Seguir
Capítulos
Compartir
Portada de la novela La esposa perfecta

La esposa perfecta

Lucía Santamaría se encuentra asfixiada por las pesadas deudas que su padre le dejó. Por otro lado, Enrique Marino, un gélido político que no cree en el afecto, necesita contraer nupcias para consolidar su camino hacia la alcaldía. Ambos sellan un acuerdo: él limpia sus finanzas si ella acepta un matrimonio fingido. Entre el trauma de Lucía y la ambición de Enrique, la pareja deberá resistir feroces escándalos que pondrán a prueba su alianza.
Capítulos
Compartir

Capítulo 3

Enrique llegó sobre la hora, odiaba la impuntualidad, pero Rebeca lo retuvo en la cama más tiempo del que él sabía que podía compartirle, era la última vez que la vería, aunque no se lo dijo, ella era caprichosa e impredecible, no sabía cómo le caería su próximo compromiso así que prefirió ahorrarse los detalles.

Necesitaba una esposa, y no la buscaría entre las muchas amantes que tenía, entre las que lo seguían como moscas y lo alababan constantemente, prefería alguien a quien ni conociera bien, que no lo conociera y tuviera pretensiones con él, alguien que no tuviera escándalos ni pasado y fuera bien recibida por los electores, no sabía quién podía llenar esas condiciones hasta que su hermano Jaime le recordó a la hija de su padrino.

-¿La hija?, No, ¿Rosalía? Estás loco, demasiado llamativa, es modelo, no, para nada, no puede ser ella ni alguien como ella -respondió tajante.

-No, esa es la hija de Rosa, hablo de la hija de Mario: no recuerdo como se llama, que no sale nunca, se la pasa encerrada, ella antes venía, flaquita, mal vestida...

-Ah, ya, la hija de Amanda, no me acuerdo como se llama, pero sí, es verdad, ella desde que se murió la mamá no la vimos más -dijo Enrique tratando de recordar a la chica.

-Y es tú padrino, no te negará nada, está endeudado, eso sé, la vida que exige Rosa no es fácil. Ella es buena opción, dudo que esté casada o con novio. No sé, es cuestión de averiguar.

-Es verdad, ella ni sale, la puedo moldear para lo que quiera. Él no me va a decir que no, no recuerdo que sea fea, ¿no es fea verdad?

Su hermano se carcajeó.

-No, no es una belleza despampanante como Rosalía, pero es pasable.

-Suficiente. Para lo que la quiero, sirve.

-Se llama Lucia, ya me acordé.

Así fue como habló con su padrino y ahora iba de camino a casa de este a formalizar el compromiso delante de la familia, tendría unos quince minutos a sola con la chica para ponerse de acuerdo sobre que decir o no decir delante de sus petulantes familias, cuando llegó, su hermano se bajaba del auto y sus padres ya entraban con Mario y Rosa.

Esperó a que entraran y escribió a Mario. Lo espero en la puerta trasera de la casa como le indicó y lo condujo al vivero donde podría hablar con la chica. Solo su hermano Jaime sabía que la relación sería falsa, como era abogado, se encargaría de todo apropiadamente.

-Padrino, gracias por esto.

-Gracias a ti, no habría aceptado que pagaras mi deuda si no fuera necesario.

-Sí me lo hubieses pedido antes, lo hago sin pedirte nada a cambio.

-Gracias, Enrique.

-Ahora seremos familia. Trae a tu hija.

-Voy por ella.

Esperó cruzado de brazos en el vivero, solo se pondrían de acuerdo sobre qué decir en cuanto a su relación, ella no tendría que decir nada, esa era la única instrucción que tenía para darle; escuchó pasos y se giró a ver, no la recordaba, así que no la reconoció, se veía delgada con el cabello largo, la pobre luz no le dejaba ver sus facciones, pero repasó su cuerpo, pues llevaba un traje de lentejuelas plateado escotado en el pecho y abierto en las piernas, dejaba ver también sus caderas. Enrique pensó que la chica tenía un cuerpo candente.

No le gustó el vestido, era revelador y nada apropiado para la esposa del futuro Alcalde de la ciudad. Se molestó de inmediato, la chica avanzó y dejó ver además que llevaba demasiado maquillaje sobre el rostro, sombras de colores y labial rojo intenso, él aspiró aire y lo soltó para calmarse.

Ella se cruzó de brazos y ladeo la cabeza tímida.

-Buenas noches -dijo en voz baja.

