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Portada de la novela La hija del CEO es mi rival

La hija del CEO es mi rival

Un violento tiroteo termina con la muerte de Estela y deja a Viridiana Montero como la principal sospechosa al ser hallada con el arma. Desesperado, su esposo Germán recurre a su antigua rival y exnovia, la abogada Wendy Martí, para liderar la defensa. Wendy acepta el reto tras sospechar que la acusada protege a un tercero. Entre rejas, Viridiana enfrenta abusos mientras salen a la luz infidelidades con Javier Contreras y conspiraciones que cambiarán todo.
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Capítulo 2

—¿Te duele la verdad…? Me alegra mucho, y de seguro que Javier, se va a poner feliz al saber que ya estás enterada de todo lo nuestro, que ya no tenemos que ocultarnos más para ser felices —le gritó fuera de sí Estela, mientras con una mano se acariciaba la mejilla.

De pronto, sintió algo húmedo en su mano y vio que tenía sangre en los dedos, era apenas una mancha, aunque eso provocó que Estela, se enfureciera más de lo que ya estaba.

—¡Esto lo vas a pagar muy caro…! ¡Estúpida…! ¡Te lo advierto Viridiana, esto no lo voy a olvidar nunca! Ahora si te pasaste de lista y vas a tener que pagar por ello —los ojos de la pelirroja estaban cargados con un odio mortal que de haber sido pistolas habrían acribillado a la otra.

—Lárgate de aquí o te mato con mis propias manos —respondió fuera de sí Viridiana.

Estela, ya no dijo más, sólo sonrió con cinismo, la barrió, de pies a cabeza, con la mirada, llena burla y luego, se dio la vuelta, irguió la cabeza y con pasos firmes y sensuales se encaminó hacia los elevadores, sintiendo en su espalda, las miradas de odio y rencor que su amiga le echaba.

Al ver que salía del pasillo, Viridiana, se dio cuenta de que empleados y empleadas de la constructora, habían sido mudos testigos de aquel altercado, se sentía humillada y frenética así que ignorando a todos caminó hasta la oficina que Javier Contreras, ocupaba y entró sin llamar a la puerta.

El atractivo y elegante abogado, se encontraba sentado detrás de un fino escritorio, revisando unos contratos, levantó la vista de los papeles que leía y de inmediato se dio cuenta de que la hija de su jefe estaba que reventaba del coraje, no obstante, se mantuvo sereno en su sitio.

—¿Qué demonios te traes tú con esa ofrecida de Estela? Y será mejor que me digas la verdad o no respondo te lo advierto —le dijo ella plantándose frente al escritorio viéndolo con toda la ira que sentía.

—¿Yo con Estela…? Nada, ¿por qué? —respondió Javier, con un tono de voz neutro, al tiempo que se levantaba de su lugar y caminaba hacia la muchacha que lo veía con furia.

—Ya no la soporto, siempre con lo mismo, dice que tú y ella se aman, que los deje en paz para que puedan disfrutar del gran amor que se tienen, que le has dicho que es mejor que yo en la cama y que yo ya te tengo aburrido… —dijo la abogada Montero, viéndolo a los ojos.

—Mi amor, y tú que le haces caso a esa loca que solo trata de causar problemas entre tú y yo —dijo Javier, al tiempo que le acariciaba la mejilla con ternura tratando de calmarla— sabes que siempre te ha envidado y que no soporta que yo nunca me haya fijado en ella por estar contigo.

No le hagas caso, no vale la pena, sabes muy bien lo mucho que te amo, ignora todo lo que te diga y disfruta de los pocos momentos que podemos pasar juntos tú y yo, no tiene caso que te amargues con palabras que carecen de fundamento y que no se sustentan.

» —Para que todo esto se acabe de una buena vez, es preciso que te cases conmigo, que formemos una pareja legal, ya no podemos seguir viéndonos a escondidas como adolescentes.

