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Portada de la novela La crisis matrimonial: ¿es el amor una trampa?

La crisis matrimonial: ¿es el amor una trampa?

Leona siempre amó a Elmer, pero su hermana adoptiva, Aurora, le arrebató su hogar y al hombre de sus sueños. Pese al rechazo y desprecio de Elmer, fiel a Aurora, Leona se casó con él antes de desaparecer sin dejar rastro. Tras un lustro de tormento y culpa por su ausencia, Elmer se enfrenta a lo inesperado: Leona regresa con un niño pequeño. Su retorno demuestra que las heridas del pasado siguen abiertas y los secretos no han sido olvidados.
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Capítulo 3

Honestamente, fue una sorpresa para Leona que Alfie Hayes, el abuelo de su marido, llamara en ese momento y les pidiera que regresaran. Pero, afortunadamente, aquella era una buena oportunidad para que ella se deshiciera temporalmente de la desagradable situación.

Por ahora, ella no tenía que firmar el acuerdo de divorcio.

A fin de cuentas, Elmer nunca desobedecería a su abuelo, así que la llevó a la antigua mansión de la familia Hayes por la noche.

Leona ya estaba un poco familiarizada con el lugar y, como le agradaba al anciano, de vez en cuando la invitaba a comer.

Tan pronto como entró en la sala de estar, la joven vio a Alfie sentado en su silla. Justo a su lado, estaba Hilda Ramos, la madre de Elmer.

Como actriz famosa en el círculo del entretenimiento durante los últimos treinta años, esta última había ganado numerosos premios y obtuvo muchos admiradores. Era muy hermosa y excelente en su oficio.

Así solamente estuviera sentaba en la esquina, su mera presencia era más que suficiente para atraer la atención de la gente.

Además, su rostro era joven y bien parecido, mientras que su piel era suave y delicada. En ese momento, ella llevaba un vestido largo hasta el piso y tenía su larga cabellera recogida en un moño apretado, desprendiendo un aire de nobleza a su alrededor que la hacía parecer distante y encantadora al mismo tiempo.

Al tiempo que observaba a su hijo y a su nuera caminar hacia ella, su expresión facial se mantenía fría e indiferente, como si no le importara en absoluto su llegada.

De inmediato, Leona saludó a todos los presentes y se disculpó: "Lo siento mucho, llegamos tarde".

A pesar de que tenían prisa por ir, aún llegaban un poco tarde.

Hilda, al escucharla, solo le dirigió una mirada fría a su nuera y no dijo nada.

Mientras tanto, Alfie resopló y le dedicó una mirada aguda a su nieto. "Yo ya había fijado la hora con Elmer. Él debería ser quien se explique, entonces, ¿por qué te disculpas?".

Enseguida, Elmer bajó la mirada y respondió: "Es mi culpa. Es que estaba tan ocupado con los asuntos de la compañía que el tiempo se me escapó por completo".

Tras escucharlo, el rostro del anciano se suavizó. Posteriormente, se giró hacia Leona y le sonrió de manera amable, mientras le tomaba la mano. "Querida, ha pasado mucho tiempo desde la última vez que viniste a visitarme".

Al instante, la joven envolvió su brazo alrededor del de Alfie y, con una voz dulce, le contestó: "Estuve ocupada. Pero en el futuro, me voy a asegurar de visitarte más a menudo".

"Muy bien. Por cierto, le pedí especialmente al cocinero que hiciera una sopa nutritiva hoy. Espero que comas un poco más tarde".

Luego, el anciano se volvió hacia Elmer, quien estaba parado detrás de Leona, e inmediatamente la sonrisa en su rostro desapareció.

"Bueno, sentémonos a la mesa y comamos", agregó con tono autoritario.

Un rato más tarde, todos se trasladaron al comedor y se sentaron en sus asientos.

Tanto Elmer como Hilda se quedaron callados durante toda la comida. Aparte del sonido de tenedores y cuchillos chocando con los platos, solamente se podían escuchar los susurros y las risas entre Alfie y Leona.

Ambos estaban colocando comida en los platos del otro mientras conversaban alegremente, dando la impresión de que la chica era su propia nieta.

No fue hasta que casi había terminado la cena que el anciano dirigió la atención a su nieto. Con ojos agudos y severos, lo miró y le dijo: "Elmer, tú y Leona ya están casados desde hace un año. ¿Cuándo me vas a dar un bisnieto?".

Tan pronto como dijo eso, tanto Hilda como Elmer, quienes estuvieron callados todo ese tiempo, repentinamente observaron a Leona.

Con una expresión atónita, esta última le echó un vistazo a su marido y empezó a entrar en pánico.

Desde que se contrajeron matrimonio, ella había estado tomando pastillas anticonceptivas. Como resultado, era difícil para ella quedarse embarazada.

Aparte de eso, Aurora ya estaba embarazada.

Aunque Leona aún no había accedido a firmar los papeles del divorcio, sabía que, tarde o temprano, ella y Elmer se divorciarían.

Seguramente, Aurora la obligaría a dejar a Elmer una vez que naciera el bebé.

¡Cómo deseaba Leona haberse quedado embarazada antes que su hermana!

Si eso hubiera ocurrido, ¿significaría que no tenía que divorciarse de Elmer?

Ella en realidad no esperaba mucho, lo único que quería era quedarse con Elmer y seguir siendo miembro de la familia Hayes.

Quería apreciar las raras oportunidades de vivir en armonía con el hombre, a pesar de que él no tenía ningún tipo de sentimientos hacia ella.

Además, Alfie la estaba tratando como si fuera su propia nieta. Ese era el tipo de afecto familiar que ella nunca había experimentado de parte de sus propios padres.

Por todas esas razones, se resistía con todas sus fuerzas a dejar a Elmer y la familia Hayes.

En ese momento, sus ojos se dirigieron hacia abajo mientras que sus pestañas caían ligeramente, ocultando la inquietud que se estaba apoderando de ella. Sin embargo, sus manos que no dejaban de apretar con fuerza el dobladillo de su vestido la traicionaron.

Elmer, por su parte, simplemente lo restó importancia y dijo: "Todavía es bastante temprano, así que no hay prisa".

Aquello enfureció enormemente a Alfie, quien arrojó su tenedor sobre la mesa y gritó: "¡Yo no puedo esperar más! ¡Ya ha pasado demasiado tiempo! ¿Por qué Leona no se termina quedando embarazada? ¡Elmer, escucha! ¡Tienes que prestarle más atención a ella! ¡Ella es tu esposa!".

A decir verdad, era una rara ocasión para que el anciano se pusiera así de enfadado. A pesar de que llevaba una vida pacífica en casa, eso no quería decir que no estuviera al tanto de los rumores que circulaban sobre su nieto.

Se decía que Elmer había tenido una relación íntima con la hermana de su propia esposa. ¡Eso era más que ridículo!

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