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Portada de la novela Juego Perverso

Juego Perverso

La arquitecta Samantha es forzada por su padre a un matrimonio de conveniencia para cubrir deudas. Tras una huida desesperada, vive una noche de pasión con un desconocido marcado por un tatuaje de rosa. Su destino se complica al descubrir que su marido es Zerkan, un frío magnate que busca controlarla. En medio de un feroz conflicto de poder y una química innegable, un embarazo imprevisto cambia las reglas de su intensa relación.
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Capítulo 3

Había llegado a casa con un dolor horrible, al final me toco tomar algunos analgésicos, siempre me metía en problemas por ser tan impulsiva, este tatoo era la muestra de ello.

Estaba a punto de retirarme de la cocina cuando mi madre apareció con su típica cara de espanto, sabía que andaba buscándome.

—Hija, ¿dónde estabas? Necesitas probarte el vestido de novia, mañana vendrá tu nueva familia, tendrás que comportarte no queremos que tu padre haga un espectáculo.

Volteo a mirarla ¿acaso pensaba que podría asustarme? Me había acostado con un hombre que no conocía, marque mi cuerpo y perdí mis sueños en aquel incendio, tanto como si mi padre armaba un espectáculo o no me importaba un espárrago.

—¡Por favor mama! No le tengo miedo, voy a aceptar este maldito matrimonio porque fui una irresponsable y no leí lo que firmaba, pero se arrepentirán, tú, mi padre y esa nueva familia, les cobraré una a una cada lágrima.

—Hija…

Suspire cansada, no quería lastimar a mi madre, ella solo era una muñeca que hacia todo lo que mi padre le ordenaba, su único pecado era no defenderme.

—Iremos por el dichoso vestido, pero que sepas que compraré cualquiera, de lo demás puedes encargarte, me importa muy poco, para mí esto no es un matrimonio, es mi sentencia de muerte.

Luego de unos cuantos minutos en mi habitación, decidí marcharme con mi madre, jamás habíamos ido juntas a ningún lado, era lo mejor para ambas.

Entramos a una tienda bastante cara, me probé unos veinte vestidos, estaba aburrida.

—Quiero irme—rodé los ojos fastidiada

—Pero no has elegido un vestido.

—Me importa muy poco—tome uno de los vestidos y se lo entregue a la mujer de la tienda—Quiero este ¿contenta mama?

—¡Samantha!

—Te espero fuera, quiero ir por unos zapatos que le queden al vestido.

No espere que me respondiera y salí de la tienda de ricachones, al final de la cuadra estaba una pequeña boutique y en el exhibidor se encontraba el vestido digno de mí, digno de un funeral, así que siguiendo mis impulsos lo compre.

Me reencontré con mi madre minutos más tarde y fuimos directo a la casa, no le conté nada de mis planes, pero estaba segura de que iba a tener un ataque cuando me viera aparecer por la iglesia, de solo imaginarlo me entraba la risa.

Al día siguiente el asunto empeoró, puesto que mi padre no paraba de sermonearme, quería darme charlas de comportamiento y eso no se lo iba a permitir.

—¡Basta, papá! Puede que no este de acuerdo con este matrimonio, pero me sabes que sé comportarme, hablo seis idiomas ¿acaso debo decirte que sé comportarme en todos ellos?

"I will behave like a princess.

Je me comporterai comme une princesse.

Mi comporterò come una principessa.

Bir prenses gibi davranacağım"

—¡Ya basta!—gritó mi padre muy enojado.

—Eso te digo yo a ti, no me tomes por tonta padre, iré a arreglarme.

Salí del salón echando humo, le había hablado en varios idiomas, sé que puedo ser muy infantil, pero me saca de quicio, daba gracias al cielo que no me había enamorado nunca, por lo menos de amor no me iba a morir, tal vez de sufrimiento sí, apostaba todo lo que tengo a que mi futuro esposo era un hombre horrible ¿quién a estas alturas necesitaba obligar a una mujer para casarse?

Horas más tarde en el salón se escuchaban risas, y una música bastante baja, era más que todo un fondo, estaba acostada cuando mi madre toco la puerta.

