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Portada de la novela La Doble vida de Noa

La Doble vida de Noa

Alexander Von Parker, un exitoso CEO tecnológico, llega a Nueva York junto a su hija Luna, quien padece Asperger. Para estabilizar su entorno, emplea a Noa Pérez, una talentosa cantante de Juilliard que busca financiar la operación de su madre. Pese a la desconfianza del magnate, surge un vínculo único entre Noa y la pequeña. Entre el ambiente navideño y un beso imprevisto, la ternura de la joven transformará el gélido corazón del empresario.
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Capítulo 3

Dos horas y media después ya por fin había llegado a Hudson Valley, el lugar era hermoso y con bastante naturaleza —esto definitivamente no es Harlem —sacó el celular para tomar unas fotos, al encender la pantalla vió un montón de mensajes de su amiga en su mayoría quejas por no ir al ensayo—, mejor no respondes y guarda el celular, ve a la dirección entregas la hoja de vida y directo al club. —dijo ordenando sus ideas de lo que haría ese largo y tedioso dia.

«Cameron era algo amargada, bueno digo algo por no decir mucho», además la relación con la vecina no era la mejor, pues era entendible la abuela de Alejandra era insufrible. Sin darse cuenta llegó a la dirección que Alejandra le había dado.

Al ver semejante casa tragó grueso, la quijada casi llega al piso, ni en sus más locos sueños esperó ver una casa de estás todo era de película, aquello era una mansión de película. Luego de tocar el interphone y decir a que venía una elegante rubia le recibió, caminaba por los amplios pasillos de aquella magnífica casota siguiendo a la muchacha, todo era hermoso pero ya tenía prisa, debía irse ya lo antes posible.

Llegó a lo que según ella era una oficina cuando estaba por entregar la hoja de vida de su amiga, el celular de la muchacha comenzó a timbrar, ella respondió para acto seguido salir y dejar sola a Noa. Miró el reloj en su muñeca, ya debía irse, de lo contrario llegaría tarde al club y Cameron comenzará con su típico te lo dije en modo histérica activada.

—Hola —dijo una pequeña de largas coletas castañas y llamativos ojos azules entrando a la oficina—. ¿Te gusta la música? —cuestionó la niña en posición para tocar el violín.

La vio con tanta seguridad, luego comenzó a tocar una hermosa melodía que le llevó a tantos recuerdos con su madre, de niña quería tocar algún instrumento, la música era su pasión junto al baile, pero lastimosamente debio seguir otro camino. La melodía finalizó y la niña hizo una reverencia como si estuviera presentándose en una filarmónica.

—Eres muy buena. —Felicitó a la talentosa criatura dando unas palmadas de felicitación.

—Gracias —Respondió la niña—, práctico desde hace un año.

La pequeña dejó el violín y el arco en una mesa de centro, caminó hasta un estante intentaba alcanzar un libro pero no lograba dar con el objetivo que estaba un poco alto para ella.

Dejó la carpeta en el escritorio a su lado —yo te ayudo —tomo el librillo que al fijarse bien más que un libro, era un álbum de fotos.

Un hombre entró dirigiéndose al escritorio, tomó con premura unas carpetas.

—¡Papá! —saludó la niña a su padre.

—Hola preciosa —Alexander se percató de la presencia de la muchacha, se acercó extrañado pues no la había visto antes—, ¿Usted quién es? —empero él en tono serio.

—Yo soy...

—Señor Von Parker no sabía que estaba aquí —habló Kate nerviosa nada estaba saliendo bien esa mañana—, ya iba a llevarle esos documentos señor de verdad yo...

—Kate ¿Quien es la muchacha? —empero Alexander omitiendo las disculpas de su asistente.

La nombrada miró a la mujer a lado de Luna, había olvidado por un momento que era una de las aspirantes a niñera —es una de las chicas que entrevistaré para ser la niñera de Lunita. —Responfió la asistente esperando que su jefe no de enojara.

