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Portada de la novela La amante secreta del millonario

La amante secreta del millonario

Charlotte es una bailarina de 24 años que lucha por su familia tras la huida de su padre y el mal de su madre. Su vida cambia al conocer a Logan Taylor, un millonario de 40 años que le ofrece un acuerdo económico para aliviar sus deudas. Ella acepta, pero el romance se complica drásticamente al revelarse un secreto demoledor: el hombre con quien Charlotte sale es el hijo de Logan. Ahora, la pasión y los lazos de sangre chocan en un dilema imposible.
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Capítulo 1

La música retumbaba, Charlotte se encontraba estática parada frente al espejo, con la mirada barrió su cuerpo, estaba lista para salir y brindar su mejor espectáculo, aquella doble vida presionaba su cuello llevándola a sus límites.

Unos cuantos golpes a la puerta hicieron que volviera en aquella oscura realidad, exhaló con fuerza mientras llevó la mano hasta la mesa, tomó el antifaz y lo colocó en su rostro.

-Adelante -Índico con un tono de voz desanimado.

La puerta se abrió, Charlotte a través del espejo observó el rostro de su jefe, un hombre sin sentimientos, que su único interés era claramente el dinero, lo que sus trabajadoras sintieran o quisieran a él no le importaba.

-Iba de salida, no hay necesidad de su presión, ya sé que debo cumplir con mi trabajo -comentó Charlotte inclinando la mirada.

-Ya alguien salió en tu lugar; esta noche no saldrás a bailar para él público -aseguró su jefe con un tono de voz seco.

Charlotte de manera brusca giró su cuerpo quedando frente a él, su rostro cambió, en ella se podía ver la preocupación, no era para menos, dependía el ciento por ciento del pago que recibía en aquel lugar, y por supuesto que no podía perder su único ingreso.

-Si esta decisión es por lo que sucedió en la noche anterior, déjeme decirle que lo lamento mucho; las cosas se salieron de control, el cliente se quiso propasar, si no me hubiese defendiendo ese desgraciado hubiera logrado conseguir su fin, yo...

Su jefe levantó la mano indicando que se detuviera, Charlotte retiró el antifaz, se acercó y tomó sus manos, en silencio suplicaba.

-Por favor no me haga esto, no tengo a donde más ir, mi madre está enferma y mi hermana solo es una niña, las dos dependen de mí, si no fuera de esa manera no estaría en este lugar.

Charlotte se encogió de hombros y mostró su mirada triste, su vida no había sido nada fácil desde aquel día en que su padre abandonó el hogar por irse con otra mujer.

-Ya cálmate, no vine a despedirte, vine a informarte que esta noche serás exclusiva, un cliente ha pagado suficiente dinero para tenerte en su habitación, tu futuro en este lugar dependerá de como te comportes allí -Charlotte espanto la mirada.

-Pero... -Charlotte respiró con fuerza-. Desde un inicio quedamos los dos que mi contacto con los clientes estaría prohibido, mi trabajo es entretener al público, bailo y hago el espectáculo para que no haya queja de mí, tengo el mismo aprecio que las demás chicas...

-Lo sé -la interrumpió aquel hombre.

Sobre la mano de Charlotte colocó la llave de una de las habitaciones VIP, el dinero que costaba estar allí era bastante elevado, solo las más afortunadas podían estar acompañando aquellos hombres.

-Hemos puesto los términos con ese hombre y él aceptó, solo ve y haz tu trabajo, si no aceptas puedes retirarte ahora mismo y nunca más volver, me encargaré de que en ningún lugar te den trabajo, ni siquiera de mesera o para limpiar los baños.

El hombre salió sin brindarle importancia a su trabajadora, ajustó la puerta con fuerza, Charlotte dio unos cuantos pasos atrás cayendo sentada sobre la silla, su corazón palpitaba con fuerza, lentamente bajó la mirada y la conectó con aquella llave.

Su estado económico no le permitía tener elección, Charlotte estaba puesta contra la pared, sus ojos se humedecieron, había aceptado trabajar en aquel lugar para ayudar a su madre enferma, permitir que su hermana continuara los estudios y ella terminar la universidad.

No podía negar que las ganancias que obtenía en aquel trabajo le alcanzaba para hacerse cargo de todos los gastos. Su molestia era porque no quería romper su promesa, no quería que ningún hombre colocara las manos sobre su cuerpo.

Charlotte estaba profundamente enamorada de Liam Taylor, su novio, un chico de su misma edad, a quien había prometido entregar su cuerpo, su corazón y todo su ser una vez que contrajeran matrimonio.

Él era un chico bueno, con calificaciones elevadas, su único defecto era ser hijo de un poderoso empresario, quien fácilmente manipulaba y pisoteaba a quien se le pusiera de frente, un hombre inescrupuloso... Afortunadamente para ella, no lo conocía.

Pero en aquella noche no importaba si Charlotte estaba comprometida, lo único que importaba era ir a aquella habitación, hacer su espectáculo entregando todo de ella sin cometer el más mínimo error.

En su mente solo colocó una prioridad, llevarse aquella suma de dinero a casa para solventar los gastos y asegurar su trabajo.

Charlotte se mostraba nerviosa, tomó una botella con licor y sirvió en una copa, bebió de un solo sorbo, se levantó y quedó frente al espejo, acomodó nuevamente el antifaz y se dirigió a aquella habitación.

Charlotte atravesó el pasillo, al llegar a la puerta se detuvo, sus manos temblaban, su cuerpo estaba agitado, era claro que no estaba preparada, pero la necesidad la estaba llevando en contra de su voluntad.

