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Portada de la novela Juguemos a Ser Infelices

Juguemos a Ser Infelices

Alma habita una realidad amarga donde el sufrimiento marca sus días. Atada a un matrimonio carente de afecto, busca consuelo lejos de su esposo mientras esquiva la inquietante presencia de Alex. Pese a que una niña ajena logra conmoverla, el destino le reserva un giro devastador. Tras sucumbir a deseos ocultos, ella deberá encarar una perversidad absoluta que la arrastra a la oscuridad, decidiendo finalmente si pondrá fin a este juego de desdicha.
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Capítulo 3

3/Alma

—Nuera ¿Podríamos tomar un café? — El señor con el oxígeno conectado me pide que lo acompañe.

Cuando miro a la puerta mi madre ya no está.

—Señor no sé qué...— En el momento en que voy a hablar el acompañante del señor se gira para decirme algo.

—Sigamos señora por aquí — Nadie me deja hablar, es como si fuera invisible.

Sigo al señor que lleva la silla hacia un patio trasero hermoso grande.

—Señora este es su lugar— El hombre me corre la silla para que me siente.

— Sé que no querías y que pensarás cosas malas de tu mamá y de mí, pero todo esto tiene una  explicación. 

— ¿Conoce a mi mamá? — Me deja pensando en que si la conoce ¿Esto qué mierda es?

—Sí y muy bien, solo que ese patán que ahora la acompaña no es buena compañía — Este hombre es muy bueno mintiendo o… ¿esto es verdad?

—Si puede ser, pero él me crió y me dio techo, comida, educación y una persona mala eso no lo hace — No es que adore a Mario pero lo justo es lo justo.

— ¿Y por eso debes ser su esclava?, algo que no pensé de ti es que es que cedieras tan fácilmente — Lo miro muy intrigada, el hombre no parece tan inofensivo ahora.

—No me conoce como para saber qué haría yo, me casé con un enfermo que se quería comprar una mujer con todas las que hay por allí y resuelve que debo ser yo, eso es absurdo si se le ve desde mi punto de vista — Le digo enfermo por no decir que es un idiota egocéntrico de mierda.

—Todo tiene sentido, únicamente que las razones de mi sobrino no están sobre la mesa ahora, no está enfermo solo es particular y quizás esas razones más adelante la sepas, por ahora no pueden ser reveladas — Llega el otro con una charola con té y café dejándola sobre la mesa.

—Mire, me casé con un hombre que ni me miró a la cara, pero no me importa, de mí no tendrá más que eso — El anciano sacó fuerzas desde donde no lo sé, y me tomó la muñeca muy bruscamente para hablarme.

—No seas insolente y no tientes a tu suerte, trata de no contradecirlo, de solo sigue la corriente y esto no será tan difícil — Es un viejo muy arrogante.

—Suéltame o grito —Él me suelta y de la nada comienza a gritar tan fuerte que parece un loco, el hombre que está parado tras él hace lo mismo y estoy segura de que esto es anormal, él deja de gritar y me mira.

— ¿Ves que haya pasado algo? ¿Alguien vino a socorrerme o a ver qué pasaba? ¡No verdad! bueno aquí los gritos son cosas de todos los días deberás ser más astuta en tus amenazas.

—Están todos enfermos, locos — Digo muy perturbada por lo que acaba de pasar.

—Bienvenida a la familia — No tomo el bendito Té, tengo el estómago hecho un nudo, y tan indefenso que parecía el viejo pero resultó la mente siniestra de esto.

— ¿No tomarás tu té?

—No, los gritos me sacan las ganas — Él mira al hombre parado tras de él.

—Arthur acompáñala a su habitación — El hombre serio me guía.

—Sí señor, Señora venga por aquí — Me paro de la silla y lo sigo.

Cuando me alejo tomo las escaleras siguiendo el paso del tal Arthur, él no dice una sola palabra.

Él se frena frente a una puerta y me dice.

—Su habitación mi señora.

—Solo Alma — Le digo pero él parece darle igual.

—Si mi señora — Es como si le hablara a la pared.

Entro a la habitación el cuarto está en tonos gris y blanco un combinación algo fría, pero en esta casa de locos no se puede pedir alegría, eso está a la vista.

Miro los ventanales llenos de barrotes como si fuera una cárcel.

—En 2 horas vendrán por ti para arreglarte para la fiesta, trata de no verte tan pobre y grosera —Me doy vuelta rápido no vi que él está dentro.

—No iré a ninguna fiesta — Le digo, levanta la cabeza y al fin puedo ver su rostro detrás de su cabello mojado, es de tez blanca, sus ojos color cielo y algunas pecas cerca de su nariz, su ceja está a medias de color oscuro y mitad blanca, al igual que un mechón de su pelo.

—No es que te pregunte, vendrá gente de negocios y no es gente muy buena solo trata de no llamar la atención que eso seguro se te da muy bien, te pediste para un hombre ¿Que más te da hacer lo que te diga? — Voy hacia él y levanto mi mano para darle la mejor bofetada de su vida pero él me detiene en el aire.

—No tendrás el privilegio de tocarme no aun, solo trata de que no sea yo el que la próxima vez tenga la mano levantada en contra de ti.

—Suéltame eres un...— Estoy enojada llena de ira y de asco al fin lo tengo bien cerca.

—Asco, imbécil, idiota eso es algo que sé muy bien, pero tu aun así debes quedarte.

—Te haré tan infeliz como pueda — Le digo con todo el asco que pueda expresar en palabras.

—Juguemos a eso mi amor, Juguemos a ser infelices.

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