—¿Tú serás mi niñera? —preguntaba Luna con un dejo de emoción en su voz.

Esto no estaba saliendo como ella esperaba que fuera —no espere yo no...

—Si, papá yo quiero que ella sea mi niñera. —Dijo la niña acercándose a su padre.

—No disculpen yo solo vine a traer la hoja de vida de una amiga. —Debía explicar este enredoso asunto antes de que se saliera de control.

Alexander miró a su pequeña se inclinó a la altura de la niña castaña, aún así la chiquilla se mostró inconforme, le pareció extraño que Luna se mostrase así con una persona ajena a ella. Por lo general su hija no era muy apegada a nadie —Lunita ya escuchaste a la señorita, ella solo vino a dejar la hoja de una amiga. —Trató de explicar a su hija paciente la situación pues ya sabía lo que que venía a continuación.

—Pero ella me agrada —replicó la niña haciendo una mohina de enfado—, anda papá yo quiero que sea ella.

Alexander entregó a Kate las carpetas para luego alzar a Luna en sus brazos, la niña comenzó a llorar —Luna hija escúchame. —Pidió el ejecutivo acariciando los castaños cabellos de la niña.

—No quiero. —Renegó Luna con su rostro hundido en el hueco entre el cuello y el hombro de su padre—, Luna no llores si.

Aquella nena le conmovió, era en extremo sensible algo que no había visto antes en un niño de su edad.

—Señorita consideraría el trabajo al menos. —Propuso Alexander a la muchacha, él no había visto esa reacción antes en su pequeña con ninguna niñera.

—Yo vine aquí a dejar la hoja de vida de mi amiga, me parecería deshonesto tomar su posible empleo...

—No lo tomes así —intervino Kate apretando las carpetas a su pecho—, mira explica a tu amiga, Lunita quiere que seas tú su niñera y de verdad se te pagaría bien, eso sí debes quedarte aquí es un trabajo de planta.

Recordó que debía buscar pronto a donde irse este trabajo no se veía nada mal, pero por otro lado estaba Lexi, ella confiaba en ella.

—¿Y bien niña? —cuestiinó Kate esperando que su respuesta fuese afirmativa, ella quería rápido una niñera apenas tenía dos días lidiando con la hija de su jefe y ya no soportaba las excentricidades de la pequeña; su trabajo era ser la asistente ejecutiva del ceo, no ser la niñera de una chiquilla malcriada quisquillosa.

—Hablaré primero con mi amiga y depende de lo que ella me diga tomaré una decisión.

—Bueno espero tomes una decisión pronto, ten en cuanto que hay poco tiempo, llama a este número. —Dijo Kate entregando una tarjeta.

—Esta bien.

Se despedió de la rubia llamada Kate y la pequeña Luna, salió apresurada de aquella mancion pues había perdido mucho tiempo.

Alexander bajó a Luna de sus brazos la niña se veía triste, no le gustaba verla así era un poco agobiante lidiar con la condición de su pequeña hija y todo empeoró cuando su esposa murió él quedó al cuidado de su hija solo y había muchas veces donde terminaba frustrado.

—¿Se quedará? —empero la niña con ojitos suplicantes.

Tomó las manos de la niña mirándola con ternura —esperemos que si princesa, ahora ve a jugar, si tengo trabajo —cuando Luna salió de la oficina de su padre este volvió a su serio semblante de siempre—, Luna muy rara vez le agrada la compañía de alguien ajeno a su entorno, si esa mujer acepta el trabajo investigue bien a quién contrata Kate de lo encargo mucho. —Dijo serio el rubio saliendo por dónde minutos atrás salió su hija.

Kate suspiró cansada tomando una bocanada de aire, estaba cansada de la hija de su jefe se arrepentía de haber sido ascendida se puesto —maldita sea —masculló furiosa la rubia no tenía paciencia para los niños—, solo espero que esto de ser la chica comprensiva con el jefe valga la pena. —Dicho ésto salió trás Alexander dando zancadas haciendo sonar sus altos tacones de aguja.

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