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Portada de la novela La esposa del doctor

La esposa del doctor

Tras sufrir una dolorosa traición sentimental, Ana se encuentra desamparada y sin recursos en un país extraño. En medio de la indigencia, su única prioridad es garantizar la supervivencia de Tom, un niño huérfano que decidió proteger. Ambos enfrentan la crudeza del clima y el hambre constante, refugiándose en las sombras de una sociedad hostil. Esta es una crónica de sacrificio extremo donde una mujer lucha contra la miseria para salvar una vida.
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Capítulo 3

Cuando llegaron al hospital todavía ella permanecía inconsciente pero Jake había hecho como dijo, no se apartó ni un segundo de su lado. Habían limpiado su herida y suturado, la parte de la rodilla no estaba tan mal, solo un poco magullada por el golpe de la caída. Aunque, lamentablemente Jake se había raspado la palma de ambas manos. No era nada grave, pero eran sus manos, con las que realizaba operaciones cada día. Se las habían lavado y curado en el hospital, después de que sanasen podría realizar su labor con total normalidad.

 — Disculpe, ¿la conoce de algo ? ¿Podría decirnos su nombre ?

 — No se cual es su nombre, apenas la he visto frente a un supermercado vendiendo periódicos.

 — Entiendo, esperaremos a que despierte. Tal vez deba de guardar reposo al menos aquí unas cuantas horas más, para descartar que no tenga ninguna secuela.

 — No creo que ella quiera quedarse, solo la logramos traer sedándola.

La enfermera volvió a irse, la mujer en la cama llevaba al menos dos horas inconsciente, su pelo enmarañado lucia muy horrible, Jake acercó su mano para intentar despegar de su frente que se había pegado con la sangre. Una mano lo detuvo con firmeza. La mujer se fue incorporando poco a poco mientras se orientada en donde se encontraba.

— Te dije... no dejes que me lleven. Debo de volver con el. — Sacó la intravenosa que había en su brazo izquierdo y se puso de pie.

— Tenías que venir al hospital para ser curada, no era algo que pudiera impedir. ¿A donde vas ? La enfermera dice que te quedes unas horas más.

— No es de tu incumbencia. — Cuando la mujer se aproximaba a salir, se dio la vuelta quedando frente a Jake. — Si vuelves a mi puesto del periódico, te morderé.

— ¿Qué ? ¿Morderme ? ¿De que hablas?

— Que no vuelvas, no me sigas. Ya no tengo tu dinero, se ha esfumado, tampoco tengo tu cartera. Jake la siguió.

— No volví por mi dinero, ¿cual es tu nombre?

— No tengo.

— ¿Donde vives ?

— No te importa.

— Oye, oye, espera. — Tomó su hombro haciéndola detenerse. — Solo intento ser amable. Al menos dime tu nombre.

— Si te lo digo, ¿me dejarás en paz ? — Pero Jake guardó silencio. — Soy Ana. — Respondió ella de todos modos.

Jake la dejó ir.

Salió rápido por la otra puerta y tomó un taxi para llegar hasta su coche. Se quedó esperando ahí dos horas, oculto dentro del coche, mirando desde la distancia.

La vio llegar cojeando un poco, ella tomó unos bolsos que tenía detrás de la estantería de los periódicos y comenzó a caminar. Jake espero a que estuviera lo bastante dejos y encendió el coche para seguirla. Caminaba muy de prisa a pesar de estar algo coja, después de unas tres o cuatro cuadras Ana entró por un callejón al cual Jake no podía acceder con el coche. Lo aparcó cerca y entró detrás de ella, sumergiéndose en el oscuro y pequeño callejón donde casi no entraba la luz del día a pesar de que no era ni medio día.

Tuvo que volver a correr para no perderla de vista. Pero entonces dos tipos raros fueron al encuentro con ella, el se quedó cerca pero oculto detrás una pared.

— ¿Que traes hoy ? ¿Otra bonita cartera como la de ayer ? — Dijo uno de ellos, quitando uno de los bolsos que ella traía en sus hombros, lo tiró al suelo y hurgó en lo que había. Solo juguetes. — ¿Que es toda esta porquería ? ¿Así me vas a pagar por protegerlos ? —

 Hoy no he conseguido nada. Creo que el pago de ayer cubre toda la semana. — dijo ella, con voz queda.

— ¿Tu eres la que decides sobre el pago ? — Gritó el primer hombre , cerró el puño y lo estampó sobre sobre su cabeza, Ana cayó al suelo, permaneciendo con la mirada fija allí. — Está noche tendrás visita.

— Por favor, Robert, no. Te lo suplico. Mañana traeré cosas mejores, robaré carteras y lo que sea. Pero no mandes a nadie esta noche, Tom siempre se asusta y le dan pesadillas. — ¿A ti que tanto te importa ese mocoso si al final morirá pronto ? Esta muy esquelético, debiste dejarlo en el basurero donde lo encontraste. Te iría a mejor sin el.

"Espera, no intervengas”. — Se decía a sí mismo Jake, a punto de interferir.

— Es muy importante para mi.

— Sabes las reglas, tendrás visitas. — Y se marcharon.