Charlotte colocó la llave sobre la cerradura, la puerta se abrió, ella tomó aliento llenando sus pulmones, posterior a ello ingresó, con la mirada buscaba en el interior de aquella habitación al dichoso hombre que la había solicitado.

-Adelante, ajusta la puerta -una voz ronca y desafinada provino desde una área oscura.

Charlotte con temor siguió las indicaciones; avanzó dando pasos cortos, el movimiento de sus caderas, su cuerpo delgado, y aquella cabellera rubia llamaron la atención del hombre que se encontraba sentado sobre el sofá.

«Demonios, es más hermosa de lo que había visto antes, el hecho de tenerla cerca y no poderla tocar, de no poder hacer que sea mía será la peor tortura», pensó aquel hombre mientras apretó los puños con fuerza.

Charlotte colocó música, levemente cerró los ojos y se dejó llevar por el momento, su cuerpo se movía de manera sensual, sus manos acariciaban su piel seduciendo a aquel hombre.

-Acércate un poco más -pidió con aquella voz carrasposa.

Charlotte llevó la mirada a su alrededor, estiró la mano y encendió la luz del lugar, sus manos temblaban, su mirada se espantó al observar a su cliente.

«Lo primero que se me vino a la cabeza era que se trataba de un hombre completamente diferente al que se encuentra frente a mí, no es que me agrade, pero no está mal, como lo imaginé», pensó Charlotte intentando acercarse.

Mientras que ella movió su cuerpo, detalló minuciosamente a aquel hombre; con su cabellera rubia demostraba autoridad, su rostro firme como si no le agradara sonreír y aquellos endemoniados ojos color verde que se fijaban en ella queriendo devorarla.

Una vez estuvo frente a él Charlotte retiró su pequeña blusa, los segundo eran intensos, de un solo movimiento dejó que la minúscula falda cayera al piso quedando cubierta con tan solo una delgada tela.

Charlotte se dio vuelta quedando de espalda, lentamente inclinó su cuerpo brindando un espectáculo con su trasero, a través del rabillo del ojo Charlotte notó como aquel hombre mordida de su labio ansioso por devorar su cuerpo.

-Acércate más -exigió.

Charlotte tragó saliva, nunca antes había estado tan cerca de un cliente, pero no tenía de otra salida más que satisfacer a aquel hombre.

Con delicadeza Charlotte bailó a su alrededor, se ubicó en la parte de atrás, colocó las manos sobre sus hombros y las dejó caer sobre sus pectorales.

Lo que sus manos estaban sintiendo de cierta manera ella lo disfrutaba; a través de aquella delgada camisa podía sentir como aquel hombre se castigaba en el gimnasio.

Sus manos descendieron aún más palpando su marcado abdomen, la cercanía de sus rostros era suficiente como para que sus mejillas se encontraran.

Su perfume invadió sus sentidos, su aroma a hombre fuerte y autoritario fueron bastante notorios entrando por sus fosas nasales erizando todo su cuerpo.

Él intentó levantarse, pero ella lo detuvo, avanzó y se ubicó frente a él, de un solo movimiento él estiró los brazos y posó sus manos sobre su delgada cintura, inclinó el rostro hacia adelante y cerró los ojos.

Todo de ella hacía que él perdiera la cabeza.

Charlotte continuó bailando para él, retiró aquella tela que la cubría, quedando únicamente con dos pequeñas prendas que no dejaban nada a la imaginación. Lo cual hacía que la boca de aquel hombre se humedeciera.

«El pantalón se quiere romper, mi parte masculina quiere ser liberada, quiero lanzarme sobre esta mujer, besar su cuerpo y tomarla hasta llegar al nivel máximo de placer», sus manos se aferraron a la silla, mientras que su mirada atravesaba su cuerpo.

Él la deseaba desde la primera vez que la había visto, cuando se presentó a bailar para el público.

-Deseo estar contigo -solicitó con la voz agitada, su excitación era difícil de ocultar.

En ese momento Charlotte se detuvo, sus nervios se alteraron, tomó una pequeña bata y la llevó sobre su cuerpo.

-Lo siento, pero mi trabajo ya terminó, me tengo que retirar, según me informó mi jefe usted había aceptado no tener contacto físico -aquel hombre se levantó de un solo movimiento, llevó la mano al bolsillo y sacó un fajo de dinero.

-Pagaré lo que sea necesario para tener tu cuerpo -agregó manteniendo su mirada firme en ella.

-Lo siento, mi cuerpo no está en venta -Charlotte avanzó hacia la puerta.

En ese momento aquel hombre se lanzó contra ella, presionó su cuerpo contra la pared, Charlotte intentó liberarse, pero no lo consiguió.

Charlotte entre sus manos se aferraba a aquellos músculos, su fuerte erección presionaba su vientre, aquel endemoniado hombre había perdido el control, pero solo bastó con tenerla cerca.

Él pasó sus labios por encima de los de ella con tanta delicadeza, sentía el temblor de su cuerpo y eso le excitaba aún más. Deseaba besarla.

Deseaba que sus labios la devoraran con intensidad. Pero se detuvo.

Dio un paso atrás y la liberó, Charlotte aprovechó el momento para salir huyendo a toda prisa de aquella habitación, corrió hasta su pequeño lugar, ajustó la puerta y se sentó en el piso.

Con las manos acariciaba sus brazos, luego frotó sus piernas, su cuerpo seguía temblando ante lo que había pasado.

Con la respiración completamente agitada no podía sacar de su cabeza aquel endemoniado hombre que había causado que su cuerpo perdiera el control.

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