-Lucia. ¿Qué diablos es esto? -preguntó tenso señalándole de pie a cabeza con la mano, ella se incorporó incómoda abriendo sus grandes ojos color miel sobre él.

-¿Qué?

-Estás vestida como una payasa, como una puta. ¿Quieres hacerme pasar vergüenza?

Ella se puso roja y a él le causó gracia que pudiera notarlo a pesar del excesivo maquillaje. Enseguida le corrieron lágrimas grandes por sus mejillas, y comenzó a temblar. Él chasqueó la lengua y se puso las manos sobre las caderas, alzó la vista hasta el techo del vivero pensando en cómo resolver la situación.

-Debes cambiarte, delante de mi familia no te vas a presentar así.

-No tengo nada más.

-No me importa, aunque sea con jeans y esos tacones, algo. Busca algo de tu madre, algo debes tener. Ponte un jean, esos zapatos y una camisa elegante, bastará, y quítate ese maquillaje ridículo de la cara.

Ella afirmó tensa, pero no se movía, seguía llorando.

-Iré contigo, llévame a tu habitación sin que nos vean -dijo firme.

Ella salió dando pasos torpes del vivero, él se situó a su lado.

-Nos conocimos aquí, siempre que visitaba a mi padrino, te veía a ti y de un tiempo para acá, nos vemos a solas. Tenemos un año de relación, y eres superreservada y privada. Yo hablaré siempre, cuando te pregunten algo, me miras, yo responderé.

-Está bien -respondió con un hilo de voz.

Subieron por las escaleras de la terraza y les tocó subirse desde allí hasta el pasillo para llegar a la habitación de ella sin que los notaran, él apreció el trasero redondo de ella y sonrió. No tenía planificado tocarla, pero le divirtió verla, pensó que podía verla después de todo, sería su esposa.

La habitación era pequeña y parecía de una adolescente, con peluches y dibujos infantiles por todos lados, miro la habitación y negó asqueado, era una chica que fácilmente podría pasar por retrasada mental.

Abrió su closet y se lo señaló, él se detuvo frente y comenzó a hurgar entre sus cosas, vio una blusa rosada, manga tres cuarto con lunares dorados y la sacó, buscó un jean oscuro y lo sacó también, se los lanzó encima, ella jadeó al atraparlos.

-Ponte eso. Con esos zapatos, se verá elegante y sácate ese maldito maquillaje.

Ella asintió y corrió hacia el baño cerrando la puerta detrás de sí, él se sentó en su cama y miró las fotos que tenía sobre la mesa de noche, eran fotos de su difunta madre, quien fue una mujer hermosa y buena, no tenía fotos de ella misma, tenía una computadora y un televisor y muchos libros.

Salió del baño, la miró de arriba abajo y ella temblaba ante su mirada evaluadora, afirmó al verla, se veía mucho mejor, sencilla, pero elegante y bonita. Tenía bonito rostro, las pecas le daban un toque interesante, sus cabellos eran hermosos y sus ojos color miel muy llamativa, así como sus carnosos labios color rosa.

-Te ves mejor sin una gota de maquillaje. Vamos -dijo levantándose de la cama.

Abrió la puerta y se volvió a verla.

-Saldré por donde entramos y tú, baja normal por las escaleras.

Ella afirmó sin decir nada, viéndolo con sus grandes ojos.

Se detuvo frente a la puerta de la casa y tocó, abrió una muchacha del servicio y pasó rápido, vio a su familia en el recibidor y a la familia de su padrino. Sonrió al ver a Rosalía, atractiva y hermosa como siempre, ella se colgó de su cuello sonriéndole coqueta.

-Bienvenido a la familia -susurró sobre su oído. Él sonrió recordando las veces que se metió en su habitación cuando ella tenía dieciocho años y las escapadas que se daban los dos hacia el río.

-Tiempo sin verte, estás bellísima -dijo pasando su mano por la espalda desnuda de la mujer que llevaba una braga negra muy sobria con escote en la espalda.

-No más que tu futura esposa, espera verla nada más como se ha puesto para ti esta noche. Creo que quiere sorprenderte -dijo con burla que él advirtió y supo que fue seguramente idea de ella hacerla vestir como puta y maquillarla como payasa.

-Ella siempre es muy sobria, no espero nada diferente hoy -dijo seguro, ella sonrió con malicia.

Gabriel se acercó y lo saludó con abrazo sentido.

-Qué sorpresa, Gabriel, bienvenido a casa.

-No me quedaré, he venido por el anuncio del compromiso, qué feliz me hace saber que estén juntos, si la haces siquiera llorar, te partiré la cara, así seas alcalde, gobernador o Dios -dijo Gabriel.