Habla con mi padre y dile que me amas, yo te respaldaré, me divorcio de Germán, así tú y yo viviremos felices por siempre sin que nada se interponga entre nosotros, como siempre lo hemos planeado.

—Todo eso está muy bien, y te juro que nada me gustaría más, sólo que… ¿y tu hija?

.—También es tu hija, y lo has sabido siempre, aunque, si no la quieres a nuestro lado, que se quede con Germán, ya que tanto la adora y sin que nadie nos lo impida nos iremos de luna de miel seis meses.

—Yo creo que tú te estas precipitando, hay que pensar bien las cosas y…

—Nada, no digas más, te doy tres días para que hables con mi padre o te juro que la que va a hablar con él soy yo y creo que la siguiente vez que nos veamos será en visita conyugal en el Reclusorio,

Ah, porque te aseguro que ahí es a dónde vas a ir a parar y de mi cuenta corre que así sea, así que tú sabes lo que vas a hacer, nos casamos o te vas a la cárcel ya no hay de otra.

—Viridiana, no seas impulsiva y piensa bien las cosas por una vez en tu vida, yo… yo te amo, aunque, no quiero darle un disgusto a tu padre, él estima mucho a Germán y no me perdonará que yo destruya tu matrimonio… ya no es tan joven y podría enfermarse o morirse si lo hago pasar un coraje.

—En eso hubieras pensado antes de traicionarlo tantas veces… así que ya lo sabes, tres días o habló con él y le cuento todo… te aseguro que no habrá piedra bajo la cual te puedas esconder, o agujero en el cual puedas meterte… a donde mi padre no pueda encontrarte y ya sabes cómo es él cuando le pagan mal… los traicioneros no merecen perdón ni clemencia.

—Está bien, te prometo que en tres días hablaré con él… ya sabes que por tu amor soy capaz de todo, aunque, si se enferma, tú tendrás la culpa —respondió Javier, con un tono amable y conciliador, sabía que ella lo tenía en sus manos y no quería molestarla más— Otra cosa, ¿Vas a ir a la fiesta?

—¡Vamos a ir a la fiesta…! —dijo ella con determinación— ¿Acaso no lo habíamos planeado así desde hace unos días? ¿O es que tienes otros planes como llevar a Estela?

—N-no… no… ¿cómo crees eso? Ya te dije que, entre ella y yo, no hay nada… ni lo habrá jamás, puedes estar segura… es sólo que, me parece una locura muy descarada que vayamos tú y yo juntos.

Tú sabes que todos nos conocen desde hace varios años, como también conocen a Germán, y yo creo que no está bien que les demos más motivos para que comiencen con…

—Por eso mismo, porque todos nos conocen, esperan vernos llegar juntos, pasa por mí a las ocho en punto, sabes que me gusta la puntualidad así que no me hagas esperar.

—“Ya verá esa infeliz de Estela, quién es más mujer de las dos, si esperaba otra cosa en la reunión, se va a quedar con las ganas” —musitó para sí misma, Viridiana, sin ocultar su enfado

—Ahora bésame y vete a tu casa para que te arregles para mí, sabes que me encanta lucirte y que todos vean lo que traigo a mi lado —le dijo ella sonriendo con coquetería

Javier ya no contestó, la tomó entre sus brazos y la besó, fingiendo pasión.

Para Viridiana era un beso lleno de amor, de pasión, de anhelo, para él era un formulismo con el que tenía que cumplir, sabía que ella lo podía hundir y no quería ir a parar a la cárcel.

Sus labios se unieron entre abiertos y sus lenguas se juntaron, ella se estrechó más al cuerpo de él sintiendo la firmeza de sus músculos y notando que la pasión la invadía.

Estaba tan apasionada por Javier, que no se daba cuenta de que para él ya no era lo mismo estar con ella, si en algún momento, el abogado sintió pasión por esa fogosidad que ella manifestaba, por ese cuerpo perfectamente diseñado, ahora era algo que ya no le producía el menor interés.

