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Portada de la novela La heredera fantasma: renacer en la sombra

La heredera fantasma: renacer en la sombra

Tras dos décadas de maltratos, Brenna es repudiada por sus padres adoptivos, quienes la creen desamparada. Lo que ignoran es que su linaje real es inmensamente poderoso. Mientras ellos aguardan su caída, ella deslumbra al mundo como una mente brillante en las finanzas y la ingeniería. Tras romper su compromiso, el destino la vincula con el hermano gemelo de su antiguo prometido, desatando una lucha desesperada de su ex por recuperar su amor.
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Capítulo 3

Brenna miró a la familia Barrett con evidente desprecio. Sin embargo, mantuvo una expresión serena mientras le revelaba la verdad a los invitados. "Durante más de una década, esta familia capitalizó mis diseños, transformando un pequeño negocio de autopartes en un próspero imperio automotriz que logró cotizar en la bolsa. Pero ahora que ya no me necesita, me acusa de robo, todo para defender a su verdadera hija. Qué conmovedor, ¿verdad?", bufó.

"¿Qué clase de tonterías es esta? Apenas terminaste la escuela primaria. ¿Cómo podrías entender diseño mecánico?", soltó Alec, elevando la voz, con expresión sombría.

Por su parte, Brenna levantó sus diseños para que los invitados reunidos los vieran y prosiguió: "Miren bien. Esto no es un plano para autopartes de vehículos impulsados por energías renovables, sino un diseño avanzado para un barco de carga. No tengo razón para robarle a nadie, y mucho menos a Isabella".

En ese instante, el arrepentimiento la golpeó con fuerza. En el pasado, había sido demasiado joven para ver a través de las maquinaciones de Alec. Confío demasiado en él y no se dio cuenta de la razón por la que insistía en firmar con su nombre sus diseños.

No obstante, ahora todo estaba dolorosamente claro: Alec había preparado eso desde el principio.

Brenna señaló una línea de nombres de componentes en el plano y continuó: "Lean esto con atención. Está en el idioma de Amland y se traduce como 'Sistema de propulsión nuclear para barcos de carga'".

Luego, inclinó el papel ligeramente y señaló la tenue marca de agua en la esquina inferior derecha, que brillaba bajo la luz cambiante. "Esta es mi marca personal. Pueden compararla con los supuestos 'diseños' de Isabella. Se percatarán de que sus bocetos son basura", remató.

Justo cuando terminó de hablar, Sarah Moss, una de las sirvientas, avanzó vacilantemente, sosteniendo una carpeta idéntica, y dijo: "Señorita Barrett... Pensé que esto era basura, así que lo tiré. Pero ahora sé que son sus borradores de diseño".

Brenna dejó escapar una carcajada aguda y burlona, antes de señalar: "¿Escucharon eso? Incluso Sarah se dio cuenta de que eran basura".

A Isabella le ardía el rostro por la humillación. Fulminó a la sirvienta con la mirada, antes de arrancarle el folder de las manos y hojear su contenido, completamente en pánico. Luego, soltó un gruñido furioso y la aventó al suelo, mientras exclamaba: "¡Estos diseños no son míos!".

"¡N-no quise decir que eran basura! Solo... pensé erróneamente que lo eran y los tiré", tartamudeó la pálida Sarah. Después se quedó callada, mirando su entorno con torpeza, pues era consciente de que no había forma de aclarar la situación sin empeorar las cosas.

Ruby no quería que su hija acabara más humillada, así que volvió a concentrar sus ataques en Brenna. "¡Oh, por favor! Solo mírate. ¿Realmente esperas que creamos que alguien que ni siquiera terminó la primaria diseñó un sistema de propulsión nuclear para barcos de carga? ¡Seguramente lo robaste! Las personas como tú solo traen desgracia. ¡A partir de este momento, no te atrevas a asociarte nuevamente con la familia Barrett!".

La joven ni siquiera volteó a verla. Simplemente, abrió sus propios borradores de diseño y los de Isabella, colocándolos uno al lado del otro para que la multitud los comparara.