Los dos se carcajearon.

-No seas bobo, claro que no. Sé lo que tengo, tu hermana es una joya.

-Más te vale que lo sepas.

Saludó a Rosa y a su padrino como si no lo hubiese visto antes, saludó a sus padres y a su hermano. Se escucharon aplausos, se giró hacia las escaleras y allí venía ella, sonrojada y nerviosa, Enrique pensó que se veía mucho mejor en su traje improvisado que en la ridiculez que llevaba antes, se volvió a ver a Rosalía y esta recogió la sonrisa y se puso muy seria, la miraba de arriba abajo y supo que sí, su hermanastra intentó humillarla haciéndola vestir así, y la muy estúpida ni se dio cuenta.

Sonrió pensando que eso era perfecto, le convenía que la chica fuera así, haría con ella lo que quisiera, se la entregaría por completo a su equipo de mercadeo y ellos harían maravillas, supo que eligió bien al pedirla a ella para casarse.

¡Sigue viendo!
¡La historia se está poniendo intensa! Cambia a la App para seguir leyendo
Desbloquear todos los episodios
Abrir el sitio web oficial

También te puede gustar

Portada de la novela Amor Comprado
8.6
Con solo dieciocho años, Diane Brayden es sacrificada por su familia para saldar las deudas de juego de su padre. Su madre la entrega a Robert Fox, un huraño terrateniente de treinta y cinco años que, tras sufrir una traición, solo desea asegurar un heredero antes de cumplir los cuarenta. Aunque su matrimonio es una fría transacción financiera pactada bajo coacción, el destino transformará esta unión forzada en un camino lleno de giros inesperados.
Portada de la novela Bajo el manto de la venganza
9.0
Criada en la humildad por su madre adoptiva, Lucía ignoraba ser la hija de Eduardo León, un poderoso magnate que la mantuvo oculta por seguridad. Tras el fallecimiento del millonario, el abogado Julián Larios le entrega una carta que revela su verdadera identidad: ella es la heredera universal de todo el imperio. Ahora, la joven debe navegar por un mundo de secretos oscuros y asumir el control de una fortuna que jamás imaginó poseer.
Portada de la novela CEO y la niña inocente
9.7
Ana es la hija chofer de la rica familia Furlan. A los 18 años, ella se escapa de casa después de una discusión con su padre. Un año después, cuando regresa a la fnca, llama la atención de Julián, el más joven Furlan playboy, de quien estuvo enamorada a principios de adolescencia. Pero Erik, el medio hermano mayor, no quiere verlos. juntos. La ambición lleva a Erik Furlan a obligar a su hermano a casarse un importante ejecutivo, involucrado en la fusión entre las empresas de las dos familias. Sin embargo, Erik cree que Ana puede estropear tu plan. Luego necesita sacarla del camino de Julian. Para ello, le propone un trato comercial a la pobre chica a través de un matrimonio de conveniencia, protegiéndola contra los ataques de hermano. Todo lo que Erik, a sus 44 años, quiere es cerrar el trato que vale millones aunque tenga que casarse con una chica que le fastidia y lo excita en igual medida. Y lo único que quiere Ana es mejorar su vida y sentirse protegida. Tal vez ella no debería aceptar el trato. Tal vez termine amando al hombre al que más temió en toda su vida. su vida. Quizá pague caro aceptar ser la falsa novia de un millonario con un corazón de piedra. Se bajó del autobús con su mochila a la espalda y caminó pocos metros hasta llegar a la entrada no reconoció la vaquero que se acercó. Él le dedicó una leve sonrisa y se presentó: - Buenas noches. Mi nombre es Ana, soy la hija de Igor, el conductor. de doña Aurelia. Él la miró de arriba abajo, escudriñándola. verdadero. -No creo que sea una buena idea, muchacha. - ¿Qué? No entendí. ― Mejor regresa a la parada del autobús. - él dijo, sacudiendo la cabeza con pesar. Sintió una punzada en el estómago. A lo largo del viaje, ella estaba apoyando íntimamente a su padre para que la aceptara. los quería hacer un nuevo comienzo. Alguien tenía que dar. "¿Podrías llamarlo aquí, por favor?" - Mantuvo su voz. frme, nadie respetaba a un llorón. "Soy nuevo en la fnca, no sé qué pasó antes y No quiero complicarme. Pero, justo en mi primer día, Igor dijo que no dejara pasar a una Ana así por la puerta... Ana Marina, ¿no? Sí, me