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Portada de la novela La apuesta del destino: Mi marido magnate inesperado

La apuesta del destino: Mi marido magnate inesperado

Forzada a contraer matrimonio con el desprestigiado Dillan, Katie enfrenta el desprecio de su familia adoptiva. Sin embargo, su suerte cambia drásticamente y sus enemigos fracasan, convenciéndola de que su esposo es un amuleto. Todo da un giro cuando una extraña le ofrece una fortuna por abandonarlo, revelando que él es el magnate más poderoso del mundo. Al descubrir el engaño, Katie exige el divorcio, pero el millonario se opone a dejarla ir.
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Capítulo 2

Katie estaba desconcertada ante la pregunta del hombre.

"No sé de qué está hablando", preguntó con el ceño fruncido.

"No es bueno que mientas". La mueca del hombre se volvió amplia mientras presionaba más la daga.

Un hilo de sangre se deslizó por el frágil cuello de Katie.

El miedo que experimentó en ese momento superaba con creces al que había sentido durante la persecución.

Con la voz temblorosa por el miedo, ella murmuró: "Por favor, escúcheme...".

Entonces, le contó que la habían obligado a contraer matrimonio sin amor, manteniendo su historia simple. "No he visto su cara, así que no sé quién es...", suplicó. "Por favor, déjeme ir... Mi mamá me está esperando en casa".

Su gentil súplica tocó el corazón del hombre.

A continuación, alivió la presión de la daga en su garganta.

De repente, se escuchó un fuerte golpe en la puerta.

"¡Debe estar aquí! ¡Entremos!".

El rostro del hombre se endureció, arrastró a Katie y la inmovilizó contra la pared.

"¡Gime!", ordenó.

Katie se quedó completamente estupefacta.

La sensación cálida y cercana que la envolvía hizo que temblara por completo.

En un segundo, la puerta se abrió con fuerza de una patada. El hombre la agarró por la cintura y fingió estar teniendo sexo con ella.

"¡Ah!".

El gemido forzado de Katie se escuchó por todo el almacén.

Los intrusos armados se quedaron inmóviles de sorpresa.

Maldiciendo en voz baja, se fueron a toda prisa.

"¡Maldición! ¡Qué pérdida de tiempo!".

"¡Cállate! Apúrate y revisemos el siguiente lugar. Está gravemente herido, ¡así que no llegará muy lejos!".

"¡Entendido, señor!".

El ruido comenzó a apagarse.

Pero entonces...

Las pestañas de Katie revolotearon y sus mejillas se ruborizaron. "¿Se fueron?".

"Sí, gracias", respondió él con una voz más ronca que antes.

"De nada. ¿Ahora puedo irme?".

Katie sostuvo su vestido de novia, sintiendo una mezcla de miedo y timidez.

Justo cuando estaba por aceptar, la mirada del hombre se posó en su vestido de novia roto.

La luz de la luna brillaba a través de la ventana e iluminaba algo en el vientre de la mujer.

Desconcertado, se detuvo en seco.

La chica que recordaba de hacía años tenía una marca muy parecida.

De la nada, sintió un raro impulso.

"He cambiado de opinión".

"¿Qué?". Katie se quedó sorprendida.

Desde las sombras, él preguntó: "¿Realmente deseas casarte con un hombre que no amas por obligación?".

La joven agarró su vestido de novia con más fuerza.

¿Cómo podía aceptar un matrimonio arreglado? Definitivamente no estaba dispuesta.

Su silencio lo dijo todo.

El hombre se inclinó hacia ella con una sonrisa. "¿Qué tal si continuamos con lo que acabamos de hacer? Esas personas quieren mandar en tu vida. ¿No te gustaría vengarte de ellos?".

Katie no entendía nada.

Venganza... ¿Era posible?

Su novio de hacía mucho la había traicionado, y ahora la estaban utilizando como moneda de cambio.

Las palabras del hombre tenían un encanto diabólico, por lo que consideró una idea imprudente: tener sexo con él.

Al recordar las palabras de los intrusos, preguntó: "¿Vas a morir pronto?".

"Sí, no viviré por mucho tiempo".

"¡Entonces, continuemos!", respondió Katie decisivamente.

Como el hombre estaba en su lecho de muerte, nadie sabría lo que había pasado entre ellos.

El hombre se acercó con una sonrisa y besó ligeramente su oreja. Sus labios rozaron delicadamente su pendiente de perla.

"Disfruta de tu noche de bodas, querida".

A la mañana siguiente, Katie se despertó y vio que llevaba puesta una chaqueta.

El hombre no estaba.

Quizás había preferido terminar su vida en otro lugar tranquilamente.

El pensamiento dejó su corazón con un extraño vacío, ya que habían compartido momentos íntimos la noche anterior.

De repente, la puerta se abrió de golpe.

Varios guardaespaldas entraron.

¡La familia Holland la había encontrado!

Katie corrió hacia la ventana, pero los guardias la golpearon con fuerza contra la pared.

Una hora después, la arrojaron a los pies de Fabian Holland y Maddie.

Con sus uñas afiladas, Maddie le dio un pellizco. "¡Nuestros hombres han estado buscándote toda la noche!", espetó. "¿Cómo pudiste hacer esto? ¿Cómo pudiste huir en tu propia boda?".

Katie tenía la piel desgarrada y sangrando. Soportando el dolor, se encontró desafiantemente con la mirada de la mujer. "¡Él ni siquiera me quiere!".

"Suficiente".

Fabian apartó a su esposa y levantó a Katie con una sonrisa reconfortante. "No le hagas caso, Katie".

Mientras se frotaba su brazo herido, ella se sintió agraviada. "No quiero casarme con ese hombre".

Pero Fabian no estaba de acuerdo. "Katie, no estás siendo razonable. Piensa en los años que tú y tu madre vivieron con nosotros. Ahora, cuando te toca pagarnos, ¿dudas en hacerlo? No se puede ser tan cruel".

Katie se dio cuenta de que era un hipócrita.

"Devolveré el dinero lo más rápido que pueda", declaró retrocediendo.

El hombre esbozó una sonrisa. "No se trata de dinero, pero me enteré de que tu madre necesita un trasplante de riñón. Katie, ¿podrás cubrir esos gastos?".

Ella apretó los puños con frustración.

No, no podría hacerlo.

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