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Portada de la novela La elegida del señor Lombardi

La elegida del señor Lombardi

Carina, de veinte años, ha crecido bajo el yugo de su padre, un poderoso líder de la mafia rusa. Su vida cambia drásticamente cuando el temible señor Lombardi la elige a ella en lugar de a su hermana, marcando el inicio de un destino sombrío. Sometida a una venganza feroz que arrebata su inocencia, Carina ve surgir en su interior una oscuridad desconocida. Ahora, debe navegar entre un odio visceral y un deseo irrefrenable hacia su captor.
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Capítulo 1

Prólogo:

La fiesta está realmente hermosa, miro todo con admiración y detenimiento, junto mis manos y sonrío satisfecha, mi padre no podía negar que no soy buena organizando fiestas porque me ha quedado genial, con ayuda de mi madre, claro.

—Señorita, señorita —exclama una de las chicas de servicio avanzando hacia mí.

Me giro completamente para estar frente a frente con ella.

—¿Qué sucede? —pregunto mirándola confundida.

—El señor Lombardi está aquí —me dice nerviosa.

Mi pecho se abre de la emoción, había llegado nuestro invitado especial, el señor Lombardi, ay no me quiero imaginar a mi hermana cuando lo vea, ¿en serio pedirá la mano de mi hermana? Por más que intenté de convencerla de que no podía ir por la vida casándose así por así aunque mayormente los matrimonios eran así, yo esperaba que ella deseara algo distinto, pero ni modos, ella vive la vida rulín.

—Ya voy, avísale a mi padre —le ordeno, y voy corriendo hacia la puerta. Freno justo frente a la puerta, recojo mi cabellera y la dejo sobre mi hombro. Me armo de valor y abro la puerta, mi madre dice que debo ser más delicada, suelo ser muy torpe, no me interesa como me vean los demás pero bueno, soy de una gran familia, debo comportarme a la altura.

El alto rubio de ojos grises espera pacientemente relajado en la puerta, en sus dedos tiene un rosario al que acaricia con las yemas de sus dedos una y otra vez.

—Buenas noches, bienvenido —saludo haciendo una reverencia con la cabeza y me alejo de la puerta para que pasen, pues anda con dos tipos detrás.

—Buenas noches —responde, su voz es gruesa y autoritaria.  Y tiene cierta seguridad. Da un paso y los dos hombres detrás de él hacen lo mismo.

Mientras entra sus ojos no se despegan de los míos, yo extrañamente no aparto la mirada, sé que debería hacerlo por educación pero no me gusta sentirme intimidada.

—Gracias —murmura y asiento.

—¿Quiere ver a mi padre o desea pasar al jardín? —le pregunto.

—Muy amable, deseo ver a su padre —dice serio.

Le doy una pequeña sonrisa, muy falsa por cierto. —Sígame —le ordeno.

Avanzo hacia la sala resonando mis tacones con cada paso, subo las escaleras para llegar al despacho de mi padre, en el camino no me atrevo a mirar si sigue detrás de mí, sus pasos me lo confirman. Si bien recuerdo, a él lo conozco de una fiesta que asistimos con mi padre, él siempre sale con nosotras, sin miedo, pues es respetado por todos y tiene muchas relaciones.

—Es aquí —aviso abriendo la puerta del despacho. —. Disculpa papá —digo al entrar. —. El señor Lombardi ya está aquí —le aviso avanzando hacia él.

—Oh, gracias querida —exclama parándose de su asiento. —. ¿Cómo va todo? —me pregunta.

—Debes darme un diez —le guiño un ojo divertida.

—No me digas —se hace el consternado. —. ¿Qué acaso vas a la universidad a aprender a preparar fiestas —me reprocha.

—Papá —gruño haciéndome la triste.

Inclina su brazo y lo dejo rodear mis hombros. —Qué va, sólo bromeaba princesa —besa mi cabeza.

—Bueno, te dejo, tengo una fiesta que administrar —le sonrío divertida mientras me alejo.

—Claro.

Hago un movimiento con la cabeza como despedida del señor Lombardi, quien me mira de manera extraña, pero que ignoro. Bajo las escaleras corriendo y me dirijo hacia la cocina, grande y espaciosa.

