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Portada de la novela La felicidad tiene tu nombre

La felicidad tiene tu nombre

Elizabeth Jones se ve obligada a contraer nupcias con Alex Turner, un acaudalado hombre presionado por su abuelo para asegurar su legado. Sin más opción que casarse de inmediato para salvar su herencia, Alex propone un frío contrato matrimonial por conveniencia. Aunque el vínculo nace como un pacto de negocios, pronto surge entre ellos una conexión imprevista. Ahora, deberán descubrir si su amor superará los obstáculos para hallar la felicidad real.
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Capítulo 3

Corté la comunicación con Alex, no podía creer que me hubiese atrevido a llamarlo después de haberle dicho qué su propuesta no me interesaba para nada, pero me encontraba en una situación desesperada y era necesario tomar cartas en el asunto antes de qué las cosas se pusieran peor para mí, mi malvado padre ya había sacado a la abuela de casa, y quién sabe lo que pretendía hacer conmigo, cada vez que él amenazaba había que tener mucho cuidado, pues sus planes tenían la cualidad de ser letales para quien se viera afectado, y en este caso era yo, me atormentaba el no saber nada de la abuela, seguro estaría muy triste y desilusionada, Y como no estarlo si su propio hijo había sido capaz de semejante bajeza. Por fin me decidí a salir de mi habitación, me daba miedo hacerlo, pero debía comportarme de manera normal antes de huir de ese lugar, mi padre no podría sospechar nada, ya que si lo hacía evitaría a toda costa mi partida, avancé sin hacer ruido, cuando de pronto escuché la voz de mi padre hablando con alguien por teléfono.

-Necesito prepararla un poco más, sólo es cosa de convencerla, muy pronto la tendrá se lo aseguro, si me da un adelanto le prometo qué mi hija hará todo lo que usted le diga , ya vio sus fotografías, y como pudo darse cuenta es muy hermosa, y será toda suya, sólo transfiérame un poco de la cantidad que acordamos y nuestro trato será un hecho.

Dios mío, eso no podía estar pasando, mi propio padre me estaba vendiendo al mejor postor, sabía que era capaz de todo, pero llegar a esos extremos, jamás lo imaginé, regresé presa del pánico a mi habitación, debía actuar rápido, de otra manera se me acabarían las oportunidades para escapar. Estaba absorta en mis pensamientos cuándo de repente la puerta de mi habitación se abrió, era mi padre con su característico gesto de maldad en el rostro, me volví presa del pánico, mi corazón empezó a latir de una manera descomunal, sentía que se me iba a salir del pecho, pero aun así tomé las fuerzas para disimular para que no se diera cuenta de nada, él no podía saber que yo estaba enterada de sus macabros planes, era la única manera de salir bien librada de todo aquello.

-Espero que ya estés más tranquila, tu abuela estará bien, no tienes de qué preocuparte, ya es vieja y es mejor que esté en manos de gente que la pueda cuidar, tú eres joven y hermosa, y tienes un futuro prometedor, no te puedes echar esa carga encima hijita, dijo mi padre con un gesto retorcido en su rostro, no entendía como ese ser tan perverso y monstruoso pudiese ser mi padre, y mucho menos comprendía cómo mamá siendo una persona tan maravillosa, pudo alguna vez sentir amor por esta abominación, quería salir corriendo, huir de ahí y no volver a verlo nunca, pero hubiese sido inútil ya que él lo hubiese evitado a toda costa, así que decidí hacer acopio de las pocas fuerzas que me quedaban y tomé la decisión de seguirle la corriente.

-quiero mucho a mi abuela papá, y en cuanto tenga un empleo me gustaría traerla de regreso, te prometo que no te molestará, yo me haré cargo de ella y de todo lo que necesite, sólo dime, ¿dónde está?, te lo suplico, quiero ir a visitarla por lo menos, saber si está bien.

-Por ahora tú no tienes que preocuparte por eso, te prometo que, si haces lo que te digo, muy pronto te diré dónde está y podrás ir a verla, pero sólo si me obedeces.

Un terrible escalofrío recorrió mi cuerpo, tenía que apresurar los planes, no podía permanecer un minuto más en esa casa, me hallaba en peligro, y dentro de poco mi vida podría convertirse en un terrible infierno.

