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Portada de la novela Jelly amor

Jelly amor

La exitosa carrera de Aitana en el spa Luna se tambalea tras ser acusada de traición por sus diseños virales. Detrás del escándalo está Iker, el atractivo dueño de Glow Agency, quien resurge en su vida para desatar el caos. Al investigar, ella descubre que sus clientas ocultan vínculos pasados con él. Entre dilemas éticos y un embarazo secreto, Aitana enfrentará una encrucijada: rescatar su prestigio profesional o confrontar una verdad que lo cambiará todo.
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Capítulo 2

El silencio que reinaba en el salón esa mañana era denso como el top coat que usaban para encapsular cristales en uñas de gel. Aitana entró al spa con la cabeza baja, la respiración contenida, como si cada paso en el suelo pulido fuera una provocación a la desgracia.

La recepción, siempre llena de música ambiental y risas de fondo, parecía ahora un museo de rumores. Apenas cruzó la puerta, lo sintió: las miradas, las cejas alzadas, los cuchicheos detrás de las tazas de té. Hasta el aroma habitual a lavanda y acetona parecía juzgarla.

-¿Todo bien? -preguntó Lina, su compañera de mesa, con tono bajo y una sonrisa incómoda.

Aitana fingió estar buscando algo entre sus materiales.

-Sí. Solo quiero... trabajar.

Mentira. Quería desaparecer.

No habían pasado ni 14 horas desde que una mujer, completamente fuera de sí, le gritó a todo el spa que se había acostado con su novio. Y aunque no había pruebas... ¿Qué más prueba querían que una foto en redes, donde se veían las manos de Aitana -sus uñas, su sello de artista- entrelazadas con las de Iker?

Él había subido la foto con el texto:

"Hay diseños que no se olvidan."

Y todas lo entendieron. La clienta desesperada. Las compañeras. Y lo peor: la gerente.

-Aitana, a la oficina, por favor -dijo Mónica, desde el pasillo de vidrio esmerilado.

Ese "por favor" no tenía ni una pizca de cortesía.

La advertencia

Mónica la esperaba con las manos cruzadas sobre su escritorio blanco, sin una gota fuera de lugar. Llevaba su clásico peinado de moño perfecto y manicura francesa impecable, como si la elegancia fuera parte del uniforme.

-Siéntate -dijo, sin mirarla a los ojos-. No quiero alargar esto.

Aitana se sentó. El corazón le latía como si tuviera glitter corriendo por las venas, temblando con cada palabra no dicha.

-Lo de ayer fue vergonzoso -empezó Mónica, sin rodeos-. No solo para ti. Para todas nosotras. Las clientas no vienen aquí a ver escándalos de telenovela.

-Yo no hice nada. Ella entró gritando...

-Y tú no la detuviste. No supiste manejar la situación. Aitana, tú sabes el tipo de clientela que manejamos. Mujeres con miles de seguidores. Embajadoras de marcas. Influencers. Aquí la imagen lo es todo.

Silencio. Aitana apretó las manos entre las piernas.

-No te estoy diciendo que no te enamores -continuó Mónica, ahora con una pizca de compasión en la voz-. Solo que no traigas tus problemas personales aquí. Este lugar es tu vitrina. Tu sello. Si esto vuelve a repetirse... no tendré otra opción que dejarte ir.

El golpe no vino con gritos ni amenazas. Fue limpio. Preciso. Como una uña mal limada que duele todo el día.

-¿Entendido?

-Sí... -murmuró Aitana.

Salió sin decir nada más. Caminó hacia el baño, cerró la puerta y se miró al espejo. Su reflejo la veía con decepción.

"¿Cómo llegamos a esto?", se preguntó.

Se sentó en la tapa del inodoro. Las lágrimas comenzaron a caer silenciosamente, empapando el delantal blanco con su nombre bordado en rosa.

"Tanto esfuerzo... para acabar siendo 'la otra' en una historia que ni siquiera me pertenece."

"¿Por qué subió esa foto, Iker? ¿Para qué?"

"¿Para provocarla? ¿Para marcarme?"

Lloró en silencio hasta que escuchó la puerta abrirse. Se limpió con rapidez. Nada de debilidades frente al equipo.

Interludio – El spa, después del escándalo

De regreso en su estación, trató de comportarse como si nada. Se colocó los guantes de látex rosado. Puso música de fondo en su tablet: pop suave, lo de siempre. Pero las clientas notaban su expresión, su postura. No era la misma Aitana.

-Oye... ¿vas a estar bien para mi cita de mañana? -le escribió una clienta por WhatsApp, con emojis preocupados.

Otra canceló sin explicación.

Y eso dolía más que los gritos del día anterior. Su reputación empezaba a agrietarse como esmalte mal curado.

Lina se le acercó con un cafecito.

-No tienes que hablar si no quieres, ¿ok?

Aitana asintió, forzando una sonrisa.

"Tengo que seguir. Tengo que brillar. Si dejo que esto me hunda... todo lo que he construido se va al carajo."

Flashback – El principio con Iker

Todo comenzó en el evento de primavera del año pasado. Uno de esos desfiles de marcas locales donde el maquillaje, las extensiones y las uñas se convertían en arte de alto nivel.

Aitana había sido invitada como talento emergente. Iker era uno de los organizadores. Llevaba camisa negra ajustada, sonrisa letal y actitud de productor de Netflix. Nada en él parecía seguro... y sin embargo, todo en él parecía adictivo.

-¿Eres la que hace esas uñas tipo aurora boreal? -le preguntó, señalando una muestra de uñas espejo multicolor en su stand.

-Las aurora, las cat eye, las térmicas... lo que pidas -respondió ella, sonriendo sin saber aún que ese hombre sería el principio de su desorden emocional.

-Me encanta la forma en que trabajas. ¿Sabes que muchas de mis chicas podrían necesitarlas para sus eventos?

-¿Tus chicas?

-Tengo una agencia. Modelos, anfitrionas, influencers. A veces necesito que alguien las prepare en tiempo récord para campañas.

Así empezó. Con una conversación de negocios. Con él recomendándole clientes. Con ella haciéndole descuentos especiales. Con miradas que duraban un poco más de lo correcto.

Hasta que un día, se quedaron solos en el spa después de hora.

-¿Por qué haces esto? -le preguntó él mientras ella limpiaba pinceles.

-Porque me hace sentir útil. Creativa. Porque con unas manos bien cuidadas, muchas mujeres se atreven a hacer cosas que antes no harían.

-¿Y tú? ¿Qué te atreverías a hacer... si no tuvieras miedo?

Él no la besó esa noche. Pero la dejó pensando durante días.

Presente – El regreso a su mesa

De nuevo en su silla, Aitana trataba de enfocarse en los productos. Preparó una bandeja con los nuevos tonos jelly, esos que cambiaban de color según la temperatura del cuerpo. Las clientas los adoraban porque eran como mood rings modernos.

Limpió las herramientas, desinfectó, organizó los tips de prueba. Cada gesto, cada paso, como un ritual para no desmoronarse.

-Hoy me toca una chica de su agencia -le susurró Lina.

-¿De Iker?

-Sí. Una nueva. Dice que quiere "uñas peligrosas, pero sexys". Literal.

Aitana cerró los ojos.

"Todo lo que quiero es que no hablen de él. Que su nombre no aparezca ni una sola vez más hoy."

Pero ese era su mundo. Y él se había infiltrado en cada rincón. No había forma de evitarlo.

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