—¿La bebida especial de Italia llegó? —pregunto estampando mis palmas sobre la encimera.

—Sí señorita.

—Perfecto —exclamo dándome la vuelta. —. Necesito que alguien esté en la puerta en quince minutos, los invitados seguirán llegando —exclamo antes de subir a mi habitación.

Mi madre está alistándose junto con mi hermana, puesto a que soy la última ya que soy la organizadora de la fiesta, fue mi idea, pues, quise saber como era hacerlo, mamá solía quejarse.

Entro a mi habitación y camino hacia mi cama pero repentinamente siento unas manos en mi cintura causando que suelte un corto grito ya que tapa mi boca con su mano.

—Soy yo, shh —dice soltándome despacio.

Volteo a ver de quién se trata y abro los ojos de la impresión.

—¿Lenin? Por Dios, ¿Qué rayos haces aquí? —pregunto susurrando.

—Eso no importa —me atrae a él de la cintura. —. Vine a estar contigo —me besa.

Corto el beso.

—Dios Lenin no —farfullo. —. Podrían matarte ¿entiendes?

—Entre como de servicio —toma mi rostro con sus dos manos. —. Estaré en la fiesta como uno más —vuelve a besarme, pero ésta vez con más intensidad, desciende sus manos a mi cintura y más abajo hasta tocar mi trasero.

—Ey —le reclamo alejándolo. —. Ya baja, te quiero vivo —beso sus labios cortamente y lo tomo de los brazos guiándolo hasta la puerta. —. Con cuidado.

Cierro la puerta y suspiro, está loco, pero lo quiero, no tenemos tanto tiempo para decir que lo amo, es un gran chico, sólo espero que cuando llegue el momento mis padres lo acepten.

Entro al baño y me ducho nuevamente ya que lo había hecho antes, luego salgo y me visto para la fiesta. Mi vestido es blanco, me llega sobre las rodillas, no revela más que mis hombros desnudos, no es tan ajustado por lo que no se me complicará caminar deprisa, mis tacos son medianos y del mismo color, al ser de piel un poco oscura igual que mi padre me gusta usar colores que hagan contraste con mi piel mulata.

Bajo y me aseguro de que todo esté bien antes de salir al jardín, en el camino me encuentro con Lenin llevando unas bebidas, muy ingenioso.

—Hija —escucho la voz de mi madre y la busco con la mirada.

Avanzo hacia ella y hago un gesto de niña pequeña sacudiendo mi cuerpo emocionada.

—¿Te gusta?

—Me encanta, sólo faltó que estuvieras más sexy —ambas nos reímos por el comentario.

—Ya regreso —le digo.

Me escabullo de ella para ir a la cocina y fingir monitorear las cosas cuando en realidad quería asegurarme de que mi novio no estuviera metiéndose en problemas.

Camino de regreso al jardín pero me encuentro con el señor Lombardi, le sonrío para continuar de largo, éste me devuelve la sonrisa, pero una de mucha satisfacción.

Sigo de largo y empiezo a buscar a mi familia, los veo a lo lejos discutiendo disimuladamente, n o entiendo nada por lo que me apresuro en acercarme pero veo a mi hermana salir corriendo hacia la casa, miro a mis padres y luego a ella, hago lo mismo varias veces hasta que me decido ir tras ella.

Corro detrás de ella.

—¡Mariella! —grito para que se detenga pero ella sube las escaleras apurada, aún en tacones.

—¿Qué sucede? —pregunto pisándole los talones.

—Déjame Carina —ordena molesta.

—Habla conmigo —insisto.

Voltea de golpe a verme. —¡Te quiere a ti! —grita, y se adentra a su habitación tirando de la puerta un portazo.

¿Me quiere a mí?

Miro su puerta con el ceño fruncido, sin poder asimilar nada aún.

¿¡ME QUIERE A MÍ!?

Nota importante: 

Ésta historia ha sido creada con fines de entreneter, no romantizarla por favor, estoy totalmente en contra de cualquier abuso, discriminación, u cualquier tipo de acto de explotación contra la mujer.

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