-Claro papá, haré lo que tú me digas con tal de recuperar a mi abuela, él sonrió victorioso y me dejó sola.

Cuándo la puerta de mi cuarto se cerró rompí en llanto, en tampoco tiempo la vida me estaba cambiando de una manera brutal, primero la muerte de mi madre, después lo que ese monstruo le había hecho a mi abuela, y ahora la próxima víctima sería yo al venderme con quien sabe quién, de sólo pensar lo que me harían me horrorizaba, Dios, definitivamente la única solución era casarme con Alex, por lo menos allí estaría tranquila y seguramente él podría ayudarme a encontrar a mi abuelita, su familia tiene todos los medios así que no creo que hubiese ningún inconveniente por esa parte, no me gustaba la idea de casarme por conveniencia, pero no era el dinero lo que yo buscaba, sino un refugio, la protección de alguien que pudiese ayudarme y sacarme de aquella pesadilla en la que se estaba convirtiendo mi vida. Necesitaba armar un plan de escape, así que respiré profundo, le puse seguro a la puerta y comencé a guardar lo más indispensable en un pequeño bolso. Hasta ese momento todo marchaba de acuerdo al plan, había quedado de ver a Alex en la noche, pero había decidido no contarle nada, me daba mucha vergüenza que él supiera la clase de hombre que es mi padre, así que sólo pondría como condición para casarme con él lo de mi abuelita, seguro que él me preguntaría porque decidimos recluirla en un asilo de ancianos, entonces tendría que decirle que no teníamos los recursos para tratarla, que allí por lo menos contaría con sus medicinas y estaría bien alimentada, esa historia probablemente pudiese sonar convincente y no creo que él me hiciera más preguntas al respecto. Las horas pasaban y los pensamientos de horror no dejaban de rondar mi cabeza, saldría de esa casa que por mucho tiempo fue mi hogar, mi refugio, y ahora se estaba convirtiendo en el lugar más peligroso para mí, bajé a la cocina para preparar la cena, las cosas debían lucir en calma para que nada saliera mal, mi papá era muy perspicaz y cualquier gesto o movimiento de mi parte lo pondría en alerta, preparé su plato favorito, seguramente pensaría que estaba esmerándome con él para que me diera información sobre mi abuela, así que no sospecharía nada.

Le puse a la comida unas gotas de las que mamá tomaba para dormir, son muy efectivas, así que el sueño terminaría por vencerlo y así yo podría salir de la casa sin problema. Me sentía muy nerviosa, todo aquello era como una bomba de tiempo, sabía de lo que podía ser capaz papá con tal de lograr sus obscuros propósitos, y nada ni nadie lo detendría, si me descubría estaba perdida.

Nos sentamos a la mesa y papá veía la comida con voracidad, al parecer tenía mucha hambre, siempre estuvo acostumbrado a que Mamá lo atendiera, él no movía ni un solo dedo, y aun cuando ella estaba enferma la manipulaba para qué hiciera lo que deseaba, recuerdo con mucha tristeza como en sus últimos días le faltaban las fuerzas, y aun así, se esmeraba en atenciones para nosotros, yo le ayudaba en todo, no quería que se cansara, pero aun así ella seguía adelante, siempre anteponiendo el bienestar de los demás, incluso a costa de su propia salud, parpadeé para detener las lágrimas que amenazaban con salir a borbotones por los recuerdos que estaba trayendo al presente, pero no, debía hacer uso de todo el temple que me quedaba para lograr liberarme de las garras de mi malévolo padre. Empezamos a comer, todo parecía transcurrir con normalidad, pero yo me sentía cada vez más nerviosa, las manos me temblaban, estaba sudando frío, sólo esperaba qué mi papá no se diera cuenta de lo que estaba pasando.

-cariño, mañana te llevaré a conocer a un señor que está muy interesado en ti, debes comportarte muy bien con él, si eres buena y gentil, el asegurará nuestro futuro, sólo tienes que ser muy complaciente, dijo mi padre con un toque de somnolencia en su voz.

Al parecer el somnífero que puse en su comida ya estaba haciendo efecto, y sólo debía esperar unos minutos para tomar mis cosas y escapar, no sabía lo que me esperaba allá afuera, pero seguramente sería mucho mejor que todo aquel horror que mi padre me había preparado.

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