Seguir
Capítulos
Compartir
Portada de la novela La culpa es del destino

La culpa es del destino

El camino al éxito de Elizabeth exigió un sacrificio doloroso: renunciar a su primer amor. Hoy, consolidada profesionalmente y con una pareja estable, su vida parece impecable. No obstante, un suceso violento pone su seguridad en riesgo, obligándola a buscar protección en el hombre que abandonó años atrás. Este reencuentro inesperado la sumerge en una encrucijada emocional donde deberá elegir quién merece estar a su lado mientras enfrenta el peligro.
Capítulos
Compartir

Capítulo 3

39 horas y cuarenta y cinco minutos antes.

Abro mis ojos lentamente, pero los cierro nuevamente cuando una sensación de vértigo me embarga. Escucho voces a mi alrededor, conversaciones que no puedo entender pero suenan a desesperación, incluso hay gritos a mi alrededor. Lo cierto es que nada de eso me hace sentirme mejor.

De repente, todo se volvió negro, después de un golpe en mi cabeza que resultó después de una explosión «¡el coche de Dylan!» Sí, lo vi arder en llamas. Intento nuevamente abrir mis ojos, para saber dónde estoy, qué ha ocurrido «Santo cielo, me siento terriblemente mal». Distingo el cielo estrellado de Los Ángeles, y unos fuertes brazos que me sostienen. Trato de extender mi mano pero me siento muy débil.

—Oh, Elizabeth ¡¿cómo te sientes?!— Dylan suena preocupado mientras acaricia mi rostro.

Trato de responder pero ni siquiera puedo entre abrir mis labios, creo que estoy en una especie de shock; siento mi mente muy ávida pero mi cuerpo no termina de reaccionar del todo.

Veo que el rostro de Dylan tiene algunas manchas negras, como marcas de carbón. Veo a mi alrededor, hasta donde me permite mi vista y hay residuos de carbón por todos lados, por la acera, los escalones, mi vestido. Bajo la vista hasta mis brazos y veo que están prácticamente cubiertos de negro. Mi pulso se acelera, cuando empiezo a imaginarme que estoy hecha un desastre y sobre todo, por qué estoy así, por qué estoy aquí. Cuando mi mirada se encuentra con el auto de Dylan, veo que está completamente incinerado. Aún no me siento capaz de hablar pero el pánico hace que empiece a llorar. Dos minutos, si hubiésemos demorado dos minutos más, ninguno de los dos habría sobrevivido. Sin embargo, yo estoy aquí, tirada en el piso, con mi vestido roto, el cuerpo cubierto de carbón y atravesando un shock emocional.

—No te muevas— Me aconseja Dylan cuando busco abrazarme a él.

Mi cuerpo me tiembla, esclavo del miedo que me produce la idea de lo que nos pudo haber ocurrido si no nos hubiésemos bajado del coche. Y yo, no debí regresar al auto, y el chico... «¿dónde estará el parquero? ¿estará vivo? ¿por qué ha sucedido todo esto?» Oculto mi rostro en el regazo de Dylan mientras él me abraza, no tan fuerte pero de una forma protectora. Supongo que tiene miedo de que me haya roto algún hueso. Recuerdo que con el impacto de la explosión caí al suelo, golpeé mi cabeza y no supe nada más hasta ahora.

Haciendo un esfuerzo sobrehumano, levanto mi trémula mano y toco la parte inferior de mi cabeza, empiezo a respirar de manera agitada cuando siento que está húmeda. Al abrir mis ojos para ver mis dedos, noto que están pintados de rojo «¡estoy sangrando!» Vuelvo a sentirme nauseabunda, todo empieza a darme vueltas nuevamente. Así que cierro mis ojos con fuerza, como si cerrándolos más fuerte, puedo hacer que el dolor desaparezca y que todo este incidente también lo haga «Ojala todo sea un sueño». Pero no lo es.

El sonido de la sirena que empiezo a escuchar es muy auténtico. Abro mis ojos alarmada y siento como Dylan me suelta, a la vez que una mujer vestida de azul se acerca a nosotros pero se dirige a mí al momento de hablar.

—Señora, todo va a estar bien— Del bolsillo de la blusa de su uniforme, saca una pequeña linterna y apunta directamente a casa una de mis pupilas.

La mujer se yergue nuevamente y le indica a dos paramédicos que me tomen. Cada hombre se acomoda a mi alrededor, uno por mis pies y el otro por mi cabeza y me toman en peso para subirme a una camilla.

—Debemos trasladarla al hospital para hacer todas las evaluaciones pertinentes— Escucho que la mujer se dirige a Dylan, mientras yo veo como todo a mi alrededor, a causa de las luces de las ambulancias y los carros policiales, se han tornado de rojo.

—Iré con ella— Dice Dylan con urgencia, en ese instante siento como me toma de la mano.

Veo el pánico salpicando su rostro en contraste con la luz roja que se refleja en su piel blanca, ahora pintada parcialmente de negro.

—Por favor— le dice la mujer en un tono un poco severo—, le agradezco que no mueva a la paciente. Aún no descartamos alguna fractura o contusión.

