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Portada de la novela "La Guardián; el inicio del Camino."

"La Guardián; el inicio del Camino."

Una joven de inteligencia brillante y voluntad de hierro soporta el acoso escolar mientras aguarda el retorno de su gran amor. Él es un curtido marine, veintitrés años mayor, cuya frialdad se transformó al conocerla. Cuando surge una amenaza letal y una misión de rescate internacional, los secretos salen a la luz. Tras diez años de espera, el soldado deberá reconocer que su lealtad hacia ella es la fuerza que ha dado un nuevo sentido a su existencia.
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Capítulo 3

(septiembre 19, 2004 Jacksonville, Carolina del Norte)

(Capitán Richard Jhons)

Llegue temprano a casa, ya que tenía algunas cosas que hacer en la base, si es domingo, pero cuando recibes un llamado de la base por algún problema se debe acudir.

Quería estar con el pequeño Ricky que seguro está dándole dolores de cabeza a mi madre. Aun me parece increíble que sea solo once meses menores que Ángel, por cierto, donde estará mi princesa y mi hijo James.

Obviamente me sorprendió que llamaran del club deportivo a casa, y más cuando me dijeron que mi pequeña hija se había visto envuelta en una pelea; y lo que me sorprendió más fue lo que vi en el video que me mostraron, pero no dije nada hasta escuchar al director del club.

-Mire capitán, conocemos a Ángel muy bien, por eso es que la dejamos subir al tobogán, ella sabe nadar muy bien para su edad, además de que siempre está acompañada de su hermano, pero le aconsejamos que hable con ella. – le dijo el director del club deportivo tras mostrarme el video donde se veía toda la escena de la pelea.

-entiendo director, ella debe saber defenderse mejor, no debe depender tanto de James, en cuento a James deberá aprender a no bajar la guardia, a su madre no le gustará nada ese ojo morado. – le digo, saliendo de su oficina para llevarme a mis hijos a casa, dejando tras de mi a un muy sorprendido director del centro deportivo.

-Ángel, creo que deberé enseñarte a defenderte, no es bueno que dependas de James, una chica está más expuesta a los peligros de la vida por su condición de mujer y tu James, creo que deberemos entrenar un poco más, ¿cómo es posible que te dejaras poner un ojo morado? – les dije ya dentro del auto.

-pero papá, eran tres contra mí y Ángel, y la verdad es que ella no fue de mucha ayuda, ella solo podía agarrarlos por la espalda. – replico mi hijo.

-sí, pero les deje un bueno recuerdo a los tres, no creo que olviden fácilmente mis mordidas. – dijo mi hija, lo que me hizo reír por el tono de orgullo que uso al hablar.

-princesa, de donde sacaste eso, eso no es jugar limpio, porque los mordiste? – le pregunte curioso.

-Porque Tobías me empujo dos veces y me tiró al suelo, y como se puso a pelear con James y él tenía la ayuda de Louis y de Max, yo solo intervine cuando pude, tú no me enseñas a pelear como a James.

-pero princesa, eres una niña, pero tienes razón, debes aprender a defenderte.

-yo no tengo la culpa de que tarados como Tobías me tengan envidia.

-porque dices que te tienen envidia? – le pregunte

-papá es que estas dormido? O no te has dado por enterado de que estoy en clases avanzadas, además nado y corro mejor que ellos.

-un momento, explícame eso de las clases avanzadas- le exijo

-pregúntale a Mama Grande, ella acepto y yo solo estudio lo que ella me dijo.

-y porque tu madre no me ha dicho nada? – pregunte

-si no te diste cuenta tú, menos ella. – me respondió Ángel bajando del auto, pues ya habíamos llegado a casa, James muy discretamente hizo mutis y desapareció.

Al entrar en la casa, llamo a mi madre.

-mamá ya regresamos, quiero preguntarte algo?

-que sucedió hijo; ¿porque llamarón esta vez? – pregunto el coronel James Richard Jhons, mi padre.

-cómo qué, esta vez? ¿Acaso Ángel ya había tenido problemas antes? – pregunte

-bueno, la verdad es que si, hace dos semanas un chico le pego y ella se defendió con un bastón del gimnasio y como este se rompió, pues lo pague. – me respondió mi padre sonriendo.

-cómo? ¿Lo rompió, pues qué hizo? Esa niña es un demonio, Ivanna ven acá inmediatamente. – grito llamando a mi hija, quien se acercaba de la mano de mi madre, quien había escuchado lo último que dije.