En el acto, los rostros de Alec y Ruby se ensombrecieron. Él apretó los puños. Todo su cuerpo estaba tenso, por culpa de una ira que apenas podía contener. Luego, ladró: "¡Basta de estas tonterías! ¿Realmente crees que hiciste rica a nuestra familia? El éxito de los Barrett se debe a mi trabajo y al de tu hermano. ¡No tuviste nada que ver con eso! Te vestimos y alimentamos durante años, ¿y así nos pagas? ¡Malagradecida, vete de aquí, ahora!".

Ruby, dejándose llevar por la ira de su cónyuge, se sumó a las mentiras. "Te acogimos, te dimos todo, gastamos millones criándote, ¿y te atreves a actuar como si fueras la víctima? ¿Crees que el poco talento que trajiste a esta familia significa algo comparado con lo que te dimos?".

Ante esa declaración, la mirada de Brenna se volvió tan fría como el hielo. Consciente de que no tenía sentido discutir con ellos, decidió que se iría y, una vez que saliera por esa puerta, se desatendería completamente de los problemas de la familia Barrett. "De acuerdo. A partir de este momento, no existe ninguna clase de relación entre nosotros", dijo.

Acto seguido, se agachó para recoger su laptop, pero Isabella fue más rápida. Esta agarró el elegante dispositivo negro, antes de que su dueña pudiera alcanzarlo, y lo sostuvo firmemente en su mano.

"Brenna, eres tan terca. Fui lo suficientemente amable como para ofrecerte una salida, ¿pero tú me lo pagas echándonos tierra a mi familia y a mí? ¿Te equivocas, te niegas a disculparte y luego intentas culparnos de todo a nosotros? Seguramente en esta computadora hay información confidencial de la familia Barrett. ¡No puedes llevártela!", sentenció.

Antes de que alguien pudiera reaccionar, Isabella le arrebató un vaso de agua a un invitado cercano y lo derramó sobre el teclado de la laptop.

Al instante, Brenna cacheteó a la instigadora. Luego, recuperó su computadora empapada e inmediatamente comenzó a secarla.

"¿Cómo te atreves a golpearme?", jadeó Isabella, con el rostro contraído por la furia. Instantes después, levantó una mano para devolver el golpe, pero lo único que consiguió fue que Brenna le metiera otra cachetada.

Ruby, furiosa, se lanzó hacia delante un segundo tarde. "Los Barrett te criamos, ¿y así es como nos pagas? ¿Atacando a nuestra verdadera hija?".

Durante años, ella había tratado a Brenna como blanco para desahogar su ira y frustraciones. Sin embargo, la joven en ningún momento había tomado represalias.

En ese instante, deseaba cachetear a su hija adoptiva, pero había algo en su mirada que la hizo vacilar, dejándola con la mano levantada en el aire.

"¡Mamá, ella me golpeó!", chilló Isabella, acunándose la mejilla adolorida y con los ojos llenos de resentimiento.

Ruby agarró a su hija de la mano y su respiración se detuvo al ver la marca roja en su hermoso rostro. "¿Te duele?", le preguntó.

Isabella fulminó a Brenna con la mirada. Dejándose llevar por su ira, alzó una pierna, con la intención de meterle una patada, aprovechando que ella seguía agachada recogiendo sus cosas.

La otra esquivó instintivamente y con suavidad el impacto. Después de guardar sus cosas, encaró a las agresoras y las confrontó en un tono helado: "¿Oh? ¿Así que duele? Mamá, durante todos estos años en los que me trataste como un saco de boxeo, ¿alguna vez te preguntaste si me dolía? No tenías problema para golpearme sin razón, pero en el segundo en que le pongo una sola mano encima a tu preciosa hija, ¿actúas como si te rompiera el corazón?".

La inquietud atravesó los ojos de Ruby. Sin embargo, ella rápidamente se recuperó y curvó los labios en una sonrisa desdeñosa. "¿Para qué creíste que te habíamos acogido? ¿Para consentirte?".

"Así que por fin admiten lo que me hicieron", respondió Brenna, dedicándole una última mirada a la familia Barrett, deslizando su mochila sobre su hombro. Después, sin decir más, se dio la media vuelta para irse.

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