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Portada de la novela La Esposa Virginal del Alfa

La Esposa Virginal del Alfa

EXTRACTO DEL LIBRO. "Quítate la ropa, Shilah. Si tengo que decirlo de nuevo, será con un látigo en la espalda", sus frías palabras llegaron a sus oídos, provocando que le recorriera un escalofrío por la espalda. La chica sostuvo su vestido con fuerza contra su pecho, sin querer soltarlo. "Soy virgen, mi rey " su voz era demasiado débil para decir con claridad las palabras, que apenas se escucharon. "Y tú eres mi esposa. No lo olvides. Te pertenezco desde ahora y para siempre. Y también puedo optar por poner fin a tu vida si así lo quieres. Ahora, por última vez, quítate la ropa". * * Shilah era una joven que provenía de los hombres lobo, también conocidos como los pumas. Creció en una de las manadas más fuertes, pero desafortunadamente, no tenía habilidades de lobo. Ella era la única de su manada que era un lobo impotente y, como resultado, su familia y otros siempre la intimidaban. Pero, ¿qué sucede cuando Shilah cae en manos del frío Alfa Dakota, el Alfa de todos los demás Alfas? También era el superior y líder de los chupadores de sangre, también conocidos como vampiros. La pobre Shilah había ofendido al rey Alfa al desobedecer sus órdenes y, como resultado, este decidió asegurarse de que ella nunca disfrutara de la compañía de los suyos al tomarla como su cuarta esposa. Sí, cuarta. El rey Dakota se había casado con tres esposas en busca de un heredero, pero había sido difícil ya que solo dieron a luz niñas: ¿Era una maldición de la diosa de la una? Era un rey lleno de heridas, demasiado frío y despiadado. Shilah sabía que su vida estaría condenada si tenía que estar en sus brazos. Tanbíen tenía que lidiar con sus otras esposas aparte de él. Ella fue tratada como la peor de todas, ¿qué pasaría cuando Shilah resulta ser algo más? ¿Algo que nunca vieron?
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Capítulo 2

En una habitación con poca luz. Había cuatro mujeres, una en la cama y tres rodeándola.

"¡¡¡Ahhh...!!!". La que estaba tumbada gritó, con los ojos muy apretados por la agonía.

Tenía las piernas flexionadas por las rodillas y abiertas de par en par, lo que les permitía a las matronas tener acceso.

"¡Más fuerte, Nosheba! ¡Ya veo la cabeza del bebé!". La comadrona jefa le dio a la débil mujer algo de esperanzas mientras esta se mordía el labio y empujaba con fuerza, más de lo que podía. Incluso tuvo que morderse el interior de las mejillas.

¿Por qué era tan difícil esta vez?

"¡Una vez más...!", exclamó la matrona.

Y vino otro empujón: "¡Ahhh ... ...!".

¡Y ahí estaba, la cabeza del bebé!

Las tres mujeres soltaron un grito ahogado al mismo tiempo sacaban la cabeza hasta que las dos piernecitas salieron también. Un pequeño y agudo grito irrumpió inmediatamente en la habitación.

En comparación con los demás nacimientos, las parteras no se alegraron al momento, ya que tenían que confirmar una cosa primero.

La jefa era la que estaba haciendo el trabajo y, nerviosa, posó sus ojos en la entrepierna del bebé; su corazón se estremeció al ver la pequeña pelvis.

Entonces, una expresión de miedo y decepción apareció en su rostro.

"Ahiga, ¿qué es?", preguntó una de ellas, con curiosidad e inquietud, mostrando los ojos abiertos como platos.

Ahiga, la comadrona jefa, miró con espanto al bebé antes de voltearse hacia su compañera.

"Es una niña", anunció finalmente, transmitiéndoles de manera inmediata el miedo y la decepción.

"¡Oh! ¡Bendita Selene!", exclamó la otra.

El bebé seguía llorando y la jefa miró a la madre, quien ya se había quedado dormida.

'Es una mala noticia, muy mala', pensó ella.

"Kimi, deberías ir a informar al Rey. Está esperando fuera, de modo que ya no estará oyendo los gritos de la Reina, sino a un bebé llorando. Obviamente sabe que ha nacido", expuso Ahiga mientras colocaba a la bebé en el suelo.

"¿¿Qué?? ¿Y por qué se lo tengo que decir yo? Tú eres la jefa. Lo lógico sería que tú le dieras la noticia", respondió Kimi, la segunda matrona.

