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Portada de la novela La Danza Rota del Destino

La Danza Rota del Destino

Tras un accidente que destruye su carrera y su vida, Elian fallece olvidada mientras Damián, el hombre que amaba, protege a su agresora. En su agonía, descubre que es un personaje secundario en una historia ajena. No obstante, un error del sistema le permite regresar al pasado antes de su tragedia. Con una segunda oportunidad, Elian decide romper el guion establecido, tomar el control de su destino y vengarse de quienes la traicionaron.
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Capítulo 2

Elian sentía el frío apoderarse de su cuerpo, un frío que no venía del suelo de mármol sino de adentro, desde el centro de sus huesos rotos. El olor a antiséptico y el murmullo lejano de las voces se mezclaban en un zumbido agudo en sus oídos. Con la vista nublada, apenas podía distinguir la silueta de Damián, el hombre que había amado con una devoción ciega, arrodillado no junto a ella, sino junto a Sofía, que sollozaba con delicadeza por un simple rasguño en su brazo.

Mi pierna… Mi carrera… todo se había ido. En un instante, el sueño de ser la primera bailarina, el legado de mi abuela, se hizo polvo. Todo por un empujón calculado de Sofía durante la audición más importante de mi vida. Y ahora, mientras mi vida se escapaba, el mundo entero solo tenía ojos para la lágrima de la villana. Recordé mi vida en destellos rápidos y dolorosos: los años de entrenamiento, el sudor, la sangre, el sacrificio. Recordé la primera vez que vi a Damián, su sonrisa que prometía un mundo que nunca fue mío. Recordé cada humillación silenciosa, cada desplante, cada vez que me hizo sentir que mi amor era una carga. Todo lo soporté, creyendo que algún día él vería mi valor. Qué ingenua.

Justo cuando la oscuridad amenazaba con tragarme por completo, una voz resonó en mi cabeza, una voz sin cuerpo, fría y mecánica como el bip de una máquina.

[Análisis de la trama concluido. La personaje secundaria, Elian, ha cumplido su función: catalizar la crisis emocional del protagonista masculino, Damián, y solidificar su relación con la protagonista femenina, Sofía. Muerte inminente. Fin del arco del personaje.]

¿Qué? ¿Personaje secundaria? ¿Función? El impacto de esas palabras fue más brutal que la caída. Sentí una oleada de rabia impotente. Mi vida, mi dolor, mi amor… ¿eran solo un guion? ¿Una herramienta para la historia de amor de otros?

[Detectada anomalía en la conciencia del personaje. Fuerte resentimiento. Error del sistema.]

La voz pareció vacilar por un segundo.

[Iniciando reinicio de emergencia. Regresando al último punto de control guardado.]

Una luz blanca y cegadora me envolvió. El dolor desapareció, el frío se disipó. Sentí como si me estuvieran jalando hacia atrás a una velocidad increíble. Y de repente, todo se detuvo. Estaba de pie, ilesa, en el lujoso estudio de Damián. Frente a mí, él sostenía un documento. Era el contrato, el que había firmado un año atrás, el que me ataba a él como su patrocinada, su bailarina, su amante secreta. El principio de mi fin.

"¿Y bien, Elian? ¿Lo firmas o no?", preguntó Damián, con esa mezcla de impaciencia y superioridad que yo antes confundía con pasión.

En mi vida pasada, había temblado, dudando, antes de firmar con el corazón lleno de amor y esperanza. Esta vez, una sonrisa fría se dibujó en mis labios. Tomé la pluma sin dudar y firmé mi nombre con un trazo firme y decidido.

Damián parpadeó, sorprendido. Esperaba súplicas, dudas, no esta fría aceptación. "¿Eso es todo? ¿Sin preguntas?"

"Es un buen trato", dije, mi voz sonaba extraña, desprovista de la adoración que siempre le profesaba. "No tengo por qué rechazarlo".

Le entregué el contrato y, sin esperar su reacción, saqué mi celular. Marqué el número de mi mentor, Ricardo, el único que siempre había sido como un padre para mí.

"Ricardo, soy yo, Elian", dije, mi voz ahora llena de una urgencia que lo alertó. "Escúchame con atención. Vende todas las acciones de Industrias Roldán. Todas. No preguntes por qué, solo hazlo antes de que cierre el mercado mañana. Y por favor, ve al médico, hazte un chequeo completo. Dile que revise tu corazón".

En mi vida anterior, el colapso de esa empresa y la repentina enfermedad de Ricardo lo habían dejado en la ruina y al borde de la muerte. No volvería a pasar.

"¿Elian? ¿Qué sucede? Suenas rara", dijo Ricardo, su voz llena de preocupación.

"Solo hazme caso, por favor. Te lo explicaré después", dije y colgué antes de que pudiera protestar.

"¿Qué demonios fue eso?", la voz de Damián sonó detrás de mí, dura y llena de sospecha. "Apenas firmas y ya estás moviendo dinero. ¿Tan rápido empiezas a calcular tus ganancias?"

Me di la vuelta lentamente. "Solo cuido de mi gente. Algo que tú no entenderías".

Su rostro se contrajo en una mueca de disgusto. Sin decir una palabra, me agarró del brazo con una fuerza brutal. "Cámbiate. Vienes conmigo".

"¿A dónde?", pregunté, sin mostrar el dolor que su agarre me causaba.

"Al Teatro Nacional. Sofía tiene un anuncio importante esta noche", dijo, arrastrándome hacia el dormitorio.

Me obligó a ponerme un vestido elegante y me llevó al teatro. Durante todo el trayecto, no dijo una palabra, pero su mandíbula apretada y su mirada furiosa lo decían todo. Me veía como una traidora, una oportunista. Perfecto. Que lo pensara.

El teatro estaba lleno. Las luces, el murmullo de la gente, todo era un doloroso recordatorio de un mundo que ya no sentía como mío. Damián me dejó en un rincón apartado y subió al escenario junto a una radiante Sofía. El director del teatro anunció con gran pompa que la familia de Damián había hecho una donación anónima para construir una nueva ala de ballet de última generación. Y luego, Sofía, con lágrimas de falsa modestia en los ojos, anunció que el ala llevaría su nombre: "El Pabellón Sofía".

Un aplauso atronador llenó la sala. Damián la miraba con una devoción que a mí nunca me dedicó ni por un segundo. Ese era su gran sacrificio, uno que en mi vida pasada me enteré mucho después. Lo había hecho por ella, para impulsar su carrera, mientras a mí me mantenía en las sombras.

Me quedé allí, obligada a presenciar su triunfo, el triunfo construido sobre mi futura tumba. A mi lado, dos mujeres cuchicheaban. "Mira a esa, la que trajo Damián. Dicen que es solo una bailarina a la que patrocina. Pobre ilusa si cree que puede competir con Sofía".

Sus palabras ya no me herían. Eran solo la confirmación de lo que la voz mecánica me había dicho. Personaje secundaria. Mi rol era sufrir para que ellos pudieran brillar. Una sonrisa amarga se dibujó en mi rostro. Pues se equivocaban. Esta vez, la personaje secundaria iba a reescribir su propio maldito final.

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