Viridiana, se separó de él y caminando hacia la puerta del privado le dijo:

—Nos vemos a las ocho en punto, y ya sabes que no te voy a esperar, así que será mejor que pases por mí y que no me salgas con algún pretexto a última hora… ¿de acuerdo, mi amor?

—No te preocupes, Viri, ahí voy a estar puntual, como siempre, sin pretextos.

Un par de horas más tarde, Viridiana, llegó a su casa y se encontró con Germán, su esposo, que jugaba con su hija en la sala de la casa, la niña se veía feliz y él tierno y amoroso como siempre.

Apenas y les brindó una rápida mirada, sin siquiera “un saludo”, ni “un hola”, ni “un ya llegue”, sólo los vio cómo, si estuvieran observando algo ajeno a ella y luego subió a su recamara para cambiarse las ropas, contaba con el tiempo necesario para arreglarse.

Germán la vio subir y ni siquiera intentó llamarla, de sobra sabía que, para ella, Patricia, su hija, no significaba nada, desde que la niña naciera Viridiana, jamás le había prestado la más mínima atención.

Igual que a él, eran como unos muebles más del decorado de la casa y de su estatus, ignoraba tanto a la niña, que ni siquiera quiso darle pecho cuando la dio a luz, decía que no quería estropear su hermosa figura, Germán, no recordaba un solo momento en el que Viridiana, hubiera cargado a su hija.

Desde el primer día, Patricia, fue alimentada con fórmula y tuvo su recámara aparte para que no molestara a su madre con sus llantos, siempre atendida por una muchacha que se encargaba de cuidarla bien y por él, que trataba de estar con ella el mayor tiempo posible.

Habían pasado cuatro años desde que su hija naciera y durante todo ese tiempo, Viridiana, no se había acercado a la niña para nada, incluso había dado órdenes de que, Patricia, no estuviera cerca de ella.

Casi una hora después de su llegada, Viridiana, regresaba a la sala, hermosa y elegante, arreglada con esmero y delicadeza, y Germán, dejó a la niña unos segundos para encararla:

—¿Así que, siempre sí, te vas a la fiesta? —le dijo en tono neutro.

—Sí, te lo dije con toda claridad hoy por la mañana, el que tú no tengas ganas de ir no tiene por qué afectarme a mí… yo si quiero saludar a los viejos compañeros y saber como les ha ido —dijo ella firme.

—Es que, pensé que, podíamos quedarnos en la casa y ver una película en familia, Paty, necesita pasar tiempo contigo, conocerte bien y saber que tiene a su madre al lado para…

—Esas son cursilerías tontas, la niña va a saber que soy su madre cuando lo tenga que saber y en cuanto a eso de ver una película, juntos te aseguro que no puede haber nada más aburrido en la vida. Prefiero irme a divertir con mis amigos, es en vivo y en directo y sin comerciales —respondió ella con tono burlón

—¿Con tus amigos o con Javier? —preguntó Germán, más con ironía que con celos.

—Javier, se cuenta entre mis amigos y ya no me quites más el tiempo que me están esperando y sabes que no me gusta la impuntualidad… ah, y no me esperes despierto, no sé a que horas voy a llegar.

Germán, ya no dijo nada más, sabía que sería inútil replicarle, al final iba a hacer lo que se le pegara su gana, siempre lo había hecho y no iba a cambiar ahora sólo porque él se lo pidiera.

Volteo a ver a su hija y por un momento, se enterneció, si no fuera por el gran amor que le tenía a la niña, hacía varios años que se hubiera largado de esa casa que no le proporcionaba ni una sola satisfacción, ni en lo profesional, mucho menos en lo personal.

Estaba casado con una hermosa y sensual mujer, llena de personalidad y pasión, aunque, en muy contadas ocasiones podía tenerla, era ella la que decidía cuando quería estar con él, cuando no era así y Germán trataba de acercársele, Viridiana, le decía que no molestara o que se fuera a dormir a otra parte, que no quería ni que la tocara porque no estaba de humor.

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