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Portada de la novela La Hija del Traidor

La Hija del Traidor

La vida de Olivia Wilson cambió drásticamente a los doce años, cuando una falsa acusación de traición contra su padre, orquestada por la Gamma, destruyó su hogar. Los trillizos del Alfa, antes sus protectores, se tornaron en sus peores torturadores. Pese al maltrato constante, Olivia lucha por reivindicar el honor de su progenitor. El horror culmina cuando ellos la rechazan y revelan planes siniestros, transformando sus viejos sueños en una pesadilla.
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Capítulo 2

Punto de vista de Olivia:

La novia de Lucas me miró con los labios ensangrentados.

"Mantente alejada de mí", le advertí. Luego me agaché y presioné sobre la herida en mis pies para evitar que siguiera sangrando.

Ella se puso de pie, así que pensé que se iría.

Pero estaba equivocada.

"Mírame, maldita", dijo, y por curiosidad levanté la mirada.

Para mi desgracia, la vi sosteniendo una gran tetera con agua hirviendo, lo que me asustó.

En ese momento, los trillizos corrieron hacia nosotras.

Cuando llegaron a la puerta, ella me arrojó el agua hirviendo de la tetera.

"¡Alice, no lo hagas!", gritó Lucas con los ojos muy abiertos y en estado de shock, pero ya era tarde.

Rápidamente usé mis manos como escudo, y estas fueron las que se quemaron en lugar de mi cara.

Grité de dolor; todo mi cuerpo estaba ardiendo. Peor aún, cuando caí al suelo estremecida, vi que esa maldita tenía una sonrisa victoriosa en su rostro.

Incluso me resultaba difícil mantener los ojos abiertos; comencé a sentirme mareada. Cuando al fin logré abrir los ojos, vi la mirada horrorizada de los trillizos, quienes parecían preocupados.

"¿Cómo te atreves?", preguntó una voz familiar.

Entonces miré hacia la puerta y vi a Erik.

Él era mi único amigo en la manada, el Beta actual, que también era el hijo de Gamma.

Erik nunca había sido cruel conmigo, e incluso tras escuchar los insultos de su padre, solía acercarse a mí y darme comida.

Era como un hermano para mí. Es más, a veces me compraba ropa a escondidas. Yo lo amaba.

Erik corrió hacia mí, pero se mantuvo de pie, dudando si debía abrazarme o no porque todo mi cuerpo estaba rojo.

"Olivia", me nombró. Su tono de voz indicaba que estaba a punto de llorar. De alguna manera me ayudó a sentarme y lo abracé rompiendo en llanto.

Me dolían las manos a causa de la quemadura, pero ahora me sentía segura. Literalmente comencé a gritar mientras enterraba mi rostro en su pecho.

"¡Shhh! Olivia, todo estará bien. Te llevaré al médico ahora mismo", intentó calmarme mientras me daba palmaditas en la espalda, que como no estaba quemada, no me dolía.

"Mi piel arde como el infierno, Erik. Por favor, mátame. Ya no puedo soportarlo. Por favor, por favor, por favor", rogué.

Él no respondió, así que insistí:

"Por favor, Erik. Quiero estar con mi papá. Él nunca me lastimaría. Por favor, te lo ruego". Las lágrimas caían descontroladamente por mi rostro.

Al escuchar mis palabras, Alice se burló con su característica voz nasal: "Por supuesto que quieres estar con el Traidor. Eres igual a él, maldita perra. Mereces pudrirte en el infierno".

"¡Alice, cállate ya!", exclamó Lucas.

"Bebé, tú...", balbuceó ella, incrédula.

"Suficiente", gritó Erik.

Acto seguido, llamó a los guardias.

"Llévenla al calabozo", les ordenó mientras me cargaba en sus brazos.

El intenso dolor de las quemaduras provocaba que siguiera llorando.

Uno de los guardias vaciló, e intentó reclamar, pero Erik lo interrumpió diciendo:

"Soy el Beta de la manada de la Luna Llena, y te ordeno que la lleves al calabozo". Con eso bastó para que los guardias comenzaran a arrastrarla.

"¿Cómo te atreves? Lucas, dile algo. ¿Cómo puede hacerme esto?", se quejó Alice mientras los guardias se la llevaban.

"Si Alfa dice algo sobre este asunto, estaría insultando su posición", expuso Erik mirando a Lucas.

Sorprendentemente, este último no protestó, y simplemente asintió con la cabeza hacia el guardia.

Este entendió el gesto y la sacó de la habitación. A pesar de que ella siguió gritando, Lucas la ignoró.

"Gracias por serle fiel a tus deberes, Alfa", finalizó Erik antes de emprender su camino hacia el médico de la manada con su súper velocidad.

"Pronto estaré contigo, papá". Eso fue todo lo que pude murmurar antes de caer en la oscuridad.

... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ....

Todo estaba oscuro, pero de repente, vi mi antigua habitación en un rincón. Entonces, la habitación se abrió, haciéndome estremecer.

Me vi a mí misma de niña, jugando con mi padre.

