Seguir
Capítulos
Compartir
Portada de la novela Juego Del Destino

Juego Del Destino

Agobiada por las deudas, Kate Adams acepta trabajar como chef para el exigente y reservado millonario Dimitri Yilmaz. Sin embargo, la tragedia golpea a Dimitri tras el fallecimiento de su hermana, obligándolo a luchar por la tutela de su sobrino. Una estricta cláusula testamentaria le exige estar casado para obtener la custodia, por lo que le plantea a Kate una boda de conveniencia. ¿Podrán dejar atrás sus miedos para salvar a esta familia?
Capítulos
Compartir

Capítulo 2

Había pasado una semana desde que empecé a trabajar en la mansión Yilmaz, y aún no había tenido la oportunidad de conocer al señor Dimitri Yilmaz en persona. Sin embargo, estaba tranquila, ya que había pasado la prueba y finalmente firmado el contrato como chef de planta. Ahora llegaba cada mañana para preparar las comidas del día, incluida la de los empleados, y en las tardes, el pequeño Azad me hacía compañía hasta que su madre o el chofer venían por él.

Esta tarde, tras terminar las preparaciones asignadas y limpiar la cocina, me quedé con ganas de explorar la casa, ya que no había tenido la oportunidad de verla en detalle. Con cautela, me adentré en la sala principal, envuelta en un silencio casi solemne. Los arreglos florales, las piezas de arte y los retratos familiares decoraban el salón con elegancia. Observé con atención los cuadros de una pareja con dos niños, seguramente la familia del señor Yilmaz. Me detuve en una serie de fotos de Azad, en las que estaba junto a su madre y otro hombre que debía ser su padre. También había imágenes de Azad jugando fútbol y en prácticas de artes marciales; el niño parecía tener una vida llena de actividades y amor.

Sonreí y seguí caminando hasta una gran puerta al lado de la sala, que me llevó a una biblioteca impresionante. Los estantes estaban repletos de libros de todo tipo: historia, cultura, finanzas, poesía... Me acerqué y pasé los dedos por los lomos, admirando cada ejemplar hasta que me topé con uno que reconocí de inmediato: El Principito. Tomé el libro y repasé la cubierta con una sonrisa. Siempre había escuchado hablar maravillas de él, pero nunca había tenido la oportunidad de leerlo.

Justo en ese momento, sentí una mano firme sujetando mi hombro, y di un salto, dejando caer el libro al suelo. Me quité los audífonos y me giré, quedando completamente helada al encontrarme con un hombre alto que me miraba con ojos inquisitivos.

-¿Quién es usted y qué hace aquí? -preguntó con voz firme, mirándome de arriba a abajo.

-Le... le pedí disculpas, señor -dije, recogiendo el libro del suelo-. Soy Kate Adams, la chef de planta.

Él me observó un momento, y sus cejas se alzaron ligeramente, como si estuviera sorprendido.

-Pensé que era más... -se interrumpió, mirándome con el ceño fruncido.

-¿Más? -pregunté, confusa.

-Olvídelo -replicó con frialdad, dándose media vuelta y saliendo de la biblioteca sin más.

Me quedé inmóvil por un instante, tratando de procesar el encuentro. Salí del salón, aún con el corazón latiendo con fuerza, y regresé a la cocina, donde observé el reloj. Faltaba poco para mi hora de salida, así que comencé a verificar que todo estuviera en orden, pero el señor Yilmaz apareció nuevamente.

-Necesito que se quede un poco más hoy. Tengo una cena importante y quiero que se encargue de la comida.

-Claro, señor. ¿Tiene algo en mente?

Saco una lista de su bolsillo y me la entregó, mientras tecleaba en su móvil: pasta en salsa Alfredo con lomos de pollo, ensalada griega y, de postre, pay de limón.

-Perfecto. Comenzaré enseguida.

Me puse a buscar los ingredientes en la alacena y preparé todo, desde cortar vegetales hasta sazonar el pollo. Al cabo de una hora, justo cuando estaba terminando, la puerta de la cocina se abrió, y el señor Yilmaz entró de nuevo.

-¿Está todo listo?

-Sí, señor -respondí.

-Bien. Lleve todo a la mesa.

Me quité el delantal, dejándome solo el uniforme de chef, y alisté el carrito con la comida. Al llegar al comedor, vi a su hermana Dayana, al pequeño Azad, a un hombre apuesto que por su gran parecido deduje es el padre del pequeño y a una mujer de aspecto severo, que deduje era su madre.

-¡Kate! -exclamó Azad, corriendo hacia mí y abrazándome-. Te extrañé mucho.