Ana recogió los juguetes del suelo y los metió de nuevo en la bolsa. Siguió caminando por el callejón.

El siguió avanzando a la distancia, pero entonces una anciana se detuvo hablar con ella. — No se porqué te quejas tanto, preferiría acostarme con hombres a estar robando por las esquinas, ya soy demasiado vieja para cualquiera de las dos, se que un día solo me echaran de aquí.

— Yo prefiero robar y vender periódicos, no tengo porqué ofrecer mi cuerpo solo porque a Robert le de la gana.

— Tampoco es como que puedas oponerte.

— ¿Donde está Tom ? — Preguntó Ana, la venda que tenía en la cabeza estaba llena de sangre, tal vez se le había abierto la herida. — Tom, sal ya. Te he traído unas cosas. — Un pequeño niño de algunos cinco años, tal vez menos, salió corriendo de una destruida caseta, sus brazos eran muy delgados al igual que sus piernas. La cabeza se le veía un poco grande, tal vez por todo el cabello rizado que tenía, pero aún conservaba su sonrisa. — ¡Mi querido Tom! ¿Que haría si cada día no me recibieras con esa hermosa sonrisa ? — Ana lo tomó en brazos y lo acunó contra su pecho. El pequeño niño besó su mejilla repetidamente hasta que se percató de la sangre roja en su cabeza.

— Mamá, ¿estas herida ?

— No ha pasado nada, me caí por culpa de un estupido. Tú no te preocupes. Te he traído algunas cosas que seguro te gustarán.

— ¿Tienes algo de comer ? Tengo mucha hambre.

 — Lo siento, tesoro mío, no te he traído nada. Pero esta noche vendrán unos amigos míos a visitarme y traerán comida.

— No son tus amigos, mamá. Me dan mucho miedo y siempre te hacen daño.

— Pero nos dan de comer y eso es lo que importa.

— Entonces ya no tengo hambre. — gritó el pequeño Tom.

Jake seguía escuchando la triste situación de Ana y Tom desde la distancia, pero no eran los únicos allí, habían muchas más personas por los rincones. Jake sentía un caliente en el pecho, sus ojos se habían aguado y ya no aguantaba el impulso de hacer algo.

Salió de detrás de la pared, dejando de ocultarse.

— Ana. — Dijo al salir.

Ella soltó al pequeño Tom y fue hasta Jake, sujetándolo del brazo y ocultándolo nuevamente detrás de una pared.

— ¿Que diablos haces aquí ? ¿Me has seguido? ¿Es que estás loco ?

— Mamá, ¿quien es el ? — El pequeño Tom también los había seguido. Miraba con cara de asustado a aquel desconocido que estaba junto a su madre.

— Soy Jake, Jake Matthew. — se soltó del agarre de Ana y se agachó junto al niño. — Te escuché decir antes que tenías hambre. ¿Quieres ir a comprar algo de comer junto conmigo y tu madre ?

— ¡No! Ya no tengo hambre, vete. ¡Deja a mi madre, no la toques!

— Tom, Tom. Tranquilo pequeño, él no es uno de esos amigos. Todo esta bien. — Ana lo tomó en brazos mientras acariciaba su cabeza. — No necesitamos de tu comida, ahora vete antes de que Robert te vea por aquí. Este no es un buen lugar para ti.

Pero Jake se quedó mirando el delgado cuerpo del niño, sus huesos se veían a través de la tela rota y desgastada. Estaba demasiado delgado. Aparentemente desnutrido.

— Tampoco es un buen lugar para ti y menos para Tom. Ana, ese niño está sufriendo desnutrición, ¿sabes lo que significa ? Tiene un peso corporal demasiado bajo. ¿Cuantas veces come al día ?

— En una pocas horas Tom volverá a comer.

— ¿Tan si quiera ha comido algo hoy ? Si el niño sobrevive a eso, también de adulto tendrá muchas secuelas. Es demasiado importante que tenga una buena alimentación, para el desarrollo de todo su cuerpo.

— ¡Lo se! ¡Ya cállate ! No soy estupida, se que necesita comer más, lo sé. Su cuerpo está muy delgado, sufre de incontables dolores de cabeza y come muy poco. No estoy ciega, hago todo lo que puedo, esta noche haré mi mejor esfuerzo... por el. Lo juro.

— Ana... escúchame un segundo. No tienes que acostarte con esos hombre. — tocó su mano para que ella le prestara atención.

— Cállate y vete de vuelta por donde entraste.

— Ven conmigo, te llevaré a mi casa. Alimentaremos a Tom y mañana lo llevamos al doctor. Él no está bien, soy doctor y veo su cuerpo, no resistirá mucho tiempo. Necesita de cuidados médicos.

— No puedo pagarlos. — La voz de Ana se escucha muy nostálgica, como quien está conteniendo el llanto.

— No tendrás que pagar nada. Cuando el niño se encuentre bien, entonces podrán irse a donde quieran.

— ¿Estaremos en tu casa ?

— Si. — Ella hizo una mueca ante la respuesta de él. — No te preocupes, no vivo solo. También viven mis padres y mi hermano menor. Ana se quedó pensando en la propuesta de Jake.

“Todo sea por el bien de Tom.”

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