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Portada de la novela La Esposa de Consuelo

La Esposa de Consuelo

Elvira dedicó siete años a ser la esposa ideal y el soporte empresarial de Ricardo, pero su mundo se rompe al descubrirse que él escribió una declaración de amor a su ex el día de su boda. Tras ser humillada y tachada de monstruo frente a todos, comprende que solo fue un consuelo. Decidida a renacer, logra que él firme el divorcio bajo engaños y huye a Milán, embarazada y dispuesta a dejar atrás el pasado para comenzar una vida en libertad.
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Capítulo 2

Héctor me miraba desde el otro lado de la mesa, su cara era una mezcla de sorpresa y preocupación.

"¿Estás segura, Elvira? ¿Divorciarte? Después de siete años…"

Asentí con la cabeza, sintiendo un peso enorme quitarse de mis hombros.

"Estoy segura, Héctor. Se acabó."

"Pero, ¿por qué? Ricardo te adora, siempre está hablando de ti, de lo exitosa que eres."

Una risa amarga se me escapó.

"Él adora mi éxito, Héctor, no a mí. Adora la imagen de la esposa perfecta que lo apoya en todo."

Antes de que Héctor pudiera responder, la puerta principal se abrió y la voz de Ricardo llenó el vestíbulo.

"Mi amor, ya llegué."

Ricardo entró en la sala, su sonrisa era tan brillante y falsa como siempre. Dejó un beso rápido en mi mejilla, su colonia cara llenando el aire.

"Héctor, qué milagro que vienes a visitarnos. ¿Todo bien?"

Sentí la tensión en el aire, Héctor se removió incómodo en su asiento.

"Todo bien, Ricardo. Solo pasaba a saludar a Elvira."

Los ojos de Ricardo se posaron en el sobre grande que estaba sobre la mesa de centro, justo entre Héctor y yo.

"¿Y eso? ¿Más trabajo de la empresa?" preguntó, pero su atención ya estaba en otra parte, su celular vibraba en su mano.

Lo sacó del bolsillo, y al ver el nombre en la pantalla, su expresión cambió. Una suavidad que nunca me dedicaba a mí apareció en su rostro. Se levantó y se alejó un poco para contestar.

"¿Sofía? ¿Qué pasó? ¿Estás bien?"

Su voz era un susurro preocupado, lleno de una intimidad que me revolvió el estómago. Vi cómo escuchaba atentamente, asintiendo, antes de decir: "No te muevas, voy para allá ahora mismo. Sí, no te preocupes."

Colgó y se giró hacia mí, su cara ya con la máscara de indiferencia de siempre.

"Mi amor, surgió algo urgente con Sofía. Tuvo un problema con su coche. Tengo que ir a ayudarla."

No me miró a los ojos. No esperó mi respuesta. Solo tomó sus llaves y salió por la misma puerta por la que había entrado.

El silencio que dejó era pesado, lleno de cosas no dichas.

Miré a Héctor, quien tenía una expresión de lástima.

"Lo siento, Elvira."

"No lo sientas," respondí, mi voz más firme de lo que me sentía. "Solo me estás confirmando lo que ya sabía."

Durante siete años, viví en una ilusión. Pensé que mi amor y mi dedicación podrían borrar la sombra de Sofía. Pagué sus deudas, impulsé sus negocios fallidos, organicé su vida entera mientras él vivía persiguiendo el fantasma de su exnovia.

Recordé el día de nuestra boda. Él estaba destrozado porque Sofía lo había dejado por un hombre más rico. Yo, tontamente, creí que era mi oportunidad. Me casé con un hombre con el corazón roto, pensando que yo podría repararlo.

Pero nunca fui más que un reemplazo conveniente. Una curita para su ego herido.

Tomé mi celular y le escribí un mensaje a Ricardo. No había nada más que hablar.

"El sobre en la mesa. Son los papeles del divorcio. Ya están firmados por mí. Solo falta tu firma para que seas libre."

Envié el mensaje y sentí, por primera vez en mucho tiempo, una extraña sensación de paz.

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