Este me perseguía con un divertido atuendo de tigre mientras yo jugaba a dar un concierto.

Cuando vi a la tía Lucy, me escondí detrás de ella.

"Ni siquiera tu tía Lucy puede salvarte hoy, Olivia", dijo papá en un tono amenazador, haciéndome reír aún más.

La tía Lucy también se reía de nosotros dos.

"Pero yo sí puedo". El tío Brian apareció en la habitación y corrí a sus brazos antes de que mi papá pudiera atraparme. Rápidamente, él me levantó y me dio un beso en la mejilla.

"Tu héroe está aquí, Olivia", anunció cariñosamente, y lo abracé sin dejar de cantar.

"¿No hay un abrazo para mí?", preguntó la tía Lucy acercándose, y me apresuré a saltar hacia sus brazos; ella besó mi frente.

Al ver esos recuerdos de mi infancia, no pude evitar sonreír, y mis ojos se llenaron de lágrimas.

Todo era perfecto.

"Nadie me quiere", se quejó mi padre fingiendo una voz triste y la tía Lucy me hizo una señal con los ojos para que le diera un beso a él también.

Así, me incliné y le besé en la mejilla.

De repente, la puerta se cerró y todo volvió a oscurecerse.

"No, están en la habitación", exclamé corriendo hacia la puerta.

Traté de abrirla, pero fue inútil.

Sin cesar, empecé a golpearla con todas mis fuerzas.

Estaban dentro de la habitación, y yo necesitaba que se abriera para encontrarme con ellos.

Empecé a gritar sin parar.

No obstante, todo fue en vano.

"¡Abran la puerta!", grité y abrí los ojos.

En ese momento, me percaté de que estaba en el hospital de la manada; sentí que alguien me estaba abrazando.

"Olivia, ¿estás bien?". Cuando reaccioné, me di cuenta de que era Erik quien me abrazaba.

"Papá, tía, tío", me liberé del abrazo y comencé a buscar por todos lados.

"Olivia, cálmate", me pidió.

"Estaban en mi antigua habitación. Tienen que seguir ahí". Cuando traté de levantarme de la cama, Erik me detuvo.

"¿Qué diablos te pasa? Vi que estaban en mi habitación", grité y lo empujé.

"Cálmate, Olivia, fue solo un sueño", respondió Erik. Sus palabras me hicieron enojar.

"No pudo haber sido un sueño. Los acabo de ver. Yo estaba en los brazos de la tía Lucy. Sé que era real. Necesito ir a esa habitación y abrir la puerta. Ellos están adentro. Los encontraré ahí", exclamé impaciente.

"Olivia", me nombró Erik de nuevo mirándome con lástima e intentó abrazarme.

Yo lo aparté rápidamente. "Déjame".

"¡Olivia, basta!", rugió mi amigo haciéndome estremecer.

"Están muertos. Ya han pasado seis años. Tu papá y tu tía Lucy están muertos, y tu tío Brian está paralizado. ¿Lo entiendes?", explicó exaltado mientras sostenía mi cara con ambas manos.

Entonces, la realidad me golpeó como un rayo. Erik tenía razón, todos estaban muertos. Solo había sido un sueño en el que vi algunos recuerdos de mi infancia.

En ese momento, se me llenaron los ojos de lágrimas que no pude detener. Ante esto, la expresión de Erik se suavizó.

Me abrazó con fuerza para que descargara mi frustración en sus brazos.

"Los extraño, Erik. Los amo tanto. Si estuvieran aquí, nunca habrían dejado que nadie me lastimara. Además, ni Lucas, ni Alex, ni Benjamin me odiarían. Extraño a los trillizos de antes", me quejé entre sollozos.

Los amaba tanto, y por eso me odiaba a mí misma.

Incluso después de lo que habían hecho, todavía los amaba. Los había amado desde mi infancia, y esos sentimientos nunca cambiaron.

Por eso, me dolía mucho pensar que ellos solo sentían odio y desprecio por mí.

"Todo va a estar bien, Olivia", me tranquilizó Erik frotando mi cabeza.

"Auch", me quejé al sentir el dolor en mi cuello.

"¿Qué sucede?", preguntó Erik preocupado.

"Me arde", dije con lágrimas en los ojos. Me sentía muy mal, y lo que más me dolía era que los trillizos no me hubieran protegido.

"Todo acabará muy pronto". Erik acarició mi mejilla de manera fraternal.

"Prometieron protegerme, Erik", pronuncié mientras miraba los vendajes en mis manos.

Luego agregué: "Dijeron que nunca dejarían que nadie me pusiera un dedo encima". Para ese momento, ya no podía parar de llorar.

"¿Es así como todos cumplen su promesa?", pregunté mostrándole mis vendas.

Entonces, los ojos de Erik también se cristalizaron.

"No puedo soportar más esto, Erik. Ya no puedo. Ellos me prometieron...", no pude continuar porque comencé a sentirme mareada, y de repente, todo a mi alrededor se volvió negro de nuevo.

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