-Richard Jhons, no grites que Ángel no está sorda, y yo tampoco, para gritar te vas con tu escuadrón a la base. – dijo mi madre seriamente sin levantar la voz.

-pero mamá… - comencé a decir

-nada de peros, cuantas veces en el último año te pidió la princesa que la enseñaras a pelear como a James, tiene casi seis años y los mayores abusan de ella por ser pequeña, así que como tú no la enseñas, ella aprende sola, y tú jovencito no la vas a regañar por defenderse como puede. Así que te callas y pagas la factura de las descomposturas. – dijo mi madre y tomando a mi hija de la mano salió de la sala, dejándome asombrado y con un sentimiento de niño regañado y a mi padre con un fuerte ataque de risa.

-bueno, que fue lo que rompió ahora? ¿Cuánto hay que pagar? – pregunta mi padre.

-pues solo las puntadas y las vacunas contra el tétanos, los agarró a mordidas. – le digo

-creo que no debí llevarla conmigo a ver la pelea de Mickey Tyson.

-que dices, fueron a ver box, cuando?

-pues cada que hay una buena pelea, es muy buena para las apuestas.

-cómo? ¿Apuestas? Pero papá.

-nada, así me gano las clases de patinaje.

-como que clases de patinaje? – le pregunto ya algo exasperado

-bueno, apostamos a ver quién ganaba y ella gano, y bueno me toca pagar las clases de patinaje en hielo. – me respondió mi padre sonriendo como si lo que dijera fuera lo más natural del mundo

-lo que pasa es que ustedes la consienten mucho, ahora clases de patinaje sobre hielo y en primavera fueron clases de equitación, y no termina nada.

-eso te crees, ella es muy buena amazona y, por cierto, ella tiene todo su día ocupado, sigue entrenando equitación y el próximo mes hay una competencia, ya hablé con un amigo mío y le prestara un caballo y si nos gusta, puede que se lo compré, aunque él insiste en que puede patrocinarla, ya veremos.

-entonces sigue montando, y dices que habrá una competencia, pero solo tiene cinco años, en enero cumple seis y estamos en septiembre.

-pues que te puedo decir, ella es una niña especial, y muy inteligente, no la retes a hacer algo, porque te ganará, tú eres su padre, pero estas fuera todo el tiempo, y yo estoy aquí y la he visto, si ella se aburre dejara lo que la aburre y buscara otra cosa, no sin antes aprenderla bien, ya quisieran muchos Marines tener sus capacidades.

-que dices papá, hablas parcialmente, porque es la niña de tus ojos.

-puede ser, pero recuerda lo que te digo, ni tú ni tú mujer están con ella, así que ella pide, y tu madre analiza y si accede, yo pago la factura, date un tiempo para que la sigas un día, y veras que él que se agota eres tú. – le dijo mi padre con ese tono sabio, del que nunca se equivoca.

-pero papá, como crees que me agotará, yo soy un marine, tengo entrenamiento y además tengo que entrenar a los del escuadrón. – contesto con sarcasmo.

-bueno, si tú lo dices, pero por algo te lo digo. – me dice mi padre cuando se escucha la puerta abrirse.

-familia ya regresé. – dijo una voz femenina entrando a la sala, era mi esposa.

-hola querida, que bueno que llegaste. – dije al verla, ella trabaja en las oficinas de inteligencia como analista.

-hola amor, coronel buenas noches, hay reunión familiar? – pregunta mi mujer

-buenas noches, Liz, como fue tu día. – contesto mi padre.

-buenas noches, Elizabeth, como estas? – pregunto mi madre entrando a la sala con Ángel detrás.

-buenas noches Victoria, todo bien, aunque sabe que no puedo discutir nada de la oficina. – dice mi esposa.

-lo se querida, no te preocupes cenaremos en treinta minutos ve a lavarte.

-sí, gracias, pero aquí parece haber algo, que paso? – pregunta Liz mi mujer

-papá me regaño y Mama Grande lo regaño a él. – dijo Ángel inocentemente, a lo que su madre, mi esposa me mira con asombro y yo le llamo la atención levantando la voz.

-Ivanna!!! – rujo

-Richard!!!– llamó mi madre, y se escuchas dos carcajadas provenientes de mi padre y mi esposa.

Tras calmar sus risas Elizabeth le pregunta a nuestra hija:

- ¿Ángel y porque te regaño tu papá, explícate?

