas?”, por más que lo intentaba no podía evitar reprimirse a sí misma.

– ¿Qué te pasa? Tienes una cara de asustada increíble -le preguntó Jennifer, la conocía demasiado bien como para saber que algo no andaba bien

– Hui de un chico -respondió apenada

– ¿Cómo?

– Sí, lo estaba mirando, me saludó y empezó a caminar hacia nuestra mesa, pero entré en pánico

– ¡Ángela! ¿Por qué? No, ahora mismo vamos a buscarlo -ya Jennifer estaba girándose cuando Ángela la detuvo agarrándola por una mano

– Claro que no, quedaré en ridículo, él vio perfectamente como me escapé de su encuentro

– Eso no tiene nada que ver, a los hombres les gusta las mujeres difíciles, se podría decir que jugaste muy bien tus cartas sin saberlo

– Es lo más machista que te he escuchado decir jamás -inquirió Ángela

– Puede ser, pero también sé que es cierto

– No, no voy a buscar a nadie, ya está

– Lo que te falta es más alcohol, vamos a pasárnosla súper

Los tragos no se detuvieron y efectivamente, tuvieron en Ángela el efecto que su amiga quería, andaba desenfrenada. No paraba de bailar, de brincar, sentía el bajo de la música resonar en su pecho y le encantaba, se sentía libre por primera vez en su vida.

Sintió la necesidad de ir al baño y cuando fue a comentárselo a Jennifer, no la vio por todo el alrededor ¿Dónde se habría metido? Hacía solo unos pocos minutos estaba bailando junto en medio de la pista. Se dirigí a buscarla por todos lados y fue en ese instante cuando se di cuenta de que había bebido de más. Todo le daba vueltas y hasta caminaba en zigzag.

Cuando al fin Ángela encontró a su amiga, esta estaba en la otra esquina de la pista de baile, restregándose contra un chico. El contorsionismo se le queda chico comparado con los movimientos que estaba haciendo. Ángela se acercó y le dijo:

– Jenni ¿Qué haces?

– Bailo -respondió ella escuetamente

– Ya, ya veo, vamos al baño

– ¿A qué?

– Necesito ir

– Yo no, estoy muy bien aquí, gracias –hablaba mientras todavía continuaba bailando

– Pues bien, iré yo sola -le respondió Ángela un poco molesta y salió en dirección al baño

Cuando salió las malas caras eran incontables ya que no había hecho la cola, pero hizo caso omiso y siguió su camino. Justo cuando iba saliendo del pasillo hacia la pista, una mano se apoya en la pared de enfrente creando una especie de barrera y obstruyéndole el paso, se le hizo imposible continuar su camino, así que levantó la cabeza, teniendo el cuidado de hacerlo muy despacio para no agudizar el mareo que tenía producto al tequila y, justo en ese momento lo ve. Es el mismo chico que la saludó con su copa, el chico del que huyó, la había encontrado…

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