
La diosa de venganza
Capítulo 3
No tuve que esperar mucho.
Unos quince minutos después, la puerta de la suite se abrió de golpe.
Sofía Montenegro irrumpió como una furia.
Sus ojos escaneaban la habitación, buscando.
"¡Mateo! ¿Qué demonios fue esa llamada?"
Mateo se sobresaltó, despertando confundido.
"¿Sofía? ¿Qué... qué pasa?"
"¡No te hagas el inocente conmigo! ¡Escuché todo!"
Él se frotó la cara, intentando aclarar su mente.
"¿Escuchaste qué? Estaba durmiendo."
Sofía no le creyó. Se acercó a él, amenazante.
"¿Con quién estabas, Mateo? ¿Quién era esa zorra?"
Yo seguía en mi rincón, observando.
Era el momento.
Desde mi bolso, saqué una pequeña botella de loción cara, una que sabía que Sofía usaba.
La dejé caer al suelo alfombrado.
El ruido fue sutil, pero suficiente en la tensa atmósfera.
Sofía se giró bruscamente hacia el sonido.
"¿Qué fue eso?"
Mateo, ahora más alerta y queriendo evitar una escena mayor, reaccionó rápido.
"Debe ser el servicio a la habitación. Pedí algo antes. Seguramente el botones fue torpe."
Mintió. Bien.
Sofía lo miró con desconfianza, pero la explicación parecía plausible.
"Voy a ver," dijo ella, dirigiéndose hacia la zona donde yo estaba, cerca del baño.
Me levanté rápidamente y entré al baño antes de que me viera.
Abrí el grifo, me mojé la cara y el cabello.
Salí del baño justo cuando Sofía se acercaba.
Fingí tropezar, casi cayendo.
"¡Oh! Lo siento, señorita Montenegro. Resbalé, el suelo está algo húmedo."
Mi blusa estaba ligeramente más desabrochada por el "accidente", mi cabello goteaba.
Parecía vulnerable, asustada.
Sofía me miró de arriba abajo con desprecio.
"¿Y tú quién eres? ¿Qué haces aquí?"
Antes de que pudiera responder, Mateo intervino.
"Es Isa, mi asistente. Se quedó para asegurarse de que llegara bien a la suite."
Luego, se dirigió a mí, con un tono de preocupación fingida.
"Isa, ¿estás bien? Pareces asustada de Sofía."
Era mi oportunidad.
Miré a Mateo, con los ojos llenos de lágrimas falsas.
"Señor Rivas... yo... este trabajo es muy importante para mí. Tengo muchas deudas."
Hice una pausa dramática.
"Desde el... el trágico accidente de mi hermano Javier... él era todo lo que tenía. El único que me ayudaba."
La mención de Javier era una daga, incluso para mí. Pero era necesaria.
Mateo me miró, su expresión cambiando.
Vi un atisbo de compasión. Quizás intriga.
"Entiendo," dijo suavemente.
Luego, con un tono más firme, se dirigió a su chófer, que había entrado discretamente.
"Ramón, lleva a la señorita Vargas a su casa. Usa la camioneta blindada."
Un gesto de protección. Perfecto.
Sofía bufó, pero no dijo nada. Sabía que había perdido esta batalla.
Mientras salía, escoltada por Ramón, miré a Mateo por encima del hombro.
Él me sostenía la mirada.
Sí, había sembrado la duda. Y algo más.
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