resulta difícil que autorice su entrada. Miró el camino iluminado por las lámparas amarillas. los postes públicos, luego dirigió su atención a las puertas de hierro, imponente, bajo el arco que decía GRANJA Y SELLO FURLAN. - ¿Eres padre? "Sí, un niño de dos años. - presumió con orgullo. perdiendo un poco de la postura severa. ― Mi papá jugaba al fútbol conmigo cuando era niño. No sé lo que te dijo, pero todavía me siento como su hija. - Estaba sincero. - Mire señora, yo no me voy a meter en esto, no. "Solo quiero la oportunidad de hablar con él. - insistió, sintiéndome como si estuviera pisando terreno resbaladizo. El hombre miró hacia adelante, más allá de ella, entrecerrando los ojos. párpados como si estuviera rumiando un dilema. - Está bien lo intentaré. - Muchas gracias. Asintió vagamente con la cabeza y se retiró. Se sentó en un tocón, miró hacia arriba y vio un mundo de estrellas en el cielo despejado. La brisa fresca hizo su vestido una chaqueta de punto. Hace un año, Ana salió de la casa donde vivía con su padre, un hombre que se ha vuelto amargado y resentido desde que lo dejaron por la esposa La mujer no solo lo abandonó, sino que se fue. trae a la única hija. Pero él nunca fue tocado por su pérdida, se encerró en su propio dolor y se cubrió de espinas para apartarlo. Ocupado dejando su trabajo como maestro de escuela servidor público en la ciudad para establecerse en una fnca, sirviendo como chofer privado de la matriarca de una familia ligada a la agroindustria. Escuchó pasos arrastrados detrás de él. volteó a ver el vaquero en sus botas. - El jefe quiere hablar contigo, muchacha. Por un momento, ella no asimiló la frase pronunciada. La cabeza inmersos en pensamientos de retorno, redención y perdón. En el fnal, ella hizo mucho mal. Una de ellas, por ejemplo, era salir de casa sin dejar una carta de explicación o una mera nota de despedida. Simplemente tomó la mochila y se dirigió a la parada de autobús que llevó a la estación de autobuses. Me fui de la ciudad, me mudé con un amigo, pasó hambre, sufrió, pero también se divirtió, se enamoró, no correcto, salió de nuevo, no funcionó de nuevo, comenzó a salir trabajo, me despidieron, probé otro trabajo, está bien, salario abajo, puta exploración, pero vamos! Pero cuando ella y amigo perdió su trabajo al mismo tiempo, el barco se hundió giro. Ana se preguntó si esto no sería una señal del universo para volver y tratar de recuperar al hombre amoroso que su padre una vez estaba. Hasta los siete años tuvo un padre que la mimó y, aun con el exceso de trabajo como profesor, encontré la
Portada de la novela Desde el Cajero hasta el Imperio de la Reina Tecnológica
8.6
Lo di todo por Ángel durante trece años, incluso los ahorros de nuestra boda para una supuesta cirugía familiar. Mi mundo colapsó al descubrir que el dinero financió a su amante y que él, un millonario oculto, solo me usó. Tras ser humillada públicamente y quedar en la calle, él ignora mi verdadero origen. Soy la heredera del poderoso Grupo Mayli. He contactado a mi madre para volver a mi imperio y aniquilar sin piedad a quien se atrevió a traicionarme.
Portada de la novela Embarazada del CEO Casado
8.0
Sofía, secretaria del poderoso Alejandro Ríos, es víctima de un oscuro plan cuando Carmen, la esposa del CEO, la droga para forzar un encuentro íntimo entre ambos. Tras despertar sin recuerdos, la joven descubre un embarazo que Carmen utiliza para manipular la situación y ejecutar su venganza. Sofía se resiste a ser un peón en este juego de traiciones, mientras Alejandro comienza a cuestionar su matrimonio al sentirse atraído por ella bajo un clima de secretos.
Portada de la novela Me casé con un magnate desfigurado y ellos tres enloquecieron
8.1
En Kaelton, creí vivir un sueño rodeada de lujos junto a Rodger, Larry y Ethan, los hijos adoptivos de mi familia. Todo cambió cuando un pastel con maní me provocó un choque anafiláctico intencionado. Descubrí que ellos pusieron mi vida en riesgo solo para complacer a Cailey, la hija de una empleada. Herida por su desprecio y traición, decido romper con ese pasado falso. Llamo a mi padre y acepto la propuesta de matrimonio con el misterioso Jayden.