Sonreí y empecé a colocar los platos sobre la mesa, mientras Dayana me dedicaba una cálida sonrisa.

-Kate, qué bueno verte, y qué gusto probar tu comida esta noche. Huele deliciosa.

-Gracias, señora Dayana.

-Así que tú eres la famosa Kate -dijo el hombre al lado de Dayana, poniéndose de pie y extendiendo la mano-. Yo soy Ahmet Demir. Me habían hablado mucho de ti.

Le estreché la mano con cordialidad.

-Es un placer servirles esta noche. Espero que la comida sea de su agrado.

-¿No eres muy joven para ser chef? -comentó de repente la señora, con una expresión de desaprobación.

-¡Mamá! -le susurró Dayana con tono de reproche-. Kate es una excelente chef, y mi hermano decidió quedarse con ella. ¿No es así, Dimitri?

Las miradas se dirigieron al señor Yilmaz, quien me miró por un momento y luego asintió, sin decir nada más.

-Mejor empecemos la cena -musitó seriamente-. Dejemos las preguntas para después.

Tras servir todos los platos y colocar el postre en la mesa, me retiré a la cocina, tratando de calmar mis nervios. No me había pasado desapercibido que la señora Demet, la madre de Dimitri, me miraba con evidente desagrado. Apenas puse pie en la cocina, Badu apareció.

-¿Sucede algo, señorita Kate? -preguntó, mirándome con preocupación.

-Oh, nada. Solo fue un momento tenso en la cena -dije, tratando de sonreír.

-Bueno, el olor tan delicioso me ha despertado el apetito. ¿Podrías servirme un poco?

-Por supuesto, toma asiento.

Le serví un plato, y mientras comía, lo observé. Su rostro reflejaba pura satisfacción, y eso me reconfortó.

Luego de un rato, llevé el postre a la mesa, y al regresar a la cocina, Badu seguía comiendo con una sonrisa de oreja a oreja.

-¿Qué tal estuvo?

-Exquisito, Kate. Eres muy talentosa.

-Gracias, Badu. ¿Llevas mucho tiempo trabajando aquí?

-Más de diez años. Conozco bien a la familia Yilmaz.

-¿La señora en la mesa es la madre del señor Dimitri, verdad?

-Así es, la señora Demet. Es un poco... especial.

-Sí, noté que no parecía estar muy contenta conmigo -suspiré, resignada.

-No te preocupes, Kate. La señora Demet es desconfiada, pero suele relajarse después. Y rara vez viene aquí.

-¿Y su esposo?

-El señor Yilmaz falleció hace unos años. Desde entonces, Dimitri y Dayana se encargan de las empresas familiares.

De repente, Azad apareció en la cocina, seguido de sus padres. Se acercó a mí y me abrazó.

-Mis papás me han dejado quedarme contigo mañana. ¿Podemos hacer galletas de jengibre?

-Por supuesto, aquí te esperaré.

Mientras todos se despedían, Dayana se volvió hacia mí.

-Gracias por la comida, Kate. Me alegra que mi hermano te haya contratado, y espero que estés en la vida de Azad por mucho tiempo.

-Así será, señora Dayana.

Poco después, el señor Yilmaz apareció en la cocina y me miró fijamente.

-Gracias por la cena. Ya puedes retirarte.

Asentí, tomé mi bolso y salí de la mansión, tomando un taxi de regreso a casa. Al llegar, encontré a mi amiga Aurora tomando té en la sala.

-¿Por qué llegas tan tarde? -preguntó con curiosidad.

-Tuve que preparar una cena para la familia del señor Yilmaz.

-¿Al fin conociste a tu jefe? ¿Qué tal es?

-No es un "señor" precisamente; es un hombre bastante joven -dije, recordando su presencia imponente.

-¿Y guapo?

Me quedé en silencio, recordando su rostro serio y sus ojos penetrantes. A pesar de su frialdad, había algo intrigante en él.

-¡Tú silencio lo confirma! -rió Aurora.

-No he dicho nada.

-Internet ya me lo confirmó -dijo, mostrándome una foto de Dimitri Yilmaz en su móvil-. Vaya, es un hombre atractivo.

-Iré a dormir antes de que empieces con tus locuras. Nos vemos mañana.

Estaba a punto de dormirme cuando Aurora entró en mi cuarto, con el rostro desencajado.

-¿Qué ocurre?

Me pasó su teléfono.

