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Portada de la novela La apuesta

La apuesta

Linda y René viven en Nueva York intentando dejar atrás un pasado oscuro. Ambas disfrutan de su libertad y evitan el compromiso emocional, convencidas de que no necesitan protección masculina. Sin embargo, su mundo choca con el de Williams y Deivid, dos empresarios cínicos que ven a las mujeres como simples trofeos de apuestas. Todo cambia cuando Linda entra a trabajar con ellos; su presencia desafiará las reglas de estos hombres, desatando un juego donde perder tiene un precio muy alto.
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Capítulo 5

— Que puedo decirte Will estaba llorando, sabes que la de ese tipo las manejas mejor tú. Pero aun así la conquistare y te ganaré. — Williams le daba vueltas a lo que su amigo le contaba y no lo lograba entender, era como si estuvieran hablando de dos personas diferentes, claro que él no estaba dispuesto a contarle lo que sucedió en su oficina, todavía se negaba a admitir que se masturbo pensando en esa mujer, pero el solo recuerdo de los pechos de ella arrinconándolo contra su escritorio produjo que su pene se endurezca.

"¿Que mierda provoca esta mujer en mí? Ni modo... tendré que comerla y así seguir adelante, cuando vea que es otra chica inexperta a quien enseñarle todo en la cama, este deseo estúpido se irá, y por fin le ganaré a Deivid. "

Por otro lado, Deivid se encontraba mirando la ciudad a sus pies y pensando en lo bien que se había sentido abrasar a la Linda gordita, con ese pensamiento cambió el nombre de contacto de LINDA, ASISTENTE, por LINDA GORDITA 🥰

"Si, es linda, suave, tiene un aroma dulce, nada provocador como el que usan las demás secretarias, ella quiere pasar desapercibida, ahora entiendo porque Williams ataca a las de bajo autoestima, se siente bien que alguien dependa de ti y busque tu protección, hasta ahora las mujeres con las que he estado se desviven por mostrarme todo lo que saben hacer, veamos qué tan bueno seré guiando a esta mujer a que disfrute del mejor sexo de su vida."

Esa noche, la pasaron entre risas y tragos, cuatro personas que iban por la vida teniendo sexo casual, algunos para divertirse, otro para coronarse como el ganador en romper corazones y ellas solo para olvidar a los hombres a los que les dieron su virginidad y su corazón.

Linda se le levanto temprano, trato de no despertar a René, pero era inútil, su mejor amiga, ya estaba en la cocina.

— Buenos días, tu desayuno ya está listo. — Dijo canturriando, mientras se movía de un lado al otro.

— Buen día Rene, ¿qué haces despierta tan temprano?

— Preparo tu desayuno, tú eres la abeja obrera de este panal.

— René ¿cuándo entenderás que esto no es necesario?

— No quiero ser una carga para ti, solo déjame ayudarte.

— No eres una carga, y lo sabes.

— Bien, lo que digas, aun así, ven y desayuna.

— Solo porque hoy será un día movidito.

Y esa era la verdad, ella tendría un día ajetreado hoy, primero debía asistir con Williams a un control de calidad con la empresa ULip que quedaba a 20 minutos de la compañía y rogar porque nada los haga perder tiempo y así poder asistir a Deivid en un almuerzo de inversionistas en el restaurante Jean Georges, ubicado en el Trump internacional hotel & Tower en Nueva York.

— Ya me voy, estos idiotas no contestan a mis emails. Por lo que deberé de ir a la empresa primero.

— Ten paciencia amiga.

— Tratare, pero cada vez me convenzo más que este par de ineptos van directo a la quiebra.

La asistente tomo un taxi mientras maldecía por lo bajo.

"¡¿Que tenía en la cabeza la anterior asistente?! ¡Como organiza una reunión en un lugar tan alejado!"

En realidad, lo que molestaba a la joven y la desestabilizaba era que ese restaurante era el favorito del señor frío, lo había acompañado decenas de veces a aquel sitio y no solamente por negocios.

Su mente comenzó a viajar a esos momentos.

"No, Linda, ¡no lo hagas, no te lastimes de esta forma!”

Pero ya era tarde, el recuerdo estaba en su mente, la última cena con Erick Mark o como ella lo llamaba el señor frío.

Flashback

— Lin (como él la llamaba), en unos momentos verás que hay dos millones de dólares depositados en tú cuenta bancaria, aparte de tus ahorros.

— ¿Que?

— Es mi regalo para ti, tómalos y vuelve a Arkansas.

— ¿Volver... a qué?

— Regresa con tus padres a el Dorado, no sé, compra una casa, es dinero suficiente para que vivas bien. Solo... no vuelvas a cruzarte en mi camino. No te quiero en New York.

— ¿Estas terminando conmigo?

— No podemos terminar nada... por qué no somos nada, es por tú bien, créeme, en una semana mi compromiso con Samara se hará público, muchas personas nos han visto juntos y por más que nuestro comportamiento en público es intachable, siempre están los que buscarán una noticia.

—... Lo entiendo, bien, me reuniré con el señor Dante Ricci mañana para que quede todo listo para la sociedad de sus empresas y... Dios, esto no puede ser. No puedes dejarme. — La voz de la joven se rompió en la última frase, su mundo se hacía pedazos y no había nada que pudiera hacer.

— No llores, controlarte, te entrené para ser mejor que esto.

Esa frase terminó por destruirla, él la entrenó, así era como la veía, como un animal de zoológico al que debía enseñarle cómo comportarse, como pararse, como vestirse y como follar.

Fin Flashback.

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