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Portada de la novela La Dama de la MUERTE

La Dama de la MUERTE

Condenada al ostracismo y traicionada por su propio círculo, una mujer entrega su alma a cambio de justicia. Este pacto oscuro la vincula eternamente con la Muerte, quien se transforma en su protector y compañero a través del tiempo. Mientras ejecutan su implacable castigo contra los culpables, surge una amenaza imprevista. Un adversario sombrío, cuya fuerza iguala a la de la Parca, emerge de las sombras para poner en riesgo su sangrienta redención.
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Capítulo 3

Flashback 5 años atrás....

Voy saliendo de clases, cada vez falta menos para graduarme, había decidido estudiar arquitectura ya que empresas son lo que sobran en la cuidad, esperaba poder conseguir un buen puesto, con un gran salario y así de esa manera ayudar a mis padres con los gastos, para ya no ser una carga.

Veo a lo lejos a un grupo de chicos, entre ellos Jair... no pude evitar suspirar, es un chico muy apuesto sus ojos color miel combinan con su cabello dorado, tenía unos rasgos finos que lo hacían ver tan atractivo, era alto con un cuerpo delgado pero tonificado, sentía que me sonrojaba de solo pensar en aquella vez que lo miré sin camiseta cuando salía de las duchas de hombres después de su partido de baloncesto.

— Cierra la boca se te va a caer la baba de tanto ver a Jair

— ¡Cristina!

Mi mejor amiga apareció colgándose de mi cuello pensando su brazo por detrás, y golpeando mi barbilla ligeramente, no tenía la boca abierta, ella soltaba grandes carcajadas su risa era tan contagiosa que no podía evitar reír con ella.

— ¿Lista para irnos?... Me topé a tu madre ayer en la tarde me invitó a comer ahora con ustedes, no te había dicho porque no me había topado contigo en todo el día.

— Bueno entonces vámonos... – solo habíamos dado unos cuantos pasos cuando una voz masculina se escuchó tras nuestras espaldas.

— Ey Cristina podemos hablar solo un minuto será rápido. – Era Jair llegó corriendo para alcanzarnos.

— Claro... espérame aquí Valeria no tardo.

Cristina se alejó un poco con él, yo me senté en una banca sin ser capaz de quitarles los ojos de encima, se sonreían el uno al otro como si una gran felicidad los albergara al estar juntos, después el saco una pequeña flor amarilla que coloco en el cabello cobrizo de Cristina, ella se llevó la mano a la cabeza y comenzó a reír.

La escena era dolorosa para mí, me causaba una opresión extraña en el cuerpo y unas enormes ganas de llorar, aunque no tenía por qué hacerlo, Jair no era nada mío, de hecho, ni siquiera se percataba de mi existencia, pedir que tan siquiera me notara o mirara en mi dirección era mucho pedir, un sueño imposible.

Se despidieron dándose un beso en la mejilla, me volteé a otro lado ya que no quería que Cristina me viera que los estaba observando, pase mis dedos por la banca hasta que ella llegó al frente.

— Listo vámonos

— Si.

Al levantarme no pude evitar mirar su cabeza, y admirar esa pequeña florecilla que puso él sobre sus cabellos; Cristina tenía una sonrisa radiante y perfecta, que se fue borrando poco a poco al notar la dirección de mi mirada, ella se quitó la flor del cabello y la apretó en su mano para después tirarla en un bote de basura mientras me tomaba de la espalda empujándome ligeramente para que comenzara a caminar.

— Valí quita esa mirada de corderito al matadero, yo sé que estas enamorada de Jair entre nosotros no hay ni abra nada para mi es un tonto, quita esas ideas de tu cabecita, pon una sonrisa y caminemos rápido que muero de hambre.

Le sonreí traté de hacer a un lado el dolor e ignorar el amargo sabor de boca, no tenía razones para sentirme así, Cristina era mi mejor amiga, ella sabía que Jair me gustaba ella no haría nada para lastimarme, después de todo fue él quien le hablo no ella quién se le acercó.

Al llegar a mi casa, mi madre estaba poniendo la mesa, en cuanto Cristina llegó una gran sonrisa se dibujó en el rostro de mi madre.

