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Portada de la novela La Doctora del CEO

La Doctora del CEO

Una médica de mente brillante protege su corazón tras un muro de frialdad, ocultando antiguos traumas. No obstante, un poderoso ejecutivo aparece en su vida, decidido a romper su coraza mediante una devoción absoluta. Pese a tener caracteres enfrentados y heridas del ayer, surge entre ellos un vínculo que supera la atracción superficial. Juntos aprenderán que su unión nace de una necesidad emocional profunda, transformando su destino para siempre.
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Capítulo 3

—Es mi cama, tú no puedes dormir en el suelo con esa herida y yo no quiero. — dijo él con tranquilidad y me acomodé en mi lado de la cama.

—¿No te asusta? Podría ser un violador o un asesino …— señaló

—No lo eres, los violadores tienen una tendencia a caer en sus parafilias, descontrol de sus deseos cuando están envueltos en adrenalina, tú me inmovilizaste cuando tenías un shock de adrenalina al entrar aquí… tus pupilas estaban dilatadas —señaló antes de que la interrumpiera— tú, en cambio, solo miraste mi busto y trasero después de que pasó lo peor, además tampoco tenías una erección cuando me apretaste contra ti - señalé todo con un tono clínico y seco, frío.—A menos claro, que sufras de impotencia.

—Yo no mire… — se detuvo — lo siento … ¡No soy impotente! — se quejó.

—No lo sientas, es una reacción normal, —he hice caso omiso al último comentario, no me interesaba el desempeño de su miembro viril… ¿o si?

—Vale entiendo tu punto.— dijo cuando me recosté mirando hacia él, este estaba boca arriba, siempre dormía para el lado derecho, yo no iba a cambiar ahora - tienes unos ojos preciosos …,— señaló mirándome ahora y me medite la posibilidad de cambiar de lado, - ¿es hereditario? —pregunto y supuse que se refería a mis ojos, tengo heterocromía, uno de mis ojos era azul cielo, muy claro y el otro era un café tan oscuro que parecía negro completo. Le sostuve la mirada.

—En la mayoría de los casos, si, en mi caso particular, no lo sé. — dije con sinceridad, él se había casi girado hacia mí, tenía unos ojos azules demasiado profundos, ahora podía verlos con claridad y sus rasgos eran marcados, su cabello corto de un color castaño muy oscuro. Me senté rápidamente en la cama y estire la mano para tomar el cordoncillo de la lámpara en el techo de la carpa, entonces todo se oscureció y me volví a recostar, había una iluminación mínima debido a las enormes luces que se encontraban afuera al alrededor de la propiedad, cuando me acomode, pude notar que aquel sujeto seguía mirándome, era retrasado, ahora estaba segura.

—¿Qué?— pregunté finalmente ya algo cansada. Quería dormir, pero su mirada pesada y abrumadora comenzaba a hacerme sentir nerviosa, ansiosa, no lo conocía de nada, no sabía quién era, y dudaba de su capacidad intelectual, ¿Cómo podía sentirme ansiosa solo porque sus rasgos faciales podian consideraese atractivo? Normalmente, si un hombre no tenía un poco de cerebro no lograba hacerme sentir interesada, pero aquel … homosapiens me sentía estremecer, tal vez, fue porque toque su abdomen y su fisionomía llamó algo primitivo e instintivo en mí.

—¿Puedo besarte?— pregunto y mi mirada viajó nuevamente a él — me acabas de salvar la vida, realmente quiero besarte…

Mil y un argumentos de porque aquello era una pésima idea pasaron mi mente en cuestión de segundos, por otro lado, no tenia sentido logico, pero la excitación había ahuecado en mí entrepiernas y hacía años que no me sentía así, me había jurado a mí misma que cuando comenzara a sentir, me dejaría llevar, normalmente me costaba mucho concentrarme en las emociones y sentirlas… vivirlas, mi mente trabajaba demasiado rápido y racionalizaba todo, por eso, cuando una emoción fuerte me embargaba, me dejaba sumir en ella sin resistirme.

—Lo siento … He sido muy grosero… debe ser la adrena…

—Puedes besarme — interrumpí— es probable que en tu caso sea la adrenalina, un fenómeno natural. —le expliqué y le vi tratar de acercarse más, lo detuve con una mano sobre el pecho — yo. — dije, por mucho que deseara aquello, no iba a dejar que unos puntos perfectos se dañaran. Me incorporé solo un poco apoyando mis manos en su torso, entonces él levantó las suyas y acaricio mi cabello sujetándolo entre los dedos mientras tenía también mi rostro, acerque mis labios a los ajenos y me dejé explotar en una ola de placer en mis sentidos, aquel sujeto jugo en mi cavidad bucal, tomo mi lengua como suya y exigió de mí lo que nadie había exigido antes, no pude contener y ni siquiera alcancé a comprender cómo es que escapó un suave gemido en mi garganta que lo hizo estremecer suavemente bajo mi cuerpo en la cama, bajó una de sus manos hasta mi cintura y la apretó posesivamente, su otra mano se deslizó por mi cuello hasta ahuecar mi seno lleno, otro gemido rasgó mi garganta cuando su pulgar pasó sobre la superficie enfurecida de mi pezón.

—¿Me detengo?— pregunto, alejando sus labios de improviso, un sentimiento de frustración revoloteo en mi estómago.

—¿Por qué?— pregunté con clara frustración y molestia.

Al extraño pareció gustarle mi respuesta por qué volvió a contra mis labios con mayor ímpetu, más desesperado y deseoso, me arrancó varios suaves gemidos en la boca sin poder o tratar de evitarlo y él, parecía más que complacido de las respuestas de mi cuerpo. Él se había ladeado y ambos habíamos quedado uno frente a otro, una de sus manos continuaba estimulando mi seno, acariciando mi pezón endurecido y la otra, apretaba mi cadera en un gesto posesivo.

Cuando el aire fue necesario, después de varios minutos, él apoyó su frente contra la mía

¿Cómo habíamos llegado a ese punto?, éramos dos completos extraños que apenas si habíamos intercambiado un par de palabras, yo aún dudaba de la capacidad mental de aquel sujeto, pero el calor de sus manos y su aroma masculino me embriagaba completamente.

Como nunca había creído posible en mi capacidad mental, cuando me pidió permiso para meterse en mis pantalones no lo dude. Aquella noche continuó entre los besos más eróticos de mi vida, su exquisito olor masculino y yo, rogando en el abismo hasta que me permitió caer en el éxtasis de mi liberación solo con su mano.

Parte de mí, aquella que había sido criada para la perfección y que mantenía el uso de razón en toda circunstancias no se reconocía a sí misma, y aunque me repetí una y otra vez que no era la primera, ni la última mujer que tenía aventuras de una sola noche, simplemente no encajaba conmigo, había tenido un solo novio, un solo amante, y en el ámbito sexual había sido… normal, bien, pero aquella noche, sin siquiera haber llegado a completar el acto, había sido la mejor experiencia en la cama que había tenido, con un desconocido, en un país lejano en una tienda de campaña, aquella reflexión casi me hizo reír de satisfacción conmigo misma. Había decidido que si algo me hacía sentir, entonces, sentiría.

Y finalmente, laxa y satisfecha, me dormí profundamente entre sus brazos.

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