—Samantha, ya debes bajar, te están esperando.

—Aún no he terminado mama, dame diez minutos y estoy con ustedes—Estaba mintiendo como bellaca ni siquiera me había arreglado el cabello, así que me tocaba correr, hoy empezaría mi plan.

Elegí un conjunto de dos piezas, un pantalón acampanado de talle alto y un chaleco a juego, todo de color negro como mi alma, deje mi cabello suelto y ni siquiera me moleste en maquillarme, no lo necesitaba, no había nadie a quien impresionar.

Baje las escaleras unos veinte minutos después, encontrándome con la familia de mi futuro esposo en el salón.

—Hija que bueno que has bajado, ven te presentaré.

Camine lo más lento que pude y no Sonreí en ningún momento, mi padre me miraba en forma de advertencia, pero que le den, ni siquiera le tenía miedo.

—Eres muchísimo más hermosa de lo que imaginamos querida, él es mi esposo Rick, mi hijo menor Jordán y mi nombre es Amelía, somos la familia Grey.

—¿Con quién se supone que me casaré ? ¿Con ese?—apunte al más pequeño de los Ferner— Pero si es solo un crio.

—¡Samantha!—La voz de mi padre me hizo temblar, no entiendo por qué seguía causando esa reacción en mí.

—Tranquilo maximus ella tiene razón,. Querida Sam.

— Para usted es Samantha—Conteste interrumpiéndola, la señora se estaba tomando muchas libertades.

—Entonces será Samantha, con respecto a tu pregunta te casarás con mi hijo mayor, él no ha podido venir, por eso estamos todos para pedir tu mano, sé que a lo mejor no es la manera pero...

—Ahórrese las excusas Amelia, usted y yo no estamos en la misma posición, a mí no se me dio la oportunidad de elegir, así que si pide mi mano o no, me importa muy poco.

Dicho esto salí del salón, dirigiéndome al comedor, ya todo estaba listo para la cena así que tome mi lugar de siempre, unos segundos después todos llegaron a tomar asiento, la cara de mi padre era digna de una foto, quería matarme, podía verlo en su mirada, a diferencia de él los Grey parecían disfrutar de la noche, son un hueso duro de roer.

Sirvieron la cena, por suerte era pavo horneado, así que comencé a comer como cerdo, masticando como las llamas, y bebiendo como camionero.

—Querida crees que podríamos hablar un poco más, quiero hablarte de mi hijo.

—¿Qué va a decirme?—La mire con fastidio.

—Es un muchacho bueno, él tampoco querían que las cosas se dieran así, pero así son los negocios.

Mi cabeza retumbó cuando entendí lo que trataba de decirme, así que mi querida suegra tenía garras.

—¿Negocios?

—Si ¿tu padre no te lo ha dicho? Nuestras empresas se asociarán y salvaremos de la banca rota a la de tu padre.

La copa que tenía en la mano, se volvió trizas, ni siquiera sentí dolor, lo que sentía era una profunda tristeza en mi corazón, mi familia me había vendido en el mercado como a un vil pedazo de carne.

—¿Es eso cierto? ¿Me has vendido?

—Samantha...

—Samantha nada papa ¿acabaste con mi vida por dinero? ¿Por tu maldita empresa?

No supe en qué momento habíamos llegado al despacho, pero mi padre me tenía tomada del brazo, estaba haciéndome mucho daño, pero era más fuerte así que me solté.

—¡Cállate! Si, te he vendido para salvar mi vida, mi empresa, me lo debes, te he dado todo aun sabiendo que no efes mi hija, te di mi apellido.

Abrí mis ojos como platos y coloque la mano en mi pecho, esto no podía ser verdad.

—¿Qué dices?

—Lo que escuchaste, vas a devolverme cada centavo invertido en ti, ya sabes que no eres mi hija, así que no sigamos fingiendo que me importas, porque no es así.

—Me casaré, Te devolveré el favor Maximus, pero te juro que te vas a arrepentir, fuiste tú quien acabo con mi floristería, pero más tarde que temprano, te las cobraré.

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