**Noticia de último**

TRÁGICO ACCIDENTE DE LA FAMILIA YILMAZ

La empresaria Dayana Yilmaz, su esposo Ahmet Demir y su hijo, el pequeño Azad Demir, sufrieron un grave accidente al sur de la ciudad hace unos minutos. Hasta el momento, se ha confirmado que el esposo de la empresaria falleció en el lugar, mientras que Dayana y Azad se encuentran en estado crítico, luchando por sus vidas en un hospital privado de la ciudad.

Siento un nudo en la garganta al leer la noticia. Mis manos comienzan a temblar, y una lágrima, que no soy capaz de contener, resbala por mi mejilla. Mi vista se nubla, y la pantalla del teléfono se vuelve borrosa mientras me esfuerzo por procesar lo que acabo de leer.

La imagen de Azad, siempre lleno de vida, riendo a mi lado en la cocina, aparece en mi mente. Mi pecho se contrae con fuerza, y siento como si el aire me faltara. Me aferro al borde del sofá, sin saber qué hacer. La idea de que su vida y la de su madre están pendiendo de un hilo me llena de una angustia que no puedo describir.

-No puede ser... -susurro en voz baja, sin saber si me hablo a mí misma o a Aurora, que me observa con expresión de preocupación.

Aurora se acerca y coloca una mano en mi hombro, pero yo apenas la siento. La noticia sigue repitiéndose en mi mente como un eco, una y otra vez. Me esfuerzo por mantener la calma, pero el dolor y el miedo me consumen...

También te puede gustar

Portada de la novela Amor Colateral, Traición Cruel
8.3
Damián pasó de ser mi protector a mi mayor verdugo. Manipulado por las mentiras de su hermana, me condenó a un foso de víboras y me arrebató un riñón por la fuerza. No satisfecho con mi dolor, destruyó el futuro de mi hermano y mi propia dignidad. Ahora, él pretende celebrar nuestra unión, ignorando que mi afecto se extinguió bajo el bisturí. Mientras cree haberme sometido, yo solo espero el momento de escapar para siempre de sus garras.
Portada de la novela Cuando el Tiempo se Detiene
9.4
El frío empresario Andrés Beltrán lidia con una enfermedad terminal mientras permanece atado a un matrimonio sin amor. Su única esperanza surge al reencontrarse con Elena Serrano, su antiguo romance de juventud y la doctora encargada de su caso. En medio de una carrera médica contra el reloj, los sentimientos del pasado resurgen con intensidad. Para Andrés, el verdadero temor no es su muerte inminente, sino perder la redención junto a Elena.
Portada de la novela Curvas para el CEO
9.4
Tras superar años de acoso escolar por su físico, Adelaida ha logrado construir una vida estable y segura. No obstante, su tranquilidad se desmorona cuando Brandon Clark, el chico que lideró las burlas y de quien estuvo enamorada, reaparece como el nuevo CEO de su compañía. El hombre que marcó su pasado regresa más imponente que nunca, buscando una proximidad profesional que ella no desea. ¿Qué intenciones oculta quien más daño le hizo?
Portada de la novela El Bebé Secreto del CEO Ciego
9.7
Tras sacrificarse hace dos años para que Maximilian recuperara la visión, Sara vuelve bajo el nombre de Elena Blanco. Su meta es financiar la operación de Leo, el hijo que oculta al poderoso heredero de Roth Industries. Aunque él ya puede ver, es incapaz de reconocer a su antigua amada tras su nueva identidad, tratándola con absoluta frialdad. Entre ambos surge un conflicto de secretos y rencor, mientras él ignora que el pequeño enfermo es su propio sucesor.
Portada de la novela El Precio de Hacer Milagro
8.7
Ricardo Morales tiene un talento culinario capaz de sanar, pero la ambición de Sofía del Valle terminó por costarle la vida. Tras morir traicionado mientras intentaba resucitar al amante de la heredera, Ricardo regresa inexplicablemente al pasado. Despierta el mismo día en que conoció a su futura verdugo, pero esta vez no será su peón. Armado con sus recuerdos, se niega a curarla y decide ejecutar una fría venganza bajo sus propias reglas de juego.
Portada de la novela La huella del Alfa
9.0
Marcus Wolf, el despiadado líder de Wolf Industries, desterró a su mujer hace un lustro por pura ambición. Ahora, la necesidad de un acuerdo crucial lo obliga a localizarla en su retiro, pero la esposa obediente ya no existe. En su lugar surge una mujer influyente y elegante que ha borrado su rastro. Aunque él es incapaz de sentir su aroma, su instinto de Alfa se desata. Pese al desprecio de ella, Marcus está decidido a reclamar lo que una vez abandonó.