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Portada de la novela Jugamos con fuego

Jugamos con fuego

Harta de las infidelidades de Edgar, Dayana se niega a soportar otra humillación. Movida por el rencor, decide ejecutar una venganza audaz: seducir a Alexander, el padre de su expareja. Lo que surge como una táctica para castigar la traición pronto deriva en una conexión tan intensa como prohibida. Sin embargo, en su afán por destruir a Edgar, Dayana no advierte que está entrando en un terreno peligroso donde ella misma podría terminar consumida por la pasión.
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Capítulo 1

Las luces de muchos colores del lugar son suficientes para desorientarte y aturdirte, se mueven de un lado a otro sin posarse en el mismo sitio tan siquiera por un segundo, la música es tan fuerte y ensordecedora que para hablarle a la persona que está a escasos centímetros de ti necesitas gritarle con una fuerza considerable, si no estás mezclado en el ambiente fácilmente terminarás con un dolor de cabeza.

Los clubes nocturnos eran así despues de todo, en una mesa del lugar se encuentra Dayana, esta sentada con los brazos cruzados, sumamente aburrida y con algo de sueño, observa con desinterés a su novio Edgar.

Al contrario de ella el esta de lo más divertido bailando con otra mujer en la pista de baile, una mano de el esta posada sobre la diminuta cintura de la mujer, mientras en la otra mano sostiene su bedida, ambos frotan sus cuerpos al ritmo de la música en un intento de baile.

A Dayana parece no importarle ni afectarle, esta esperando que Edgar termine su bebida para irse a casa a descansar, ella sin duda no estaría ahí de no ser por su novio le insistió bastante en que lo acompañara, aunque al final de cuentas siempre terminaban dejándola sola.

Ella era su trofeo le gustaba que lo acompañara a todas partes, no porque disfrutara de su compañía o la quisiera mucho, si no por el simple echo de presumir ante los demás que ella estaba con el y no con los otros que también la querían a su lado.

Pero Dayana no era ajena a lo que pasaba, ella también estaba con el para que los demás no la molestaran, Edgar tenía una posición respetada en la universidad, así que ella prefería aguantar a un idiota que tener a miles molestandola día con día. Al final de cuentas ambos tenían sus propios intereses para estar juntos.

— ¿¡Te gustaría bailar?!

Un joven alto y apuesto de tez morena se acerco a Dayana para invitarla a bailar, ya tenía rato observándola mientras ella estaba distraída y aparentemente aburrida mirando hacia la pista.

No tenía el aspecto a las demás chicas del lugar, había tacones, faldas cortas, escotes pronunciados y vestidos completamente ajustados por todos lados, pero Dayana llevaba un vestido ajustado hasta la cintura, la parte baja era amplia y un poco esponjosa, estaba algo corto pero no era del todo perceptible, era de manga larga y no tenía escote así que su apariencia le pareció tierna y adorable.

Dayana lo volteo a ver con las cejas algo fruncidas, el chico al contemplar su rostro fue ajeno a la mirada fría de la hermosa mujer, tenía los ojos de un color verde intenso, que brillaban bajo las luces del lugar como los de un gato, por más que recorría su rostro le era incapaz encontrar algún defecto o imperfección.

Se quedó cautivado al instante por ella, Dayana se contuvo para no reír en la cara del chico quien tenia un rostro con la mirada perdida como si estuviera viajando entre las nubes, a ella le pareció muy tonto.

— No gracias, vengo con mi novio...

De una manera cortante y seca ella le respondió para después voltear a ver hacía el otro lado, tenía la esperanza que en cuanto el chico sintiera su frialdad se marchara.

Apesar que el chico quedó desilusionado ante la actitud de la bella mujer, en cuánto ella le volteo la cara le llegó el fresco aroma de su cabello oscuro que se miraba sedoso y brillante, eso lo motivó nuevamente.

— Si tienes novio... ¿Donde está el? ¿¡Cómo se atreve a dejar a una mujer tan hermosa como tú sola?!

Dayana suspiro pesadamente y puso los ojos en blanco, no respondió nada simplemente ignoro al chico, pero no muy lejos de ellos Edgar después de mucho rato recordó que había llevado a su novia con el y la había dejado sola en la mesa que reservó.

Tardo un poco en enfocar su visión, ya estaba algo tomado, así que en cuanto miro a su bella novia y un chico a su lado muy cerca se recompuso enseguida; de una manera algo brusca alejó a la chica que estaba bailandole frente a el y se fue abriendo paso entre la multitud para llegar a ellos.

Dayana no quería mantener una conversación con ese chico, así que optó por ignorarlo con la esperanza que este se fuera pero el chico seguía ahí, ya había tomado la decisión se correrlo de una manera sutil cuando de repente a espaldas del chico llegó Edgar y le dio un fuerte puñetazo en la cara; lo hizo caer justo en las piernas de Dayana, ella levantó los brazos y antes de que pudiera empujarlo para quitárselo de encima Edgar lo levantó de la parte tracera de su camisa y lo golpeó de nuevo.

Ya habían llamado bastante la atención, así que Dayana se puso rápidamente de pie para llevarse a su novio y evitar una escena, pero el chico se levantó rápidamente y tlaqueo a Edgar, empezaron a pelearse como animales salvajes dando vueltas por el suelo.

Rápidamente los guardias de seguridad empezaron a abrirse paso entre la multitud de borrachos que disfrutaban de la pelea entretenida. En cuanto llegaron a ellos y lograron separarlos Edgar golpeó a uno de los guardias de seguridad, ante eso su compañero pidió apoyo y ya estaban más guardias en camino.

— Esto no es posible...

Dayana se quejó en voz baja mientras masajeaba su frente, Edgar era un constante dolor de cabeza para ella, aveces pensaba que era mejor lidiar con los acosadores de la universidad diario que con el, pero era su manera de esconder sus sentimientos ya que en el fondo estaba con el porque le había tomado cariño después de tantos meses de salir juntos.

De repente llegaron más guardias al centro de la pelea, tomaron a Edgar de brazos y piernas para secarlo a como diera lugar ya que el otro chico estaba desmayado en el suelo mientras Edgar seguía golpeándolo como un animal enloquecido.

Dayana miró como los guardias se dirigían a la salida con el en brazos, así que tomó su pequeño bolso plateado para salir de el lugar también.

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