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Portada de la novela La Hija de mi mejor amigo, Mi obsesión

La Hija de mi mejor amigo, Mi obsesión

El influyente político Dorian Langdon, de 43 años, comparte un vínculo fraternal con el magnate Gideon Marlowe. Tras la pérdida de su madre, Elektra Marlowe vuelve con su padre, aunque su anhelo de independencia la impulsa a escapar. Oculta tras un alias, se convierte en la figura central de un exclusivo club nocturno. En ese lugar, Dorian cae rendido ante ella sin saber quién es. Al revelar su identidad, luchará entre la lealtad a su amigo y una obsesión prohibida.
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Capítulo 2

Capítulo 2 -Como empezó todo

Dorian:

La noche en el club nocturno "Eclipse" siempre tenía un aire de misterio y atracción, pero esa noche era diferente. Había venido aquí en busca de una distracción, algo que me hiciera olvidar por unas horas la pesada carga de mi vida política. La luz de neón y la música envolvente creaban una atmósfera casi mágica, y las bailarinas, con sus pelucas y antifaces, se movían como fantasmas en la penumbra. Desde mi rincón oscuro, observaba el espectáculo. Mi atención se fijó en una nueva bailarina. Algo en su movimiento, en la gracia de sus pasos, me resultaba hipnótico. No podía apartar la mirada. Había algo familiar en ella, aunque no podía precisar qué era. "¿Quién es esa chica?" me pregunté, mientras ella danzaba con una libertad que parecía desafiar cualquier control. A Diferencia de las demás, ella no llevaba antifaz, pero sí una peluca rosa, o tal vez era su cabello, no lo pude saber con certeza en aquel momento. La curiosidad se mezcló con la atracción en mi mente. Necesitaba saber más sobre ella. ¿Por qué me resultaba tan intrigante? Había algo en sus ojos, una chispa de desafío y determinación. Cuando la actuación terminó, me quedé en mi asiento, observando cómo se alejaba del escenario. Decidido, me levanté y me acerqué al dueño del club, un hombre robusto con una mirada astuta.

-Quisiera solicitar un baile privado con esa bailarina -dije en voz baja, señalando discretamente hacia la chica que había captado mi atención-. La que no lleva antifaz y la peluca rosa.

El dueño del club me miró con interés y asintió lentamente.

-¿Un baile VIP? Claro, señor. Podemos arreglarlo. ¿Alguna preferencia especial?

-Sí -respondí, considerando mis opciones -Quiero que sea en una habitación privada y que ella esté con los ojos vendados. No quiero ser reconocido.

El dueño sonrió de manera enigmática y me hizo un gesto para que lo siguiera. Él me conocía, pues yo era habitual de ese lugar, que que era el único sitio en que podía bajar pensiones, sin ser juzgado ni crear ningún tipo de vínculos. Pero también sabía, que bebía y comía algo, disfrutaba de ver a las chicas bailar en el escenario, pero luego me marchaba. Esta era la primera vez que solicitaba tener una interacción con una de ellas, de forma directa y privada.

-Entiendo. Eso puede arreglarse. Sígame, por favor.

Mientras lo seguía hacia una habitación privada, mi mente estaba llena de preguntas y un creciente sentimiento de excitación. ¿Quién era esta misteriosa mujer? ¿Por qué me resultaba tan fascinante? ¿Y sobre todo; por qué estaba haciendo que me comportara de una manera diferente y saliera de mi rutina, de mi zona de confort? La habitación privada estaba decorada con lujo y discreción, con luces suaves y una atmósfera íntima. En el centro de la habitación, había un cómodo sofá y una pequeña mesa con bebidas.

También una gran cama, para hacer lo que a uno le viniera en gana. Me senté en la penumbra, esperando a que ella llegara. Mi corazón latía con fuerza, una mezcla de anticipación y curiosidad. Golpearon suavemente la puerta e indique que entrara con ella venía uno de los chicos que atendía la barra ayudándola a caminar ya que no veía dado que tenía los ojos vendados.

-¿Dónde la quiere? -me preguntó y me hizo sentir de una manera horrible, pues parecía que estábamos hablando de un objeto.

-En el centro está bien, gracias -le respondí de manera cortante, pues, más que molestarme su insinuación, me molestaba que realmente yo la estaba viendo como un objeto. Ella entró en la habitación con los ojos vendados, su figura grácil moviéndose con cautela. Su nerviosismo era palpable, pero también lo era su curiosidad. La observé en silencio, permitiendo que la tensión del momento creciera -Por favor. Relájate, haz lo que te haga sentir mejor-dije con voz suave y controlada.

Ella sonrió levemente, asintiendo.

-Claro, como desees.

Comenzó a moverse al ritmo de la música que sonaba suavemente en la habitación. Sus movimientos eran gráciles y llenos de pasión, cada paso una danza de libertad. La observé, fascinado, mi mente tratando de descifrar el misterio que la rodeaba. Había algo en ella, algo que me resultaba extrañamente familiar y, al mismo tiempo, completamente nuevo. Mientras la noche continuaba, me debatía entre mantener mi anonimato y mi creciente deseo de revelar mi identidad. Pero algo en su forma de moverse, en su presencia, me mantenía cautivado. Ninguno de los dos sabíamos cuán conectados estábamos realmente. Sentí un nudo en el estómago, una mezcla de deseo y ansiedad. No podía apartar la mirada. Cada movimiento suyo era una obra de arte, una expresión de libertad que nunca había visto antes. Y sin embargo, había algo en ella que me resultaba dolorosamente familiar, algo que despertaba recuerdos que había enterrado hace mucho tiempo. Finalmente, la música cesó y ella se detuvo, respirando profundamente. Me levanté, acercándome lentamente, mis pasos resonando en la habitación silenciosa, su respiración se agitó. Le tomé la mano suavemente, sintiendo el calor de su piel bajo mis dedos. Eso la hizo comenzar a temblar.

-Gracias -murmuré, acercándome a su oído, mi voz apenas un susurro, pero el calor de mi aliento golpeo su piel, generando un espasmo en su cuerpo -Eres... increíble.

Ella sonrió detrás de su antifaz, una sonrisa que parecía esconder un millón de secretos.

-Gracias a usted, ¿necesita algo más? -respondió, su voz suave y melódica.

-No, muchas gracias, eso ha ido increíble y suficiente por ahora.

Esa chica, no tenía ni idea lo que había perturbado, no solo mi cuerpo, sino también mi mente. Era la primera vez, que alguien me despertaba un deseo casi irrefrenable, pero me mantuve mi postura. Yo solo quería un baile privado. Y eso era, justamente lo que ella me había brindado.

Mientras salía de la habitación, no pude evitar sentir una punzada de arrepentimiento, pero mantuve la compostura. Quería saber más, descubrir quién era realmente. Pero por ahora, el misterio debía permanecer. Y así, me quedé en la penumbra, con la mente llena de preguntas y el corazón latiendo con fuerza, esperando el próximo encuentro.

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