—Si hubiesen llegado antes, ya lo sabrían — Le refuta con amargura.

La discusión muere allí, creo que lo último que quiere la mujer es discutir ahora mismo, ni siquiera sé cómo Dylan tiene ánimos de responder de forma altanera cuando yo lo que quiero es que me saquen de una buena vez de este lugar.

—Mucho gusto, soy el oficial Smith— Escucho otra voz masculina pero desde mi posición no puedo ver quién es realmente —¿Puedo saber a qué hospital se dirigen?

—Saint Jude— Dice la mujer vestida de azul —Soy la Doctora Ross, por cierto— «Muy bien, es Doctora y se apellida Ross. Supongo que ya no tendré que llamarla por el color de su vestimenta» —Ahora, si me disculpa, nos urge trasladar a los pacientes.

—Por supuesto, no pienso quitarles más tiempo— A juzgar por la voz del hombre, se trata de una persona mayor —Sin embargo, me gustaría hablar con usted, señor Wellington—Cuando escucho el apellido de Dylan, sé que se está dirigiendo a él —Estamos manejando la hipótesis de que usted y la señorita Finlay, acaban de sufrir un intento frustrado de atentado. De hecho, hemos encontrado un artefacto explosivo conectado en la maleta del coche, por lo tanto, asumimos que sus vidas están en peligro. Me uniré a ustedes en el hospital. Sin embargo, por los momentos, mi equipo y yo seguiremos trabajando en el lugar de los hechos, creemos que aun podemos recolectar información que serviría de evidencia...

He dejado de escuchar lo que el hombre tenía para decir, solo puedo pensar en una cosa:

«Atentado».

La palabra se repite una y otra vez en mi cabeza, como un espiral, haciendo que con ella, todo gire a mi alrededor también, de repente, todo se vuelve negro nuevamente.

¡Sigue viendo!
¡La historia se está poniendo intensa! Cambia a la App para seguir leyendo
Desbloquear todos los episodios
Abrir el sitio web oficial

También te puede gustar

Portada de la novela Amante Substituto
9.7
Durante doce años, fui el asistente y amante de la heredera Isa Montoya bajo el peso de un chantaje. La muerte de mi madre finalmente me dio la libertad para buscar una nueva vida con Sofía en Europa, justo cuando Lucas, el antiguo amor de Isa, regresaba para ocupar mi lugar. Tras un violento secuestro y el sacrificio físico de Isa por salvarme, la enfrenté en el hospital. Allí le confesé la cruda verdad: mi afecto fue una transacción económica y nunca existió amor.
Portada de la novela Amor y Traición en la Cocina
8.7
Sofía Morales enfrenta la humillación pública cuando Pedro la traiciona junto a Valentina Castillo. Tras ser despojada de sus recetas y su negocio por su exceso de confianza, la joven decide dejar atrás la ingenuidad. Impulsada por un antiguo cuaderno familiar y el secreto de un mole prehispánico, inicia una fría venganza. Sin espacio para el llanto, Sofía se propone forjar un dominio gastronómico capaz de sepultar a quienes le arrebataron su patrimonio.
Portada de la novela Corazón Traicionado
8.5
Elvira terminó en la ruina tras el cruel engaño de Isabella, la hermana a quien siempre protegió. Bajo la influencia de un tío mafioso, Isabella escapó tras despojarla de su herencia. Al intentar recuperar lo suyo, Elvira fue brutalmente agredida por sicarios que destrozaron sus reliquias familiares y su medalla más preciada. Pese a quedar al borde de la muerte, ella emerge con una furia incontrolable para ejecutar una venganza implacable contra los traidores.
Portada de la novela El elegido
8.7
Daniel Durán forjó el club de motociclistas Lobos como un refugio ante la soledad, tras la trágica pérdida de sus padres y su mentor. Aunque lidera con firmeza y bajo sus propias reglas, mantiene intactos sus principios morales. Siete años después, el encuentro con una joven reaviva su miedo más profundo: el temor a perder a sus seres queridos. Para salvaguardarla, Daniel enfrentará a un letal enemigo, decidido a no permitir que su dolorosa historia se repita.
Portada de la novela Habun, Amor árabe
9.4
En una Afganistán dominada por la opresión masculina y un estricto control social, Afsana sobrevive bajo la rigurosa vigilancia de su familia. Su destino cambia drásticamente cuando Abdul, un influyente político talibán con un pasado violento, fija su atención en ella. Para forzar su unión, él propone cancelar las deudas familiares, dejándola atrapada en una red de poder. ¿Podrá Afsana huir de este hombre implacable que está decidido a poseerla?
Portada de la novela La Traición del Mole
9.2
Durante su aniversario, Sofía descubre que Ricardo, su marido, le es infiel con su asistente Valentina. Tras soportar agresiones físicas y humillaciones dirigidas a ella y a su hija Lucía, Sofía decide orquestar su huida en silencio. Ricardo, manipulado por falsedades sobre su paternidad, permite abusos crueles hasta que la realidad emerge. Pese a que él intenta redimirse delatando a su amante, Sofía aprovecha un divorcio firmado con engaños para dejar atrás su calvario.