-pues no sé, yo no hice nada! – respondió la pequeña con dulzura

-Ivanna!!! ¿Estas seguras de que no hiciste nada? – le pregunto alzando la voz sin gritar, ya estaba exasperándome en serio, pues no me gusto que mi padre y mi esposa se rieran del regaño de mi madre.

-sí, no hice nada, yo solo me defendí, si me enseñaras como a James, si hubiera podido hacer algo. – recalco Ángel, y su madre que no entendía nada, volteo a verme para que le explicara.

-tú hija agarró a mordidas a tres niños en el centro deportivo, y me acabo de enterar por el coronel que hace dos semanas, rompió un bastón del gimnasio.

-Victoria Ángel Ivanna Jhons, ese no es el comportamiento de una niña. – dijo mi esposa.

-Elizabeth Jhons, no levantes la voz, y tú jovencito será mejor que digas toda la historia y te hagas responsable o te iras a la cama sin cenar. – dijo mi madre, Elizabeth volteo a verme y pregunto.

- ¿A ver, alguien me puede explicar? Richard que es lo que hiciste para que mi suegra te mande a la cama sin cenar?

-mira nada más, ese pequeño demonio hace travesuras y el castigado soy yo!!! – refunfuño

-Richard Jhons, mi hija no es un demonio – reclamó mi esposa.

-Richard Jhons, discúlpate con mi princesa y con tu madre o si no te iras a la cama sin cenar!!! – dijo mi padre seriamente, levantándose del sillón desde donde hasta entonces había estado sentado observando la escena. Y desde la escalera se escucha una carcajada, y la voz de mi hijo James diciendo.

-ya somos dos los castigados, al menos a mí sí me darán de cenar. – entro James en la sala ya bañado y cambiado para la cena.

-James, que te paso? ¿Porque traes ese ojo morado? – pregunto mi esposa.

-Ángel ve por la bolsa de guisantes del congelador para tu hermano. – ordeno mi madre

-si mamá grande.

-nada mamá, que otra vez defendí a Ángel, pero como eran tres, uno me pego y ella los agarró a mordidas. – explico mi hijo de nueve años.

-Mi pequeño James, es todo un caballero, mira que enfrentar a tres pequeños criminales por defender a su hermana menor, eso merece un premio. – dijo mi madre, a lo que mi hijo sonrió.

-mi, de que sabor será mi premio? – pregunto mi hijo James

-bueno, como a los tres les gusta mi pastel de fresas, lo hice para esta noche y tendrás rebanada doble. – le responde mi madre

-yupi, que rico abuela!!!- grito mi hijo sonriendo bajo nuestra atenta mirada

-James, dado que tu hijo no hace nada, quiero que hables con William, y le pidas que permita a la princesa aprender a defenderse con el mayor Stuart. – dijo mi madre con ese tono de voz que no admite replica alguna.

-si querida, yo hablo con William. – fue lo único que mi padre dijo.

-pero mamá, como crees que molestaran al General, es el comandante de la base, él no aceptara que el mayor Stuart le enseñe a Ángel, él es el encargado de entrenar a los miembros de la base en lucha cuerpo a cuerpo y es especialista en artes marciales; ya le enseñare yo algo cuando pueda. – les dije.

-si William quiere comer nuevamente mi asado, aceptara, lo mismo que Stuart. - dijo mi madre muy segura.

-bueno, eso ya me da algo para negociar con ellos. – dijo mi padre

-en serio, molestaran al comandante de la base. – les preguntó mi esposa.

-querida Liz, no voy a permitir que esos rufianes vuelvan a abusar de mi princesa, y ya que mi hijo no quiere enseñarla y yo ya le enseñé lo que se entrenaba en mis tiempos sí, prefiero que lo haga un especialista. - Le respondió mi padre, el coronel con mucha seguridad.

-bueno, resuelto el asunto, todos a lavarse que serviré la cena. – dijo mi madre

-un momento ahí, jovencito tú aun no te has disculpado. –dijo el coronel.

-lo siento Ángel, no debí molestarme, Mamá, lo lamento. – dije no quedándome de otra.

-bien ve a lavarte que tu madre servirá la cena, y en castigo te tocará lavar la losa, y no rompas nada. – dijo el coronel, avanzando rumbo al comedor, tomando a mi hija de la mano.

Yo, el Capitán Richard Jhons, del cuerpo de Marines de los estados Unidos, jefe de la mejor unidad de comandos de los Seals, fui castigado por mi padre a lavar la losa después de la cena, solo me queda sonreír, pues esto es la disciplina en la casa de una familia de la Marina.

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