— Cristi bienvenida.

— Señora, hola. – Desde lejos mire como se daban un afectuoso abrazo, Cristina corrió hacía mi madre como una pequeña emocionada mientras mi mamá la esperaba con los brazos abiertos.

— Valeria termina de poner la mesa.

Mi madre cambió su tono de voz para ordenarme, después se fue con Cristina a la sala mientras conversaban muy animadas, no tenía por qué sentirme mal por ello, sería exagerado, ellas se llevaban muy bien y tenían tiempo que no se veían...

Cuando llegó mi padre ya todo estaba listo, mamá había preparado pollo frito con ensalada de col y puré de papas la comida favorita de Cristina, cuando mi madre puso los platos sobre la mesa noté que mi padre tenía alrededor de 9 piezas, mi madre 6, Cristina 4 ya que le dijo a mi madre que estaba a dieta y yo 1... la pieza de pechuga más pequeña, y mucho menos ensalada y puré que los demás, me deshice de esos pensamientos ya que estaba siendo demasiado fijada con la comida y eso no se hace.

Mi madre tomó la jarra de agua, había preparado una limonada, les sirvió a todos y cuando llegó a mí solo dejó la jarra al frente mío.

— Aquí esta tu agua Valeria. – me dijo mientras se sentaba, estaba a punto de tomar la jarra cuando mi padre habló.

— Tu toma agua natural Valeria, yo siempre me sirvo más, además no deberías de tomar tanta azúcar, te pondrás más gorda. – Ese comentario me dolió no iba a decir que no.

— Si padre...

Me levanté y me serví mi agua en la cocina al regresar estaban en medio de una plática muy animada con Cristina, ellos reían de una manera que jamás lo había hecho conmigo, ya que yo no estaba hablando me concentré al 100% en comer ocasionando que terminara antes que todos, aún tenía hambre.

— Ayudas a tu madre con su estética en las tardes, eso me parece muy bien, que aprendas un oficio extra. – mi padre le decía a Cristina.

— Así es señor, de hecho, se podría decir que es mi trabajo de medio tiempo, así consigo dinero para mis cosas y ayudo a mis padres.

— Eso es excelente, ojalá, Valeria, ayudará en algo en esta casa, así como tu con un empleo de medio tiempo, pero no hace más que ser estar de holgazana. – Mire a mi madre, luego a Cristina que se estaba ahogando una risita, pero al verme se quedó sería, el chillido de mi madre me hizo poner mí atención nuevamente en ella. — ¡Dios mío Valeria! Es que acaso tu no masticas, comes como si nunca hubieras visto comida en tu vida... pero bueno aprovechando que ya terminaste ve avanzando en limpiar la cocina.

— Si mamá.

Me levanté de la mesa y me metí en la cocina, había una montaña de cosas por lavar; después de unos minutos mi padre entró a dejarme todos los demás platos de ellos y salió.

La risa de Cristina llamó mi atención, haciendo que levantara la vista, estaban ella y mi madre sentadas en la mesa del patio, mi mamá estaba haciendo una trenza en su cabello.

— Ay Cristiana tienes un cabello hermoso y unos ojos verdes tan bonitos, eres toda una muñequita, es una lástima que no seas mi hija, si tan siquiera Valeria fuera la mitad que tú.

— No todas las mujeres son femeninas y la belleza es una virtud que no todas alcanzaron, pero usted y yo sí, hay que sentirnos afortunadas.

— Claro, claro tienes razón.

Ambas comenzaron a reír felices, me dolía el pecho mi corazón se desmoronaba con cada palpitar, yo anhelaba un momento así con mi madre, unas palabras bellas de ella para mí, pero eso siempre fue mucho pedir, parecían odiarme por alguna razón, terminé de limpiar la cocina y me fui a encerrar a mi cuarto tenía tarea por hacer.

Escuché cuando Cristina se fue, ni siquiera se despidió de mí, a las horas después la casa quedó en un silencio total, mis padres se habían ido a dormir, me hubiera gustado un buenas noches, aunque sea, pero en mi familia y en la vida yo no era la favorita.

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