"Pero si siempre eres tú la que sale a informar a las parejas sobre el sexo del bebé, Kimi. ¿Por qué me vienes ahora con esto?", preguntó la jefa, cuyo rostro preocupado contradecía su estricto tono de voz.

"Sí, lo hago con parejas normales, no... con alguien como el Rey", contestó la otra.

"Vamos, Kimi. No es momento para esto...".

"¿Y por qué no lo hace Louise?", señaló de repente a la última partera.

"Ella es la más joven de nosotras".

"¿Qué?", gritó Louise, negando vigorosamente con la cabeza.

"Ni se te ocurra hacerme esto, por favor. Mi prometido viene a verme dentro de nueve días, y si todo sale según lo previsto, nos casaremos después de la quinta luna llena".

Ahiga suspiró y sacudió la cabeza mientras sus compañeras discutían. Después miró al bebé. ¿Quién le daría la noticia al Rey? Era arriesgado, de eso no cabía duda.

Sin embargo, era consciente de que no pasaría mucho tiempo antes de que el Rey entrara para averiguar lo que estaba pasando; y eso sería peor.

"Está bien, iré yo", expuso la jefa, y sus dos compañeras se miraron aliviadas.

"Muchas gracias, Ahiga. No vas a tener ningún problema, ya verás", comentó Kimi, pero la otra no pronunció ni una palabra mientras se dirigía hacia la puerta.

*

*

En un largo y ancho pasillo se podía ver al Rey caminando de un lado a otro.

No era el típico "va y viene" de otras personas; con el Rey Dakota siempre era diferente.

Aunque estaba ansioso y no dejaba de caminar, se veía muy tranquilo. Parecía como si estuviera meditando y tuviera ganas de moverse para agilizar sus pensamientos.

Tenía las manos cruzadas en la espalda, la corona en la cabeza y la túnica real barriendo el pulcro suelo mientras caminaba.

Dos guardias estaban en la entrada del pasillo y dos delante de él para protegerle, aunque de todas formas, no necesitaba su protección.

Cada vez que se volvía hacia la habitación, miraba la puerta. ¿Por qué tardaban tanto? Estaba convencido de que la Reina había dejado de gritar y el bebé, de llorar. ¿Por qué no salía ninguna de las matronas?

Trató de ser paciente, y poco después escuchó que se abría la puerta.

Entonces, se volvió bruscamente para echar un vistazo y vio salir a la comadrona jefa. Él se detuvo, pero no se acercó a ella, sino que esperó a que la mujer lo hiciera.

En ese momento se dio cuenta de que ella aflojó el ritmo, dado que le estaba tomando más tiempo llegar a donde él se encontraba.

"¿Cómo fue todo, Ahiga?", preguntó con rudeza.

"¿Cuál es el sexo del bebé?".

Fue directo al grano.

La mujer respiró hondo antes de proceder.

"Mi... Mi... Mi Rey", tartamudeó torpemente con la cabeza inclinada.

"Sa.... Saludos, Mi Rey".

"Dime lo que mis oídos anhelan, Ahiga". La voz de él era áspera; ella tragó saliva.

'¿Para qué andarse por las ramas? Tarde o temprano lo va a saber', pensó la matrona.

"Mi.... Mi Rey", continuó, sudando profusamente.

"Es una... es una niña hermosa".

Y eso fue todo.

El nerviosismo en el rostro del Rey Alfa se disipó al instante mientras sus cejas se fruncían por la sorpresa y la consternación.

Acto seguido, le vinieron a la cabeza las palabras del médico que lo visitó unas semanas atrás.

*Tu segunda esposa, la Reina Nosheba, lleva una loba*.

En aquel entonces él se enojó y dudó de sus palabras, ¡pero acabó teniendo razón...! Estaba en lo cierto.

Ahiga seguía frente a él con la cabeza inclinada. El Rey no había abierto la boca y eso la hacía sentir horrible. ¿Debía darse la vuelta e irse?

De repente, sintió que la agarraban del cuello y la levantaban en el aire.

¡Era el Rey...!

Los ojos de la mujer se dilataron por el miedo y la sorpresa cuando él la estranguló, agarrándola por el cuello con fuerza.

La mirada de él echaba fuego y transmitía rabia.

Seguidamente, con voz gélida, espetó:

"Esta debería ser la última vez que me traes malas noticias, Ahiga".

Tras pronunciar esas palabras, la tiró al suelo y se marchó.

********************

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