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Portada de la novela La herencia de la venganza

La herencia de la venganza

Valeria Méndez toma las riendas del negocio familiar tras el misterioso deceso de su padre, solo para hallar una red de mentiras. El poderoso CEO Ricardo Varela ha usurpado su patrimonio mediante fraudes, lo que empuja a la joven a infiltrarse en el círculo de su rival para ejecutar una venganza implacable. No obstante, un romance imprevisto surge entre ambos, forzando a Valeria a elegir entre su sed de justicia y un deseo prohibido que podría destruir sus planes.
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Capítulo 1

Valeria se quedó frente al escritorio de su padre, observando el testamento en sus manos. El papel que había llegado a sus manos por medio de su abogado tenía un peso mucho mayor que cualquier documento oficial. No solo era una firma, sino el final de un ciclo. El final de su padre, el hombre que había construido un imperio, y su partida inesperada.

-¿Valeria? -dijo la voz profunda del abogado al otro lado de la sala. Su tono era serio, pero no exento de simpatía. Al ver la expresión de Valeria, sabía que nada podría hacer que el golpe fuera más suave.

-¿Qué significa esto? -preguntó Valeria, con la garganta cerrada. Sus ojos recorrían rápidamente el testamento, buscando respuestas. "A su hija Valeria, la totalidad de mi herencia", leía.

El abogado dejó escapar un suspiro y se acercó a ella. La sala estaba silenciosa, solo el sonido del reloj de pared parecía marcar el ritmo de su respiración.

-Valeria, el testamento es claro. Tú eres ahora la heredera de la empresa. Pero hay algo más, algo que no mencioné antes. -El abogado vaciló un momento. Valeria alzó la mirada, sorprendida por la pausa.

-¿Qué cosa? -su voz era apenas un susurro, como si supiera que lo que vendría solo podría empeorar las cosas.

-Tu padre... -El hombre se aclaró la garganta-. Tu padre fue traicionado. La compañía fue tomada por Ricardo Varela, su socio. Según el acuerdo original, tú deberías ser la legítima dueña. Pero, a su muerte, Varela se hizo con el control total.

Valeria sintió como si la tierra se abriera bajo sus pies. ¿Ricardo Varela? El hombre que siempre había estado en segundo plano en las reuniones de la familia, que parecía inofensivo y confiable... La ira comenzó a burbujear en su interior.

-¿Cómo es posible? -preguntó, sin poder contenerse. -¿Cómo me han quitado lo que me pertenece?

El abogado se sentó, visiblemente incómodo. No era fácil decirle esto a una hija que acababa de perder a su padre.

-Ricardo tiene el control del 70% de las acciones. Y con la firma de tu padre en un acuerdo que nunca llegaste a ver... -Se detuvo, mirando a Valeria con pena-. El acuerdo de tu padre fue manipulado. Las decisiones que él pensó que tomaba fueron alteradas.

Valeria apretó los puños, sintiendo que su corazón latía con fuerza.

-Esto no puede ser cierto. No... -miró el documento otra vez, buscando algo que no pudiera entender. Pero no lo había. No había más que un legado roto.

Al día siguiente, Valeria se dirigió a las oficinas de la empresa con un solo objetivo: recuperar lo que era suyo. El tráfico en la ciudad parecía ajeno a la tormenta que la consumía. Sabía que iba a ser difícil, pero no estaba dispuesta a rendirse.

Al llegar al edificio, fue recibida por la recepción, donde un joven con gafas le indicó el camino hacia la sala de juntas.

-Bienvenida, señora Méndez. -Dijo con una sonrisa nerviosa. Sin embargo, Valeria no le prestó atención. Estaba concentrada en lo que le esperaba. Tenía una misión. Y no iba a detenerse hasta conseguir lo que le pertenecía.

Entró en la sala de juntas sin previo aviso. Los murmullos cesaron inmediatamente. Los empleados se detuvieron y se giraron hacia ella. En la cabecera de la mesa, Ricardo Varela la miraba con una expresión difícil de descifrar.

-Valeria... -Ricardo se levantó, su tono relajado, casi desinteresado. Pero Valeria no lo dejó terminar.

-Sé lo que hiciste, Ricardo. -Su voz salió más dura de lo que pensaba, pero su rabia no la dejaba pensar con claridad. -¿Cómo pudiste hacerle esto a mi padre? ¿A mí?

Los ojos de Ricardo brillaron con una mezcla de sorpresa y desdén. Luego, soltó una pequeña risa, como si lo que ella decía no tuviera importancia.

-Valeria, no entiendo de qué hablas. Aquí, todos sabemos que tu padre no estaba en condiciones de manejar el negocio. Fue una transición natural. Las cosas cambian. -Ricardo cruzó los brazos sobre su pecho, observándola con calma. Pero Valeria vio algo en sus ojos. No era la calma, sino la seguridad de quien sabe que tiene todo bajo control.

-¿Natural? -Valeria dio un paso hacia él. -¿Cómo le explicas eso a una hija que acaba de perder a su padre? ¿Qué tan "natural" es eso?

Ricardo se acercó un poco, sus ojos no se apartaron de los de Valeria.

-Lo natural, Valeria, es que los líderes de las empresas no son eternos. A veces, se necesita a alguien con más... visión. Tu padre no fue capaz de ver la realidad, y yo simplemente tomé las decisiones que él no supo tomar.

Valeria sintió como una oleada de rabia la invadía. ¿Cómo podía hablar así de su padre, de su legado?

-Eres un mentiroso, Ricardo. -Su voz se quebró, pero se mantuvo firme-. No te voy a dejar quedarte con lo que es mío.

Ricardo levantó una ceja, claramente entretenido con la situación.

-Creo que subestimas lo que puedes hacer. No tienes ni idea de cómo funciona esto. -Dio un paso atrás y le sonrió con suavidad, pero había algo amenazante en su expresión. -¿Estás segura de querer entrar en este terreno, Valeria? ¿Estás lista para la guerra?

Ella no dijo nada, pero en su interior, la determinación creció. Si lo que Ricardo quería era una guerra, lo iba a tener. Pero esta vez, ella iba a jugar sus cartas.

-Empecemos, entonces -dijo, con una calma que no sentía. Sabía que estaba tomando un camino peligroso. Pero no le importaba. Ya nada la iba a detener.

Valeria salió de la sala con el peso de todo lo que había dicho y hecho sobre sus hombros. Sabía que la batalla apenas comenzaba. Pero ya había tomado la decisión. No sería una simple espectadora. Esta vez, Ricardo Varela pagaría por lo que le había hecho a su familia. Y no iba a permitir que su padre quedara olvidado en la historia.

-Que empiece el juego. -Se dijo a sí misma mientras caminaba hacia su oficina.

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